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SIMBOLISMO. GUSTAV KLIMT 5/6
Pablo de las Heras Utrilla
ISBN-84-9714-048-6
 

TRABAJOS ESPECIALES, ENCARGOS
HALL DE LA UNIVERSIDAD DE VIENA

En 1893, Klimt y su socio Matsch fueron comisionados por la Universidad de Viena para decorar el hall del nuevo edificio. Este encargo tenía una particularidad respecto al tipo de trabajos que solían realizar: su libertad creativa sería total. Según avanzaba el estudio en el diseño de la idea que Klimt iba desarrollando, entró en conflicto con su socio hasta el punto que rompieron la sociedad y nunca más volverían a trabajar juntos.

Su trabajo supone la definitiva consolidación de la alegoría moderna, desarrolla una reflexión critica sobre la condición humana. Su lenguaje decorativo tiene similitudes con el historicismo desarrollado en anteriores trabajos, pero su concepción es totalmente nueva.

En 1899 está lista la primera de las entregas: Filosofía, que ya había sido expuesta en la Exposición Universal de París, recibiendo criticas muy favorables y siendo galardonada con la medalla de oro. Pero en Viena estalló el escándalo: ochenta y siete catedráticos de la Universidad se lo toman casi como una afrenta; protestan y piden al ministro de educación que cancele la comisión.

El encargo aspiraba a la realización de un cuadro que expresara el triunfo de la luz del intelecto humano sobre las tinieblas, según la costumbre academicista de sublimar e idealizar la realidad. Klimt da la vuelta a la moneda y presenta la “victoria de las tinieblas sobre todo lo demás” bajo su visión del mundo. Había leído a Schopenhauer y Nietzsche e intentó traducir la incógnita de la existencia humana y el desconcierto del hombre moderno. Para ello divide su obra en tres partes: a la izquierda un grupo de personas se mueven como en trance, sin control propio, simbolizando la evolución de la vida -nacer, madurar, perecer-; a la derecha la esfera del mundo como acertijo del universo; abajo una figura iluminadora representa el saber.

Su interpretación no es en absoluto aceptada ni entendida, se le acusa de un ataque contra la ortodoxia, de presentar “ideas poco claras bajo formas poco claras. En vez de entender las virtudes de la filosofía, presenta un ambiguo puzzle que sugiere los misterios de la existencia y que entiende que el único sentido de la vida es un continuo ciclo de nacimiento, copulación y muerte”(7) . Además del rechazo académico y periodístico, la Iglesia católica critica los explícitos desnudos, sin entrar en otras consideraciones. El debate queda abierto, enfrenta incluso a los que defienden diferentes corrientes filosóficas y estilísticas: los que creen que la interpretación del mundo consiste solamente en hechos demostrables (racionalistas) con los defensoras del arte por el arte y de la contemplación y creación de la belleza (esteticistas). La comisión permanece intacta gracias al apoyo del ministro de educación.

Su segunda entrega en 1900 es Medicina. Hygieia, diosa de la salud, ofrece a la serpiente la copa de Leteo (8), simbolizando la indefinición de territorio entre vida y muerte, dando la espalda a la humanidad. Por detrás, la corriente de la vida arrastra a una amalgama de cuerpos, casi todos femeninos, sanos y enfermos, dándose todas las fases vitales de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, sometidas a placer o a dolor. Por encima de todas, la muerte extiende su manto.

Aquí Klimt desarrolla una de sus obsesiones, teorías que así mismo han tratado Freud y Schopenhauer: la vida y su expresión erótica se concentran entre Eros y Tanatos, “el mundo como voluntad, como fuerza ciega en un interminable circulo de gestaciones: amor y muerte”. En vez de simbolizar el triunfo de la medicina sobre las enfermedades y la muerte, una vez más Klimt reorienta su visión como un fracaso del hombre: resalta la impotencia de la medicina ante los poderes del destino, con una visión denigrante. El símbolo de la curación (Hygieia) permanece indiferente y en postura de mujer fatal ante el destino de los hombres, es una hechicera más que el símbolo ilustrado de la ciencia médica. Algunos críticos también han interpretado su obra como la teoría de Nietzsche del “eterno retorno”, según la cual, la muerte es el eje de la vida.

El escándalo es una vez más enorme, el público no entiende nada ante un cuadro de mujeres desnudas, mezcladas con esqueletos y con expresiones de intenso dolor en casi todas las figuras. Esta vez se le acusa de exagerada perversión y pornografía explícita, se interpreta que ignora la función preventiva y curativa de los médicos en favor de una ambigua y amarga especulación existencial.

La tercera entrega en 1901, Jurisprudencia, provoca incluso una encuesta en el Congreso austríaco. El cuadro presenta a un condenado, un anciano desnudo degradado físicamente y en posición de culpabilidad, en poder de tres furias, la Verdad, la Justicia y la Ley, representadas como tres Euménides rodeadas de serpientes, mujeres desnudas y con expresión placentera. Los últimos estudios y conocimientos adquiridos por Klimt en torno al inconsciente humano son tratados en este cuadro; expone la sexualidad freudiana como fuerza liberadora, en vez de un ensalzamiento de la ciencia (lo que se esperaba de sus tres obras).

Nuevo escándalo: pornografía, excesiva fealdad explícita, simbolismo equivocado, mensaje equivocado. Solo el catedrático Wickhoff de Historia del Arte le defiende en una de sus conferencias (“¿Qué es fealdad?”).

Klimt está harto: “basta de censura...quiero liberarme...rechazo toda ayuda estatal, renuncio a todo”. Propone devolver los honorarios recibidos a cambio de quedarse con sus composiciones: “la razón principal de mi determinación para recuperar mis pinturas de cielo raso no se debe a una desavenencia, que haya podido despertar en mí los diferentes ataques...Todo esto no me ha afectado mucho en su momento, ni ha disminuido mi complacencia en el encargo. En general, soy bastante insensible a los ataques. Sí soy sensible cuando tengo la sensación de que un cliente no se ha quedado satisfecho con mi trabajo. Y ese es exactamente el caso con mis pinturas de cielo raso”, declara a un periodista vienés. Finalmente los cuadros se retiran y son vendidos a particulares. Se guardaron en el palacio Immendorf, en el sur de Austria contra los peligros de la Segunda Guerra Mundial. Allí se quemaron junto con todos los bocetos y otras obras el 5 de Mayo de 1945, cuando las tropas de las SS incendiaron el palacio en su retirada.

Se conservan fotografías en blanco y negro y una reproducción a color de Hygieia, además del comentario técnico del crítico y artista Ludwig Hevesi: “diríjase la mirada a las paredes laterales: Filosofía y Medicina. Una sinfonía mística en verde y una embriagadora obertura en rojo, ambos juegos de color puramente decorativos. En Jurisprudencia predominan el negro y el oro, o sea, no hay realmente colores; las líneas, en cambio, adquieren una importancia, las formas una característica que podríamos denominar monumental”.

Como respuesta a las críticas, pinta un cuadro originalmente llamado A mis críticos y quedando como titulo definitivo Peces dorados. En él, entre unas féminas desnudas con clara actitud sexual, aparece en primer plano una náyade risueña que sin ninguna ambigüedad muestra su trasero al espectador. La cólera es general. Klimt nunca más recibirá un encargo público.

FRISO BEETHOVEN

La idea de Klimt para la XIV exposición de la Secesión es hacer un acontecimiento y una experiencia especial: la obra de arte conjunta, participando pintura, arquitectura y música en un mismo lenguaje unitario e integrado. Se celebra en 1902 en honor a la escultura de Klinger (9)  de Beethoven, que es su punto central. En estos años se rendía literalmente culto a este compositor; Klimt y sus amigos ven en Beethoven la encarnación de un genio, cuya obra glorifica el amor y el autosacrificio. Hoffmann (10) organiza el interior de la exposición, el edificio de la Secesión, dejando el espacio lo más neutro posible; Mahler, director de la Opera de Viena, será el encargado de dirigir el concierto de inauguración (una versión abreviada de la Novena Sinfonía); Klimt será el encargado de la decoración, pintando directamente en la pared con materiales ligeros (pinturas a la caseína, estuco, dorados). Se suponía que la exposición iba a ser temporal, todo se había ideado sólo para la duración de la exposición.

Klimt concibe todo su trabajo como un símbolo, una traducción y una exaltación alegórica de la última sinfonía de Beethoven, de la música, y por extensión del arte. Divide su creación en tres partes:

EL ANSIA DE LA FELICIDAD

Ocupa la primera pared longitudinal, enfrente de la entrada. Los débiles, la sufriente humanidad representada por los desnudos de la izquierda, apelan y dirigen sus ruegos a la fortaleza, armada de compasión y ambición, representada por el caballero. Dos deidades femeninas le animan a luchar por la corona de la victoria, la lucha por la felicidad.

FUERZAS DEL MAL

Pared central, más corta. Las fuerzas enemigas son representadas por una serie de desnudos femeninos, las tres Gorgonas que simbolizan la lujuria e impudicia, la intemperancia y el dolor; hay además otras figuras simbolizando la enfermedad, la locura y la muerte; rodean a un monstruo simiesco con cola de serpiente y alas, el gigante Tifón, enemigo de los dioses. Mujeres niñas, de perversa sexualidad (11)  se muestran atemorizantes, una figura simboliza el dolor profundo; aquí no hay lugar para el hombre.

Por encima de estas fuerzas adversas vuelan los deseos y las ansias de los hombres (el anhelo de felicidad), unas figuras femeninas muy estilizadas recorren esta pared sobre una cenefa ondulada y continua.

EL HIMNO A LA ALEGRÍA

Ocupa la última pared longitudinal derecha. El ansia de la felicidad es saciada por la poesía, las artes, la inspiración, que nos conducen al mundo ideal donde sólo podemos hallar sentimientos puros: amor, alegría, felicidad. En medio de un coro, una pareja consuma la felicidad, a la que sólo puede conducirnos el arte, a través de un beso (12).

Esta alegoría para él y su grupo de secesionistas representa la utopía suprema: la salvación del hombre por medio del poder único del arte y del amor. En estos tiempos, Klimt se plantea el significado de la vida y plasma aquí todas sus inquietudes.

La exposición, como le está sucediendo en sus últimas obras públicas, tiene una aceptación muy baja y supone un auténtico desastre económico. Las figuras representadas en las fuerzas del mal les parecen repugnantes al público; Klimt no ha ahorrado detalles al representarlas: vello púbico, falos, hilos de semen; el público parece quedarse sólo con este aspecto externo y no en el abrazo final del hombre y la belleza de las mujeres que simbolizan deseos, lo que provoca una tormenta de indignaciones y ahuyenta a los visitantes. El desastre es tal que en el seno de la Secesión provoca un conflicto entre sus componentes, el cual acabará con el abandono de Klimt.

Desde el punto de vista formal, el friso es la culminación del concepto alegórico que Klimt ha empezado a plasmar en sus cuadros de la Universidad. Da un gran paso en su avance hacia la modernidad, alcanzando una mayor independencia en las formas, las líneas y el ornamento; las formas ya no están necesariamente al servicio del contenido

Auguste Rodin visita la exposición y felicita a Klimt por su friso “tan trágico y tan divino”. Ambos se profesan mutua admiración.