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La Geografía fantástica del Amadís de Gaula

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com


Al leer el “Amadís”, siempre nos asalta la pregunta: ¿Dónde sucedió todo esto? Si bien en este gran libro de caballerías se habla de ciertos reinos conocidos, como Escocia, España, Inglaterra, e Irlanda, en cambio hay otros lugares muy importantes como Gaula, Norgales, la Ínsola Firme, Mongaça, la Ínsola del Lago Ferviente, o el Castillo del Lago Ferviente, que parecen fantásticos, sin relación con el mundo real. No obstante, tan pronto hemos dado con el presunto autor del “Amadís”, el Infante de Castilla y León, Senador de Roma, Don Enrique, la geografía comienza a aclararse por sí sola. Resulta que la biografía de Don Enrique cruza justamente por la geografía del Amadís. Él nace en Castilla y conquista con su padre Don Fernando III el Santo, la ciudad de Sevilla. Recibe como feudo algunos territorios en Andalucía que le son arrebatados por su hermano Alfonso X el Sabio, y a raíz de su fallida rebelión por esta causa enojosa, viaja en 1254 al condado de Ponthieu en la Normandía, de visita donde su madrastra, la hermosa reina viuda y condesa Jeanne de Ponthieu. En Francia, Don Enrique volvió a ver a Simón de Montfort y a otros personajes de la nobleza, a quienes había conocido al tiempo de la muerte y exequias de su tía-abuela Doña Blanca de Castilla, reina y regente de Francia, en 1252. Don Enrique pasó en 1256 a Inglaterra a visitar a su hermana de padre, Doña Leonor de Castilla y León, esposa del príncipe Eduardo, que habría de ser rey de Inglaterra, después de la muerte de Enrique III. A este gran rey también conoció Don Enrique, habiendo ambos monarcas, Enrique III y Eduardo I, servido de inspiración para su invento del rey Lisuarte, en el “Amadís”. En la corte de Westminster y Windsor, Don Enrique fue testigo, no sólo de gloriosos torneos y justas, sino también de los sangrientos trastornos internos de Inglaterra, que resultaban de la conquista de Gales, las guerras contra Escocia, los enfrentamientos guerreros en defensa de las heredades francesas de Enrique III y Eduardo I en Gascuña, y las diferencias con los barones feudales de Inglaterra e Irlanda.

Desde 1258, Simón de Montfort, Conde de Leicester, se distancia del rey Enrique III, y Alfonso X el Sabio compite con Richard de Cornwall por la corona de Emperador del Sacro Imperio Romano-Alemán, motivos que provocan la salida de Inglaterra de Don Enrique en 1259, indispuesto con la corona, por sus relaciones de amistad o parentesco con ambos personajes.

Entonces Don Enrique navega desde Génova hacia Túnez, donde presta sus servicios como caballero andante, al Sultán Al-Mustansir, contra la amenaza del Mameluco Baibars en Egipto, y los Mongoles, que habían llegado hasta Siria. El Sultán Al Mustansir era súbdito de Manfredo rey de Sicilia, y hay indicios que Don Enrique estuvo en Sicilia con su hermano y compañero de aventuras, el Infante Fadrique, visitando a Manfredo, su pariente por el linaje de Hohenstaufen. Mientras tanto, Simón de Montfort había vuelto a Inglaterra en 1263, encabezando una rebelión de la nobleza de los barones, y había derrotado al rey Enrique III y a su hijo Eduardo en la batalla de Lewes, cuando los tomó prisioneros y se convirtió en el gobernante de facto de Inglaterra en 1264. Al año siguiente, el Príncipe Eduardo se escapó de su encierro y reuniendo un ejército, derrotó y dio muerte a Simón de Montfort. Estas dos batallas, donde murieron muchos caballeros de la nobleza que conoció Don Enrique de Castilla, aparecen veladamente en el Amadís, donde Simón de Montfort es el rebelde Barsinán, que se propone adueñarse del reino de la Gran Bretaña y casarse con Oriana, entrando en Londres como vencedor y siendo después derrotado y muerto por Amadís, salvándose entonces de su prisión el Rey Lisuarte, igual que Enrique III, después de la Batalla de Evesham en 1265, donde triunfó su hijo, el príncipe Eduardo . Estos son los Capítulos 31, 37 y 38 en el Primer Libro del “Amadís”.

Ya en 1266 Don Enrique había participado en la guerra de su primo Charles d’Anjou, hermano del rey Luis VIII el Santo de Francia, contra Manfredo de Hohenstaufen, rey usurpador de Nápoles y Sicilia. Charles lo derrotó y mató en la batalla de Benevento. Manfredo de Sicilia aparece en el “Amadís” como el rey Arábigo, porque tenía un gran ejército sarraceno de caballería ligera y tres mil arqueros estacionados cerca de Roma y se lo conocía como “il Sultano de Lucera” (Libro III del “Amadís”, Capítulos 67 y 68).

Nombrado Senador de Roma por el Papa, Don Enrique abandona el bando de Charles d’Anjou, por sus violaciones de palabra de honor, al no concederle la corona de Cerdeña y tampoco pagarle una gran deuda de dinero, y envía a su legado y vicario Don Guido de Montefeltre a Baviera para pedirle a Conradín, Duque de Suabia, su primo también, que venga a recuperar el reino de Sicilia, que le pertenece como nieto del Emperador Federico II del Sacro Imperio Romano-Alemán.

En el “Amadís” ésta es la guerra por la Isla de Mongaça, o Sicilia. En 1267, Don Enrique y Al Mustansir, Sultán de Túnez, atacan Sicilia conquistando primero la Isla de Pantelleria, y después el puerto de Sciacca, con una flota de navíos, en parte, española.

La Isla de Pantelleria es la Ínsola del Lago Ferviente, y el castillo de Sciacca es el Castillo del Lago Ferviente. En ambos lugares hay ardientes aguas termales. En Pantelleria hay un lago hirviente y un volcán submarino llamado Ferdinandea, que justifica el legendario nombre. La conquista de Sciacca aparece en el Tercer Libro del Amadís en la página 966 de la Edición de Don Juan Manuel Cacho Blecua. También en esta página se define la Ínsola Firme como Italia. La guerra por el dominio de Sicilia tuvo su primer momento crucial en la batalla de Tagliacozzo, cerca de Roma, en 1268, donde Don Enrique capitaneó la vanguardia de Conradín con trescientos caballeros españoles y triunfó en su parte, aunque más tarde, Charles d’Anjou ganó la batalla con una reserva de mil caballeros franceses que había ocultado tras una colina. Aquí Don Enrique terminó en prisión en el castillo de Canosa di Puglia y comenzó a escribir el “Amadís” o lo continuó. Todo esto está descrito en el Tercer libro del “Amadís” donde el Infante Brian de Monjaste, acaudilla en batalla una división de españoles “bien encavalgados”, a la par que Don Enrique.

Desde las prisiones de Don Enrique, Canosa y Castel del Monte, se contempla el Mar Adriático, donde él ubica la Peña Pobre del retiro del mundo, de Amadís como Beltenebros.

En 1282 se desató la guerra entre el Rey Don Pedro de Aragón y el rey de Nápoles y Sicilia Charles d’Anjou, a raíz de las Vísperas Sicilianas, donde guerreó el Infante Don Fadrique, y Don Enrique contribuyó a la rebelión, con sus versos en italiano que lamentan el degüelle de rey Conradín en Nápoles. En el “Amadís” es esta la guerra por la Isla de Mongaça que pertenece a la Princesa Madásima, reina de la Ínsola del Lago Ferviente y, por herencia también, reina de Mongaça al igual que Constanza, hija del rey Manfredo, reina de Pantelleria y de Sicilia, esposa del rey Pedro III el Grande de Aragón, representado en el “Amadís” como Don Galvanes.

Romania en el “Amadís” es Constantinopla bajo el emperador Balduino. Balduino y Charles d’Anjou en el Tratado de Viterbo casaron sus hijos Felipe y Beatriz, respectivamente. Esto sucedió el 27 de Mayo de 1267, cuando Don Enrique todavía era aliado de Charles d’Anjou. De estos tiempos proviene la inspiración del “Cavallero de la Verde Espada” y su visita a Constantinopla y Alemania. Los Romanos del Amadís son caballeros constantinopolitanos.

Los Catalanes fueron aliados de los Griegos en sus guerras contra los Mamelucos y Mongoles. De lo cual da testimonio la famosa y admirable Crónica de Ramón Muntaner. Y de esta situación emerge el ”Cavallero Griego” del “Amadís”.

Don Enrique estuvo muchos años entre Sicilia, Túnez, Grecia y Constantinopla. Sus amigos y defensores fueron los Catalanes y Aragoneses. Libre o preso, él deambuló viva- o virtualmente por aquellos lugares, incluyendo Hungría y Alemania.

Amadís, como él, hablaba muchos idiomas: Castellano, Inglés, Alemán, Italiano y Griego.

A más de estudiar la geografía del “Amadís”, también es fascinante comparar la muy parecida y coetánea caligrafía de la Crónica de Bernat Desclot de 1335, con los Folios del “Amadís”, estudiados por Don Antonio Rodríguez Moñino, que datan de fines del Siglo XIII.

¡Qué bochorno para los historiadores de la literatura española, al constatar que Don Garcí Rodríguez de Montalvo perdió de adrede el original de los tres libros del Amadís de Gaula, por hacer valer su “refundición”! Si el Tercer Libro no hubiese sido alterado y cambiado por él, acaso sabríamos más de la geografía verdadera detrás del Amadís.

Estas líneas ruego se vean como invitación a que otras mentes más perspicaces que la mía, busquen más lugares comunes entre el “Amadís” y el periplo de Don Enrique de Castilla.

El Castillo de Miraflores de que muchas veces habla el “Amadís”, podría muy bien ser Kenilworth, por sus maravillosos jardines que duran desde el siglo XIII, hasta hoy. Norgales es Gales del Norte, cuyo Príncipe, aliado de Simón de Montfort fue su yerno Llyvelyn up Gruffydd, casado con Eleanor de Montfort, al igual que su madre Eleanor de Inglaterra, modelos de Oriana en el “Amadís”. Sabemos que Windsor sería Vindilisora y que Gaula es la Francia del Siglo XIII. Es la misma Gaula de Charles de Gaulle, el heroico Presidente de Francia. La familia De Gaulle proviene de Borgoña, y eran barones (Capitaines-châtelains) de Cuisery en Saône-et-Loire. En esta región habrá pensado el autor del “Amadís”, al inventarse el nombre de Gaula. Es también la misma palabra transmutada del nombre romano de Francia, que fue Galia.

Como éste, hay otros muchos ejemplos, pero todo contribuye a creer firmemente que el autor del “Amadís” fue el encarcelado actor y testigo de su tiempo, Don Enrique de Castilla y León, Infante del Linaje de Borgoña.

La búsqueda de la verdad obliga a suponer tesis en base a indicios convincentes. Sin duda la atribución de la autoría del Amadís de Gaula a Don Enrique de Castilla ha sido y será un proceso de acercamiento a una convicción irrebatible. En esto nos ayuda mucho el estudio de la geografía del “Amadís”. Pero, poco a poco, ya se pueden descartar ciertos supuestos infundados, como la autoría portuguesa o francesa o italiana. También se puede desechar que fuese escrito en el siglo XIV, peor en el siglo XV. Es hora de separar los tres primeros libros originales, de las tardías obras de Garcí Rodríguez de Montalvo, que esas sí son puramente fantásticas e infundadas.

Igualmente, conviene rever el Quijote en nueva luz y admirar aun más a Cervantes como catador del valor intrínseco del “Amadís”, no obstante su genial burla del género de los libros de caballerías, en la persona del Caballero de la Triste Figura; y le cito:
“Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue los cuatro de “Amadís de Gaula”, y dijo el cura:
-Parece cosa de misterio ésta; porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de éste; y así, me parece que, como dogmatizador de una secta tan mala, le debemos, sin excusa alguna, condenar al fuego.
-No señor- dijo el barbero-; que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como el único en su arte, se debe perdonar.

-Así es verdad- dijo el cura-, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él.
-Es- dijo el barbero- Las “Sergas de Esplandián”, hijo legítimo de Amadís de Gaula.
-Pues es verdad –dijo el cura- que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama; abrid esa ventana y echarle al corral, y dé principio el montón de la hoguera que se ha de hacer.
Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.”

 

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