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LAS CULTURAS PREHISTÓRICAS EN EGIPTO 3/5
ISBN-84-9714-061-3
Amparo Arroyo de la Fuente
 

Cerámica Roja Pulida (P-Ware: Polished Red Ware): Si bien las formas no difieren mucho de las anteriores, la cocción se desarrollaba exclusivamente en un ambiente oxidante, consiguiendo con ello una tonalidad roja pulida de gran belleza. Tanto esta tipología como la anterior, evolucionaron hasta desembocar en una variedad de formas de gran complejidad.
En principio, el repertorio se reducía a platos, cuencos y vasijas de fondo plano, y pequeños vasos de forma troncocónica. Sin embargo, la mejora relativa de las técnicas permitiría la realización de formas más cerradas, como botellas y ánforas.

Cerámica de Líneas Blancas Cruzadas (C-Ware: White Cross Red Ware): Es en esta tipología donde se puede rastrear la influencia de la industria de la cestería, ya que los motivos geométricos, en su mayoría se inspiraron en creaciones de este tipo, aunque también se ha sugerido que pudiera tratarse de estilizaciones de temas florales. Estos motivos decorativos, que también fueron figurativos, se realizaban con una tintura de color blanco-crema.

Los citados motivos figurativos abarcaron desde imágenes de plantas y animales, especialmente hipopótamos, cocodrilos y fauna del valle del Nilo, hasta la representación de hombres. En el caso de los cocodrilos, la técnica característica de esta tipología —las líneas blancas cruzadas— acrecentaba el naturalismo en la representación de estos animales, especialmente en el rayado que simbolizaba las escamas del dorso del animal.

Las figuras antropomorfas no aparecían aisladas, sino que se integraban en auténticas composiciones que podrían hacer referencia a escenas de caza, de combate o bien al desarrollo de ciertos rituales que se desconocen. Un buen ejemplo de este tipo de decoración es una vasija conservada en el Museo del Cincuentenario de Bruselas, donde, bajo una orla de líneas concéntricas, aparecen las características figuras con los brazos alzados que también tendrán un amplio desarrollo la escultura. En este caso, se trata de figuras masculinas itifálicas, tocadas con lo que parecen ser elementos vegetales. Aparecen también las obligadas representaciones de barcos, cuya importancia económica y simbólica ya ha sido destacada.

En ocasiones, la decoración se complementaba con pequeñas figuras plásticas. Este es el caso de un bello cuenco conservado en el Museo Egipcio de El Cairo, en el que aparecen cuatro figuras modeladas de cocodrilos, añadidas diagonalmente a la superficie del vaso. La pintura color crema se ha aplicado en este caso en bandas de trenzados, con idéntica disposición diagonal, que separan las figuras de los animales; las escamas de la piel del cocodrilo se simulan en esta ocasión mediante puntos de color crema.

Manifestaciones escultóricas de El Amrah

En estrecha relación con las representaciones figurativas de la cerámica C-Ware, las representaciones escultóricas cobraron una gran importancia en la cultura amratiense. Los ídolos femeninos badarienses, de los que hasta el momento sólo se han documentado tres, se multiplicaron. La tipología habitual mostraba mujeres más esbeltas con los miembros pegados al cuerpo, estilizando aún más la figura femenina, pero destacando especialmente los rasgos faciales y la línea de las cejas.

En algunos ejemplares, las figuras aparecen arrodilladas, postura característica que tendría un amplio desarrollo en el arte y la escritura egipcia. En estos casos, la estilización alcanza su máxima expresión, fusionando las piernas hasta llegar a parecer un único miembro; los brazos se reducen a pequeñas protuberancias, coronadas por una cabeza cilíndrica en la que tan sólo se destacan unos grandes ojos, perfilados con cosmético de color verde.

La figura masculina también mereció la atención de la escultura, siendo características las pequeñas representaciones de hombres barbados, con la cabeza alargada y las orejas especialmente destacadas; la utilidad de estos idolillos (24’5 cm. el del Museo Guimet), se ha supuesto de tipo apotropaico,  dado que es posible que se usaran como colgantes a modo de amuleto, elemento que alcanzaría un amplio desarrollo en el Egipto dinástico, tanto mediante la representación de animales como de dioses o, simplemente, de los símbolos característicos de la divinidad. Otra posibilidad es que coronasen bastones de marfil, de utilidad desconocida, probablemente relacionada con la atribución de algún tipo de poder mágico.

Uno de estos ejemplares, el ya citado del Museo Guimet de Lyon, representa una figura antropomorfa trabajada en mármol, cuyo cuerpo se ha estilizado hasta convertise en una figura cilíndrica en la que tan sólo se destacan dos pequeños orificios que pudieran representar los pezones; en el rostro, muy simplificado, aparecen los ojos mediante dos pequeños orificios, y destaca el gran desarrollo de la barba puntiaguda y las orejas.

El primer elemento, recuerda la importancia que más tarde será concedida a la denominada barba osírica en el Egipto dinástico, una barba postiza que tan sólo portaban los dioses y, por extensión, también los faraones. 

En lo referente al especial desarrollo de las orejas, cabe destacar que, ya en época histórica, representaciones de este apéndice fueron utilizadas como amuleto con un significado que los relacionaba directamente con la divinidad: “Las orejas representaban la capacidad del dios de escuchar las plegarias de los devotos y con su ofrenda el egipcio esperaba que sus ruegos llegaran al dios de forma mágica más fácilmente y con mayor rapidez. [...] En otro plano la oreja derecha estaba considerada como el lugar por donde entraba el soplo de vida, mientras que la izquierda era por donde entraba la muerte. Las orejas requerían un cuidado especial ya que por ellas podían penetrar en el individuo fuerzas negativas que avanzaban por el cuerpo hasta alcanzar la sede del pensamiento, es decir, el corazón”  .

De acuerdo con el primer significado recogido por Elisa Castel, de connotaciones profundamente primitivas, es posible que este idolillo represente a una divinidad, cuya función todavía nos es desconocida pero a la que, según esta teoría, podían dirigirse ruegos y exigirse protección, de acuerdo con el hipotético uso de amuleto que tradicionalmente se la atribuye.

Existieron también representaciones de ídolos masculinos itifálicos, en estrecha relación con el que, en época histórica, sería el dios itifálico de la fertilidad: Min. En una estatuilla de marfil procedente del El-Amrah, junto a algunas de las características reseñadas para la pieza anteriormente descrita, como es el caso de las orejas prominentes, destaca el cuidado con el que se han realizado los ojos, en este caso destacados con incrustaciones. El cuerpo, muy estilizado, presenta unas esbeltas piernas, dispuestas muy juntas pero diferenciadas claramente una de otra, y unos largos brazos pegados a las caderas que ya anticipan el frontalismo de época histórica. Sin embargo, lo más destacable es el desarrollo del falo, que parece centrar todo el interés del artista. Con toda probabilidad se trata de una representación primitiva del dios Min, cuyo culto, asimilado más adelante a Osiris y a Horus, se mantendría a lo largo de toda la historia de Egipto. 
Finalmente, aparecen lo que podemos considerar auténticos grupos escultóricos que muestran escenas de la vida cotidiana, precedentes de las maquetas funerarias de época dinástica; uno de los temas predilectos es la representación de barcos de arcilla en los que, al margen de las características cabinas de esteras, aparecen diversos individuos que parecen gobernar la embarcación.

Vasos de piedras duras
La realización de vasos de piedra, en los que predominan las formas globulares, también sufrió un notable incremento con relación a culturas anteriores; además de una evolución formal que desembocó en la realización de bordes salientes y asas de ojal, así como en la inclusión de un pie troncocónico. Por su parte, las paletas de pizarra continuaron realizándose con formas romboidales.

La cultura de Nagada II (Gerzeense)

La cultura de Nagada II debe su nombre al yacimiento de El-Gerzeh, datado en torno al 3.600 a.C., y constituye la principal manifestación cultural del Neolítico egipcio. El amplio desarrollo artístico y artesanal de la cultura gerzeense dan idea de una estructuración de las actividades artesanales, probablemente organizadas en talleres, que correría pareja a la administración de otras actividades y muy especialmente de la agricultura.

Al margen de la relación con Oriente y, sobre todo, con Palestina, cuya influencia en la fabricación de cerámicas es tan importante que ha llegado a pensarse en la importación de productos, el comercio con Nubia se perfilaba ya como lo que sería en época dinástica: un intercambio de productos por materias primas que terminarían por convertir a Nubia en uno de los territorios ansiados por la dominación egipcia, debido a la riqueza de los materiales importados, generalmente utilizados para la fabricación de productos de lujo.

Es bien sabido que existieron culturas neolíticas autóctonas en la Baja Nubia; la mejor documentada es la denominada Grupo A Nubio, en la que están documentadas piezas traídas del Alto Egipto, especialmente cerámicas de baja calidad que eran utilizadas para el almacenamiento de alimentos. 

Sin embargo, el flujo de mercancías manufacturadas no fue recíproco, ya que no se ha hallado en los yacimientos pertenecientes a las culturas neolíticas del Alto Egipto la peculiar cerámica nubia, aunque sí están documentadas las citadas materias primas que continuarían siendo importadas en época dinástica: sobre todo, pieles y marfil, así como maderas preciosas.
Aunque las formas y tipologías artísticas del gerzeense constituyeron una clara evolución del amratiense, cabe destacar importantes diferencias que bien pudieron ser introducidas, tal y como señalan los defensores de la denominación de gerzeense, por nuevos contingentes de población, ajenos al desarrollo de la cultura original de Nagada —Nagada I o amratiense—.

Cerámica

En primer lugar, cabe destacar que se abandonó casi por completo la cerámica de borde negro y la pintada en crema o blanco, y aparecieron nuevas tipologías, generalmente en arcilla de color gris amarillento o rojo vivo, destacando unos curiosos vasos con pitorro de los que no existían precedentes en las culturas anteriores. 

Las técnicas de realización de cerámica evolucionaron también; aunque se continuaba utilizando la mezcla de barro del Nilo con paja, para mejorar la consistencia de las piezas, el resultado supuso la creación de vasijas de uso cotidiano de alta calidad. Las principales tipologías cerámicas, clasificadas también por Flinders Petrie, son las siguientes:

Cerámica de Asas Onduladas (W-Ware: Wary Handled Ware): Se trata de vasijas de forma esbelta, con hombros altos, y fondo plano que presentan dos pestañas, o pequeñas asas rizadas, a cada lado de los hombros. Estos rebordes ondulados se inspiraron en tipologías orientales y se ha supuesto que algunas de las piezas fueran importadas desde Palestina.
Cerámica Negra Incisa (N-Ware: Black Incised Ware): La decoración de esta cerámica de pasta negra, exclusivamente de tipo geométrico, denota una mayor elaboración técnica, ya que las figuras se realizaban mediante incisiones en las paredes de las vasijas que, posteriormente, se rellenaban de pasta blanca.

Cerámica Decorada (D-Ware: Decorated Ware): Se realizaba con arcilla de tonalidad amarillenta, mezclada con arena, pero el proceso de cocción se perfeccionó hasta alcanzar una gran dureza. La superficie no se pulía, sino que simplemente se alisaba; las formas suelen ser pequeñas, de forma esférica y gran diámetro. La decoración, pintada en tonalidades ocres o rojizas, que sustituiría definitivamente a la C-Ware amratiense, incluía motivos geométricos y figurativos.

Los primeros se agrupan en un repertorio que va desde grandes ondas espirales hasta pequeñas manchas y puntos mediante los cuales, probablemente, se pretendía imitar el moteado de las piedras duras con las que se realizaban los recipientes de piedra, especialmente de pórfido.

Entre los motivos figurativos destaca la representación de animales de la estepa como gacelas, antílopes y aves —probablemente flamencos— y la especial atención prestada a los barcos. Estos se representaban en forma de media luna, y se detallaban tanto las cabinas, realizadas con esteras y decoradas con estandartes, como un gran número de remos; generalmente se integraban además en un paisaje que simulaba las colinas que bordean el Nilo en el Alto Egipto, representadas mediante los triángulos o las líneas en zigzag que orlaban la parte superior de las vasijas.

En algunas de las piezas, como una conservada en el Museo Egipcio de Berlín, aparecen ya representaciones humanas que se ocupan en el dibujo de figuras con los brazos alzados, cuyo significado se desconoce y que han sido interpretadas como orantes, plañideras o bailarinas.
Además de la importancia de la nueva tipología y la particular decoración de la cerámica D-Ware, el aspecto más interesante de la evolución técnica es la utilización de un nuevo material; nos referimos a  la denominada cerámica de marga, procedente de los estratos calcáreos de las riberas del Nilo. Las nuevas necesidades y especialmente el almacenamiento de líquidos, como miel o leche, durante largos períodos de tiempo, hizo imprescindible la fabricación de vasijas compactas de gran dureza y calidad.