Internet, –como elemento resultante de la revolución de la información- ha impactado de forma creciente en los hábitos culturales. La inquietud que entre los profesionales de este campo ha generado se manifiesta de forma doble: por un lado como medio de trabajo,por lo que respecta a su utilidad como herramienta científica y comunicacional, y por otro lado, como objeto de estudio y debate.
Tal vez como atributo o tal vez como consecuencia de la misma, la sociedad occidental en la que han surgido las redes de información (donde incluiríamos –entre otras- canales de datos, líneas digitales, comunicación por satélite, y de forma muy especial Internet), queda entremezclada y a veces enmarcada dentro de la idea premonitoria que ya señalara McLuhan bajo el término de "Aldea Global"1 , y que posteriormente hemos denominado de forma genérica bajo el término de "Globalización". Es en este marco donde podemos observar la existencia de un cambio sucesivo y cada vez más acelerado de hábitos de vida, costumbres, rutinas, relaciones y en definitiva de todo aquello susceptible de entrar en el concepto de "cultura", o al menos en la idea que tenemos de lo que significa "aquello que hacemos los hombres". Desde esta última década Internet viene siendo la bandera de esta aceleración de cambios, y casi se ha convertido en un símbolo utilizado desde corrientes académicas hasta en las últimas tendencias de la práctica mercantil. Sobre Internet todo el mundo habla, está presente en nuestra vida allá por donde vamos, y en determinados ámbitos (por ejemplo el universitario) es raro ver a alguien que no sabe utilizarlo. Además está caracterizado por ser un medio común que multiplica nuestro círculo relacional y que desarrolla nuestras ideas hasta el punto de provocar el incremento exponencial de la aceleración de cambios a todos los niveles, no sólo tecnológicos sino también culturales. Hablar de incremento de velocidad (aceleración) no es suficiente. Los incrementos se producen en la propia aceleración. ¡O incluso en la aceleración de la aceleración de la velocidad a la que se suceden los cambios! Valga como muestra la primera advertencia que Manuel Castells realiza al comienzo de su trilogía de "La era de la información":
"He tardado doce años en completar este libro, ya que mi investigación y escritura trataban de dar alcance a un objeto de estudio que se expandía más de prisa que mi capacidad de trabajo". 2
A través de la descripción histórica sobre la revolución de la tecnología de la información, Castells insite repetidamente sobre esta circunstancia, refiriéndolo no sólo a dicha tecnología sino también a las dinámicas de cambio social que dicha revolución lleva consigo.
Además, es curioso ver cómo libros escritos hace ya dos o tres años defienden ideas o premoniciones que en muchos casos quedan hoy anticuadas. Y es que este fenómeno, al que podríamos etiquetar como de "cambio permanente" obliga a casi todo estudioso del tema a entrar en la necesidad de aventurar predicciones para que sus tesis no se queden obsoletas.