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EL ARTE DE LA CIVILIZACIÓN MINOICA 1/4
ISBN-84-9714-069-9
María Isabel Rodríguez López
 

Introducción. 

En torno al año 2000 a.C., en el período que corresponde al Bronce Medio, una serie de migraciones de pueblos, y la aparición de los indoeuropeos en la Europa meridional, fueron las causas que determinaron el desarrollo de nuevas culturas: la micénica en la Grecia continental, la civilización surgida en torno a la ciudad de Troya, la civilización hitita en el área de Anatolia, y, en el ámbito Egeo, la civilización minoica, protagonizada por los habitantes de la isla de Creta, sita en el Sur de dicho mar.

En dicha isla tuvo lugar el desarrollo de una civilización, cuyas manifestaciones artísticas nos desvelan una cultura original y brillante. Los Palacios-Santuarios son prueba irrefutable de ese esplendor minoico, al tiempo que todas las manifestaciones artísticas salidas de este entorno muestran un gusto por el naturalismo, por lo curvilíneo, por la vivacidad,  el contraste cromático, por la miniatura y, también, por el más exquisito de los refinamientos.

El arte de la civilización minoica floreció por encima de las manifestaciones plásticas  contemporáneas a ella que se desarrollaron en la Hélade, las Cícladas y Anatolia occidental, quizás debido a la  influencia que ejercieron sobre ella los  modelos egipcios y mesopotámicos.  Creta fue, como veremos, la primera cuna de Zeus,  es decir,  la primera cuna de la civilización occidental.

La leyenda de Minos

Hablar de Creta es hablar del despertar de Europa, y por ello, los mitos relacionados con la isla y sus fundadores son muy numerosos a la par que ciertamente sugestivos por su belleza literaria (1).  Nos relatan los mitógrafos que Zeus, desde el sagrado Ida había divisado a la bella Europa en una playa de Asia.  Para cautivar a la princesa, hija de Agenor o de Fénix, convirtióse el padre de los dioses en un bello toro blanco y fue  a buscar a la joven. La transportó en amoroso vuelo a través del ponto, y llevóla hasta la isla de Creta. De los amores de esta pareja nacieron tres hijos: Sarpedón –famoso por su fortaleza-, Radamantis –conocido por su justicia- y Minos, el más célebre ante dioses y hombres.  De este mítico rey toma su nombre la civilización minoica.

Minos fue el elegido como rey de la gran isla; había recibido de su padre Zeus justicia y sabiduría para tal fin; su reinado estuvo glorificado por las numerosas ciudades que fundó, los caminos abiertos, los palacios edificados, la colonización de islas vecinas y la creación de una gigantesca flota marítima.  Talos, un gigante de bronce se ocupaba de la custodia de las costas cretenses, facilitando el sometimiento de todo el mar Egeo.  Pero su esposa, Pasífae, empañó la felicidad del rey cometiendo adulterio con un toro marino que había sido enviado por Poseidón; de esta unión extramatrimonial nacería el Minotauro, un ser monstruoso –hombre y toro al mismo tiempo- que fue encerrado en un laberinto (tradicionalmente interpretado como la imagen mítica del palacio de Cnoso), construido por Dédalo (2)

Sus hijos le proporcionaron también grandes pesares: Ariadna le abandonó marchando tras los pasos del valeroso Teseo (3), a quien había ayudado a matar al Minotauro; Glauco se ahogó en una tinaja de miel; Androgeo fue asesinado por sus rivales… Pensando que Dédado había instigado a Pasífae y a Ariadna en sus respectivas traiciones, Minos quiso vengarse de Dédalo y lo encerró en el laberinto, su obra maestra, junto a su hijo Ícaro; construyóse entonces el ingenioso artífice unas alas de cera para escapar de allí volando (4). Las leyendas nos relatan que los últimos días de la vida de Minos están en relación con Dédalo a quien persiguió, de país en país, y a quien encontró, finalmente, en el palacio del rey Cócalo, en Camico (en las proximidades de Agrigento), donde encontró la muerte. En el más allá siguió impartiendo, desde entonces, su justicia a los hombres.

Minos pudo ser el nombre con el que se designaba al gobernante, es decir, un título de un dirigente en el que recaían funciones políticas, administrativas y religiosas (sacerdotales) (5)

El medio geográfico.

La Isla de Creta, propiedad del inmenso 
Júpiter, yace en medio del ponto.
En donde ubérrimos reinos habitan
Cien enormes ciudades

(Eneida, III, 104-106)

La isla de Creta, la más grande de las islas del Egeo, está situada en el centro del Mediterráneo oriental, en un lugar estratégico, encrucijada entre oriente y occidente. El medio geográfico de Creta se caracteriza por la diversidad; está jalonada, en su parte central, por una cordillera, con tres macizos montañosos que dominan su superficie: los llamados Montes Blancos  (Leuka) al oeste,  el Ida (Psilorati) -en la zona central-,  y los Montes de Sitía (Lasithi), en el extremo oriental. 

Este paisaje montañoso ocupa más del noventa y cinco por ciento de la superficie total de la isla, y ha sido objeto de atracción para los hombres desde la Antigüedad, hasta el punto de que sus montañas, fueran consideradas como la cuna misma de la divinidad. Según la mitología, fue una gruta de las laderas del Ida (“el bosque”) el lugar en el cual Rea escondió al recién nacido Zeus para librarlo de las intenciones de Crono, y fue allí donde lo confió al cuidado de la cabra Amaltea, convertida en sin par nodriza del dios. En estos montes se han localizado más de tres mil grutas –formadas por la acción de las aguas subterráneas-, muchas de las cuales debieron servir como lugares de habitación temporales, y en muchos casos, como centros de culto. 

La flora y fauna actual, aunque difieren de la que vieron y vivieron los hombres de la Antigüedad, es prueba de la riqueza y diversidad de la isla, pluralidad que propiciara, ya en la época minoica, diferencias culturales y artísticas entre las dos Cretas, la occidental y la oriental. Creta fue, como señalábamos,  encrucijada de vías marítimas, uno de los enclaves de paso obligados entre Europa, Asia y Africa, y lugar en el que convivieron gentes de diversas procedencias, etnias y lenguas, hecho que determinó su riqueza y el devenir de la brillante civilización minoica.

Los cretenses dedicaron buena parte de su tiempo a la actividad cinegética, que constituiría uno de los pilares de su economía y de su alimentación; en las zonas montañosas las presas eran, preferentemente, venados, jabalíes, el llamado íbice cretense,  y una amplia muestra de aves. La llanura de Mesará y las zonas costeras de la zona septentrional  fueron, por su parte, marco idóneo para el cultivo de la tríada mediterránea, proporcionando buenas cosechas a los habitantes de la isla.

Sin embargo, el medio fundamental para el desarrollo económico de esta civilización fue su soberanía marítima. Creta se desarrolló, en una medida muy importante, a expensas de los territorios de ultramar, gracias a las transitadas rutas comerciales que explotó. Los habitantes de la isla se impusieron en el mar Egeo y llegaron a Grecia, extendiéndose primero por el Peloponeso para llegar, más tarde, hasta Sicilia. ). Paul Faure explicaba, de forma magistral, las razones de ello...  El pueblo cretense, marinero por definición, se ha hecho famoso por sus conquistas. Las corrientes de agua, los vientos, el espíritu aventurero y su sentido comercial los incitaban a ello por igual (6).  El tema de la “Talasocracia” cretense es un asunto complejo y muy debatido: mientras algunos historiadores niegan su realidad, otros, por el contrario, llegan a afirmar que fue el precedente del imperio ateniense del siglo V: “Minos es el más antiguo personaje conocido por la tradición que tuvo una flota y conquistó, en su mayor parte, el dominio del mar hoy en día griego; estableció su dominio en las Cícladas e instaló en la mayor parte las primeras colonias; expulsó a los carios e instituyó allí como jefes a sus propios hijos.  Trabajó con todas sus fuerzas para purgar el mar de piratas y asegurar así la recogida de sus impuestos (Tucídides I,4).

Sea como fuere, el mar fue la más importante razón de su desarrollo económico, como un medio vital intrincado en las formas de vida y las creencias más profundas de los habitantes de las islas (7).  Desde Creta se llevaban productos de la tierra y artesanía hasta todos los puntos del mar Egeo y a los prósperos reinos de Asia y Africa.  Sabemos por las fuentes egipcias que Creta suministraba al país del Nilo cobre, plomo, plata y diversas piedras semipreciosas; también eran transportados, a diferentes zonas, joyas, anillos, sellos, jarros pintados, armas, es decir, objetos de lujo, quizás regalos o intercambios entre dignatarios de zonas alejadas.

Asimismo, los cretenses demandaban obsidiana de Milos o Nísiros, pórfiro y piedra de Lacedemonia, diorita de Asia Menor, estaño de Biblios y Ugarit, oro y marfil de los puertos de Siria, etc.  Junto a estos productos, otro de los bienes más reclamados y transportados en los barcos cretenses -como mercancía- fueron los esclavos, comprados o raptados, según las circunstancias.

Cuando, a comienzos del II milenio antes de nuestra era se construyeron en Creta los llamados “primeros palacios”, estas fastuosas construcciones,  a las que atenderemos en las siguientes líneas, estuvieron relacionadas, probablemente,   con un cambio social muy significativo, con el desarrollo del urbanismo, y con la adopción de una economía centralizada y una estratificación social cada vez más acentuada. 


 1. Entre los autores y fuentes clásicas que hablan de los mitos relacionados con Minos destacan la Ilíada, la Odisea, Herodóto,Tucídides, Platón (Gorgias y Las leyes), Apolonio de Rodas, Ovidio (Metamorfosis), Apolodoro (Biblioteca), Diodoro de Sicilia, Estrabón y Pausanias.

 2. Dédalo es un personaje que pertenece a la estirpe real ateniense, como descendiente del mismo Erecteo.  Las fuentes clásicas hacen de él un admirable herrero y un hombre de inmenso ingenio.  Había llegado a la Creta de Minos escapando de la justicia, tras haber cometido un asesinato, y allí trabajó al servicio del rey. Su mito no está exento de anacronismos, ya que Dédalo, Talos y Hefesto podrían ser diversos nombres para un solo personaje mítico.  Dédalo, como se ha señalado, aparece como ateniense, y, sin embargo, las artes dedálicas fueron llevadas a Atenas desde Creta.

 3. Es bien sabido que Teseo es el héroe ateniense por excelencia.  El poderoso Minos había ordenado que los atenienses enviaran, anualmente, un tributo de siete muchachos y siete muchachas al laberinto de Creta, donde el voraz Minotauro acabaría con su vida.  Cuando Ariadna vio al joven (hijo del mismísimo Poseidón) se enamoró de él y le ayudó a salir del laberinto con la ayuda de un ovillo de hilo atado a la puerta de entrada que le mostraría el camino de regreso, una vez hubiera dado muerte al Minotauro. Luego, iniciaría su viaje de regreso a Atenas con Ariadna, a quien abandonó –por designio divino- en la isla de Naxos.  Su hazaña supuso la independencia de Atenas con respecto a Minos; la Grecia continental había empezado a tener influencia minoica desde el siglo XVIII a.C.; el poder minoico había establecido unos lazos de carácter comercial y en este mito se refleja  la disolución de la citada situación en el Mediterráneo, que, a medida que los atenienses consiguieron construir y organizar su propia flota, dejaría de estar dominada por Creta. 

 4. Algunos mitógrafos señalan que escapó con un barco que le hubiera prestado Pasífae y que se refugió en Sicilia; según esta versión, en el periplo, Ícaro cayó al mar.

 5.  Las tradiciones mitológicas confunden a todos los Minos del palacio de Cnoso, entendidos como sinónimo de gobernante) del palacio de Cnoso; incluso los gobernantes micénicos, después de invadir la isla, siguieron ostentando el título de Minos.

 6.  FAURE, P., .La vida cotidiana en la Creta minoica,  Barcelona, 1984, p. 191.

 7. Cfr. RODRÍGUEZ LÓPEZ, M.I., “La Gran Diosa Madre, Señora del Mar Prehelénico”, Revista de Arqueología, n. 81, Madrid, 1988.