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Leonardo y la Belle Ferronnière


Santiago Sevilla

sevillagloor@yahoo.com



El gran genio renacentista estuvo muy cerca de los grandes hombres y mujeres fascinantes de su época. Leonardo da Vinci, más viejo que todos ellos, pintó sus retratos para la eternidad.

El Rey Francisco I de Francia, refinado y cultísimo guerrero, trovador enamorado, paradigma de la cultura caballeresca, se llevó a París dos retratos pintados por Leonardo, de una joven que se dice fue amada por el rey, y por Ludovico Sforza il Moro, ambos, en distinto tiempo, príncipes señores de Milán. Esta bella joven ha dado en llamarse “La Belle Ferronnière” por llevar en la frente una diadema que le diera ese nombre. En otro de los retratos de Leonardo, ella sostiene en sus manos un armiño, y lleva apenas una cinta sobre su frente. En el primer retrato se nota la diadema como un tercer ojo, que le da un secreto poder. Leonardo da Vinci en ambos casos diviniza a la joven con el toque inimitable de su brocha, que vela el rostro con una niebla (sfumato) que suaviza y sublima los rasgos y que nadie ha atinado en imitar. Las mujeres en su tiempo envejecían pronto y por eso los reyes y príncipes admiraban la intocada juventud. La Dama con el Armiño y la Belle Ferronnière son la misma persona en distintos tiempos antes del cambio de siglo en 1500, cuando era Papa Alejandro VI y Francisco I de Francia luchaba con los príncipes por el predominio en Italia. Cesare Borgia y Leonardo da Vinci simpatizaban con la Flor de Lis, mientras que Gonzalo Fernández de Córdoba reconquistaba Nápoles para el Rey Católico Fernando II. Las mujeres de aquella época, valientes, aguerridas y hermosas, dieron en llamarse “Virago”: Catalina Sforza, Lucrecia Borgia, Isabella d’Este. La Belle Ferronnière es misteriosa pues se sabe casi nada de ella. Sin duda fue muy admirada, para que Ludovico il Moro haya pedido a Leonardo que la pinte y el Rey de Francia compre sus retratos.

En el afán de comprender la suprema mano de Leonardo, he quitado el velo o “sfumato” que suaviza el rostro de la bella y he pintado lo que acaso estaba más cercano a su realidad de virago de aquella época maquiavélica donde se vivía a salto de abismo. Se admira una mujer de fuerte carácter, orgullosa y cautivante:

La Belle Ferronnière - D’ après Leonardo da Vinci
Por Santiago Sevilla

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