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  Guías culturales

SHAKESPEARE, PLUMA GENIAL DEL SIGLO DE ORO EUROPEO


Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

El gran dramaturgo inglés no escribió para que se lo lea en letra impresa, sino para que se lo escuche y vea en el teatro. Su obra monumental ha tenido que ser buscada por siglos en manuscritos volantes de mano en mano.


Ante todo Shakespeare fue un gran poeta que reveló la musicalidad que imbuye al idioma inglés cuando quien lo recita, extrae de sus entrañas su inherente rugido, sonora exclamación bélica, o dulce cántico femenino. Idioma nuevo, extracto y cúmulo del latín, de lenguas germánicas, del idioma francés de los invasores normandos y de las antiguas lenguas vernáculas de la Gran Bretaña.
Shakespeare le canta a su Inglaterra con amor patriótico:

(Richard II, Act II, Scene I)

This royal throne of kings, this scepter’d isle,
this earth of majesty, this seat of Mars,
this other Eden, demi-paradise,
this fortress built by Nature for herself
against infection and the hand of war,
this happy breed of men, this little world,
this precious stone set in the silver sea,
which serves it in the office of a wall,
or as a moat defensive to a house,
against the envy of less happier lands,
this blessed plot, this earth, this realm, this England….

“Este trono real de reyes, esta isla por el cetro consagrada,
esta tierra majestuosa, esta sede de Marte,
este otro Edén, semi paraíso,
esta fortaleza levantada por Natura para si
contra la infección y mano de la guerra,
este cría de hombres, este pequeño mundo,
esta piedra preciosa puesta en el mar de plata,
que le sirve a guisa de muralla,
o como foso defensivo de un bastión,
contra la envidia de países menos felices,
este campo bendito, esta comarca, este reino, esta Inglaterra...”


Pero este maestro del verso es más que inglés, soberanamente universal en su temática y en su filosofía de la vida: Léanse sus obras “Julius Cesar” o “Romeo y Julieta”. Pero lo que fascina sobre todo es
la estupenda riqueza de sus imágenes, sus temerarias metáforas y el alto vuelo de sus conceptos. Sus personajes sufren bajo feroces pasiones subyugantes que les obligan a decir barbaridades inconcebibles. Traigo como ejemplo al rey Lear en su espantosa arenga contra su hija Goneril:

King Lear

Hear , Nature, hear; dear goddess, hear!
Suspend thy purpose, if thou didst intend
to make this creature fruitful!
Into her womb convey sterility!
Dry up in her the organs of increase;
and from her derogate body never spring
a babe to honour her! If she must teem,
create her a child of spleen; that it may live,
and be a thwart disnatured torment to her!
Let it stamp wrinkles in her brow of youth;
with cadent tears fret channels in her cheeks;
turn all her mother’s pains and benefits
to laughter and contempt,- that she may feel
how sharper than a serpent’s tooth it is
to have a thankless child! – away, away!

¡Óyeme Natura, bendita Diosa, escúchame!
¡Detén tu propósito, si acaso pretendes
hacer fértil a esta criatura!
¡Siembra en su seno la infertilidad!
¡Seca en ella los órganos que dan la medra
y de su malhadado cuerpo jamás brote
un niño para honrarla! Y si ha de engrosar,
crea en ella un hijo de la amargura; que si ha de vivir,
que sea para ella cruel y tormentoso estorbo y traba.
Que le imprima arrugas en su joven seño y frente
y que cayentes lágrimas, surcos por sus mejillas tracen;
torna y convierte sus angustias y cariños de madre
en afrentas y burlas recibidas. – Que aprenda a sentir cuan más hiriente
que colmillo de serpiente es la filial ingratitud. ¡Fuera, fuera!

 

Así mismo, Shakespeare logra discursos sublimes por la virtud que desentrañan y revelan, mientras su musicalidad nos embarga en algo como un trance estético:
(King Richard II, Act III. Scene III)

King Richard

No matter where; of comfort no man speak:
Let’s talk of graves, of worms, and epitaphs;
make dust our paper and with rainy eyes
write sorrow on the bosom of the earth,
let’s choose executors and talk of wills:
And yet not so, for what can be bequeath
safe our deposed bodies to the ground?
Our lands, our lives and all are Bolingbroke’s,
and nothing can we call our own but death
and that small model of the barren earth
which serves as paste and cover to our bones.
For God’s sake, let us sit upon the ground
and tell sad stories of the death of kings;
how some have been deposed, some slain in war;
some haunted by the ghosts they have deposed;
some poison’d by their wives: some sleeping kill’d;
all murder’d: for within the hollow crown
that rounds the mortal temples of a king
keeps Death his court and there the antic sits,
scoffing his state and grinning at his pomp,
allowing him a breath, a little scene,
to monarchize, be fear’d and kill with looks,
infusing him with self and vain conceit,
as if flesh which walls about our life,
were brass impregnable, and humoured thus
comes at the last and with a little pin
bores through his castle wall, and farewell king!
Cover your heads and mock not flesh and blood
with solemn reverence: throw away respect,
tradition, form and ceremonious duty,
for you have mistook me all the while:
I live with bread like you, feel want,
taste grief, need friends: subjected thus,
how can you say to me, I am a king?

Rey Ricardo II

No importa dónde; de bienestar nadie hable:
hablemos más bien de tumbas, de gusanos, de epitafios;
Hagamos del suelo nuestro papel y con ojos lluviosos
escribamos aflicción sobre el pecho de la tierra,
busquemos un albacea y hablemos de testamentos:
Mas no! Porque: ¿qué podemos otorgar,
salvo nuestros cuerpos depuestos en la tierra?
Nuestros feudos, nuestras meras vidas son de Bolingbroke (Henry IV)
y nada podemos llamar propio si no es la muerte
y ese pequeño montículo de parca tierra
que ha de servir como cobertura de nuestros huesos.
Por amor de Dios, sentémonos en el suelo
y contemos tristes historias de los reyes muertos;
cómo muchos han sido depuestos, algunos victimados en la guerra,
otros acosados por espectros de quienes ellos mismos derribaron,
algunos envenenados por sus propias esposas: algunos muertos en el sueño;
todos asesinados: pues dentro del vacío de la corona
que rodea las sienes mortales de un rey,
la muerte tiene a su corte y ahí se sienta el bufón
haciendo fisga de su estado y riéndose de su pompa,
dándole un respiro, concediéndole una pequeña escena,
que haga de monarca, que se haga temer y mate con la mirada,
infundiéndole vana soberbia y egoísmo,
tal si la carne que nos amuralla,
fuese armadura de hierro inexpugnable, y en tal ánimo
por fin se nos viene encima con un pequeño pincho
y penetra por el baluarte del castillo y ¡adiós el rey!
Cubrid vuestras cabezas y no os burléis de la carne y hueso
con reverencias solemnes: Arrojad de vosotros respeto,
tradición, formalidad y ceremonial,
pues os habéis equivocado conmigo todo el tiempo:
También yo vivo de pan como vosotros, siento necesidad,
saboreo amarguras, necesito amigos: Así yo sometido,
¿como podéis decirme que soy rey?

Este magnífico genio Shakespeare, coetáneo de Cervantes, ha sido en el idioma inglés su paralelo por grandeza en el teatro, como fuera el Manco de Lepanto en la novela. Por eso son ambos verdaderos gigantes de un Siglo de Oro, ya no sólo español, sino europeo.

 

 

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