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El Autor y los Tiempos de Amadís de Gaula

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

Es hora ya, que la investigación histórica se junte con el estudio literario del Amadís de Gaula. Hasta hoy esto no ha sucedido. No se han investigado los sucesos reales que podrían haber inspirado al autor del Amadís. Es patente, no obstante, que la obra se refiere al Siglo XIII, período en que llega a su máximo florecimiento la cultura caballeresca. En esta famosa novela, la narración de las justas, torneos y batallas a ultranza, es tan realista, que resulta indiscutible que su autor fue un caballero que guerreó y participó en tales hechos de armas. Asimismo hay en la obra, algunas relaciones amorosas muy creíbles, por sus convincentes detalles. Además contiene el Amadís indicaciones de nombres de personajes y de lugares susceptibles de identificarse como verosímiles.
La excelente edición por el Profesor Don Juan Manuel Cacho Blecua del Amadís de Gaula, donde pone como autor, por falta de mejor fuente, a Garcí Rodríguez de Montalvo, contiene además muchas notas de inmenso valor literario, que merecen admiración, pero adolece de falta de investigación histórica geopolítica, y, peor aún, acepta la usurpación y plagio de los primeros tres libros del Amadís por ese Don Garcí, Regidor de Medina del Campo, que hizo desaparecer el original de la obra, de la que se apropió sin justificación válida, pretendiendo corregirla y mejorarla. No tiene este confeso plagiario, perdón ni excusa, por haber ocultado para siempre el Amadís original, cuando debió conservarlo de buena fe. Acaso llevaba la firma de su autor, o una referencia de su origen. No obstante, hay una numerosa evidencia de pruebas de que el autor del Amadís fue Don Enrique de Castilla y León, hermano del rey Don Alfonso X, el Sabio. Don Enrique fue un connotado escritor y poeta, como prueban su biografía escrita por la Profesora de la Universidad de León, Doña Margarita Torres Sevilla, y el estudio de la Profesora de la Universidad de Pisa, Doña Valeria Bertolucci Pizzorusso, titulado “Don Enrique/Don Arrigo: un infante di Castiglia tra storia e letteratura”.
Más aún prueban su autoría del Amadís, las batallas que narra en la obra, de las que fue testigo, como Cadfan, Lewes, Evesham en Inglaterra, y aquellas en las que participó como combatiente: Benevento, Tagliacozzo, y Sciacca, en Italia y Sicilia.
Los nombres están cambiados en la obra, pero los participantes y las circunstancias son más que obvias. Él mismo se caracteriza como el Infante de Castilla Don Brián de Monjaste, hijo del rey de España Don Ladasán, que combate, al igual que Don Enrique, hijo de Fernando III de Castilla en Tagliacozzo, capitaneando un ejército de mil caballeros españoles. Futuros lectores del Amadís deberían ilustrarse sobre la geopolítica del Siglo XIII, para captar el parcial realismo de la obra. Gaula es el reino de San Luis IX de Francia, Inglaterra está a punto de conquistar Gales y esta regida por Henry III, padre de Eduardo I, casado éste con Leonor de Castilla, hermanastra de Don Enrique; Escocia tiene como monarca a Alejandro III, casado con Margarita de Inglaterra, hermana de Eduardo I. Gales es el principado del noble Llywelyn, quien se casa con Eleanor de Montfort e Inglaterra, hija de Simón de Montfort, Conde de Leicester y de Eleanor de Inglaterra, hermana de Henry III. La madre del rey de Francia es Doña Blanca de Castilla, tía abuela de Don Enrique. Su noveno hijo, Charles d’Anjou se convierte en rey de Sicilia y Nápoles al ganar la batalla de Benevento contra Manfredo de Hohenstaufen, hijo del emperador de Alemania. Ambos combatientes son primos de Don Enrique de Castilla. Balduino II era Emperador romano de Constantinopla y Don Fadrique de Castilla, hermano de Don Enrique, se casó con la hija de Nikephoros, Déspota del Épiro, Doña Catalina Komnenos Dukás . Esta red de parentescos y uniones es la trama en que se desenvuelve la política europea del Siglo XIII, con sus guerras y batallas. El Mediterráneo era dominado por Venecia, Génova y Barcelona. El Amadís se refiere claramente a estos hechos, personas y lugares. A más de cruentas empresas bélicas, el Amadís narra las relaciones de amor de su tiempo. Simón de Montfort y Eleanor de Inglaterra gestaron un niño antes de contraer matrimonio, al igual que Amadís y Oriana. Alejandro III de Escocia se casó con Margaret de Inglaterra cuando ambos tenían apenas 11 años, al igual que se amaron Amadís y Oriana en la corte del rey de Escocia cuando tenían esa misma tierna edad. Eleanor de Montfort fue secuestrada tras una batalla naval, cuando iba camino de Gales para casarse con su príncipe Llywelyn, al igual que Oriana fue secuestrada por Amadís, cuando iba navegando ruta de Constantinopla, para casarse con el Emperador, en contra de su voluntad. Don Enrique se hizo famoso en Túnez por enfrentarse armado de su espada, contra dos leones, al igual que Amadís de Gaula más tarde. Como sabemos, Don Quijote hizo lo propio, ante un león envejecido, del que mandó abrir la jaula. Ejemplos como estos hay muchos y por eso creo que toca a la literatura española aceptar la autoría del Amadís por Don Enrique de Castilla y León, pues la Historia lo atestigua. Sus tres libros del Amadís son más de mil trescientas páginas que pudo haberlas escrito mientras estuvo preso en Canosa di Puglia y Castel del Monte, entre 1268 y 1291 por mandato de su primo, tornado enemigo, Charles d’Anjou, rey de Nápoles.
¿Qué se ganaría con esto? El Amadís de Gaula sería la primera novela escrita en castellano, anterior al Libro del Buen Amor de Juan Ruiz Arcipreste de Hita, y sería una fuente invalorable, por su realismo, del conocimiento de la vida en las cortes de la Europa de su tiempo, permitiendo a sus lectores vivir el Siglo XIII, con su cultura caballeresca, tan heroica y amorosa.
El lado puramente fantástico del Amadís refleja también la ingenuidad de la gente de aquellos tiempos en que todavía reinaba el oscurantismo ante el conocimiento del universo.
Sería esta lectura, atribuible a Don Enrique, el complemento de la obra jurídica e histórica de su hermano Alfonso el Sabio y antecedente de la normativa caballeresca de su sobrino Don Juan Manuel, autor del Conde Lucanor de 1335.
En este contexto conviene rememorar en más detalle el paralelo entre el Amadís y la biografía de Don Enrique en lo referente a su enfrentamiento con los dos leones. Don Enrique con espada desenvainada se encaró bravamente con dos leones en Túnez, cuando sirvió como soldado de fortuna al Emir Al Mustansir, cazador insigne. La Profesora de la Universidad de Pisa Doña Valeria Bertolucci Pizzorusso en su estudio sobre Don Enrique, lo menciona así:
“Don Enrique quindi dopo esseri di nuovo recato a Valencia, nella vana speranza di un aiuto dal re aragonese, non esita a imbarcarsi da Cadice, con il suo seguito di cavalieri fedeli, per Tunisi, dove si guadagna la vita come mercenario (ben ricompensato) dell’emiro, e dove vive dal 1260, acquistandosi grande fama di valoroso, tanto da rendirsi temibile (famoso l’episodio, forse romanezesco, dell’attentato dei due leoni, che non si avvicinano di fronte alla sua spada sguainata).”
En el Amadís la pluma de su autor recuerda este incidente, novelándolo de este modo:
“-Amiga , a tan gran piedad me ha movido la gran valentía de aquel cavallero, que más querría que toda esta nuestra gente muriesse que él solo; y venid conmigo.
-Señora-dixo la donzella-, ¿qué querés hazer?
-Soltar los mis leones-dijo ella-, que maten aquellos que en tal estrecho tienen el mejor cavallero del mundo; y yo vos mando como mi vasalla que los soltéis, pues que otro ninguno, si vos no, lo podría hazer, que no han de otro conocimiento; y yo vos sacaré de culpa.
Y tornóse para la dueña. La doncella fue a soltar los leones, que eran dos y muy bravos, metidos en una cadena, y salieron al corral y ella dando bozes que se guardasen dellos, diciendo que ellos se habían soltado, mas ante que la gente huir pudiesse, a los que alcançar pudieron hizieronlos pieças entre sus agudas y fuertes uñas.
Amadís, que la gente vio que fuían al muro y a las torres y quedava dellos libre, en tanto que los fuertes leones se empachavan en los que tenían ante sí, fuese luego lo más que pudo a la puerta del castillo, y saliendo fuera cerróla tras sí, de guisa que los leones quedaron dentro; y él se assentó en una piedra muy cansado, como aquel que había muy bien guerreado, su espada desnuda en la mano, de la cual quebrara hasta un tercio della....”

Amadís al igual que Don Enrique es un gran viajero. Estuvieron ambos en Gales, Escocia, Inglaterra, Francia o Gaula, Normandía y Bretaña, Italia, Sicilia, Grecia y Constantinopla. Las islas que conocieron, se extienden desde el mar del norte, se encuentran en el Canal de la Mancha, son también Córcega, Cerdeña, Chipre, Malta, Corfú, Pantelleria y las islas griegas. Hablan los dos muchos idiomas, a más del respectivo propio Castellano o Francés, el Inglés, Latín, Griego e Italiano. En este último idioma tan musical y hermoso, Don Enrique escribió poesía que se aprecia y admira. No olvidemos que Beatriz de Suabia era la madre de Don Enrique, de quien debió haber aprendido el Alemán. Su madrastra, la condesa Jeanne de Ponthieu le habrá hablado en Francés cuando la visitó en la Normandía en 1254. En su estadía de cinco años en la corte inglesa de Westminster y Windsor debió Don Enrique, al igual que el por Inglaterra andante Amadís, haber aprendido muy bien el Inglés. El Latín se usaba como lengua de comunicación oficial entre los reyes y el Papa. Don Enrique lo conocía, pues fue Senador de Roma. Ese es el mundo que debemos imaginar cuando leemos aquella obra maestra del Siglo XIII. Hay que conceder que el castellano de entonces nos parece ajeno, por el uso algo diferente de las palabras, y su orden en la oración. Pero también nos enriquece mucho, dando nuevos sorprendentes significados a ciertas voces que con el paso de siete siglos han perdido brillo y resonancia. El idioma castellano revive, cuando tan antiguas palabras vuelven al uso diario, sin parecer arcaísmos desechables. La lengua no envejece, sino que cae en desuso parcialmente, por la rigidez de ciertos modismos imperantes, y el temor del espíritu gregario de usar un vocabulario abundante y variado, que pueda aislar del tropel, al que habla con propiedad y riqueza. Podría ser que, una vez conquistada esta nueva perspectiva del Amadís de Gaula, esta obra vuelva a tener la popularidad que perdió, cuando la reemplazó su heredero, Don Quijote de la Mancha, y entonces, en lugar de la burla y la locura, vuelvan a triunfar el heroísmo y el amor.



 

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