| INTRODUCCION
El término copto se presta
a confusión en cuanto a su significado. Tradicionalmente se le ha
dado un sentido étnico-religioso, identificando con esta expresión
a los cristianos egipcios y la cultura desarrollada por estos, pero hay
que recurrir a la etimología de la palabra para asignarla un significado
más preciso.
Los griegos, que se establecieron en
algunas ciudades egipcias a partir de los siglos VII-VIII a.C., llamaron
a este territorio Aiguptios o Aiguptoi, vocablo que proviene del
nombre del prestigioso templo que en Memfis se erigió en honor del
dios Ptah, creador del mundo, llamado Het-ka-Ptah.
Con el tiempo este término sufrió
alteraciones. El diptongo ai se convirtió en una e
y la u pasó a ser una i o una o, transformándose
la palabra en Egiptioi o Egoptioi. Cuando Egipto fue conquistado
por los árabes, estos denominaron al territorio y a sus habitantes
con el término *Qbt o *Qft en la forma escrita, reduciendo el vocablo
a sus radicales consonánticas. La escritura transformó el
lenguaje oral y la vocal inicial del vocablo, de origen griego, terminó
por desaparecer, dando origen a la nueva palabra pronunciada copto,
que designaba a los pobladores autóctonos del Valle del Nilo.
Por tanto, fueron los coptos la población
nativa egipcia, sirviendo el término para diferenciar a este pueblo
milenario de los pobladores de origen griego, judío, romano, árabe
y demás grupos que se establecieron en el territorio en diferentes
épocas.
A mediados del siglo VII, cuando Egipto
fue conquistado por los musulmanes (641 d.C.), la mayoría de la
población egipcia era cristiana, persistiendo únicamente
algunos islotes aislados de paganismo y, por esa razón, los árabes
identificaron a los coptos con los cristianos egipcios, adquiriendo el
término un significado étnico-religioso. A partir de ese
momento copto y cristiano de Egipto se convirtieron en sinónimos,
sirviendo para diferenciar, hasta la actualidad, a esta minoría
del resto de la población egipcia, de religión musulmana.
Por eso, cuando a partir de los siglos XVII y XVIII se empezaron a estudiar
en Europa los manuscritos y libros litúrgicos en lengua copta, se
asimilaron el significado étnico y religioso, considerándose
coptas todas las manifestaciones culturales desarrolladas por la población
cristiana, y excluyendo de su ámbito cultural las realizadas por
el resto de la población, de diferente origen y religión.
La convivencia entre los coptos y los
otros grupos de población que se fueron asentando en el territorio,
permitió que se desarrollase una cultura diferente de la faraónica
y de las foráneas aportadas por los otros grupos, pero que tomó
elementos de todas ellas adaptándolos a su propia idiosincrasia.
El punto de partida de la época
copta, en la que el pueblo egipcio se fue liberando de la cultura oficial
faraónica, se puede fijar en el período helenístico,
a partir del siglo II a.C., momento en que se fue gestando la lengua copta,
elemento unificador de esta civilización que asoció el lenguaje
de sus ancestros a la más dinámica lengua griega, adoptando
su alfabeto. En esta época se generó entre las clases populares
un proceso de sincretismo greco-egipcio manifestado en los aspectos culturales
y religiosos. La religión egipcia incluyó en su panteón
muchas de las deidades griegas, y las formas artísticas sufrieron
una fuerte influencia del estilo y la iconografía del Arte Helenístico.
El período más creativo
de la cultura copta se desarrolló entre los siglos III y VII d.C..
Desde mediados del siglo VII los coptos continuaron ejecutando todo tipo
de actividades al servicio de los musulmanes, pero, con el paso del tiempo,
su integración en la nueva cultura hizo que fuesen olvidando sus
tradiciones culturales diferenciadoras. En el siglo XIII d.C. la cultura
copta se había fundido con la musulmana, sometiéndose al
gusto oficial. El árabe fue declarado lengua oficial desde el siglo
VIII -desde el año 706 se usaba oficialmente para las transacciones
comerciales-, limitándose el uso de la lengua copta para las ceremonias
litúrgicas, gracias a lo cual ha perdurado hasta la actualidad;
aunque en algunos núcleos más alejados del Alto Egipto su
población aún hablaba el copto en el siglo XIX, e igualmente
se preservó entre algunas familias de intelectuales.
Por tanto, aunque el término copto
nació con un significado étnico, adquirió tras la
conversión masiva del pueblo egipcio al cristianismo un sentido
étnico-religioso, adoptando un significado religioso cuando se refiere
exclusivamente a la liturgia de los cristianos egipcios.
HISTORIA DE LOS COPTOS
Cuando en el año 525 a.C. el rey
persa Cambises se apoderó de Egipto, comenzó un largo período,
a partir del cual, el territorio se vió sometido de forma continua
a dominaciones extranjeras, sucediéndose épocas de mayor
o menor presión en función del poder detentado por los invasores
en el ámbito internacional.
En el año 332 a.C. Egipto fue conquistado
por Alejandro Magno, accediendo Grecia, de este modo, al poder político
de un territorio en el que se había asentado, por medio de colonias,
en siglos anteriores. Esta conquista supuso el inicio de un proceso de
degradación de lo egipcio en favor de lo griego, que fue minando
y acabó destruyendo la milenaria cultura faraónica. Alejandro
fue coronado faraón y a su muerte, en el año 323 a.C., el
gobierno del territorio egipcio pasó a manos de su general Ptolomeo,
que tras vencer en la guerra de los Diádocos fundó la dinastía
ptolemaica o de los Lágidas (304-30 a.C.) con capital en la nueva
ciudad de Alejandría.
Bajo esta dinastía la administración
mantuvo la vieja tradición egipcia, y las condiciones naturales
del país hicieron de Egipto el estado más floreciente de
todos los reinos helenísticos. El arte y la cultura adquirieron
gran refinamiento, y Alejandría se convirtió en una de las
capitales culturales más importantes del Mediterráneo.
Los primeros Ptolomeos llevaron a Egipto
una época de paz y prosperidad pero, poco a poco, los vicios y asesinatos
fueron minando la institución dinástica y los momentos de
debilidad que se produjeron fueron aprovechados por los elementos nacionalistas
para promover revueltas. Esta situación fue provocada porque cuando
los griegos tomaron el poder político del país ocuparon los
más altos cargos de la administración del estado, dejando
los cuerpos intermedios y bajos en manos de los egipcios, lo cual incitó
a algunos grupos minoritarios a rebelarse contra el poder extranjero.
La milenaria civilización egipcia
cautivó a sus conquistadores, que adoptaron muchas tradiciones y
ritos egipcios. Se desarrolló una cultura en la que se fundieron
elementos greco-egipcios, como se puede apreciar en las manifestaciones
artísticas de la época, y se produjo un sincretismo religioso
fundiendo las creencias de ambos pueblos, de forma que, muchos de sus dioses,
adquirieron un carácter híbrido. Fue en esta época
cuando se abandonó paulatinamente la complicada escritura egipcia
gestándose la lengua copta de alfabeto griego aumentado con siete
signos demóticos. Las transformaciones generadas por la síntesis
greco-egipcia proporcionaron el germen de la nueva cultura copta, que se
desarrolló ampliamente a partir de los primeros siglos de la era
cristiana.
Los últimos faraones egipcios vivieron
momentos de debilidad aprovechados por Roma, que igual que extendió
su influencia por toda la cuenca del Mediterráneo formando un gran
Imperio, convirtió el país en escenario de las luchas por
ostentar el poder. En este ambiente se sucedieron las rivalidades entre
Marco Antonio y Octavio, enfrentados en la batalla de Actium (2-IX-31 a.C.)
favorable al segundo, que entró victorioso en Alejandría
el día 2 de Agosto del año 30 a.C.
A partir de este momento Egipto se incorporó
al Imperio, convirtiéndose en un dominio imperial administrado por
prefectos pertenecientes al rango ecuestre que gobernaban las tres grandes
subdivisiones administrativas del país: el Delta, el Egipto Medio
y la Tebaida.
Con el territorio, sus habitantes se convirtieron
en propiedad del emperador -deditici-. Esta condición les
privaba de participar en la administración del Estado haciendo,
de ellos extranjeros dentro del Imperio. Los egipcios sólo podían
acceder a desempeñar puestos de escasa categoría en pequeñas
ciudades, empleándoles fundamentalmente para organizar los efectos
de las crecidas del Nilo y en la planificación de los complicados
sistemas de irrigación. La masa de la población se empleaba
principalmente en la agricultura, la pesca y las actividades artesanales,
entre las que, desde épocas muy antiguas, tenía una gran
importancia la producción textil. Por su condición de deditici
la
población estaba sometida a cargas fiscales que revertían
directamente en el emperador.
El país también estaba habitado
por griegos de distinta procedencia que conservaron su lengua, su cultura
y sus propios tribunales de justicia, gozando en la época romana
de todos sus derechos, eran los foederati. Los griegos se habían
mezclado ya en el pasado con los egipcios celebrándose matrimonios
mixtos con frecuencia, pero los nuevos administradores intentaron impedir
estos matrimonios para crear una barrera entre los deditici y los
foederati y, cuando se celebraban, hacían pasar a los contrayentes
a la condición social inferior. Pero, a pesar de estas medidas,
ya se había creado una población mixta greco-egipcia muy
considerable que fue configurando la cultura copta.
La administración trató
de establecer una distinción entre la élite urbana helenizada
que gozaba de todos sus derechos y podía acceder al control de la
tierra, y la masa popular que constituía el grueso de la población
rural, trabajaba para las élites y soportaba todas las cargas fiscales.
La lengua copta cedió su oficialidad a favor del latín y
el griego, aunque continuó siendo hablada por la mayor parte de
la población.
La poderosa administración romana
estaba sostenida por una fuerza militar que garantizaba el orden interno
y una burocracia que protegía una jerarquía social basada
en castas y privilegios, y dispensaba un trato de favor a la población
helenizada de las ciudades frente a la nativa y rural.
Pero la centralización de la administración
favoreció la prosperidad económica de Egipto, ya que se estimuló
el comercio exterior abriéndose rutas comerciales a lugares como
la India y se desarrolló un comercio activo con distintos puertos
del Mediterráneo, destacando el establecido entre Alejandría
y Nápoles.
En la época de los Antoninos (96-192)
Egipto fue un país feliz y próspero. Sus productos -trigo,
orfebrería, papel, vidrios, tejidos de lana, etc.- eran exportados
por todo el Mediterráneo a cambio de estaño, vino, cerámica,
caballos sirios, tejidos de seda, especias de Oriente, maderas y metales.
Alejandría destacaba por su dedicación al cultivo de la Ciencia
y la Filosofía, fundándose una escuela donde la especulación
intelectual alcanzó altos niveles de conocimiento. Esta escuela
ejerció posteriormente un papel importante en la formación
de la dogmática cristiana.
La pérdida de toda autonomía
en un territorio generador de una gran riqueza provocó continuas
revueltas contra el poder central, sobre todo en Alejandría. Las
primeras se produjeron bajo los reinados de Calígula y Claudio.
Muchas, junto a motivaciones de índole social o político,
tuvieron como origen motivos religiosos, siendo los judíos causantes
de algunas de ellas por el gran celo con que guardaban su religión
y adoraban a su Dios, lo cual les hacía arremeter contra todas las
divinidades y, sobre todo, contra la nueva secta de los cristianos.
El cristianismo fue conocido muy pronto
en Alejandría. Según la tradición fue predicado por
San Marcos, que llegó a la ciudad el año 40 d.C. y fundó
una pequeña comunidad. Pero hasta finales del siglo II no se puede
hablar del establecimiento de la nueva religión como un hecho firme,
existiendo ya una comunidad de cierta importancia.
Junto al cristianismo, gozaron de gran
prestigio en los primeros siglos de nuestra era la mayoría de los
cultos orientales, que ocasionaron continuos viajes de ciudadanos de otras
partes del Imperio a Egipto y otras provincias orientales buscando el acercamiento
a sus ritos de iniciación.
Egipto poseía una cultura milenaria
y una religión politeísta que aún estaba arraigada
fuertemente en la población. Muchos de sus dioses, por el contacto
con los cultos grecorromanos y orientales, tomaron atributos de deidades
extranjeras adquiriendo una naturaleza híbrida. En los primeros
siglos de la nueva era había creencias y prácticas supersticiosas
que contaban con gran número de adeptos. Entre éstas destacaba
el culto a Dionisos, del cual se tenían por descendientes los faraones
Lágidas; el culto a Orfeo; y el culto a Serapis, que se llegó
a identificar con Osiris. Todos estos cultos se festejaban con ritos mistéricos
que se continuaron celebrando aún cuando el cristianismo fue consolidándose
como religión predominante.
La historia de Egipto se desarrolló
en paralelo a la del Imperio en materia política, económica,
social y religiosa. En el siglo III se produjo una crisis del poder central;
los emperadores se sucedían a un ritmo precipitado, víctimas
de asesinatos cometidos por sus adversarios deseosos de ostentar el poder,
o muertos combatiendo con los bárbaros. El territorio egipcio
permaneció bajo la jurisdicción directa del emperador, gobernado
por el prefecto de Alejandría, hasta que Diocleciano (284-305) reformó
las instituciones e igualó a Egipto con el resto del Imperio. Dividió
el país en pequeñas provincias que a sus vez produjeron otras
subdivisiones y los nomos fueron convertidos en ciudades con territorios
anexos -chora-. Las provincias se pusieron bajo el gobierno de un
dux
que era ayudado por oficiales civiles y militares encargados de administrar
justicia y recaudar los impuestos, además de representar al emperador.
Esta división territorial fue respetada durante la dominación
bizantina y se mantuvo en los primeros siglos después de la conquista
árabe.

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