TRABAJOS ESPECIALES, ENCARGOS
HALL DE LA UNIVERSIDAD DE VIENA
En 1893, Klimt y su socio Matsch fueron
comisionados por la Universidad de Viena para decorar el hall del nuevo
edificio. Este encargo tenía una particularidad respecto al tipo
de trabajos que solían realizar: su libertad creativa sería
total. Según avanzaba el estudio en el diseño de la idea
que Klimt iba desarrollando, entró en conflicto con su socio hasta
el punto que rompieron la sociedad y nunca más volverían
a trabajar juntos.
Su trabajo supone la definitiva consolidación
de la alegoría moderna, desarrolla una reflexión critica
sobre la condición humana. Su lenguaje decorativo tiene similitudes
con el historicismo desarrollado en anteriores trabajos, pero su concepción
es totalmente nueva.
En 1899 está lista la primera de
las entregas: Filosofía, que ya había sido expuesta
en la Exposición Universal de París, recibiendo criticas
muy favorables y siendo galardonada con la medalla de oro. Pero en Viena
estalló el escándalo: ochenta y siete catedráticos
de la Universidad se lo toman casi como una afrenta; protestan y piden
al ministro de educación que cancele la comisión.
El encargo aspiraba a la realización
de un cuadro que expresara el triunfo de la luz del intelecto humano sobre
las tinieblas, según la costumbre academicista de sublimar e idealizar
la realidad. Klimt da la vuelta a la moneda y presenta la “victoria de
las tinieblas sobre todo lo demás” bajo su visión del mundo.
Había leído a Schopenhauer y Nietzsche e intentó traducir
la incógnita de la existencia humana y el desconcierto del hombre
moderno. Para ello divide su obra en tres partes: a la izquierda un grupo
de personas se mueven como en trance, sin control propio, simbolizando
la evolución de la vida -nacer, madurar, perecer-; a la derecha
la esfera del mundo como acertijo del universo; abajo una figura iluminadora
representa el saber.
Su interpretación no es en absoluto
aceptada ni entendida, se le acusa de un ataque contra la ortodoxia, de
presentar “ideas poco claras bajo formas poco claras. En vez de entender
las virtudes de la filosofía, presenta un ambiguo puzzle que sugiere
los misterios de la existencia y que entiende que el único sentido
de la vida es un continuo ciclo de nacimiento, copulación y muerte”(7)
. Además del rechazo académico y periodístico, la
Iglesia católica critica los explícitos desnudos, sin entrar
en otras consideraciones. El debate queda abierto, enfrenta incluso a los
que defienden diferentes corrientes filosóficas y estilísticas:
los que creen que la interpretación del mundo consiste solamente
en hechos demostrables (racionalistas) con los defensoras del arte por
el arte y de la contemplación y creación de la belleza (esteticistas).
La comisión permanece intacta gracias al apoyo del ministro de educación.
Su segunda entrega en 1900 es Medicina.
Hygieia, diosa de la salud, ofrece a la serpiente la copa de Leteo (8),
simbolizando la indefinición de territorio entre vida y muerte,
dando la espalda a la humanidad. Por detrás, la corriente de la
vida arrastra a una amalgama de cuerpos, casi todos femeninos, sanos y
enfermos, dándose todas las fases vitales de la vida, desde el nacimiento
hasta la muerte, sometidas a placer o a dolor. Por encima de todas, la
muerte extiende su manto.
Aquí Klimt desarrolla una de sus
obsesiones, teorías que así mismo han tratado Freud y Schopenhauer:
la vida y su expresión erótica se concentran entre Eros y
Tanatos, “el mundo como voluntad, como fuerza ciega en un interminable
circulo de gestaciones: amor y muerte”. En vez de simbolizar el triunfo
de la medicina sobre las enfermedades y la muerte, una vez más Klimt
reorienta su visión como un fracaso del hombre: resalta la impotencia
de la medicina ante los poderes del destino, con una visión denigrante.
El símbolo de la curación (Hygieia) permanece indiferente
y en postura de mujer fatal ante el destino de los hombres, es una hechicera
más que el símbolo ilustrado de la ciencia médica.
Algunos críticos también han interpretado su obra como la
teoría de Nietzsche del “eterno retorno”, según la cual,
la muerte es el eje de la vida.
El escándalo es una vez más
enorme, el público no entiende nada ante un cuadro de mujeres desnudas,
mezcladas con esqueletos y con expresiones de intenso dolor en casi todas
las figuras. Esta vez se le acusa de exagerada perversión y pornografía
explícita, se interpreta que ignora la función preventiva
y curativa de los médicos en favor de una ambigua y amarga especulación
existencial.
La tercera entrega en 1901, Jurisprudencia,
provoca incluso una encuesta en el Congreso austríaco. El cuadro
presenta a un condenado, un anciano desnudo degradado físicamente
y en posición de culpabilidad, en poder de tres furias, la Verdad,
la Justicia y la Ley, representadas como tres Euménides rodeadas
de serpientes, mujeres desnudas y con expresión placentera. Los
últimos estudios y conocimientos adquiridos por Klimt en torno al
inconsciente humano son tratados en este cuadro; expone la sexualidad freudiana
como fuerza liberadora, en vez de un ensalzamiento de la ciencia (lo que
se esperaba de sus tres obras).
Nuevo escándalo: pornografía,
excesiva fealdad explícita, simbolismo equivocado, mensaje equivocado.
Solo el catedrático Wickhoff de Historia del Arte le defiende en
una de sus conferencias (“¿Qué es fealdad?”).
Klimt está harto: “basta de censura...quiero
liberarme...rechazo toda ayuda estatal, renuncio a todo”. Propone devolver
los honorarios recibidos a cambio de quedarse con sus composiciones: “la
razón principal de mi determinación para recuperar mis pinturas
de cielo raso no se debe a una desavenencia, que haya podido despertar
en mí los diferentes ataques...Todo esto no me ha afectado mucho
en su momento, ni ha disminuido mi complacencia en el encargo. En general,
soy bastante insensible a los ataques. Sí soy sensible cuando tengo
la sensación de que un cliente no se ha quedado satisfecho con mi
trabajo. Y ese es exactamente el caso con mis pinturas de cielo raso”,
declara a un periodista vienés. Finalmente los cuadros se retiran
y son vendidos a particulares. Se guardaron en el palacio Immendorf, en
el sur de Austria contra los peligros de la Segunda Guerra Mundial. Allí
se quemaron junto con todos los bocetos y otras obras el 5 de Mayo de 1945,
cuando las tropas de las SS incendiaron el palacio en su retirada.
Se conservan fotografías en blanco
y negro y una reproducción a color de Hygieia, además del
comentario técnico del crítico y artista Ludwig Hevesi: “diríjase
la mirada a las paredes laterales: Filosofía y Medicina.
Una sinfonía mística en verde y una embriagadora obertura
en rojo, ambos juegos de color puramente decorativos. En Jurisprudencia
predominan el negro y el oro, o sea, no hay realmente colores; las líneas,
en cambio, adquieren una importancia, las formas una característica
que podríamos denominar monumental”.
Como respuesta a las críticas,
pinta un cuadro originalmente llamado A mis críticos y quedando
como titulo definitivo Peces dorados. En él, entre unas féminas
desnudas con clara actitud sexual, aparece en primer plano una náyade
risueña que sin ninguna ambigüedad muestra su trasero al espectador.
La cólera es general. Klimt nunca más recibirá un
encargo público.
FRISO BEETHOVEN
La idea de Klimt para la XIV exposición
de la Secesión es hacer un acontecimiento y una experiencia especial:
la obra de arte conjunta, participando pintura, arquitectura y música
en un mismo lenguaje unitario e integrado. Se celebra en 1902 en honor
a la escultura de Klinger (9) de
Beethoven, que es su punto central. En estos años se rendía
literalmente culto a este compositor; Klimt y sus amigos ven en Beethoven
la encarnación de un genio, cuya obra glorifica el amor y el autosacrificio.
Hoffmann (10) organiza el interior de la
exposición, el edificio de la Secesión, dejando el espacio
lo más neutro posible; Mahler, director de la Opera de Viena, será
el encargado de dirigir el concierto de inauguración (una versión
abreviada de la Novena Sinfonía); Klimt será el encargado
de la decoración, pintando directamente en la pared con materiales
ligeros (pinturas a la caseína, estuco, dorados). Se suponía
que la exposición iba a ser temporal, todo se había ideado
sólo para la duración de la exposición.
Klimt concibe todo su trabajo como un
símbolo, una traducción y una exaltación alegórica
de la última sinfonía de Beethoven, de la música,
y por extensión del arte. Divide su creación en tres partes:
EL ANSIA DE LA FELICIDAD
Ocupa la primera pared longitudinal, enfrente
de la entrada. Los débiles, la sufriente humanidad representada
por los desnudos de la izquierda, apelan y dirigen sus ruegos a la fortaleza,
armada de compasión y ambición, representada por el caballero.
Dos deidades femeninas le animan a luchar por la corona de la victoria,
la lucha por la felicidad.
FUERZAS DEL MAL
Pared central, más corta. Las fuerzas
enemigas son representadas por una serie de desnudos femeninos, las tres
Gorgonas que simbolizan la lujuria e impudicia, la intemperancia y el dolor;
hay además otras figuras simbolizando la enfermedad, la locura y
la muerte; rodean a un monstruo simiesco con cola de serpiente y alas,
el gigante Tifón, enemigo de los dioses. Mujeres niñas, de
perversa sexualidad (11) se muestran
atemorizantes, una figura simboliza el dolor profundo; aquí no hay
lugar para el hombre.
Por encima de estas fuerzas adversas vuelan
los deseos y las ansias de los hombres (el anhelo de felicidad), unas figuras
femeninas muy estilizadas recorren esta pared sobre una cenefa ondulada
y continua.
EL HIMNO A LA ALEGRÍA
Ocupa la última pared longitudinal
derecha. El ansia de la felicidad es saciada por la poesía, las
artes, la inspiración, que nos conducen al mundo ideal donde sólo
podemos hallar sentimientos puros: amor, alegría, felicidad. En
medio de un coro, una pareja consuma la felicidad, a la que sólo
puede conducirnos el arte, a través de un beso (12).
Esta alegoría para él y
su grupo de secesionistas representa la utopía suprema: la salvación
del hombre por medio del poder único del arte y del amor. En estos
tiempos, Klimt se plantea el significado de la vida y plasma aquí
todas sus inquietudes.
La exposición, como le está
sucediendo en sus últimas obras públicas, tiene una aceptación
muy baja y supone un auténtico desastre económico. Las figuras
representadas en las fuerzas del mal les parecen repugnantes al público;
Klimt no ha ahorrado detalles al representarlas: vello púbico, falos,
hilos de semen; el público parece quedarse sólo con este
aspecto externo y no en el abrazo final del hombre y la belleza de las
mujeres que simbolizan deseos, lo que provoca una tormenta de indignaciones
y ahuyenta a los visitantes. El desastre es tal que en el seno de la Secesión
provoca un conflicto entre sus componentes, el cual acabará con
el abandono de Klimt.
Desde el punto de vista formal, el friso
es la culminación del concepto alegórico que Klimt ha empezado
a plasmar en sus cuadros de la Universidad. Da un gran paso en su avance
hacia la modernidad, alcanzando una mayor independencia en las formas,
las líneas y el ornamento; las formas ya no están necesariamente
al servicio del contenido
Auguste Rodin visita la exposición
y felicita a Klimt por su friso “tan trágico y tan divino”. Ambos
se profesan mutua admiración.

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