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Redescubriendo al “Amadís de Gaula” del siglo XIII

Santiago Sevilla
sevillagloor@yahoo.com


Grave daño ha sufrido el “Amadís” por habérselo traspuesto del siglo XIII al siglo XVI, a través del plagio de Garcí Rodríguez de Montalvo. Una obra afincada en las hazañas de los caballeros de la era de las cruzadas fue desvirtuada y convertida en supuestas fantasías y ensueños, que a su vez gestaron innumerables y ridículos libros de caballerías.

La literatura se desligó de la Historia y por eso nunca descubrió al verdadero autor del “Amadís”. Sin embargo, tan pronto atamos de nuevo esos cabos sueltos, apareció Enrique de Castilla y León como su autor indiscutido. A través de su recorrido por la Historia de su tiempo, saltan a la vista los sucesos que le inspiraron para escribir los más famosos capítulos de su obra y revivir los magnos personajes que conoció en su siglo. Vale ilustrarlo con estos ejemplos:
Oriana es dada en matrimonio al Emperador de Constantinopla, muy en contra de su voluntad, por el Rey Lisuarte.

El hecho histórico paralelo de que fue testigo cercano Enrique de Castilla en 1267 fue el Tratado de Viterbo, según el cual Beatriz, hija del rey de Sicilia y Nápoles Charles d’Anjou, fue obligada a casarse con Felipe, hijo de Balduino, Emperador Latino de Constantinopla.

Justamente, el reino de Romania de que trata el “Amadís” es el Imperio Latino de Constantinopla, conocido por Enrique de Castilla durante su permanencia en Sicilia, cuando regía esa ínsula el monarca Manfredo de Hohenstaufen, aliado de Balduino, alrededor del año 1261.

En el capítulo LVIII del “Amadís”, la batalla de los cien caballeros del Rey Lisuarte contra el rey Cildadán, tiene como inspiración el desafío a justa mortal con que emplazara a Charles d’Anjou, el rey Don Pedro III de Aragón, casado con la heredera del trono de Sicilia, hija del rey Manfredo, Doña Constanza de Hohenstaufen. Esta batalla singular fue reemplazada por un combate de cien caballeros aragoneses contra cien caballeros franceses, para resolver el diferendo sobre la corona de Sicilia.

Al parecer este enfrentamiento fue al final suplantado por la guerra total entre Francia y Aragón en tierra y mar, de la que salió triunfante Don Pedro III de Aragón. Don Enrique, preso entonces en el famoso Castel del Monte, conocedor de estos hechos, los vertió en el “Amadís”.

La batalla de Tagliacozzo, donde Don Enrique combatió con sus trescientos caballeros españoles, “que era fuerte gente y bien encavalgada”, y se cubrió de gloría por sus crueles hazañas primero, para después ser abrumado por la superioridad numérica de los mil cruzados franceses que le sorprendieron con una celada de Charles d’Anjou; al igual que la anterior Batalla de Benevento contra Manfredo, son la inspiración de las cruentas batallas del “Amadís”, y en particular de la revelación de su “Alter Ego”, Brian de Monjaste, como él, hijo del rey de España, gran campeador.

Vale acentuar que el nombre de “Rey Arábigo” en la batalla que está narrada en uno de los folios originales del “Amadís” descubiertos por Don Antonio Rodríguez Moñino, ilustre filólogo, se refiere sin duda a la batalla de Benevento, donde según Michele Amari, en su “Racconto Popolare del Vespro Siciliano”, el propio Charles d’Anjou, al despedir a los embajadores del Rey Manfredo poco entes del combate les dijo:
“Dite al Sultano di Lucera che oggi io lo mandero all’inferno o egli mi mandero in paradiso.”
Como Manfredo tenía acantonado en Lucera su gran ejército sarraceno de tresmil jinetes de caballería lijera y arqueros, el verlo como un rey arábigo, por Charles d’Anjou y el autor del “Amadís”: “Esprime il pensiero dominante”.
Volviendo al tema de la crueldad de Don Enrique y de Amadís, recordemos el título del Capítulo VI del Primer Libro:
“Cómo el Doncel del Mar se combatió con los peones del cavallero, que Galpano se llamava y después con sus hermanos del señor del castillo y con el mesmo señor y lo mató sin dél haver piedad.”

Sí, Amadís es cruel y muy cruel fue Don Enrique de Castilla.

En la Batalla de Tagliacozzo, el Mariscal Henri de Courances se había vestido con las ropas y heráldica de Charles d’Anjou, como estratagema para desviar contra si los ataques, amparando así a su rey. Don Enrique, sañudo y enconado, que había jurado dar muerte a su primo y enemigo, Charles d’Anjou, atacó al centro de las huestes enemigas y las derrotó. Don Enrique derribó al mariscal de su caballo y hechó pie a tierra para ultimarlo. Le mató y se llevo la sorpresa al tirar del yelmo, que no era Charles d’Anjou sino Henri de Courances. En su carta a Don Jaime I, rey de Aragón, protector de Don Enrique, Charles d’Anjou se justifica por tenerlo preso, aludiendo a su crueldad y deseo de, a él mismo, quererlo victimar de muerte:
“Idem namque contra mores antiquos clarissimorum progenitorum suorum se opposuit nequiter santae Romane ecclesie atque nobis conatus...non solum regni nostri proditionem set mortem nostram specialiter procurare, sicut ex regestris dicti Corradini et aliis testibus evidenter apparet, ac ex eo etiam , quod Theotonici et Yspani iurati nos interficere nobilem virum marescallum regis Francie ipsius aliqua signa portantem, postquam de equo prolapsus extitit, ipsi descendentes ex equis durante prelio crudeliter trucidarunt nos esse mortuos per hoc credentes firmiter et altis vocibus acclamantes...”

(Traduzco: “También, por igual, se opuso contra la costumbre antigua de su ilustrísimo progenitor, en daño a la Santa Iglesia y en atentado contra nos, y no sólo procuró la destrucción de nuestro reino, sino muy en especial, nuestra muerte, tal como se evidencia de los registros del mencionado Conradino y de otros testigos, y que también ahí mismo, se revela que los Alemanes y Españoles se conjuraron para matarnos y al noble Mariscal del rey de Francia, que portaba ciertos emblemas, después que cayera arrojado del caballo, desmontando ellos mismos del caballo, durante el encuentro, lo acuchillaron y todos, creyendo por eso firmemente que yo había muerto, a grandes voces lo proclamaron.”)


Este rasgo de rara común crueldad de Amadís y Don Enrique es un indicio más de su autoría de la famosa novela de caballerías: “¡Qué enemigo de enemigos!”, como exclama el insigne Jorge Manrique en sus coplas a la muerte de su padre...
No cabe hablar más de muchísimos ejemplos paralelos entre la corte de Windsor del rey Eduardo I , su esposa la reina Doña Leonor de Castilla y la corte del Rey Lisuarte y la reina Brisena en el mismo palacio y en el mismo tiempo histórico, para dejar que los descubran los lectores alertados de quien fue el autor del “Amadís” que vivió cuatro años en esa misma “Vindilisora”, Don Enrique, Infante de Castilla y León.
Cabe por último, identificar al Endriago, por loco que parezca. En la literartura política de la época, los guibelinos, o partidadarios del pretendido Emperador de Roma, Conradino de Hohenstaufen, primo de Don Enrique de Castilla, solían pintar a Charles d’Anjou, debido a su muchas crueldades y matanzas, como un monstruo, un dragón o un endriago. Creo que Don Enrique quiso simbólicamente malograrlo en aquel famoso capítulo, haciéndolo matar por Amadís.


Fuentes:
1. Peter Herde “Die Schlacht bei Tagliacozzo” Bayerische StaatsBibliothek
http://mdzl.bib-bvb.de/cocoon/bayern/zblg/seite/zblg25-0692
2. Paolo Borsa “Letteratura Antiangioina Tra Provenza, Italia e Catalogna La Figura di Carlo I”
http://air.unimi.it/bitstream/2434/23561/1/15-borsa-pagine_377-432.pdf
3. Latin Empire Romania 1204-1261
http://en.wikipedia.org/wiki/Latin_Empire_of_Constantinople
4. The Chronicle of James I of Aragon John Forster Trans. DXL
http://libro.uca.edu/chronicleofjames/deeds14.htm
5.Treaty of Viterbo – Wikipedia, the free encyclopedia
http://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Viterbo

 

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