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EXPRESIONISMO
ALEMÁN:
Die Brücke (El Puente) y sus componentes.
Der Blaue Reiter (El Jinete Azul).
Kandinsky y su teoría.
Concepción Lopezosa Aparicio
ISBN- 84-9714-058-3
CERICH HECKEL. Döbel, 1883-Rudolfzell, 1970.
Formado
como Kirchner y Bleyl en el campo de la arquitectura, la abandonó
en 1905 para dedicarse plenamente a la pintura en el seno
de Die Brücke.
Creía profundamente en la amistad y fue, sin lugar
a dudas, el miembro de El Puente que más mayor convencimiento
tuvo de la idea basada en práctica artística
como actividad colectiva en beneficio de la causa común
que dio coexistencia al Grupo. Persuadido por estos ideales,
asumió la búsqueda del primer estudio
donde emprendieron las acciones conjuntas, se encargó
de la organizar la primera exposición en la fábrica
de lámparas Seifert y se ocupó del control financiero
del Grupo.
Completamente autodidacta, bebió en sus inicio, al
igual que sus compañeros, de las influencias de los
Postimpresionistas franceses, la escultura primitiva y la
estela imborrable de Munch.
Su carácter melancólico y especialmente sensible
le privaron de lograr la estridencia de color que caracterizó
al resto de los componentes del Grupo, desarrollando
una contención cromática visible en obras tempranas
como Día cristalino. Si bien su producción estuvo
siempre presidida por la moderación y el equilibrio,
no se mantuvo al margen de la experimentación formal
emprendida por Die Brücke durante sus primeros años
de actividad, que darían como resultado unas obras
caracterizadas por las líneas angulosas y colores fuertemente
contrastados como puede apreciarse en su obra Canal de Berlín.
El verano que pasó en 1907 junto a Schmidt-Rottluff
en Daggast le permitió experimentar con la temática
paisajística, donde se vio claramente influido por
la vitalidad y ardor de la técnica y expresividad colorística
de Van Gogh que posteriormente abandonaría en favor
de un estilo más pausado y menos agresivo como refleja
su Baile de un pueblo.
Fue junto a Kirchner el miembro de Die Brücke que mejor
cultivó la xilografía, si bien a
partir de 1907 mostró su preferencia por la litografía.
En 1909 emprendió un viaje por distintas ciudades
italianas, Roma, Verona, Padua, Venecia y Rávena. El
contacto con Italia le descubrió el arte etrusco en
el que vio otra forma de arte primitivo que tanta fascinación
despertó entre los expresionista. Esta experiencia
tuvo una repercusión directa en su producción
como refleja su Desnudo en un sofá, realizado en el
mismo año. El impacto italiano se manifestó
del mismo modo en la brillantez y claridad de los colores
que confirió a sus obras a partir de entonces.
En 1911 se trasladó como el resto de los componentes
de Die Brücke a Berlín, ciudad donde desarrolló
temas más intimistas vinculados a los sentimientos
humanos más intimistas, como refleja su obra Dos hombres
y una mesa realizada en 1912. Los protagonistas en una reducida
estancia, presidida por la imagen de Cristo colgado en la
cruz, muestran un aspecto atormentado de gran sufrimiento.
La idea de sufrimiento de raíces cristianas fue uno
de los rasgos que caracterizó la literatura y el arte
expresionista y fue Heckel quien más ahondó
y reflexionó sobre esta idea.
La guerra, como para el resto del grupo, supuso un brusco
parón en su carrera. Asumiendo un destacado grado de
compromiso, se alistó como voluntario en el ejército
y tras ser declarado no apto para el servicio activo, se trasladó
a Flandes para desarrollar tareas como médico. Durante
la contienda acentuó su innato sentimiento de sensibilidad,
asiéndose a sus convicciones religiosas. Fue en Ostende
donde realizó la desgraciadamente desaparecida durante
la Segunda Guerra Mundial, Madonna, sirviéndose de
varios paneles de una tienda de campaña.
De vuelta a Berlín en 1918 continuó con su
actividad presidida por el equilibrio que siempre fue una
constante en sus creaciones, cuyo reflejo lograría
a la perfección en su obra Retrato de un hombre.
KARL SCHMIDT-ROTTLUFF. Rottluff, 1884-Berlín, 1976
Desde
1905, fecha de la fundación de Die Brücke, Karl
Schmidt incorporó a su nombre el toponímico
de su ciudad natal Rottluff, guiado por el sentimiento nacionalista
que tan presente estuvo entre los miembros del grupo.
Del mismo modo que Kirchner y Heckel, sus comienzos estuvieron
determinados por los estudios de arquitectura que, como sus
compañeros. abandonó para dedicarse por entero
a la creación artística, actividad por la que
desde su etapa como escolar mostró un gran interés.
Sus primeros contactos con la pintura tuvieron lugar hacia
1901 cuando, aún siendo estudiante en el Real Instituto
de Bachillerato de humanidades de Chemitz, se traslado en
viaje de estudios a Bohemia donde realizó sus primeros
paisajes de acuarela. A pesar de lo temprano de estas creaciones
el joven Schmidt manifestó su preocupación por
captar el misterio que se esconde en la naturaleza, idea que
tanta trascendencia tendría años después
para el resto de los componente de El Puente.
Tras sus estudios de bachillerato se trasladó a Dresde
para iniciar sus estudios de arquitectura, ciudad donde se
encontraba su amigo Heckel cursando la misma disciplina que
ambos abandonarían poco después.
A través de Heckel conoció a otros dos estudiantes
de arquitectura tan interesados en el arte como ellos mismos:
Kirchner y Fritz Bleyl con quienes fundó Die Brücke.
A Schmidt-Rottluff se debió la elección del
nombre para el grupo. A él se debió también
el interés de Die Brücke por la litografía,
cuya práctica trasmitió a sus amigos. Del mismo
modo fue él quien convenció a Emil Nolde
para que se uniera al grupo.
Como para el resto de los componentes de El Puente, la influencia
de Van Gogh y los Postimpresionistas fue manifiesta en sus
primeros paisajes caracterizados por la exaltación
del color y la técnica empastada conseguida a partir
de la aplicación directa de los materiales sobre el
lienzo. Tras esas primeras experiencias evolucionó
hacia una pintura más controlada como puede apreciarse
en El faro realizada en 1909.
A partir de ese año mostró una especial predilección
por la acuarela puesto que le permitía experimentar
sobre las composiciones de forma rápida, por las cualidades
que presentaba la propia técnica.
A partir de 1910 logró traspasar la técnica
de la acuarela a la pintura a partir de la disolución
del óleo, recurso que le permitiría dibujar
con gran ligereza sobre el lienzo. Paisaje de Otoño
o Paso de carruajes se nos muestran como magníficos
ejemplos de esta etapa estilística.
En 1911, tras un viaje a Noruega, Schmidt-Rottluff , intensificó
de nuevo su expresión plástica, logrando a partir
de la aplicación directa del color una pintura extremadamente
colorista de fuertes e intensas superficies planas como refleja
su Paisaje Noruego.
Tras su establecimiento en Berlín, fue el último
en instalarse en la gran ciudad en 1911, Schmidt-Rottluff,
tras conocer a Franz Marc, inició un ejercicio
experimental que le llevó a una práctica expresiva
pareja a la desarrollada por el grupo de Munich, Der Baue
Reiter iniciando en este sentido sus primeros contactos con
la abstracción.
La ciudad de Berlín le supuso también el contacto
directo con el Cubismo y el Futurismo, cuya influencia se
puso de manifiesto en creaciones como Casas en la noche o
Torre Petri de Hamburgo, ligadas a la soluciones futuristas.
Obras como Mujer leyendo o Fariseos reflejan su acercamiento
a la estética y experimentalismo cubista. A pesar del
atractivo que le despertó la orientación geométrica,
sin embargo, no renunció a su vigorosa paleta cromática
tan alejada de la sobriedad colorística desarrollada
por los cubistas.
La gran ciudad, como al resto de sus compañeros, le
causó del mismo modo un tremendo impacto, convirtiéndose
en tema recurrente. En obras como La calle, personajes anónimos
se convirtieron en protagonistas de sus escenas ciudadanas,
individuos que no se relacionan, conscientes de su soledad
en la gran urbe, personajes como máscaras frente a
los situados en la naturaleza.
Hacia finales de 1912 recurrió de nuevo a uno de
los temas más importantes para Die Brücke : El
desnudo, Muchacha aseándose, Dos mujeres, y Después
del baño son buena prueba de ello.
A partir de 1913, tras la ruptura del Grupo, se afanó
en una nueva temática; personajes femeninos representados
con gran realismo que acentúa la tensión de
la escena, junto al mar, absortas, sin comunicación,
embebidas en su propia soledad, transmiten una rotunda melancolía
y tristeza, a lo que contribuye el uso de colores más
apagados como puede apreciarse en la obra Plañideras
en la playa.
Antes de incorporarse al ejército en 1915, anhelando
probablemente los años de Dresde, recuperó el
interés por la escultura primitiva que tanto había
influido en todos los componentes de Die Brücke. Retrato
de una muchacha refleja la dependencia que seguía manteniendo
hacia esos modos de expresión.
En la producción realizada durante los años
de la contienda buscó la expresión espiritual
asiéndose a las posibilidades que le ofreció
la religión, como revela la serie de xilografías
que dedicó a la vida de Cristo.
Después de la guerra su obra perdió expresividad
y se tiñó de tristeza y resignación.
Su creación más emblemática en este sentido
fue Autorretrato con sombrero que se convertiría en
obra clave del expresionismo, reflejo de la tremenda desilusión
del ser humano tras la experiencia que supuso la primera
gran catástrofe de nuestro siglo.
Poco a poco su estilo se fue sosegando, derivando poco a
poco hacia un mayor decorativismo en la línea de los
fauvistas. Las composiciones se hicieron en consecuencia más
serenas, reflejo del deseo por conseguir el equilibrio entre
forma y color, una armonía que según los estudiosos
de su obra le convirtieron en un modernista clásico.
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