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Shakespeare y el Paso del Tiempo


Santiago Sevilla

sevillagloor@yahoo.com


Al estudiar los sonetos de Shakespeare salta a la vista su penar por el paso del tiempo y la veleidad de la vida, que apenas deja huella. Una y otra vez, el gran poeta inglés se lamenta de la destrucción que el correr de los años deja en el rostro y la destreza humanos. Sólo hay dos fuerzas que salvan de la ruina y son el amor y la pluma al preservar poesía, drama y testimonio de vivencias del escritor, por siempre.
El estilo de Shakespeare es el hombre: Un apasionado, un elocuente, un denostador terrible. Pero todo dentro de una estética admirable, por su calado profundo y su incasable inspiración.

Hay quienes han dicho que los dramas de Shakespeare no son suyos, porque fuera imposible tanta ilustración y sagacidad en un hombre común de Stratford a orillas del Avon. Esta aseveración es fruto de un imperdonable prejuicio aristocratizante. En toda Europa, en España en particular, han habido grades escritores hijos de la clase intelectual de doctos y estudiosos, que han hecho valer sus títulos académicos y probado ser eximios poetas o dramaturgos insuperables como Pedro Calderón de la Barca, hijo de Don Diego, escribano del Consejo de Hacienda, Lope de Vega, de modesta estirpe hidalga, y antes que ellos, Fray Luis de León. En Inglaterra los famosos coetáneos Christopher Marlowe y Ben Jonson, tampoco tenían títulos de nobleza, siendo ambos de origen modesto, aunque estudiosos, y fueron preclaras plumas para la poesía y el teatro. Es más, cabe pregonar, que la virtud de la aristocracia inglesa más se ha visto en sus hechos de armas, como en el Duque de Marlborough, que en sus escritos, aunque como excepción, su insigne nieto Winston Churchill tuviese de ambas virtudes, ser un gran escritor y pintor, a la vez que un genial militar y estadista. Como prueba que Shakespeare fue autor de sus obras, invoco una obra maravillosa desde la perspectiva poética “Richard II” o la muy dramática y terrible en su contenido de crueldad y crimen, “Richard III”, porque en ambas, el estilo de Shakespeare es inconfundible y fácil de identificar como obras muy suyas, ya que al leer el soneto LXV que, sin duda alguna y probadamente, es de Shakespeare, admiramos la misma genial expresividad y estilo inconfundible.

Yo lo he traducido de soneto a sonetos, esforzándome para salvar lo poético y huir de lo prosaico, sin por ello perder el contenido, el sentido y la temeridad de su pensamiento:

Soneto LXV de Shakespeare

Since brass, nor stone, nor earth, nor boundless sea,
But sad mortality o´ersways their power,
How with this rage shall beauty hold a plea,
Whose action is no stronger than a flower?
O, how shall summer’s honey breath hold out
Against the wrackful siege of battering days,
When rocks impregnable are not so stout,
Nor gates of steel so strong, but Time’s decays?
O fearful meditation! Where , alack,
Shall Time’s best jewel from Time’s chest lie hid?
Or what strong hand can hold his swift foot back?
Or who his spoil of beauty can forbid?
O, none, unless this miracle have might,
That in black ink my love may still shine bright.

Soneto LXV Versión de Endecasílabos
Si ni hierro o tierra, mar o granito,
Superan fatal mortalidad,
¿Cómo puede la fugaz beldad,
Débil, tierna flor, plantar su hito?

¿Pujar contra el tiempo y su maldad,
Cómo, hálito de miel, de estío bendito?
¿Si peñascos no, ni de acero el mito,
Resisten los embates de la edad,

La joya, al tiempo, cómo arrebatar?
¿De su raudo paso, acaso preservar?
¿Quién, de Cronos, enconos prevenir?

¡Nadie no! Mas sí, si Dios permitir
Quisiera, que mi pluma, al escribir,
Pudiese mi amor eternizar.

(Versión Alejandrina)

Ni hierro o tierra, ni roca o el inmenso mar,
Más fuerza tienen que la cruel mortalidad.
Belleza, frágil flor, ante tal fatalidad,
Con su estival hálito de miel, qué invocar,

Contra el asedio, puede, de días de maldad?
Si ni el granito de la roca ha de durar,
Ni portón de acero vence el paso de la edad,
¡Oh Mente temerosa! ¿Cómo acaso imaginar,

Escondite donde la joya, de Cronos, logre huir
Y hermosura, del furor del Tiempo, se ocultar?
O dura mano, su pie presto, enmaromar?

O quién que su botín feroz deba prohibir?
¡Oh! Nadie no. Mas, valga el milagro de escribir,
A que mi amor vaya, por siempre, a subsistir!

En ambas versiones nos llega el mensaje de angustia por el pasar del tiempo y el afán de preservar amor y belleza por obra de la pluma, ya que lo escrito puede ser eterno.
Shakespeare y los grandes de Siglo de Oro han logrado prevalecer por cuatro siglos y si el idioma no desaparece abrumado por modismos y tráfagos de pronunciación, bien pueden durar muchos siglos más.

 

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