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EL URBANISMO BARROCO EN ITALIA 2/3
Cristóbal Marín Tovar
ISBN-84-9714-032-X
 

Sixto V tuvo una preocupación especial en establecer el nuevo sistema viario de Roma; sin embargo prestó también suma atención a las condiciones de higiene que necesitaba la ciudad. No sólo aumenta y mejora el suministro de agua potable, sino que creó un nuevo servicio de carros de basura, estableciendo una nueva recogida doméstica periódica y favoreció la construcción de un nuevo alcantarillado y una serie de lavaderos públicos.

El programa de Sixto V tuvo un alto reconocimiento por sus coetáneos, y ha sido evaluado positivamente por la crítica contemporánea. Sin duda pudo hacer un hábil aprovechamiento de una serie de edificios preexistentes y que eran signos punteros de la antigua Roma Imperial.
Fue un plan que no responde únicamente a exigencias estéticas, sino que con él también se quiso remediar la crisis económica de la ciudad. Conviene recordar que fue iniciativa de Sixto V el establecer en el Coliseum Flavium una hilandería.

En todo este vasto proceso urbano, Domenico Fontana demostró ser un ejecutor de gran magnitud en los cometidos técnicos.

En el cuadro urbano de Sixto V, la arquitectura no ocupa un lugar periférico. Las iglesias o los edificios civiles son públicos, pues contribuyen al escenario físico en el que vive la comunidad católica. El monumento encuentra una participación activa en el trazado viario de la nueva Roma. La arquitectura en el medio urbano de la capital de los pontífices será en principio una experiencia conservadora pero heterodoxa y sin embargo, en correspondencia cronológica con la pintura o escultura, será innovadora, dando una serie de lecciones sobre los modos de combinar y transformar el lenguaje clásico.

La esencia de la arquitectura barroca sobre el cuadro urbano de Roma se pone en evidencia ya en los propios arquitectos de los Papas, después del siglo XVI y comienzos del XVII. Encuentra las primeras expresiones de esplendor en Bernini y alcanzará su preeminencia con  Francesco Borromini, Pietro da Cortona, Rainaldi y otros maestros.

Hay distintas tendencias, formando una pluralidad que enriquece ostensiblemente el siglo XVII. Sin embargo, en la arquitectura religiosa se busca un modelo uniforme y objetivo para el edificio sacro que tuvo en el Gesú ese paradigma. Pero a partir del primer tercio del siglo XVII se contraponen una amplísima gama de tipos, especialmente por el uso diverso de la planta central y sus derivados. 

El resultado de tan variadas exigencias en la esfera del urbanismo tuvo una repercusión digna de tener en cuenta, ya que el edificio sacro determina la ordenación de los espacios, convertido en eje y sistema visual de determinadas perspectivas.

La fachada se vincula al espacio circundante y por ello su morfología, independiente del espacio interno, especula en la tridimensionalidad, buscando una mirada múltiple.

El edificio, religioso o civil, concilia la escala gigantesca y domina las perspectivas. La combinación entre plaza o calle con la arquitectura alcanza una perfección máxima.
Como bien analiza L. Benévolo, tomando la opinión de Fontana, el obelisco "debe servir para señalar únicamente un eje longitudinal indefinido". Es evidente que la nueva sensibilidad del periodo sixtino reclamó una coherencia en la ordenación tridimensional de los espacios involucrando en esta búsqueda la nueva arquitectura.

Queda claro que la ordenación urbana de Roma no dejó de adaptarse en su proporción a los monumentos antiguos. Se ha escrito que la Roma de Sixto V estuvo adecuada a la medida de la antigua, y que esta coexistencia motivó el contraste que se establece entre los nuevos ejes monumentales de la ciudad y el tono popular de sus barriadas, llenas de casas modestas. Este criterio también es factor que fija el carácter del urbanismo romano.

Las plazas, en el urbanismo barroco romano, fijan también el carácter de nueva especulación del espacio, y fueron contempladas desde la tipología oval, trapecial o cuadrangular, según se persiga la correlación y clara subordinación entre monumento y perspectiva urbana. De ella deriva una gradación de efectos significativos. 

Sin duda, en los variables espacios de las plazas barrocas de Roma, la cúpula puede apreciarse como un eje sustancial de su conformación. El casquete de la cúpula sirve como principal desarrollo "visual" de la misma. Esto es evidente en ejemplos como la Piazza della Pace, la Plaza de San Pedro, o las más tardías Plaza de España o Plaza de San Ignacio.

Los efectos de movilidad que se establecen en cada una de las plazas remiten al eje perpendicular de la esfera, repercutiendo incluso en los límites de la plaza que inciden en ella.

La plaza comprende en su morfología no sólo el predominio de la axialidad, sino el efecto angular y la visión oblicua. El espacio urbano que congregan quedó subrayado y penetrado de itinerarios visuales secundarios. Los efectos de profundidad mediante complejos escorzos o ingeniosos recursos distributivos, convierten las plazas romanas del siglo XVII en una contribución expresiva al contexto ambiental.

La noción de un espacio perspectivo se convierte en Roma, en este periodo, en un postulado de renovada búsqueda científica. Las artes y las ciencias no se mueven en campos distintos. El cálculo aritmético ofrece numerosos instrumentos de precisión que se aplican al espacio. Como señala Benevolo, el arte "desempeña una función de acercamiento e inserción en el ambiente visual (...) y dominaba un numeroso grupo de técnicas de participación". También advierte que las artes "trasladan su campo de acción de la esfera intelectual a la esfera sentimental y emotiva".
Aunque Venturi afirma que entre las artes visuales sólo la pintura sigue libremente una directriz realista y emotiva, pensamos que el urbanismo romano barroco, aunque fue en parte codificado por la tradición y la historia, modifica y enriquece sus planteamientos, comprometiéndose en los matices propagandísticos emocionales de la Contrarreforma Católica. El urbanismo romano incorpora un factor de comunicabilidad de contenidos morales y sociales. Fue en todo caso una búsqueda libre y audaz.