- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
Publicar en Liceus
 
INTRODUCCIÓN AL  ARTE ROMANO 1/4
Por Cristina Delgado Linacero
ISBN- 84-9714-029-X
 

El arte romano, tal como se interpreta en este análisis, no se refiere sólo a la ciudad de Roma y a las comarcas circundantes, sino que alude también a todos los territorios conquistados bajo la dirección de su imperio. En este amplio espectro, no cabe duda de la influencia ejercida por las culturas griega y etrusca en los patrones artísticos romanos. Sin embargo, hacia el año 80 a. C., se observa ya una cierta independencia con respecto a ellos y una apreciable tendencia hacia la originalidad y hacia la creación de un estilo propio. De este modo, puede afirmarse la existencia de una arquitectura genuinamente romana, de una grandiosidad y riqueza extraordinarias, notablemente diferente a la griega. El contacto con Oriente contribuyó a realzar la belleza decorativa de los edificios hasta conseguir un barroquismo ornamental desconocido en el arte clásico. Las artes figurativas, sin embargo, reflejan la pervivencia de las formas helénicas, aunque el sentido histórico y narrativo de gran número de relieves y pinturas, así como la aparición del retrato, son de creación romana.

 En referencia a las mal llamadas artes menores, debe decirse que, aunque la cerámica itálica no alcanzó nunca la perfección artística de la griega, la producción de la famosa Terra sigillata fue una valiosa aportación a las industrias romanas. También el vidrio constituyó una importante manufactura en época imperial, desarrollándose, igualmente, la talla de piedras preciosas o semipreciosas y la orfebrería en oro y plata.

 La plenitud de un arte romano ya formado se inicia en época de Augusto, pasando por sucesivas etapas evolutivas, que reflejan erudición, romanticismo o una vuelta al helenismo, según el gusto o ideología de sus promotores. Las presentes líneas tienen como objetivo mostrar al lector los diversos aspectos y períodos estéticos de las manifestaciones artísticas de la civilización más poderosa del mundo antiguo. El punto de partida será la fundación de Roma, su conclusión, las invasiones germánicas.

LA FUNDACIÓN DE ROMA.

 Los comienzos históricos de Roma fueron fijados por Varrón, ilustre erudito romano del s. I a.C., el 21 de abril de 753 a.C. Esta fecha, encuadrada cronológicamente dentro de la Edad del Hierro, fue aceptada como cierta por sus contemporáneos, permaneciendo hasta hoy como referencia obligada para el nacimiento de una civilización, que marcaría profundamente el desarrollo no sólo de Occidente, sino de todo el orbe conocido hasta entonces.

 El acontecimiento tuvo lugar en la colina del Palatino y fue protagonizado por los gemelos Rómulo y Remo. El asesinato del segundo por el primero, dejó en manos de este último el poder de la recién fundada ciudad y la implantación de la monarquía. A partir de entonces, la historia de Roma ha sido dividida en tres grandes períodos: 

a. Monarquía (753-509 a.C.)
b. República (509-27 a.C.)
c. Imperio (27 a.C.-476 d. C.)

CARACTERISTICAS GENERALES DE LA ARQUITECTURA ROMANA
Materiales de construcción

LA MADERA

 Maderas de diverso tipo fueron utilizadas, especialmente, en modestas edificaciones urbanas. Muros y cubiertas se sostenían a base de vigas  y armazones de madera. Incluso en edificios más nobles, este material fue siempre el preferido para fabricar las cubiertas planas.
EL LADRILLO 

 El ladrillo romano era de dos tipos:
- Adobe.- Trozos de arcilla de forma regular, cocidos al sol. Se empleó profusamente durante toda la República en construcciones pobres y, por su inconsistencia, de poca envergadura. Continuó en uso hasta hoy en las sencillas viviendas, que aún subsisten en las aldeas del Próximo Oriente y del Mediterráneo.
- Ladrillo cocido al horno, opus testaceum. Por su gran dureza y solidez, se utilizó en muros y bóvedas ya desde el s. I a.C., generalizándose durante el s. I  d.C. Según su uso, estos ladrillos adquirieron  diversas formas: bipedalis, que medía dos pies (5) cuadrados y se observa sobre todo en arquerías; sesquipedalis,  de pie y medio cuadrado, muy común en muros, la teja, etc.

LA PIEDRA

 Piedras de poca calidad fueron las usuales en tiempos de la República. Se extraían de canteras cercanas a Roma y adoptaban la forma de sillares regulares (opus quadratum). Se colocaban por hiladas que alternaban a soga (se veían por su exterior mas largo) y a tizón (se veían por su exterior más corto). Este sistema de construcción fue tomado de la arquitectura etrusca. A menudo, la tosquedad de estos paramentos obligaba a cubrirlos con estucos pintados u otros revestimientos. Foto 1.
 La introducción del mármol en la arquitectura romana fue tardía, hacia el final del s. II a.C., no alcanzando una gran difusión hasta tiempos de la dinastía Julia-Claudia.

EL HORMIGÓN

 Este material, muy parecido al actual, se obtenía de la fusión de toba, guijarros o piedras machacadas con cantidades de arena y cal. Su economía y facilidad de fabricación hicieron del hormigón, elemento arquitectónico imprescindible a partir del s. II a.C. El resultado de esta mezcla, opus caementicium, era una masa pastosa que, al solidificarse, constituía superficies compactas y sumamente resistentes a los ataques del hombre y de la Naturaleza. A veces, se empleó, también, el denominado polvo de Puzol o puzzolana, del que Vitrubio explica lo siguiente:

 Hay una clase de polvo, que por su propia naturaleza produce efectos maravillosos. Se le halla en la región de Bayas y en los territorios de los municipios, que están en las cercanías del Vesubio. Este polvo, mezclado con la cal y la piedra machacada, no sólo consolida toda clase de edificaciones, sino que incluso las obras, que se hacen bajo el agua del mar, tienen solidez. La razón de ello parece ser esta: en las entrañas de aquellos montes hay tierras y numerosas fuentes de agua caliente, que no existirían si no tuviesen debajo fortísimos fuegos, alimentados o por azufre o por alumbre o por betún. Este fuego y estas llamas, al penetrar y actuar a través de los meandros y venas de la tierra, la hacen ligera, y el tufo (o la toba), que allí existe, es lúmido y enjuto.

 Y por tanto, cuando estas tres cosas, producidas de la misma manera por la violencia del fuego, llegan a mezclarse al recibir, de repente, por absorción el agua, se condensan y se endurecen por instantes, y se consolidan tan intensamente en el líquido, que no bastan a repararlas o disolverlas ni las olas ni la fuerza del agua. (De arquit. 2, 6).

LA MAMPOSTERÍA

 Paramentos de cantos menudos e irregulares, sin trabajar, incrustados en hormigón y formando hileras horizontales fueron el sistema constructivo más relevante a partir del s. II a.C. Era el denominado opus incertum, cuya variante, el opus reticulatum, se caracterizó por revestimientos de toba volcánica en forma de pirámides de base cuadrada colocadas sesgadamente. Este último fue de uso ordinario desde la época del emperador Augusto hasta la de Adriano. Fotos 2 y 3.

Los elementos arquitectónicos.

LA COLUMNA

 La influencia y admiración que los romanos sintieron siempre por el arte de la Hélade, les impulsó a adoptar los órdenes arquitectónicos griegos, aunque introduciendo en ellos importantes novedades, e incluso creando un orden nuevo, consecuencia de la mezcla del jónico y del corintio.
 En el orden dórico, la columna transformó su fuste en liso, terminando en una moldura estrecha o astrágalo, que servía de transición al capitel. Éste añadió una pequeña estructura cilíndrica bajo su equino. Este orden recibió el nombre de toscano. Foto 4. La innovación romana en el orden jónico fue el uso generalizado del capitel de volutas en esquina, con lo que este decorativo elemento aparecía en sus frentes y laterales, enriqueciendo la simplicidad del original griego. Foto 5. Sin embargo, sería el orden corintio el que gozaría de más aceptación en la arquitectura romana. La belleza de su capitel, de características análogas  al helénico, le hizo figurar con profusión en todo tipo de edificios hasta el final del imperio, resurgiendo con fuerza siglos después, en el arte del Renacimiento. Foto 6. Las hojas de acanto, que componían este capitel, se enriquecieron con el cimacio (6) y las volutas del jónico, dando como resultado un nuevo orden, el compuesto. Foto 7.

      Por otro lado, el afán ornamental romano indujo a realzar las metopas del entablamento dórico con rosetas, bucráneos(7) etc. a colocar basas bajo los fustes de los órdenes citados e, incluso, a superponer y combinar todos ellos en la fachada de un mismo edificio.



1.- Ley de las Doce Tablas.- Código de leyes, que recoge el derecho consuetudinario en sus aspectos procesal, religioso, civil y penal. Fue escrito en doce tablas de bronce y ubicado en el Foro para su pública lectura.

2.- Júpiter.- Dios romano asimilado al Zeus griego. Divinidad del cielo, cuyo santuario estuvo en el Capitolio. Sus símbolos fueron el rayo y el águila.

3.- Juno.- Diosa romana asimilada a la Hera griega. Era protectora de las mujeres, en particular de las casadas.

4.- Minerva.- Diosa romana identificada con la Atenea griega. Presidía la actividad intelectual.

5.- pie.- Medida de longitud. Equivalía aproximadamente a 28 cms.

6.- cimacio.- Moldura decorada con elementos ovales y apuntados, propia del orden jónico griego.

7.- bucráneo.- Cráneo descarnado de bovino.

8.- augur.- Adivino romano que escrutaba el vuelo de las aves.