- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus
 
   

Laberíntico Amadís de Gaula desandado

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

¡Cuán cerca estuvieron los sabios en dar con Don Enrique de Castilla, autor del “Amadís”! Para comenzar, de acuerdo a Don Agustín Millares Carlo, ilustre paleógrafo y lingüista canario, la escritura de los folios del Amadís de Gaula original descubiertos por Don Antonio Rodríguez Moñino, corresponde a la que, los antiguos paleógrafos españoles denominaron “redonda de libro”, que aparece en el primer tercio del siglo XIV. Después, según Manuel Gili Gaya, lingüista famoso, miembro de la Real Academia Española, la escritura indica un estado de lengua muy próximo al de Don Juan Manuel. (Ver Nota 2.)
Ambas aseveraciones son exactas. El “Amadís” seguramente estuvo terminado en 1292, y apareció al principio del siglo XIV, en 1305, según la Enciclopedia Británica. Muy cerca de Don Juan Manuel estuvo su tío Don Enrique de Castilla, pues se conocieron en 1296 y actuaron políticamente en conjunto, en tiempos del Rey Fernando IV, viniendo ambos del mismo origen y lenguaje del Rey Fernando III el Santo en su corte castellana y leonesa. Cuando Don Enrique Senador de Roma se reintegró a la corte de Castilla como regente en 1295, ya el “Amadís” estaba terminado y Don Enrique lo puso en circulación en poquísimos manuscritos, en las cortes de Aragón, Castilla y Portugal. Prueba de esto encontramos en: “O Romance de Amadis”, escrito por Don Alfonso Lopes Vieira (1878-1946), magnífico libro que en su página XVI dice así:

“ A suposta redacçao primitiva, do tempo de D. Afonso III e seu filho D.Denis, nunca foi estampada. Nem se conservou manuscrita. A incuria dos letrados da naçao devou-a perder-se.”

Don Enrique de Castilla mantuvo una amistad muy dilecta con el rey Don Diniz de Portugal, que al igual que el Infante Senador de Roma era finísimo poeta y trovador. El idioma en que se entendían era sin duda el Castellano, pues Don Diniz era hijo de Doña Beatriz de Castilla, sobrina de Don Enrique, hija de Alfonso X el Sabio. El Portugués escrito estaba apenas naciendo, pues Don Diniz lo declaró idioma oficial en 1290. La amistad entre el rey Diniz y Don Enrique surgió a raíz de las negociaciones de paz en Portugal con el Infante Don Juan, que llevaron al acuerdo en Ciudad Rodrigo en 1295, por el cual Portugal obtenía los castillos y dominios de Gorpa y Moura, y el Infante Don Juan recuperaba sus grandes feudos Leoneses. En refuerzo de lo acordado, se concertó el matrimonio de Fernando IV con la Infanta Constanza, hija del Rey Diniz. En 1297, en la Paz de Alcañices que consagró el poder castellano–leonés ante Aragón, Portugal y los Infantes Don Juan y Don Alfonso de la Cerda, se ratificó el matrimonio entre Doña Constanza de Portugal y el Rey Don Fernando IV, y también entre la Infanta Doña Beatriz, hermana del rey castellano, con el Infante portugués Don Alfonso. Don Enrique de Castilla recibió los Señoríos de Ecija, Roa y Medellín. La historia de Amadís cundió entre los altos señores portugueses, y, bajo la égida del Infante y futuro Rey Don Alfonso IV, se inventó y escribió, en dos sonetos, la variante de los amores de Amadís con Briolanja, más tarde, siguiendo el ejemplo de Lancelote, que, por encantamiento, tiene amores e hijo, con otra mujer, que su idolatrada reina Ginebra. Pero el círculo de lectores era, aunque encumbrado en nobleza, escaso en número. En cuanto a la canción de Leonoreta, es obvio que el autor del “Amadís” la tomó de su pretérito autor, acaso Joao Lobeira, y la completó con una última estrofa, una Décima, de su propia pluma, para que correspondiese a la trama de la famosa novela, donde Amadís la compone como broma y juego, para Leonoreta, la niña precoz en sus ensoñaciones de amor.
(Ver Nota 1.)
El texto portugués del romance de “Amadís” es una traducción casi literal del Primer Libro y mucho del Tercero en castellano, del Amadís de Gaula de Enrique de Castilla. Las preciosas cantigas rememoradas por Carolina Michaëlis de Vasconcelos no constituyen prueba de la autoría portuguesa del “Amadís”, pero sí nos muestran cómo la cultura caballeresca del Siglo XIII era una fuerza incontenible en todas las cortes reales de Europa, con un mismo espíritu y la misma gracia. (Ver Nota 3.)

Cabe acentuar el hecho, que esas cortes reales estaban entrelazadas por matrimonios y otros muy cercanos parentescos que superaban los límites nacionales cambiantes y borrosos de entonces. La aristocracia o nobleza, era un gran cuerpo de gobernantes íntimamente relacionados entre ellos, y harto ajenos a los pueblos sobre los que reinaban. Si los sabios de la historia de la literatura española hubieran averiguado los hechos de la vida del Infante Enrique de Castilla, Senador de Roma, habrían constatado que su camino y derrotero desde Inglaterra hasta Italia, Grecia y Constantinopla, en la realidad es el mismo que el de Amadís; sus batallas, Benevento, Tagliacozzo, Sciacca, las mismas; y el tema de fondo, el matrimonio imposible con Oriana, la pena de su vida, el matrimonio fallido con su amada, la Infanta Doña Constança de Aragón. En Portugal se conoció el Amadís a través de la relación de amistad entre Don Enrique y el rey Diniz, y más tarde por el Infante Alfonso de Portugal, su hijo, el futuro rey Alfonso IV. Sin duda Don Enrique llevó la obra, en castellano, como regalo al rey Don Diniz.
Pero, donde falló la intuición de quienes buscaban al autor del “Amadís”, es cuando ignoraron el mensaje o mejor dicho adivinanza contenida en el personaje, que es su patente ALTER EGO, Don Brián de Monjaste, hijo del rey de España Ladasán, o sea Don Enrique, hijo del Rey Santo Fernando III de Castilla y León. Aquí estaba el indicio más poderoso de su autoría.
Sí, cuán cerca estuvieron de descubrir al autor del “Amadís” los sabios de la literatura. ¿Querrán ellos ahora aceptar resignadamente esta frustración y conceder que el anónimo ya no lo es, y que hay que rescribir la historia, dejando ya de lado al usurpador de la obra Garcí Rodríguez de Montalvo? La evidencia es abrumadora a favor de Don Enrique de Castilla y León, Senador de Roma. Yo lo conocía y me era familiar, porque es el común antepasado de quienes tenemos el apellido Sevilla, que ostentó su nieto Enrique Enríquez de Sevilla, Mayordomo mayor del rey Alfonso XI de Castilla padre de Don Pedro el Cruel. Me sirvió de mucho la biografía de Don Enrique, escrita por su descendiente, la Profesora de la Universidad de León, Doña Margarita Torres Sevilla.

Nota 1.
Canción de Leonoreta

Leonoreta, fin roseta,
Blanca sobre toda flor,
Fin roseta, no me meta
En tal cuyta vuestro amor.
Sin ventura yo en locura
Me metí en vos amar,
Es locura que me dura,
Syn me poder apartar.
¡O hermosura sin par
que me da pena y dulçor!
Fin roseta, no me meta
En tal cuyta vuestro amor.

Las que veo no deseo
Otra sino a vos seruir,
Mi deseo es deuaneo
Do no me puedo partir,
Pues que ya no puedo huyr
De ser vuestro servidor,
No me meta, fin roseta,
En tal cuyta vuestro amor.

Ahunque mi quexa paresce
Referirse a vos, señora,
Otra es la vencedora,
Otra es la matadora
Que mi vida desfalesce:
Aquesta tiene el poder
De me hazer toda guerra;
Aquesta puede fazer,
Sin yo gelo merecer,
Que muerto biva so tierra.

Nota 2.

Amadís de Gaula Libro Tercero Capítulo LXVIII
Manuscrito Original publicado por el ilustre Don Antonio Rodríguez Moñino:

“Cuando Amadís oyó descir que era vençido el rey Lisuarte non le plugo e dixo contra don Florestán, que ya avía cavalgado: -“Qué es esto o por qué brama así aquella gente astrosa?” Et Don Florestán le dixo: -“Buen señor, ¿non vedes los dos más fuertes cavalleros que pueden ser nin que más endiabladamente fieren de espada? Cada uno de ellos por do van vencen et estragan quanto pueden et fallan, et aún oy en este día niguno dellos nunca paresçió en esta vatalla, et folgados llegan et malamente fazen tomar canpo a los del rey Arávigo.” Et Amadís alçó la cabeça, et vio venir contra aquella parte do él estava a Brontaxar, et venía feriendo et derribando cavalleros de su espada; et cuando él dexava el ferir de la espada, tan bravamente tomava a manos de los braços, que no fallava cavallero que non derribase de la silla; et traía el espada prendida por una cadena de fierro por el braço, et cuando quería travar a manos, dexávala, et después covrávala cuando quería, et con ella fería et todos le dexaban el campo por do iva et alongávase del. ¡Santamaría val! –dixo Amadís-¿qué puede ser esto? Et dixo muy paso entre sí: -“Oriana mi buena señora, menester es que vos menbredes de mi, que me ayude en mi honra la vuestra buena et sabrosa menbrança, que me siempre acorrió et adelantó los mis fechos. Dios poderoso, el vuestro buen acorro me dé hoy poder porque sé de aquí no prospera tan buen rey como vuestro padre et la tierra que ha de ser vuestra, cuando a Dios ploguiere, mi buena señora, que yo, el vuestro leal serviente, et cuántos omnes buenos se podrían perder.”

Entonçe se enderesçó todo en la silla et tomó la cabeça del cavallo contra do vio a Brontaxar d’Anpanya, et dixo contra don Florestán: -“Aguardad bien a nuestro padre.”
Cómo Amadís derribó a Brontaxar de Campania et le metió la lanza en los pechos

Aquella ora que lo vio Brontaxar enderesçar contra si dexó colgar la espada dela cadena et tomó una lanza muy buena de su escudero que le aguardava que la traya et dixo a una bos alta et espantable Agora veredes fermoso golpe de la lança si me osare atender aquel cavallo que se me enderesçó contra my Estonce metió la lanza so el sobaco et dexó correr el cavallo contra el et firieronse de las lanzas en los escudos tan cruamente que luego fueron falsados y las lanças quebradas y ellos se toparon de los cuerpos de los cavallos uno con otro tan fuertemente que a cada uno le semejó que en una peña dura topara. Y Brontaxar fue tan desvanecido de la cabeça, que no se pudo tener en el cavallo y cayó en el suelo como si fuesse muerto, y con la gran pesadumbre suya dio todo el cuerpo sobre el un pie y quebró la pierna cabe él, y levó un trozo de la lança metido por el escudo maguer fuerte era. El cavallo de Amadís se fiço atrás bien dos braçadas y estovo por caer. Y Amadís fue tan desacordado, que le no pudo dar las espuelas ni poner mano a la spada para se defender de los que le ferían. Pero el rey Perión, que ya era a cavallo, y vio el gran cavallero y el encuentro que Amadís le diera tan fuerte, fue muy espantado, y dixo:
-Señor Dios, guarda aquel cavallero. Agora, hijo Florestán, acorrámosle. “

La parte en letra cursiva corresponde al folio que he insertado como ilustración.

Nota 3.

Cantiga 230
Desejando vosso ben;
E vos non dades por én ren
Nen vos quiredes én doés?
“Men araiqu’, en quant’au viver!
Nunca vus en farei amor
Per que faça o meu peor”

Mio señor, por Deus que vus fez,
Que me non leixedes así
Morrer! E vos faredes i
Gran mesura con mui bon prez!
“Direi-vo! Amig! Outra vez:
nunca vus en farei amor
per que faça o meu peor.”
“Mia señor, que Deus viis perdon,
membre-vus güant’affan levei
por vos, ca por vos morrerei!
E forçad’esse coraçon.”

“Meu amig’, ar direi que non:
nunca vus en farei amor
per que faça o meu peor.”


 

Volver a Publicar en Liceus ...



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online