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Parentescos Principescos y Amadís

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com


Los vínculos de sangre entre los personajes del Amadís de Gaula son cruciales para medir bien la importancia de la obra e identificar a su autor. En el siglo XIII, cuando fue escrito el “Amadís”, los parentescos eran medulares en la vida. El presunto autor original del “Amadís”, Infante Enrique de Castilla y León, hermano de Alfonso X, pone en primer lugar de su famosa obra, los parentescos principescos. Amadís es hijo del rey Perión de Gaula, y su amada Oriana es la princesa de Inglaterra, hija del rey Lisuarte. Amadís es hijo del amor prenupcial de sus reales progenitores. El hijo que él, a su vez, ha gestado con Oriana, es también natural de su pasión, aunque este Esplandián, no obstante su ilegitimidad, llegare a igualar las hazañas de su padre.

Brian de Monjaste, gran caballero andante, es un príncipe guerrero, también Infante, hijo del rey de España, Don Ladasán
( San Fernando III ). Hay muchos más parentescos principescos en el Amadís, que el lector amigo encontrará y que mencionar en este punto abundaría. Lo importante aquí, es presentar el armónico paralelo entre Don Enrique y el “Amadís”.

Cuando Don Enrique permaneció en la corte de Windsor, visitando a su hermana de padre, que habría de ser reina de Inglaterra, Doña Leonor de Castilla, esposa de Eduardo I Plantagenet, él fue testigo de ciertos hechos que se reflejan en el “Amadís” clarísimamente:
Primero, la unión amorosa entre el Conde de Leicester, Simón de Montfort, muy noble señor en Francia, y la princesa Eleanor de Inglaterra, hermana de Enrique III, la que quedó en cinta antes de contraer matrimonio, para gran disgusto del monarca y que es la inspiración para los amores de Amadís y Oriana.
Segundo, el abordaje y secuestro de Eleanor de Montfort en el Mar de Irlanda por orden del rey Enrique III, cuando era llevada a Gales para casarse con Llyvelyn ap Gruffid, su príncipe reinante, hecho que aparece en el libro de caballerías como el abordaje y secuestro de Oriana por Amadís, cuando era enviada por el Rey Lisuarte a casarse con el Emperador de Constantinopla.

Este suceso tiene también relación paralela con el matrimonio concertado en Viterbo por Balduino, Emperador de Constantinopla y Charles d’Anjou, rey de Nápoles, para casar sus sendas parejas de hijo e hija, entre si. Es obvio, que en el “Amadís”, Don Enrique ha hecho de Lisuarte el rey que encarna sucesivamente a Enrique III, Eduardo I de Inglaterra y Charles d’Anjou, Rey de Nápoles. Don Enrique acompañó a Charles d’Anjou a la firma de ese Tratado de Viterbo, a raíz de su triunfo en Benevento contra Manfredo de Hohenstaufen, rey usurpador de Sicilia y Nápoles, que Don Enrique narra en el “Amadís” como la Batalla contra el Rey Arábigo, pues Manfredo se presentó al combate con su ejército sarraceno de caballería ligera y arqueros.

Tercero, el desempeño de Don Brian de Monjaste en batalla, comandando una división de españoles, “que era fuerte gente y bien encavalgada. Y entraron tan rezio por ellos derribando y matando, y dellos también muriendo y cayendo por el suelo, que los de las sierpes fueron socorridos...”, que es tal cual, que el rol del propio Don Enrique, cuando encabezó la avanzada de caballería a favor de Conradino de Hohenstaufen, cuyo escudo estuvo adornado con sierpes, en la batalla de Tagliacozzo.

Pero estos tres casos no son todo. Hay otras muchísimas alusiones a hechos históricos del Siglo XIII en el “Amadís”. Las dos batallas de Lewes y Evesham de Simón de Montfort contra el rey Enrique III de Inglaterra y su hijo Eduardo, aparecen referidas en el “Amadís” a través de la prisión del rey Lisuarte, igual que sucedió tras la batalla de Lewes, y su liberación y venganza en Evesham, contra el encantador Arcaláus y el traidor caballero Barsinán, que no es otro que Simón de Montfort.

Hay otras indicaciones del origen histórico de ciertos capítulos del “Amadís”. Don Enrique usa como inspiración lo que vio con sus propios ojos. Por ejemplo, la Isla del Lago Hirviente es Pantelleria junto a Sicilia, rodeada de mar hirviente por efecto del volcán submarino que más de una vez ha lanzado chorros de agua bullente y gas encendido al cielo de ese lugar, por donde muchas veces navegó el Infante de Castilla y León.

Los parentescos principescos de Don Enrique le ligaron no sólo al real linaje inglés por ejemplo a través de Berenguela de Navarra, consorte de Ricardo Corazón de León, sino también a la corona de Francia, por gracia de su tía-abuela Doña Blanca de Castilla y Plantagenet, reina madre de San Luis Rey de Francia, y de Charles d’Anjou, Rey de Nápoles. Por otra parte, Don Enrique era primo, tanto del “Rey Arábigo” del “Amadís”, Manfredo de Sicilia, como también del mal aventurado Conradino, por ser Don Enrique hijo de Beatriz de Suabia, del antiquísimo real linaje de los Hohenstaufen, como estos dos reyes. La Batalla de los reyes en el “Amadís”, es la de Tagliacozzo porque en ella combatieron Conradino, como legítimo rey de Sicilia, Charles d’Anjou como Rey de Nápoles, impuesto por el Papa, y Don Enrique que tenía ganada virtualmente la corona de Cerdeña.

El “Amadís” es una narración centrada en los sucesos estelares del Siglo XIII, en particular de la década entre 1260 y 1270, con sus cuatro grandes batallas: Lewes, Evesham, Benevento y Tagliacozzo. También se inspira en aquel juicio de Dios de la Batalla de los Cien Caballeros entre el rey de Aragón, Don Pedro, y el rey de Nápoles, Charles d’Anjou en la contienda por Sicilia, que no llegó a consumarse en Burdeos en 1282, como lo cuenta en su maravillosa y admirable crónica publicada en 1335, el soldado catalán Ramón Muntaner.

Es muy posible que el “Amadís” original, una obra muy extensa, de tres libros y de mil doscientas noventa y siete páginas, fuera escrita durante decenios, en especial en la larguísima prisión de Don Enrique de Castilla y León a manos de su primo Charles d’Anjou, primero en Canosa di Puglia cerca de Bari, entre 1268 y 1272, y después, entre 1273 y 1292, en Castel del Monte, marmóreo monumento de la arquitectura medieval, construido por el Emperador del Sacro Imperio Romano Alemán, Federico II.

Es obvio que Don Enrique pudo seguir los sucesos de su tiempo desde la prisión. Se dice que hasta inspiró las Vísperas Sicilianas con sus incendiarios versos. Tuvo la suerte que se respetase su condición de hermano de Alfonso X y se le dieran los medios para que su cautiverio no fuese demasiado oprobioso. Se nota que construyó su obra cuidadosamente, inventando una miríada de nombres, no escribiendo de corrido, sino intercalando y anteponiendo capítulos en folios de los que aún quedan unos pocos originales muy bien estudiados por Antonio Rodríguez Moñino, el muy ilustre filólogo, en su disertación: “El primer manuscrito del Amadís de Gaula” en el Boletín de la Real Academia Española 26 (1956).

Es inevitable reiterar que sin duda el “Amadís” fue escrito en las postrimerías del Siglo XIII por Don Enrique de Castilla y León y que ha sido muy contrario a la verdad histórica el atribuírselo a su confeso plagiario Don Garcí Rodríguez de Montalvo en 1508. Este ávido escritor dañó el tercer libro y perdió adrede el voluminoso original, en el afán de adornarse con plumas ajenas. Sus obras, el Cuarto Libro del Amadís y la Sergas de Esplandián fueron quemadas en el Quijote con toda razón, por vanas y pobres de ingenio. Pero hay quienes las sacaron de entre los ardientes rescoldos y junto con los tres primeros libros del “Amadís” han reinventado su espuria autoría. Pero el “Amadís” original es coetáneo de “Las Siete Partidas” y del “Conde Lucanor” y anterior al “Libro de Buen Amor” del genial Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.

Europa en el Siglo XIII no era una comunidad de naciones, sino un enjambre de reinos, ducados y condados, distribuidos entre unas pocas dinastías entrelazadas por íntimos parentescos y enfrentadas entre sí, en una muy sanguinaria y perpetua lucha por el poder absoluto.
No obstante, la cultura caballeresca puso coto y normas a la guerra, al igual que a torneos y justas. En la guerra y en el amor no todo era permitido y, ante todo, lo cortés, no quitaba lo valiente. En esto, el “Amadís” es ejemplar, pues sus diálogos y moralejas exponen los altísimos valores y virtudes imperantes, al igual que los vicios y maldades de la humanidad de entonces.

Interesante indicio probatorio de la autoría del Amadís de Gaula por Don Enrique, es un diálogo de su alter ego, el Infante Brian de Monjaste, con el rey Lisuarte, muy especial porque identifica a Don Brian, igual que a Don Enrique, por el común denominador que ambos son del mismo linaje Plantagenet. Don Enrique fue descendiente de Enrique II de Inglaterra por vía de su hija Leonor de Plantagenet, reina de Castilla, esposa de Alfonso VIII, vencedor en Las Navas de Tolosa contra los Moros, y Don Brian de Monjaste lo asevera así también de sí mismo, cuando se lo dice al rey Lisuarte en este diálogo:

- Don Brian – dixo el rey – si vos creyesedes a vuestro padre, yo se bien que me no dexaríades por otro, ni verníades a razonar contra mí.
- Señor – dixo Brian – la mi razón por vos es, que yo no digo que fagáis sino derecho, que no deis lugar a algunos que por ventura no vos servirán tan bien como yo, que dañen vuestra bondad; y a lo que me dezis, que si a mi padre creyesse, que vos no dexaría, yo no os dexé porque nunca vuestro fue, aunque soy de vuestro linaje; y yo vine a vuestra casa a buscar mi cormano Amadís, y cuando a vos no plugo que él fuesse vuestro, fuéme con él, no errando un punto de lo que devía.

Nadie, sino el propio Don Enrique pudo haberle dicho esto al rey de Inglaterra, pues sólo él era de su linaje Plantagenet y estuvo en su corte de Westminster y Windsor con Simón de Montfort, mientras éste gozó del tutelaje de Enrique III y le dejó, cuando Simón de Montfort, ofendido, se retiró a Francia en 1261 y entonces Don Enrique siguió de Francia a Túnez invitado como caballero andante por el Sultán al-Mustansir bi-Allah, para guerrear contra Mamelucos y Mongoles, y nunca más volver a Inglaterra, sino sólo en las páginas de su libro de caballerías.

El “Amadís” es un documento que ilustra la fascinante relación entre las casas reales de España, Francia e Inglaterra, que habría de llegar a una dramática culminación con la vida y muerte del rey Don Pedro el Cruel y el matrimonio de sus hijas con la flor y nata de los príncipes ingleses del Siglo XIV, pero esa es ya otra historia de la que hablaremos alguna vez.

 

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