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LOS ORÍGENES DEL ARTE DEL SIGLOXX 4/4
Inmaculada Corcho Gómez
ISBN-84-9714-025-7
 

El mismo mensaje existencialista que Gauguin imprime en sus obras, aparece en las creaciones de Van Gogh. La vida de este artista es un continuo viaje. Más allá de las geografías que recorre, es un constante trasiego por los mundos a los que su atormentada mente le desplaza. En 1886 marcha a París para iniciar el más importante de sus períodos creativos. Allí se encuentra bien, animado, tiene muchos amigos y lleva una vida tranquila viviendo en Montmatre con su hermano Theo. Es un período muy fructífero en el que aclara su paleta, alejándose de la pintura sombría y pesada de épocas pasadas. Visita el Louvre para conocer la obra de los grandes maestros, a los que copia en numerosas ocasiones. Entra en contacto con los impresionistas y hace amistad con Émile Bernard, Toulose-Lautrec y Gauguin (tiene la iniciativa de formar el grupo Petit Boulevart  que tendrá una vida muy corta). Pinta incansablemente, buscando de manera incesante la luz, una luz de París que le entusiasma y realiza, así, numerosos paisajes urbanos donde predominan los tonos grises del cielo, en unas obras que recuerdan en parte a los impresionistas y escenas más mundanas como las vistas del Cabaret Montmatre y del Moulin de la Gallet.

Descubre también su fascinación por los grabados japoneses, de los que toma temas y algunos elementos iconográficos, la disposición de fondos sucesivos, la línea decorativa y  el perfil de los contornos con gruesas líneas de dibujo, como reflejará en La mujer en la escalera o en  El ciruelo florido.

Influido, en gran medida, por ese orientalismo, comienza a pintar series de flores: girasoles, lirios, obras en las que la fuerza expresiva ha crecido, las pinceladas son gruesas, rotundas, intensas, llamativas de color y de dibujo decorativo. El gusto por la pincelada fuerte, de punto denso, lo practica también en los retratos que realiza siguiendo su particular técnica divisionista, muy dinámica e impulsiva que crea corrientes y flujos en el cuadro. Es una aplicación libre y desenfadada de los materiales que no refleja la realidad, sino el carácter simbólico de la composición a través de ese uso antinatural de los colores, como si de iconos bizantinos se tratara.

A partir de 1888 y su traslado a Arlés comienza una nueva etapa en su carrera. Allí se instala en la famosa Casa Amarilla, donde decide montar un taller colectivo de pintura. Van Gogh se encuentra totalmente inmerso en el uso simbólico de los colores, de los que le atraen especialmente los más puros. En cuanto a temas a representar, se mete de lleno con los retratos que le interesan para investigar la variabilidad que se produce al utilizar un color u otro, el valor expresivo que los tonos aportan, porque para él los colores están cargados de sentimientos, trágicos, poéticos, estimulantes, incluso, da al fondo de los retratos el mismo tratamiento que al personaje en el sentido de que aplica los colores que mejor piensa que enfatizan la expresión de la figura. En el 

Autorretrato con oreja cortada (1888) pinta el fondo con dos tonos muy fuertes, rojo y  naranja azulado, un fondo que condiciona la imagen de su cara, no a través de la armonía sino de un juego cromático expresivo y brutal.

El mismo estilo de los retratos lo extiende a obras con otras temáticas, Habitación de Van Gogh (1888) dominada por el color, donde el dibujo se supedita siempre a la expresión y todo está mediatizado por la visión subjetiva de la realidad, una visión dislocada con una espacialidad ilusoria,  que el espectador recorre guiado por la trayectoria de la pincelada, la estructura de los contrastes y los acentos de color.

En mayo de 1889,  la salud mental de Van Gogh entra en un proceso de deterioro irreversible y marcha a Sant Remy para ingresar en un asilo psiquiátrico, pero se le aconseja que siga pintando. A estos momentos de enajenación y profunda crisis nerviosa se debe La noche estrellada (1889). Se trata de una obra crispada, nerviosa, reflejo de su inestabilidad emocional, en la que las corrientes sinuosas de pinceladas se han convertido en torbellinos vertiginosos, dentro de un ambiente general fantástico y misterioso, de sombra y oscuridad, en un espacio profundo y vacío. 

Estas tres personalidades tan fuertes e impactantes que acabamos de revisar, y sus obras, especialmente las de sus últimos años, con un lenguaje tan marcado y establecido no pasaron inadvertidas ante los ojos de los artistas más jóvenes. Las teorías de Cézanne acerca de la forma, el volumen y la composición tendrían influencia directa en el cubismo. Su experiencia pictórica ofrecerá a los artistas cubistas los ejemplos en los que basarse para la descomposición de la imagen en múltiples planos geométricos. Pocos meses después de la muerte de Cézanne, en 1906, Braque pintaba, precisamente en l´Estaque, los primeros cuadros que le iniciarían en el lenguaje cubista.

Cuando Gauguin muere en 1903 y pese a no ser aceptado por la crítica y el público, su obra y sus teorías sobre el arte han encontrado cobijo en buen número de creadores. Gauguin transmitió sus ideas a los artistas instalados en Pont-Aven, a quienes aconseja que pinten las cosas como las sienten, no como las ven, y que opten por un  primitivismo medievalizante. A través de sus cartas y escritos (Noa Noa y Avant et aprés), Gauguin nos informa del ansia que padeció toda su vida por expresar mediante las formas de su época historias universales, arcaicas y actuales al mismo tiempo. El grupo de los Nabis, liderado por Paul Serusier, será el primer ejemplo de la acogida de sus ideas. Gauguin había conocido a Serusier en Pont-Avent y le incita a pintar haciendo un uso simbólico del color y del diseño. Sus teorías quedan explicadas en la obra El bosque del Amor, que Serusier dibuja en una cajetilla de tabaco siguiendo las indicaciones de Gauguin, y más tarde sería conocida por sus seguidores como EL Talismán, una lección-símbolo para otros artistas. La plástica de Gauguin  es precursora de experiencias posteriores como el fauvismo y por lo tanto del arte expresionista y el arte abstracto.

Del mismo modo, la impulsiva personalidad de Van Gogh hace que a pesar de su enfermedad pase el último período de su vida en Auvers-sur-Oise pintando obras que desprenden una gran fuerza y un gran ansia por transmitir sus sensaciones (Iglesia de Auvers-sur-Oise, 1890), con una fuerte carga de fantasía y libertad que los artistas de expresionismo recogerán y desarrollarán. 
A partir de este momento el lenguaje plástico inicia un camino de no retorno, se han abierto las vías expresivas y colocados los pilares para que las grandes personalidades artísticas del siglo XX, primero los protagonistas de las llamadas vanguardias históricas, y más tarde los creadores de los múltiples movimientos surgidos a lo largo de ese siglo, lleven a cabo sus personales experiencias artísticas basadas, bien en los elementos formales, bien en los soportes conceptuales que las tres grandes figuras que aquí se han revisado asentaron en su momento.


BIBLIOGRAFÍA