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Leonardo da Vinci: Sapere vedere...


Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

El gran Leonardo tuvo una idea fundamental como norma y parámetro de su arte pictórico, el imperativo de “Sapere Vedere”. ¿Qué quiso aseverar con este mandato categórico? Pues que debemos aceptar que hay una incongruencia entre lo que el ojo mira y lo que capta el cerebro. Sin duda, el pensamiento tiende a desvirtuar lo que impone la visión.Platón creía en la normativa de las ideas, mientras que Leonardose percató que la simplificación y abstracción a la que somete el cerebro las percepciones de los sentidos, quitan al sujeto la capacidad de saber ver las cosas tal cual son, o mejor dicho, tal como aparecen en la virtualidad de la luz.

Joven Mujer  por Santiago Sevilla (Inspirada por Leonardo da Vinci)Trescientos años después de los tiempos de Leonardo, los impresionistas llegan a entender la angustia de Leonardo y también ellos creen que la mente es enemiga de la realidad y que las ideas son abstracciones que nos hipnotizan y distraen de lo que es, tal cual aparece ante nuestros ojos. El idealismo es el contendor del realismo que acepta el juego engañoso y virtual de la luz, último e inapelable vehículo de nuestra visión de las cosas de este mundo. El camino del idealismo es la abstracción total de la realidad, que desemboca en el cubismo y el simbolismo de Picasso.El realismo nos lleva a aceptar el “fata morgana” o sea la ilusión, espejismo y prodigio con que la luz nos hace ver las cosas, cuando desconectamos la normativa de nuestro cerebro, que parece querer imponernosnormas de simplificación que desdibujan la realidad, paraconvertirlaen algo parecido a las palabras y los números. Pero, en aras de la claridad, digámoslo de otro modo: El gran maestro florentino supo dejarnos un supremo e invalorable imperativo con esta peculiar adivinanza: “Sapere Vedere”. Sí, todos creemos que se puede ver sin saber, espontáneamente. Para ver no se necesita saber nada, pues está dado sin más. ¡Pero, no es así! Nuestro cerebro nos impide ver la realidad que nos rodea, tal cual nos la brinda la luz. Nuestra mente tiende de inmediato a reducir lo visto a la normativa de la idea, de la categoría, de la abstracción conceptual. Las visiones de nuestros ojos se convierten en cosas, las cosas en palabraso conceptos, en abstracciones platónicas o categorías del pensamiento. “Sapere Vedere” es la habilidad de evitar este proceso de conceptualización, de abstracción de lo visto, vero fruto de la luz. “Sapere Vedere” es entender bien el mensaje de la sombra que crea la tercera dimensión de la profundidad; inventa la perspectiva, comprende el misterioso juego de las proporciones yestablece las distancias virtuales. Miguel Ángel, gran pintor y escultor, entiende igualmente a las sombras como definitorias de la redondez y la concavidad. Él es el otro gran maestro que sabe ver y sabe tocar. Talla el David ante un modelo semi-sumergido entre las aguas que marcan, de sus miembros y cuerpo,con perfección, la redondez. Ninguno de estos dos supremos artistas se guía por la idea abstracta, sino que ellos aceptan la visión donada por estamisteriosa comunicadora insuperable,la luz. Después de Leonardo y Miguel Ángel, sólo los impresionistas han sabido ver lo que les brinda el milagro de la luz. Pero Picasso, quien fuera primerotambién impresionista,se torna de pronto platónico y se encamina, por vía del cubismo,hacia la abstracción y el simbolismo total. Fascina al mundo entero, porque ya no quiere ver tan sólo, sino que se atreve a entrever, a cegarse completamente, para tan sólo dejar que su cerebro produzca las más atrevidas fantasías y conjeturas sobre la realidad idealizada. Sus monstruos son tanmás fáciles de entender, porque encajan en el natural platonismo de nuestras mentes. ¿Para qué la luz, si podemos inventar el mundo que nos rodea en base a nuestros recuerdos ya normados y convertidos en abstracciones? Pues yo he querido comprender a Leonardo da Vinci y he dibujado bajo su égida de “Sapere Vedere” una joven mujer, que aquí presento.Toca ahora imaginarnos qué habría hecho con ella el gran Pablo Picasso...¡Una magna locura, por cierto!

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