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PERSONAJES REALES EN EL AMADÍS DE GAULA

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com


¡Quién hubiera creído que en el Amadís se escondieran personajes reales! Todos dábamos por cierto que el Amadís era un magnífico infundio de algún trovador portugués. Así nos lo enseñaban nuestros abuelos. Pero visto de cerca, sin que a uno le manen los ojos, resulta que el Amadís, mientras más se lo estudia, más nos revela. Primero salta a la vista que los libros de caballerías no nos mentían, sino que narraban hechos, fechorías y hazañas que tuvieron pares en la realidad. La pusilanimidad, comodidad y chabacanería de los tiempos modernos nos impedían comprender la temeridad de la era de los caballeros cruzados, errantes y andantes de los siglos XI, XII y XIII. Ellos se jugaban la vida a cada paso en justas, torneos y batallas, mientras nosotros nos arriesgamos de morir en el tósigo de la obesidad, apoltronados frente al televisor. El Amadís parece no ser sólo una novela de caballerías, sino un disfrazado reportaje de las circunstancias de la corte de Eduardo I de Inglaterra y su hispánica esposa, Doña Leonor de Castilla y León. Resulta ser, que un expatriado visitante de esa corte fue Don Enrique de Castilla, hijo de Fernando III, aquel héroe de la conquista de Córdoba y Sevilla; y hermano de la reina de Inglaterra Doña Leonor de Castilla. Él estuvo en Windsor, o Vindilisora, durante cuatro años, viendo lo que pasaba en ella. Entonces, como ahora, en esa corte sucedían cosas de espanto, y Don Enrique fue testigo de la gran amistad, y luego enemistad, entre Enrique III y su amigo-enemigo, Don Simón de Montfort, famoso caballero francés, conde de Leicester, que sedujo a su hermana doña Eleanor de Inglaterra, le preñó con un vástago, y después, se casó con ella, mitad por amor, mitad por conveniencia. Este fue, en la fina pluma de Don Enrique de Castilla, Amadís de Gaula, y ella, la princesa Oriana, dueña de su corazón. Pero Don Enrique de Castilla no paró ahí, sino que siguió inventando paralelos para la corte de Windsor, y se puso a si mismo como sujeto de sus duplicaciones, escribiendo sobre Don Brian de Monjaste, como él, hijo del rey de España, Ladasán, o, mejor dicho, San Fernando III. Éste Don Brian de Monjaste fue el propio Don Enrique de Castilla que luchó primero contra el usurpador del reino de Sicilia, Manfredo de Hohenstaufen, en la batalla de Benevento, que tiene su paralela, en la Batalla contra el rey Arábigo en el Amadís, y más tarde, cambiando el bando, luchó contra Charles d’Anjou, a la cabeza de trescientos caballeros españoles que vencieron en el primer embate de la Batalla de Tagliacozzo, y cayeron después destruidos y derrotados ante una, hasta su inopinada aparición, secreta fuerza de mil caballeros franceses, en una magistral celada estratégica de Charles d’Anjou.

Todo esto aparece, de una forma u otra en el Amadís, pero los literatos de antaño, no lo tomaron en cuenta, sino que, por falta de información, siguieron creyendo que todo era invento e infundio de la fantasía y se entregaron maniatados en brazos de Garcí Rodríguez de Montalvo, que usurpó la obra de Don Enrique de Castilla y la amputó y falseó, añadiendo un cuarto libro de su propio escaso ingenio y mocha pluma, más otros libracos de peor estilo y concepción, que siguieron después.

En el Amadís puso Don Enrique de Castilla otro connotado suceso de su tiempo: En el Capítulo LXXXI del Tercer Libro se cuenta “De cómo el rey Lisuarte entregó su fija muy contra su gana, y del socorro que Amadís con todos los otros cavalleros de la Ínsola Firme fizieron a la muy hermosa Oriana, y la levaron a la ínsola Firme”. Pues este suceso acaeció en la realidad de esta manera: Don Simón de Montfort, conde de Leicester, antes de morir en la batalla de Evesham, se alió con el original y verdadero Príncipe de Gales, Don Llywelyn ap Gruffud, con miras a su enfrentamiento contra el rey Enrique III de Inglaterra, y su hijo Eduardo. Para cimentar esta alianza casó por poder (per nuncios et per verba de presenti) a su hija Eleanor de Montfort con Llywelyn. Ella residía ya, refugiada, en Francia. Para juntarse con su esposo ella tuvo que emprender la travesía desde Francia hacia Gales del Norte, evitando pasar los campos de Inglaterra. Dos barcos que llevaban a Eleanor, su hermano, el caballero Don Amaury y su pequeña corte de amigos, al surcar la costa del sur de Inglaterra, fueron abordados y capturados por marineros del puerto de Bristol, en servicio para el rey de Inglaterra. Después Eleanor estuvo presa en el Castillo de Windsor por tres años, hasta que por fin se casó formalmente (secundum formam ecclesie) con el Príncipe de Gales Llywelyn, en Worcester el día de San Eduardo en 1278. Pues esta Eleanor, Princesa de Gales y Lady de Snowdon es la Oriana de este famoso capítulo: “Luego fueron juntas las naves. Grande era allí el ferir de saetas y piedras y lanças de la una y de la otra parte, que no semejava sino que lluvía, tan espessas andavan.Y Amadís no entendía con los suyos en ál sino en juntar a su fusta con la de los contrarios; mas no podían, que ellos, aunque muchos más eran, no se osavan llegar, viendo cuán denodadamente eran acometidos, y defendíanse con grandes garfios de fierro y otras armas muchas de diversas guisas....”

“Y vieron a Oriana y Mabilia. Y Amadís fue hincar los inojos ante ella por le besar las manos, mas ella lo abraçó y tomóle de la manga de la loriga, que toda era tinta de sangre de los enemigos.

-Ay Amadís! – dixo ella- , lumbre de todas las cuitadas, agora pareçe la vuestra gran bondad en haver hecho este socorro a mi y a estas Infantas, que en tanta amargura y tribulación puestas éramos. Por todas las tierras del mundo será sabido y ensalçado vuestro loor.”

Este fue el último capítulo del Amadís de Don Enrique de Castilla, pues la cuarta parte ya es un injerto de Don Garcí Rodríguez de Montalvo que adolece de ser un mero producto literario de inferior estilo y de no tener asidero en las realidades del siglo XIII, como el Amadís primario.

Hay otros sucesos paralelos en la obra de Don Enrique de Castilla y estoy seguro que medievalistas científicos escribirán sobre ello sus tesis y descubrimientos en el futuro, siguiendo el ejemplo de este menor sabueso algo suelto del dogal.

 



 

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