Cerámica
Roja Pulida (P-Ware: Polished Red Ware): Si bien las formas no difieren
mucho de las anteriores, la cocción se desarrollaba exclusivamente
en un ambiente oxidante, consiguiendo con ello una tonalidad roja pulida
de gran belleza. Tanto esta tipología como la anterior, evolucionaron
hasta desembocar en una variedad de formas de gran complejidad.
En principio, el repertorio se reducía
a platos, cuencos y vasijas de fondo plano, y pequeños vasos de
forma troncocónica. Sin embargo, la mejora relativa de las técnicas
permitiría la realización de formas más cerradas,
como botellas y ánforas.
Cerámica de Líneas Blancas
Cruzadas (C-Ware: White Cross Red Ware): Es en esta tipología
donde se puede rastrear la influencia de la industria de la cestería,
ya que los motivos geométricos, en su mayoría se inspiraron
en creaciones de este tipo, aunque también se ha sugerido que pudiera
tratarse de estilizaciones de temas florales. Estos motivos decorativos,
que también fueron figurativos, se realizaban con una tintura de
color blanco-crema.
Los citados motivos figurativos abarcaron
desde imágenes de plantas y animales, especialmente hipopótamos,
cocodrilos y fauna del valle del Nilo, hasta la representación de
hombres. En el caso de los cocodrilos, la técnica característica
de esta tipología —las líneas blancas cruzadas— acrecentaba
el naturalismo en la representación de estos animales, especialmente
en el rayado que simbolizaba las escamas del dorso del animal.
Las figuras antropomorfas no aparecían
aisladas, sino que se integraban en auténticas composiciones que
podrían hacer referencia a escenas de caza, de combate o bien al
desarrollo de ciertos rituales que se desconocen. Un buen ejemplo de este
tipo de decoración es una vasija conservada en el Museo del Cincuentenario
de Bruselas, donde, bajo una orla de líneas concéntricas,
aparecen las características figuras con los brazos alzados que
también tendrán un amplio desarrollo la escultura. En este
caso, se trata de figuras masculinas itifálicas, tocadas con lo
que parecen ser elementos vegetales. Aparecen también las obligadas
representaciones de barcos, cuya importancia económica y simbólica
ya ha sido destacada.
En ocasiones, la decoración se
complementaba con pequeñas figuras plásticas. Este es el
caso de un bello cuenco conservado en el Museo Egipcio de El Cairo, en
el que aparecen cuatro figuras modeladas de cocodrilos, añadidas
diagonalmente a la superficie del vaso. La pintura color crema se ha aplicado
en este caso en bandas de trenzados, con idéntica disposición
diagonal, que separan las figuras de los animales; las escamas de la piel
del cocodrilo se simulan en esta ocasión mediante puntos de color
crema.
Manifestaciones escultóricas
de El Amrah
En estrecha relación con las representaciones
figurativas de la cerámica C-Ware, las representaciones escultóricas
cobraron una gran importancia en la cultura amratiense. Los ídolos
femeninos badarienses, de los que hasta el momento sólo se han documentado
tres, se multiplicaron. La tipología habitual mostraba mujeres más
esbeltas con los miembros pegados al cuerpo, estilizando aún más
la figura femenina, pero destacando especialmente los rasgos faciales y
la línea de las cejas.
En algunos ejemplares, las figuras aparecen
arrodilladas, postura característica que tendría un amplio
desarrollo en el arte y la escritura egipcia. En estos casos, la estilización
alcanza su máxima expresión, fusionando las piernas hasta
llegar a parecer un único miembro; los brazos se reducen a pequeñas
protuberancias, coronadas por una cabeza cilíndrica en la que tan
sólo se destacan unos grandes ojos, perfilados con cosmético
de color verde.
La figura masculina también mereció
la atención de la escultura, siendo características las pequeñas
representaciones de hombres barbados, con la cabeza alargada y las orejas
especialmente destacadas; la utilidad de estos idolillos (24’5 cm. el del
Museo Guimet), se ha supuesto de tipo apotropaico, dado que es posible
que se usaran como colgantes a modo de amuleto, elemento que alcanzaría
un amplio desarrollo en el Egipto dinástico, tanto mediante la representación
de animales como de dioses o, simplemente, de los símbolos característicos
de la divinidad. Otra posibilidad es que coronasen bastones de marfil,
de utilidad desconocida, probablemente relacionada con la atribución
de algún tipo de poder mágico.
Uno de estos ejemplares, el ya citado
del Museo Guimet de Lyon, representa una figura antropomorfa trabajada
en mármol, cuyo cuerpo se ha estilizado hasta convertise en una
figura cilíndrica en la que tan sólo se destacan dos pequeños
orificios que pudieran representar los pezones; en el rostro, muy simplificado,
aparecen los ojos mediante dos pequeños orificios, y destaca el
gran desarrollo de la barba puntiaguda y las orejas.
El primer elemento, recuerda la importancia
que más tarde será concedida a la denominada barba osírica
en el Egipto dinástico, una barba postiza que tan sólo portaban
los dioses y, por extensión, también los faraones.
En lo referente al especial desarrollo
de las orejas, cabe destacar que, ya en época histórica,
representaciones de este apéndice fueron utilizadas como amuleto
con un significado que los relacionaba directamente con la divinidad: “Las
orejas representaban la capacidad del dios de escuchar las plegarias de
los devotos y con su ofrenda el egipcio esperaba que sus ruegos llegaran
al dios de forma mágica más fácilmente y con mayor
rapidez. [...] En otro plano la oreja derecha estaba considerada como el
lugar por donde entraba el soplo de vida, mientras que la izquierda era
por donde entraba la muerte. Las orejas requerían un cuidado especial
ya que por ellas podían penetrar en el individuo fuerzas negativas
que avanzaban por el cuerpo hasta alcanzar la sede del pensamiento, es
decir, el corazón” .
De acuerdo con el primer significado recogido
por Elisa Castel, de connotaciones profundamente primitivas, es posible
que este idolillo represente a una divinidad, cuya función todavía
nos es desconocida pero a la que, según esta teoría, podían
dirigirse ruegos y exigirse protección, de acuerdo con el hipotético
uso de amuleto que tradicionalmente se la atribuye.
Existieron también representaciones
de ídolos masculinos itifálicos, en estrecha relación
con el que, en época histórica, sería el dios itifálico
de la fertilidad: Min. En una estatuilla de marfil procedente del El-Amrah,
junto a algunas de las características reseñadas para la
pieza anteriormente descrita, como es el caso de las orejas prominentes,
destaca el cuidado con el que se han realizado los ojos, en este caso destacados
con incrustaciones. El cuerpo, muy estilizado, presenta unas esbeltas piernas,
dispuestas muy juntas pero diferenciadas claramente una de otra, y unos
largos brazos pegados a las caderas que ya anticipan el frontalismo de
época histórica. Sin embargo, lo más destacable es
el desarrollo del falo, que parece centrar todo el interés del artista.
Con toda probabilidad se trata de una representación primitiva del
dios Min, cuyo culto, asimilado más adelante a Osiris y a Horus,
se mantendría a lo largo de toda la historia de Egipto.
Finalmente, aparecen lo que podemos considerar
auténticos grupos escultóricos que muestran escenas de la
vida cotidiana, precedentes de las maquetas funerarias de época
dinástica; uno de los temas predilectos es la representación
de barcos de arcilla en los que, al margen de las características
cabinas de esteras, aparecen diversos individuos que parecen gobernar la
embarcación.
Vasos de piedras duras
La realización de vasos de piedra,
en los que predominan las formas globulares, también sufrió
un notable incremento con relación a culturas anteriores; además
de una evolución formal que desembocó en la realización
de bordes salientes y asas de ojal, así como en la inclusión
de un pie troncocónico. Por su parte, las paletas de pizarra continuaron
realizándose con formas romboidales.
La cultura de Nagada II (Gerzeense)
La cultura de Nagada II debe su nombre
al yacimiento de El-Gerzeh, datado en torno al 3.600 a.C., y constituye
la principal manifestación cultural del Neolítico egipcio.
El amplio desarrollo artístico y artesanal de la cultura gerzeense
dan idea de una estructuración de las actividades artesanales, probablemente
organizadas en talleres, que correría pareja a la administración
de otras actividades y muy especialmente de la agricultura.
Al margen de la relación con Oriente
y, sobre todo, con Palestina, cuya influencia en la fabricación
de cerámicas es tan importante que ha llegado a pensarse en la importación
de productos, el comercio con Nubia se perfilaba ya como lo que sería
en época dinástica: un intercambio de productos por materias
primas que terminarían por convertir a Nubia en uno de los territorios
ansiados por la dominación egipcia, debido a la riqueza de los materiales
importados, generalmente utilizados para la fabricación de productos
de lujo.
Es bien sabido que existieron culturas
neolíticas autóctonas en la Baja Nubia; la mejor documentada
es la denominada Grupo A Nubio, en la que están documentadas piezas
traídas del Alto Egipto, especialmente cerámicas de baja
calidad que eran utilizadas para el almacenamiento de alimentos.
Sin embargo, el flujo de mercancías
manufacturadas no fue recíproco, ya que no se ha hallado en los
yacimientos pertenecientes a las culturas neolíticas del Alto Egipto
la peculiar cerámica nubia, aunque sí están documentadas
las citadas materias primas que continuarían siendo importadas en
época dinástica: sobre todo, pieles y marfil, así
como maderas preciosas.
Aunque las formas y tipologías
artísticas del gerzeense constituyeron una clara evolución
del amratiense, cabe destacar importantes diferencias que bien pudieron
ser introducidas, tal y como señalan los defensores de la denominación
de gerzeense, por nuevos contingentes de población, ajenos al desarrollo
de la cultura original de Nagada —Nagada I o amratiense—.
Cerámica
En primer lugar, cabe destacar que se
abandonó casi por completo la cerámica de borde negro y la
pintada en crema o blanco, y aparecieron nuevas tipologías, generalmente
en arcilla de color gris amarillento o rojo vivo, destacando unos curiosos
vasos con pitorro de los que no existían precedentes en las culturas
anteriores.
Las técnicas de realización
de cerámica evolucionaron también; aunque se continuaba utilizando
la mezcla de barro del Nilo con paja, para mejorar la consistencia de las
piezas, el resultado supuso la creación de vasijas de uso cotidiano
de alta calidad. Las principales tipologías cerámicas, clasificadas
también por Flinders Petrie, son las siguientes:
Cerámica de Asas Onduladas (W-Ware:
Wary Handled Ware): Se trata de vasijas de forma esbelta, con hombros
altos, y fondo plano que presentan dos pestañas, o pequeñas
asas rizadas, a cada lado de los hombros. Estos rebordes ondulados se inspiraron
en tipologías orientales y se ha supuesto que algunas de las piezas
fueran importadas desde Palestina.
Cerámica Negra Incisa (N-Ware:
Black Incised Ware): La decoración de esta cerámica de pasta
negra, exclusivamente de tipo geométrico, denota una mayor elaboración
técnica, ya que las figuras se realizaban mediante incisiones en
las paredes de las vasijas que, posteriormente, se rellenaban de pasta
blanca.
Cerámica Decorada (D-Ware: Decorated
Ware): Se realizaba con arcilla de tonalidad amarillenta, mezclada
con arena, pero el proceso de cocción se perfeccionó hasta
alcanzar una gran dureza. La superficie no se pulía, sino que simplemente
se alisaba; las formas suelen ser pequeñas, de forma esférica
y gran diámetro. La decoración, pintada en tonalidades ocres
o rojizas, que sustituiría definitivamente a la C-Ware amratiense,
incluía motivos geométricos y figurativos.
Los primeros se agrupan en un repertorio
que va desde grandes ondas espirales hasta pequeñas manchas y puntos
mediante los cuales, probablemente, se pretendía imitar el moteado
de las piedras duras con las que se realizaban los recipientes de piedra,
especialmente de pórfido.
Entre los motivos figurativos destaca
la representación de animales de la estepa como gacelas, antílopes
y aves —probablemente flamencos— y la especial atención prestada
a los barcos. Estos se representaban en forma de media luna, y se detallaban
tanto las cabinas, realizadas con esteras y decoradas con estandartes,
como un gran número de remos; generalmente se integraban además
en un paisaje que simulaba las colinas que bordean el Nilo en el Alto Egipto,
representadas mediante los triángulos o las líneas en zigzag
que orlaban la parte superior de las vasijas.
En algunas de las piezas, como una conservada
en el Museo Egipcio de Berlín, aparecen ya representaciones humanas
que se ocupan en el dibujo de figuras con los brazos alzados, cuyo significado
se desconoce y que han sido interpretadas como orantes, plañideras
o bailarinas.
Además de la importancia de la
nueva tipología y la particular decoración de la cerámica
D-Ware, el aspecto más interesante de la evolución técnica
es la utilización de un nuevo material; nos referimos a la
denominada cerámica de marga, procedente de los estratos calcáreos
de las riberas del Nilo. Las nuevas necesidades y especialmente el almacenamiento
de líquidos, como miel o leche, durante largos períodos de
tiempo, hizo imprescindible la fabricación de vasijas compactas
de gran dureza y calidad.

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