| ÍNDICE
- EL SIMBOLISMO
- LA SECESIÓN
VIENESA
- KLIMT, UN
ARTISTA DE TRANSICIÓN
BIOGRAFÍA
PRIMEROS TRABAJOS
EL MUNDO FEMENINO
RETRATOS
LA MUJER Y EL
EROTISMO
ENCARGOS, TRABAJOS
ESPECIALES
HALL
DE LA UNIVERSIDAD DE VIENA
FRISO
BEETHOVEN
LOS MOSAICOS
DEL PALACIO STOCKLET
PAISAJES
- BIBLIOGRAFÍA
EL SIMBOLISMO
Entre la década de 1880 y los primeros años del siglo
XX, se desarrolla una amplia corriente artística internacional conocida
como simbolismo. Participaron por igual escritores, músicos, pensadores,
pintores y escultores, todos unidos por el común objetivo de enfrentarse
al materialismo y al positivismo, representado sobre todo por el impresionismo
y el naturalismo, reinantes durante la segunda mitad del siglo XIX. Su
nombre viene dado por el manifiesto “El simbolismo”, publicado en
1886 en el periódico Fígaro litteraire por el poeta
francés Jean Moréas.
El simbolismo aboga por la supremacía de la imaginación
y la subjetividad del artista -el inconsciente contra la razón-,
creando obras de arte que trascendiesen su interpretación unilateral
como representación de una percepción pura de la realidad,
en contra de las teorías materialistas sobre la comprensión
exacta y científica de la naturaleza y la sociedad. Su ideario era
muy escéptico contra el progreso científico-técnico,
eran muy idealistas, incluyendo cierta religiosidad; su originalidad no
estriba en la técnica, sino en el contenido.
Ponían en duda la existencia de una realidad objetiva, o al menos
la posibilidad de poder percibirla por los sentidos y reproducirla de una
manera fiable. Entendían como un “símbolo” que remite indirectamente
a lo figurado lo entendido por los sentidos o lo que es representado como
imagen artística. Un artículo publicado en 1888 explica la
nueva tendencia: “La representación de la naturaleza en la literatura
y en la pintura es una ilusión (...) por el contrario, el objetivo
de la pintura y la literatura es reproducir las sensaciones y emociones
provocadas por las cosas mediante los medios propios de la pintura y la
literatura. Lo que se debe expresar no es la imagen, sino el carácter
de lo representado. ¿Por qué se deberían indagar los
miles de detalles intrascendentes captados por el ojo? Mejor sería
buscar lo esencial para reproducirlo o, mejor aún, para producirlo
(...) El pintor debe captar con el menor número posible de líneas
y colores característicos la esencia del objeto elegido, evitando
así la imitación fotográfica. El arte primitivo y
popular tienen esa forma de simbolismo, igual que el arte japonés
(...) Confundir la línea con el color significa que no se ha entendido
las cualidades de cada uno de esos medios de expresión: la línea
expresa lo permanente y el color lo momentáneo. La línea
es un símbolo casi abstracto que refleja el carácter del
objeto, mientras que la unidad de color condiciona la atmósfera
general y el mundo de los sentimientos”(1) .
Al contrario que el impresionismo, con una escuela más o menos
concreta y localizada, el simbolismo fue un gran movimiento internacional
sin una definición programática unitaria ni un ideario común.
El punto que une a estos artistas es el rechazo hacia las pautas artísticas
y sociales dominantes. La crítica define dos corrientes principales
dentro del simbolismo: una idealista que intenta llegar a la emoción
a través de los contenidos, y otra más formal que terminaría
integrándose en las vanguardias. La sensibilidad y el planteamiento
artístico simbolista son fundamentales para entender con perspectiva
los diferentes estilos que se darían en el siglo XX, el surrealismo
y el art noveau principalmente.
Casi todos los artistas simbolistas fueron grandes lectores e intelectuales
muy en contacto con las inquietudes artísticas y literarias de su
época. Son fundamentales obras como Las flores del mal de
Baudelaire, Los poetas malditos de Verlaine, Salammbó
de Flaubert, Salomé de Oscar Wilde, Al revés de
Huysman, el teatro de Maeterlink, los relatos de Poe y la música
de Chusson y Duparc.
Los principales representantes son Gustave Moreau y Odilon Redon. Moreau,
obsesionado por la belleza femenina y en concreto por la figura de Salomé,
imprime en su obra un erotismo con escenas muy sobrecargadas y dejando
cierta sensación de agobio. Odilon Redon fue uno de los autores
más coherentes con el simbolismo como concepto. Entendía
su arte como un vehículo para revelar la esencia más profunda
de un individuo, se alejó incluso del lenguaje de otros autores
simbolistas para crear una propia forma de expresión; anticipa la
actitud surrealista reconociendo sorpresa de sus propias intuiciones e
inspiraciones: el artista crea sin ser del todo consciente de ello.
Autores representativos son Puvis de Chavannes y Arnold Boecklin; algunos
otros pasaron por etapas simbolistas: Von Marées, Munch, Whistler.
Incluso Rodin es considerado escultor simbolista en su obra tardía.
A Gustav Klimt se le considera simbolista sobre todo en sus cuadros y alegorías
femeninas.
El simbolismo adoptó diferentes interpretaciones pictóricas
en Europa: en Bélgica, Khnopff y Nuncques desarrollan la línea
del culto a lo misterioso; en Italia, Previati, Segantini y da Volpedo
trabajan en base a un minucioso realismo simbólico; en Alemania,
Hodler y Klimt se caracterizan por una técnica que tiende al realismo
pero con una temática muy idealista, con un sentido fuertemente
expresivo; en los Países Escandinavos, Hammershoi y Enckell desarrollan
una acusada expresión de la soledad y una visión austera
del mundo; en España (de una manera más tardía que
se prolongó de la década de los noventa a los treinta) este
movimiento no tiene como base su oposición al naturalismo, sino
más bien una búsqueda de señas de identidad nacional,
promovido por diferentes movimientos políticos y regionalistas;
confluyen varios autores con muy diferentes propuestas estéticas:
Romero de Torres, Zuloaga, Brull, Gual, Rusiñol, etc. En literatura,
el máximo representante en habla hispana del simbolismo es el poeta
Rubén Darío.
LA SECESIÓN VIENESA
“Queremos declarar la guerra a la rutina estéril, al rígido
bizantinismo, a todas las formas del mal gusto (...) Nuestra Secesión
no es un enfrentamiento de los artistas modernos con los viejos, sino una
lucha por la revalorización de los artistas frente a los buhoneros
que se las dan de artistas y que tienen interés comercial en evitar
que el arte pueda florecer”(2) . Esta declaración
del catálogo inaugural del edificio de la Secesión sirve
como divisa a la nueva generación de artistas austríacos
que están hartos de las normas academicistas y del carácter
comercial del arte. El término “secesión” en arte se da comúnmente
a grupos de artistas que en un momento dado se separan de la normativa
académica o social de su entorno y busca nuevas vías de expresión
y de apreciación a su arte. La primera vez que se aplica el término
Secesión es en Munich, en 1892, le seguirá la vienesa de
1897 y las de Berlín, en 1899 y 1910.
El grupo de artistas e intelectuales vienés se siente aislado,
sus producciones no son conocidas fuera del ámbito intelectual austríaco,
a la vez que las tendencias extranjeras tienen poca cabida en los conservadores
cánones estéticos y sociales aplicados a la creación
artística. La revuelta oficial es en 1897, con Klimt como miembro
fundador y presidente electo. Su programa es claro: no quieren sólo
fomentar una lucha estética, sino el derecho a la propia creación
artística por el arte mismo, quieren acabar de una vez con la división
entre “gran arte” y “géneros menores”, afirmando la modernidad artística
y el derecho a poner la escena vienesa en contacto con las vanguardias
europeas.
Los miembros de la Secesión celebran varias exposiciones con
éxito en el extranjero antes de presentar sus proyectos en Viena.
Entre sus miembros están los pintores Moll y Moser y los arquitectos
Hoffmann y Olbrich. Esté último es el responsable del diseño
y la construcción del edificio, una combinación modernista
de elementos geométricos, con un lema inscrito en el frontón
atribuido al critico de arte Hevesi: “A cada época su arte, al arte
su libertad”. La primera exposición oficial en su edificio, en 1898,
es bastante exitosa: 57.000 visitantes y la tercera parte del material
expuesto es vendido, se puede considerar como la apertura oficial de Viena
a la modernidad artística. Klimt expone su Retrato de Sonja Knips
y diseña el cartel para la exposición, un alegórico
Teseo abatiendo al Minotauro, un joven liberador que abate y que hace huir
avergonzado al Minotauro de otras épocas. El cartel, como le empezaba
a pasar a Klimt, sufrió del recorte de la censura, al no poder representar
los genitales del héroe, y no fue bien entendido. Los miembros de
la Secesión editaban una revista, Ver Sacrum, donde se publicaron
muchos dibujos y diseños de Klimt, quien tenía como sobrenombre
“demonio de la Secesión”, gracias a la explicitud anatómica
de sus modelos en sus dibujos.
Los artistas de la Secesión son apadrinados económicamente
por familias acomodadas judías de la burguesía vienesa que
además les encargan trabajos particulares. A pesar de su rechazo
inicial a cualquier ayuda e intervención estatal, recibirían
subvenciones oficiales. Realizaron muchas exposiciones donde participaban
artistas extranjeros modernos, consiguiendo en gran medida su idea aperturista
e innovadora. Klimt abandonó junto a otros formalmente sus filas
en 1905, a raíz del fracaso de la exposición sobre Beethoven
y de disidencias internas. Seguiría con su idea de fomentar el arte
por el arte y así lo demostró en exposiciones posteriores,
en la Kunstschau (nueva asociación con los mismos postulados que
la Secesión) y en sus aportaciones a la galería Miethke.

|