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ESTUDIO DEL TEMA DE "JUANA LA BELTRANEJA"


Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

Esta obra de teatro que se ha publicado en Liceus, el Portal de las Humanidades, resultó del estudio de las circunstancias políticas del reinado de Enrique IV de Castilla. Este joven rey heredó ciertas instituciones del reinado de su padre, el rey Juan II, como es la todopoderosa presencia del valido o favorito o contino. Este personaje es el compañero desde la niñez del rey, siempre algo mayor que él, que termina gobernando por el rey, llenándose de privilegios, títulos de nobleza, y de inmensa riqueza.

En el caso de Juan II, este grande es Don Álvaro de Luna, de quien se dice y se sabe que llegó a tanto su temeridad en el abuso del poder, que envenenó a la reina Doña María de Aragón por ella favorecer a sus hermanos Don Enrique y Don Juan, llamados los Infantes de Aragón, enemigos de Don Álvaro.

En el caso de Enrique IV, su valido, contino y favorito fue Don Juan Pacheco Girón Marqués de Villena y Duque de Escalona, entre otros títulos. También este poderoso ministro se cree o sabe que fue el autor del asesinato del Infante Don Alfonso de Castilla, hijo de Juan II en su matrimonio con Isabel I Reina de Castilla, con el fin de lograr que la sucesión cayera a favor de la que sería Isabel II La Católica. Este horrendo crimen se cometió sin que Isabel lo supiera o lo quisiera, pues el deseo del Marqués de Villena era lograr que su hermano Don Pedro Girón, Maestre de la orden de Calatrava, se casara con la Infanta Isabel y así fuera rey consorte, ambición descomunal. Todo esto después de la Farsa de Ávila, donde el mismo traidor Don Juan Pacheco había tirado a tierra el monigote de Enrique IV y puesto como pretendiente de rey, a Don Alfonso, infante de apenas catorce años. Ya derrotado en la segunda Batalla de Olmedo por el ejército del rey Enrique IV, el Marqués de Villena recurre al asesinato de Don Alfonso y al lanzamiento de la infanta Isabel como heredera del trono. Pero al igual que Don Álvaro de Luna con Isabel I, que burló sus pretensiones y lo llevó al cadalso, Don Juan Pacheco no puede evitar el matrimonio de la Infanta Isabel con Don Fernando de Aragón, ni tampoco su propia subsiguiente caída en desgracia, al pasarse tardíamente al bando de la Beltraneja. Pero, ¿cómo entender la desventura de esta princesa en tan terrible contexto? Pues también ella fue víctima de las maquinaciones del valido Don Juan Pacheco. Fue él quien instigó aquel bochornoso epíteto de “Beltraneja” lanzando la aseveración que ella era hija de Don Beltrán de la Cueva, otro favorito, más de la reina Doña Juana de Portugal, que de su esposo el rey Enrique IV. El rey era impotente y homosexual y es muy posible que la Princesa de Asturias, Doña Juana, fuera hija de Don Beltrán. Por eso se abrió la puerta a la desgracia de Don Alfonso el asesinado, y a la sucesión y coronación de Isabel II como reina de España. Lo mejor de la nobleza apoyó al rey en su enfrentamiento contra el Marqués de Villena. En ello se destacaron el Duque de Alba, el Marqués de Santillana y toda su poderosa familia Mendoza, también el propio Don Beltrán de la Cueva Maestre de Santiago y Duque de Alburquerque, pero las tortuosas y magistrales intrigas de Don Juan Pacheco lo superaron todo en su favor, hasta su sorprendente final y el del propio rey. En esto la Historia oficial de España, tan cuidadosa de la honra nacional, ha ocultado lo fundamental, pues ambos señores fueron asesinados cuando la sucesión de Isabel II aún no estaba asegurada. Juan Pacheco murió “de tres secas que le dieron en la garganta” allá en Santa Cruz de la Sierra, cuando visitaba sus novísimas heredades como Duque de Escalona y Señor de Trujillo. Desde luego que cuando informaron de su muerte a Don Fernando El Católico, se dijo que había muerto de “esquinencia”, enfermedad propicia para ocultar la verdad. Dos meses después moría el rey envenenado con arsénico. Era importante que desaparecieran el valido y su rey para evitar que una vez más se cambiara a la heredera de la corona en el vaivén ya vivido entre la Beltraneja e Isabel. La mala suerte de la Infanta Doña Juana estuvo echada desde su nacimiento. Su madre, víctima propiciatoria de la impotencia del rey, contribuyó al desprestigio de la causa de Juana la Beltraneja, con sus amores con Don Pedro de Castilla bisnieto del Rey Don Pedro el Cruel, de quien concibió gemelos mellizos. El papel del Rey de Portugal Don Alfonso V , es el de un caballero que defiende el honor de su casa terriblemente agraviada por la ofensa de repudiarse a su hermana la reina Juana y de negar la herencia real a la infanta Doña Juana, su sobrina. Triunfador toda su vida hasta en el África, cae Alfonso V derrotado en Toro por el Duque de Alba y por Don Fernando El Católico, y abdica a continuación. Doña Juana la Beltraneja se retira a un convento en Coimbra una vez que ha perdido la guerra de sucesión. Su personalidad es vaga y borrosa, difícil de imaginar. Lo poco que ha escrito ella, viene de plumas ajenas y hasta sus retratos son contradictorios, rubia y morena, gótica o barroca. Mi obra de teatro está escrita en verso, porque en la era del cine es vano pretender realismo en el teatro y más vale resaltar en forma poética el carácter musical del idioma castellano de aquella época, que es la del insigne poeta Don Jorge Manrique y del propio grande de la poesía, el Marqués de Santillana. Esto genera un cierto carácter virtual o fantasmal a la obra, pero no le arrebata su verdad histórica que es la que se pretende develar.

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