EL
PUENTE. DIE BRÜCKE
Die Brücke constituyó el
primer grupo expresionista surgido en la ciudad Alemania de Dresde en 1905.
Sus creadores fueron cuatro jóvenes
entusiastas y vigorosos estudiantes de arquitectura, Ernst Ludwig Kirchner,
Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff y Fritz Bleyl, que pronto abandonaron
su formación inicial para dedicarse por entero a la pintura, concebida
por todos ellos como el único y auténtico medio de expresión
de sus ideales, sentimientos y emociones.
El ardor propio de la juventud, así
como el grado de inconformismo, compromiso e ilusión sin límites
que mostraron desde el principio fueron el ideario que les consolidó
como Grupo, cuyo grado de rebeldía se puso de manifiesto en la propia
denominación elegida.
A instancias de Schmidt-Rottluff se autodenominaron
El Puente-Die Brücke, vocablo tomado de un pasaje de la obra Nietzsche,
quien se convertiría en una de las principales referencias filosóficas
del Grupo, Así habló Zaratustra: “La grandeza del hombre
está en ser un puente y no una meta: lo que el hombre se puede amar
es que es un tránsito y un ocaso”.
Schmidt-Rottluff entendió que la
palabra puente se prestaba a la perfección a los ideales del grupo,
fundamentados sobre la convicción de que su arte serviría
para romper con las convenciones establecidas y dictadas por la sociedad,
de modo que, como auténticos pontífices, en el sentido metafórico
de hacedores de puentes de la realidad que ansiaban, sirviesen de engarce
entre el nuevo arte y la sociedad, mostrando un grado de compromiso y un
activismo que en la práctica no fue extremadamente radical.
En
1906 Ernst Ludwig Kirchner elaboró el programa que dio coexistencia
al grupo, en el que se dejó claro como nuevo acto de rebeldía
e idealismo puro, que los destinatarios de sus creaciones debía
ser la juventud, los únicos receptores dispuestos y convencidos
a admitir y asimilar los cambios y rupturas que proponían contra
lo establecido, no sin razón, puesto que la energía, vigor
y frescura son los estímulos que dirigen las actuaciones durante
esa etapa de la vida; Con fe en el desarrollo y en una nueva generación
de creadores y espectadores, hacemos un llamamiento a la juventud. Como
jóvenes que llevamos el futuro en nosotros, queremos inventar para
nosotros la libertad de vida y de movimiento, frente a las viejas fuerzas
establecidas. Consideramos como uno de los nuestros a todo aquel que comunique
con franqueza y autenticidad lo que le impulsa a la creación.
Ese mismo año se incorporaron al
grupo Emil Nolde y Max Pechsteín.
El grado de compromiso que quisieron transmitir
a los jóvenes beneficiarios de sus rebeldes propuestas, los auténticos
capacitados para disfrutar sus modos de expresar, les llevó a inventar
la figura del miembro honorario del grupo. A cambio de una asignación
de doce marcos anuales establecida a manera de cuota, recibirían
cada año un carnet de socio, un almanaque realizado por los propios
miembros de Die Brücke y una programación de las actividades
del Grupo. Del mismo modo dicha práctica les permitiría financiar
las tareas desarrolladas a lo largo del año. El resultado de tan
novedosa experiencia no fue sin embargo del todo exitosa. En 1907 contaban
con veintinueve socios y en 1910 llegaron a reclutar un total de
sesenta y ocho miembros.
Los ideales sobre los que cimentaron su
actividad durante los ocho años que El Puente permaneció
unido, se separaron en 1913, fue por una parte el entendimiento de la creación
artística como una actitud empeñada en la búsqueda
y consecución de las verdades internas del ser humano, a partir
de la manifestación de los sentimientos más profundos, y
por tanto el rechazo del academicismo como vía de formación
y expresión artística, y por otra la censura y crítica
manifiesta contra la sociedad en general y, en concreto, frente a los estamentos
más acomodados y conservadores.
Partiendo de estos principios, entendidos
como auténticos estímulos, se empeñaron ardientemente
en la lucha por la creación de un mundo nuevo fundamentado en valores
éticos, que sólo podría alcanzarse a partir de una
actuación colectiva.
Convencidos de estos postulados, carentes
de teorías pero ofreciendo grandes dosis de inquietud e impaciencia,
Die Brücke inició su actividad conjunta en una vieja zapatería
que Heckel convirtió en estudio. El Grupo se organizó como
una auténtica comunidad de artistas, cuyas fuerzas se aunaron para
tratar de alcanzar sus anhelos e ilusiones. Colaboraron colectivamente,
aportando cada uno de los miembros de forma desinteresad sus conocimientos
e inquietudes individuales en favor del grupo, anulando de ese modo cualquier
interés de tipo personal.
Entendieron las creaciones como ejercicios
colectivos. Esta nueva concepción, que justifica que el expresionismo
no fue sólo un movimiento artístico sino una actitud ante
la vida, llevó a Die Brücke a desarrollar un innovador método
de trabajo basado en la realización de obras coordinadas, con las
que lograron un grado total de entendimiento tanto en la definición
formal en realación al experimentalismo desarrollado entorno a la
aplicación de colores e investigaciones lumínicas.
Por ello la convivencia se convirtió
para ellos en algo esencial, pues sólo a través de una vida
en común podrían alcanzar el entendimiento y armonía
total y absoluto que perseguían.
El carácter autodidacta de los
componentes de Die Brücke, el único integrante del grupo que
se había formado como pintor fue Kirchner, quien entre 1903-1904
estudió pintura y dibujo con Wilhelm von Debschitz y Hermann Obrist,
les permitió asumir, e incluso poder elegir. las influencias y referencias
generales en el campo de la creación que mejor se ajustaron a sus
ideales y pretensiones.
Tanto los pensamientos de Nietzsche como
la teoría filosófica de la empatía presente en los
círculos intelectuales de la Alemania del momento, basada
en la idea de que el hombre no podía expresar nada a partir
del lenguaje, sino a partir de la proyección de la subjetividad,
deformando el objeto, se convirtieron en referencias fundamentales para
el grupo.
En el terreno de la expresión artística
se vieron notablemente influidos por Munch, considerado con su obra El
grito como el auténtico precursor del Expresionismo, por la angustia
y el sufrimiento que fue capaz de transmitir en sus creaciones.
Como no podía ser de otro modo
El Puente encontró importantes soportes referenciales en la obra
de Van Gogh y Gauguin, especialmente en las teorías desarrolladas
por ambos en relación a los contrastes violentos y simultáneos
de los colores, hasta el punto de convertirse en los artistas mejor valorados
por los expresionistas.
Otro de los principales referentes para
Die Brücke, como también lo sería para el resto de los
movimientos de vanguardia, Fauvismo y Cubismo, fue la escultura de
los pueblos primitivos en su totalidad, tanto la africana como la oceánica
e incluso la desarrollada por etruscos o egipcios, así como las
artes populares en general. En estas representaciones descubrieron algunas
de sus máximas aspiraciones en el terreno de la expresión,
manifestaciones que entendían y valoraban como resultado de la creatividad
humana en estado puro, sin contaminar. La influencia de estas producciones
se reflejaría en algunos de los aspectos formales más característicos
de sus obras, tales como el esquematismo, la simplicidad compositiva, la
preferencia por las angulosidades y la tendencia a emplear los colores
primarios.
En Dresde, ciudad donde iniciaron sus
actividades, la colección etnográfica del Zwinguer les permitió
el primer contacto con las manifestaciones de los pueblos primitivos,
a través de los objetos allí expuestos que identificaron
con la forma de vida y el mundo que anhelaban. En la misma ciudad descubrieron
las colecciones de arte, tanto de pintura y grabado que albergaban la Gemäldegalerie
y el Kupferstichkabinett, donde admiraron las litografías de Toulouse-Lautrec
adquiridas en 1900 por la citada institución. Del mismo modo prestaron
gran interés por la colección de grabados de Federico Augusto
II del palacio Brühl.
Como complemento perfecto a sus años
de formación, en las galerías privadas de Dresde pudieron
admirar importantes exposiciones del llamado arte progresista. En 1905
disfrutaron de Van Gogh en la galería Arnold que organizó
la primera muestra del artista en Alemania. En 1906, en el mismo escenario
entraron en contacto con los neoimpresionistas belgas y franceses, a partir
de obras de Signac, Seurat , Gauguin y Valloton. En 1907, a instancias
de la Asociación de Arte de Sajonia, pudieron contemplar un importante
número de obras de Munch. En el mismo año pudieron ver algunas
de las producciones de Monet, Sisley y Pisarro. En 1908 la galería
Richter de Dresde organizó una nueva retrospectiva sobre Van Gogh.
Ese mismo año y en el mismo escenario pudieron contemplar las producciones
de los fauvistas franceses, Van Dongen, Vlaminck, Guérin y Friesz.
Todos estos descubrimientos tuvieron una
fuerte repercusión para los componentes de El Puente, cuya producción
artística a partir de tales experiencias se liberó definitivamente
de las trabas que aún conservaban del modernismo, para emprender
su auténtico camino en busca de la expresión subjetiva.
De todas las referencias la influencia
de Van Gogh fue especialmente notable, cuya huella tuvo una implicación
directa en el uso y disposición de los colores en el lienzo, que
comenzaron a aplicar directamente del tubo, buscando la máxima energía
en el acto creativo con el fin de alcanzar, a partir de la plasticidad
de los materiales, la mayor pasión y efusividad.
Los integrantes de Die Brücke compartieron
del mismo modo y en base a un fuerte sentimiento nacionalista, un
entusiasmo y admiración por el pasado germánico y, concretamente,
en el terreno artístico mostraron su interés por los maestros
medievales y por figuras emblemáticas en la historia del arte
alemán como Durero.
Desde 1906 los miembros de El Puente desarrollaron
una estrecha colaboración y experiencias vivenciales comunes que
se intensificaban durante los periodos estivales. Guiados por el instinto,
conseguir la integración plena del hombre con la naturaleza se convirtió
en el germen de la obra expresionista. En el espacio natural se empeñaron
en la creación de la pintura en su más estricto sentido de
la palabra, no a partir de una asociación racional de los colores,
sino producto de la subjetividad y emociones interiores. El resultado de
dicha experimentación fue una pintura fuertemente expresionista
aunque tremendamente realista, conseguida a partir de la penetración
dramática en la realidad de las cosas que se les presentaban ante
sus ojos, investigando con la luz que les permitía fijar el
objeto, reflexionando sobre la perspectiva deformada y el empleo de la
línea recta.
Las islas del mar del Norte, del Báltico
y los lagos cercanos a Dresde se convirtieron en los escenarios favoritos
para llevar a cabo sus ejercicios colectivos, y fue allí donde
desarrollaron una relación casi mística con la naturaleza.
En estos parajes se dedicaron a cultivar
y reflexionar sobre uno de sus principales temas: el desnudo, argumento
que se convirtió en uno de los asuntos más recurrentes en
la obra de los expresionistas. Ahora bien, la novedad a la hora de encarar
dicha temática, estribó en concebir y reflexionar sobre el
cuerpo desnudo en plena libertad y comunicación con la naturaleza,
lejos de una búsqueda de la belleza en sentido tradicional, ejercicio
que era imposible desarrollar en el espacio tradicional del taller.
Es por ello que los componentes de Die Brücke salían al campo
en cuanto sus obligaciones se lo permitían Especialmente productivos
en este sentido, fueron los veranos de entre 1909 y 1911 cuando algunos
de los miembros del Grupo, Kirchner, Pechstein y Heckel se instalaron en
los lagos de Moritzburg, donde tanto ellos como sus modelos adoptaron una
forma de vida similar a la de los pueblos primitivos. El resultado de estas
experiencias se manifestó en unas obras caracterizadas por el uso
de colores fuertes, bien contrastados reflejo de los estados de ánimo
y sentimientos más puros. En cuanto a la definición formal
consiguieron unas imágenes duras, angulosas y quebradas.

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