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Inspiración del “Amadís”: Dolor de un amor perdido

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

El motivo que guía la pluma del prístino autor del “Amadís”, es la amarga experiencia de un perdido amor. A esta conclusión se llega leyendo, cómo la pasión de Amadís por Oriana se frustra, primero, por el alejamiento que traen consigo las andanzas del caballero en pos de fama y gloria, más los injustos e infundados celos de Oriana en su ausencia; segundo, por la consumación prematura de su unión carnal, que lleva al nacimiento bastardo de Esplandián y, tercero, no obstante el secuestro de Oriana por Amadís cuando va camino del obligado matrimonio con el emperador de Constantinopla y el afortunado confinamiento a la Ínsula Firme de los dos amantes, aquel espantoso final en que ambos mueren, Amadís a manos de su hijo Esplandián, y Oriana desesperada en trágico suicidio, tan gran desgracia al contemplar. Se trata en el “Amadís” de la narración de unas labores de amor perdidas. Mas, ¿cuáles fueron esos trabajos de amor perdidos, que sirvieron de inspiración? Pues son los que sufrió y sobrellevó Don Enrique de Castilla, autor del Amadís según mi afortunado descubrimiento, reconocido ya por ciertos medievalistas. De esos pesares amargos de Don Enrique, que son el “Leitmotiv” del Amadís, nos habla su ilustre sobrino, Don Juan Manuel en su “Libro de las Armas”. Don Anrique, como aquel se llamaba entonces, regresó al reino de Aragón en 1259, volviendo de su permanencia en la corte de Westminster y Windsor, donde su hermana de padre Leonor fue la esposa de Eduardo I de Inglaterra, y este infante de Castilla se enamoró entonces de Doña Constanza de Aragón, hija del rey Don Jaime, famosa por su belleza, y fue por ella ardorosamente correspondido. Lo que sucedió no debo contarlo yo, sino que lo haga Don Juan Manuel con sus propias palabras, quien supo de los hechos aquellos de primera mano, pues conoció personalmente a Don Anrique. El buen entendedor perspicaz comprenderá el castellano antiguo, que difiere del actual en unas pocas palabras:
“Et despues que la reyna murio acaesçio asi que se leuantó grant contienda entrel rey don Alfonso de Castiella et el rey don Jaymes de Aragon, seyendo el rey de Castiella casado con su fija (Violante). Otrosi alboroçáronse contral rey de Castiella el jnfante don Anrique su hermano et don Diego señor de Vizcaya et ayuntáronse con el rey de Aragon et fueron las vistas de Maluenda, una aldea de Calatayud et pusieron pleyto contra el rey de Castiella et demandaronle la jnfanta donna Constança en caçamiento para don Anrique. Et el rey de Aragon dixo que gela daria de buenamente saluo por la jura que avia fecha. Et fincó el pleito entrellos que si don Anrique pudiesse auer algund reyno quel daria la jnfanta su fija muy de grado. Et por esto endereçó don Anrique a Niebla que era reyno de moros et çercola et teniéndola por tomada embiolo decir al rey de Aragon que pues reyno avia, quel diese su fija segund le prometiera et el rey de Aragon dixo quel plazia. Et estando el pleito en esto, entendiendo el rey de Castiella et la reyna donna Violante su muger que si este casamiento se fiziese que les era muy grant danno et gran mouimiento en su regno......
El rey don Jaymes, commo era omne bueno et leal, non se catando de tan fondo enganno et tan grant maestria, dixo a su fija (Violante) que era en muy gran coita ca de vna parte non queria fazer ninguna cosa porque ella et sus fijos perdiesen el regno; de otra parte que él non sabia que fazer contral pleyto que pusiera con Don Anrique, pues avia cobrado el reyno de Niebla, pues él non podia casar a la jnfanta donna Constança su fija si non con rey, segund la iura que fiziera a la reyna su muger. Entonçe dixo la reyna que si el quisiese quanto a esto que bien fallaria consejo, ca él et el rey su marido podrían muy ayna cobrar el reyno de Murçia con que los moros se avian entonçe alçado et darlo al jnfante don Manuel et a la jnfanta donna Constança et asi sería guardada la su iura et ella et su marido et sus fijos sin reçelo de perder la onra que avian. Et tanto dixo a su padre lo vno quexandose de la su perdida que reçelauan, lo al mostrando la grant onra que reçebia en cobrar aquel reyno en que los moros se avian alçado et fazer ende reyna a la jnfanta donna Constamça su fija, que se ovo el rey avenir et otorgógelo.........
Et desque don Anrique sopo en commo avia perdido el ayuda del rey de Aragon et que el rey su hermano vinia a Niebla con muy grant poder, non le speró y el rey tomó luego Niebla. Et don Anrique binose dende contra Estremadura robando et faziendo muy grant guerra.......

Et oy dezir a otros que quando don Anrique se biera con el rey de Aragon en Maluenda que por auentura oviera entre don Anrique et la jnfanta encubiertamente palabras de casamiento, ca sin dubda ellos se amauan mucho el vno al otro. Et avn me dixeron que yendo la infanta de vn lugar a otro, que fue el jnfante don Anrique deconoçido cabo ella en el lugar del omne que la leuaua las salidas et asi fue fablando con ella bien tres leguas. Onde paresçe que raçon avia de sospechar que pudiera aver entre ellos algunas palabras de casamiento et desque la dicha jnfanta fue casada et don Anrique fue fuera del regno, fincó ya el rey don Alfonso sin reçelo dél.”
Esta es la historia del fracasado matrimonio de Don Enrique de Castilla con Doña Constanza de Aragón, que nos da el hilván del “Amadís”, donde el amor de Oriana y Amadís es impedido por otros designios de matrimonio del rey Lisuarte para con ella.

El hijo de Don Manuel de Castilla y Doña Constanza, que se llamó Alfonso, nació muy poco tiempo después del matrimonio, en 1260. Don Enrique siguió a Túnez, donde se cuenta que él, al igual que Amadís, se enfrentó con dos leones, espada en mano, y los puso en fuga. Doña Constanza de Aragón fue víctima del antiguo odio que contra ella atizó su hermana Doña Violante, reina de Castilla, y murió supuestamente envenenada en 1269, como lo sospecha Don Juan Manuel en su Libro de las Armas (pag.15) :
“Et mal pecado dizen que lo que la jnfanta (Constanza) temia quel acaesçio; que la razon de su muerte fue vn tabaque de çerezas quel envió la reyna su hermana (Violante).”
Así esta hermosísima mujer, amada por Don Enrique de Castilla, como lo pondera su biógrafa, Doña Margarita Torres Sevilla, profesora de la Universidad de León, murió cuando Don Enrique estaba preso en Canosa dei Puglia, después de la derrota de Tagliacozzo, en la que combatió. Él estuvo al tanto de los sucesos de su tiempo, pues en su encierro se le respetó el señorío (Ver Ferdinand Gregorovius) y mantuvo correspondencia. La muerte de Doña Constanza le entristeció mucho, sin duda.

Los lectores del “Amadís de Gaula” tendrán en cuenta estos antecedentes, para separar los abrojos escritos por Garcí Rodríguez de Montalvo, tales como su “Happy End” del Amadís, de la historia trágica original escrita por la pluma de Don Enrique, siguiendo y obedeciendo sus estudiosos, la clara diferencia que establece el Quijote entre el “Amadís” y el resto de libros de caballerías, que en buena hora se echaron a la hoguera, incluyendo, en lugar primero, las Sergas de Esplandián.

 



 

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