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El Poético Arte del Pié Quebrado

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com

La poesía castellana es muy antigua y acaso más aún que la propia prosa. Recordemos el Cantar del Mío Cid del siglo XII. Mucho se escribió en buen romance, cuya popularidad ha durado hasta ahora, cuando tantas canciones obedecen a su preceptiva, rimando versos de ocho sílabas por asonancia, saltando uno que queda libre. Pero nuestro hermoso idioma produjo también una forma poética única en el mundo, que son las estrofas con versos de pié quebrado, de extraordinaria belleza. Bástenos recordar en primer lugar a Fray Luis Ponce de León, que logró madrigales de suprema elegancia e inefable musicalidad, como los siguientes a Santiago:

Y la infernal Meguera,
la frente de culebras rodeada,
guía la delantera
de la morisca armada,
de llamas, de furor, de muerte armada.

Cielos, so cuyo amparo
España está: ¡merced en esta afrenta!
Si ya este suelo caro
os fue, nunca consienta
vuestra piedad, que un mal tan crudo sienta.

Mas ¡ay!, que la sentencia,
en tablas de diamante está esculpida.
Del Godo la potencia
por el suelo caída,
España en breve tiempo es destruida.
¿Qué río caudaloso,
que los opuestos muelles ha rompido
con sonido espantoso,
por los campos tendido
tan presto y tan feroz jamás se vido?

Mas cese el triste llanto;
recobre el español su bravo pecho:
que ya el Apóstol Santo,
un otro Marte hecho,
del cielo viene a darle su derecho.

Vesle de limpio acero
cercado y con espada relumbrante,
como un rayo ligero
cuanto le va delante
destroza y desbarata en un instante.

De grave espanto herido,
los rayos de su vista no sostiene
el pueblo descreído:
por valiente se tiene
cualquier que para huir ánimo tiene.

Como león hambriento,
sigue, teñida en sangre espada y mano,
de más sangre sediento,
al moro que huye en vano:
de muertos deja lleno el monte, el llano.

¡Huye!, si puedes tanto:
¡Huye! más por demás, que no hay huída.
Bebe dolor y llanto
por la misma medida
con que de ti ya España fue medida.

¡Oh gloria! ¡Oh gran prez nuestra!
¡Escudo fiel! ¡Oh celestial guerrero!
Vencido ya se muestra
el africano fiero
por ti, tan orgulloso de primero.

Por ti del vituperio,
por ti de la afrentosa servidumbre
y duro cautiverio
libres, en clara lumbre
y de la gloria estamos en la cumbre.

Estas estrofas se componen de versos de 7, 11, 7, 7 y 11 sílabas. Se dicen de pie quebrado porque se rompe el pie de rima, o sea la extensión del verso, variando entre heptasílabos y endecasílabos. Riman entre el primero y tercer verso por una parte, y entre el segundo, cuarto y quinto, por otra. Todo esto parece vano, pero en realidad de verdad la musicalidad de esta combinación es sorprendente y muy grata al oído. Es lamentable que el afán modernizador de la poesía, no sólo hizo desaparecer el pie quebrado, sino también la métrica y la rima, en la pretensión de un libertinaje de la preceptiva, que nos ha llevado a una poesía cacofónica, donde ha desaparecido la acentuación rítmica. Hemos llegado a una prosa acorralada que se dice poesía. Acorralada porque se la enmarca, sin resonancia y melodía.
El pie quebrado se cultivó en las insuperables coplas de Jorge Manrique, que quiebran versos de ocho y cuatro sílabas, rimado por tercetos entre sí:

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos;
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos.
D’ellas deshace la edad
d’ellas casos desastrados
que acaescen,
d’ellas por su calidad
en los más altos estados
desfallescen.

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura
cuando viene la vejez
¿cuál se pára?
Las mañas e ligereza
e la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

y en las maravillosas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, donde apenas se riman dos versos por asonancia, pero que gracias al pie quebrado de versos de once y siete sílabas, se salva la musicalidad con perfección:

Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón sus nidos a colgar,
Y otra vez con el ala a tus cristales
Jugando llamarán;

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha al contemplar,
Aquellas que aprendieron nuestros nombres,
Esas...¡No volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
De tu jardín las tapias a escalar,
Y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
Sus flores se abrirán;

Pero aquellas cuajadas de rocío,
Cuyas gotas mirábamos temblar
Y caer, como lágrimas del día...
Esas...¡No volverán!

Volverán del amor en tus oídos
Las palabras ardientes a sonar;
Tu corazón de su profundo sueño,
Tal vez despertarán;

Pero mudo y absorto y de rodillas,
Como se adora a Dios ante su altar,
Como yo te he querido..., desengáñate,
¡Así no te querrán!

Si nuestros jóvenes poetas quisieran probar suerte con el pie quebrado, no dudo que aparecerían poemas encantadores, porque el idioma castellano esconde en su profundo arcano sorprendentes revelaciones que saltan solas a la vista cuando la rima obliga. A guisa de ejemplo traigo el siguiente poema de mi cansina pluma:

Las flores del cerezo
En el viento caliente se destrozan
Y los tallos del fresno,
Con el frío de invierno,
De sus hojas marchitas se despojan;

La vida se derrama
Como el vino del vaso que rebosa
Y la suerte se acaba
Y se seca la savia
Y las fuentes se ciegan y se agotan;

Busquemos la frescura
De las sombras de los bosques otoñales
Y su coloratura
Y en las noches oscuras
El brillo de los cuerpos siderales;

Que la existencia es breve,
La huella que dejamos en las cosas
Es demasiado leve,
Pisada sobre nieve,
Un vórtice fugaz de mariposas.



 

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