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2 .1.EL FAUVISMO: El protagonismo del color. H. Matisse y su papel en la pintura del siglo XX. Dufy, Derain, Vlaminck, Marquet y Kees van Dongen. La Singularidad de Rouault. La escultura.1/6
Inmaculada Corcho Gómez
ISBN- 84-9714-062-1
 

1. Historia y desarrollo. El Salón de Otoño de 1905 y sus consecuencias.

El término Fauvismo tuvo su origen en la palabra francesa fauves, que el crítico Louis Vauxcelles usó por primera vez el 17 de octubre de 1905 en un artículo de la revista Gil Blas, después de haber visitado el Salón de Otoño de aquel mismo año. El contraste que en la sala número VIl del Salón producía la presencia de un busto de marcado estilo clásico, el Retrato de Jean Baignéres (1905) realizado por Albert Marquet, al que rodeaban las exuberantes y coloristas pinturas de Henri Matisse, André Derain, Maurice Vlaminck y Georges Rouault, provocaron en el crítico francés la impresión de haber colocado a "Donatello en una jaula de fieras", como lo describió. El calificativo que le dió sería el que al año siguiente se le volvió a aplicar a la sala donde fueron expuestas las obras de Braque, Camoin, Dufy, Friesz, Manguin, Marinot, Valtat, Marquet, Vlaminck y Matisse. Como a otros movimientos artísticos del siglo XX, el nombre que se asignó fue en origen un calificativo peyorativo enunciado por la crítica, asumido por el público e introducido después, ya sin connotaciones despectivas, en la historia del arte.

La presencia de las obras fauvistas en el Salón de Otoño de 1905 estuvo rodeada de controversia. El 18 de octubre de 1905, se abrió la tercera edición de la Sociedad del Salón de Otoño en el Gran Palais de París. El Salón recogía en aquella ocasión una exposición retrospectiva de Ingres y Manet, colgada bajo el tragaluz del Gran Palais, junto con 1.636 pinturas, esculturas y dibujos de artistas contemporáneos de todo el mundo, incluidos los rusos Kandinsky y Jawlensky que habían venido de Munich para la ocasión. El Salón fue fundado y presidido por Frantz Jourdain, bajo el patronato de destacadas figuras de finales de siglo XIX como Eugéne Carrière y Auguste Renoir. 

El Salón de Otoño tenía como precedente el Salón de los Independientes de aquel mismo año, al que Matisse, Marquet, Derain, Puy, Camoin y otros habían enviado obras y donde se les había calificado de "incoherentes". La presencia de sus cuadros en el Salón de Otoño puso en aprieto a sus directivos, que sin fundamentos para excluir las piezas "incoherentes", que, por otra parte eran defendidas por algunos de los miembros de la dirección como Desvalliéres y Rouault, decidieron agruparlas en una sala aparte. Los comisarios Arman Dayot y Léonce Bénédite eligieron la Sala VIl para confinar  el trabajo de aquel grupo de pintores cuyas principales características eran el uso de brillantes y llamativos colores dispersos sobre los lienzos en puntos o manchas amorfas que configuraban escenas y formas grotescas. Estas pinturas fueron colgadas por orden alfabético del autor: Agay, Camoin, Cassis, Derain, Friesz, Manguin, Marquet, Matisse, Puy, Van Dongen, Valtat y Vlaminck. Los comisarios, así mismo, repartieron las esculturas participantes por las diferentes salas del Gran Palais, instalando en el centro de la sala VIl la pieza de Albert Marquet que propició el comentario del crítico Louis Vauxcelles.

La presencia de estas obras llegó a ser tan polémica que Emile Loubet, Presidente de la República, rehusó inaugurar el Salón para no comprometer su posición ante las posturas más conservadoras e influyentes de la élite cultural francesa. Por su parte y de forma generalizada, los críticos fueron unánimes en condenar tales manifestaciones artísticas. Las alusiones en los periódicos se sucedieron, así en Le Fígaro, Camille Mauclair, citaba a Ruskin con relación a las obras: "Un puchero de pintura ha sido derramado sobre la cabeza del público". En el Journal de Rouen, una tal Nicolle escribió: "Aparte de los materiales usados, lo que aquí se presenta nada tiene que ver con el arte. Puntos de azul, rojo, amarillo, verde puro son colocados unos al lado de otros, aleatoriamente, como los primitivos e ingenuos juegos de unos niños que tratan de poner a prueba la caja de pinturas que se les ha regalado por Navidad".

La respuesta del público tampoco fue tolerante. Algunos visitantes enfurecieron ante la cara verde y amarilla de la Mujer con sombrero (1905) de Matisse, una de las obras más polémicas del Salón, que mostraba un retrato de la mujer del artista en la que los planos de colores chillones se asociaban para potenciar la expresión y la composición. Otros  abuchearon la obra, incluso algunos trataron de agredir el lienzo.

Sin embargo, también hubo palabras de aliento para los "incomprendidos" artistas, el historiador Elie Faure señaló en el prefacio del catálogo del salón: ".... Afortunadamente, han traído a los jóvenes talentos a quienes el problemático Salón Independiente fue incapaz de presentar de manera coherente. Los guardianes del arte francés establecido no han hecho mayor esfuerzo en los últimos treinta años...". Y añadía: ".... Debemos tener la libertad y el deseo de entender un lenguaje absolutamente nuevo...".  Y André Gide escribió el siguiente comentario en la Gazzette des Beaux-Arts: "Pasé mucho tiempo en la sala. Escuché lo que la gente comentaba y cuando oí a uno de ellos exclamar ante una obra de Matisse -¡Esto es una locura!-, tuve la necesidad de replicar -¡No del todo, al contrario, esto es el resultado de unas teorías!-".   Pero aquellos que adoptaron esta opinión fueron pocos y dispersos. Dos años más tarde, Michel Puy, hermano del pintor fauvista Jean Puy, escribió acerca del movimiento: "Nunca vimos lo que realmente nos traían, los aplastamos bajo los parámetros del arte del pasado y la ideología de los tiempos, y la mayoría de los escritores los atacaron sin aviso".

Durante mucho tiempo después de su desaparición, el Fauvismo fue considerado un movimiento fugaz en la historia del arte, aunque para el público que pudo contemplar las obras en 1905 tuvo el efecto de una bomba. Los cuadros allí expuestos fueron tomados como la manifestación artística de unos jóvenes indisciplinados, anárquicos, más que como las creaciones vanguardistas de artistas con unas inquietudes comunes. Como en otros casos de la historia del arte, el reconocimiento de la crítica llegó después que la innovación plástica. 

El movimiento se fraguó en torno a Henri Matisse, que se consolidó como líder de un grupo cuyos principales protagonistas fueron Charles Camoin, Henri-Charles Manguin, André Derain, Othon Friesz, Maurice de Vlaminck, Jean Puy, Louis Valtat, Georges Rouault y Kees Van Dongen, a quienes se unieron en 1906, George Braque y Raoul Dufy.

Matisse, Rouault, Camoin, Marquet y Manguin habían estudiado en el estudio de Gustave Moreau, cuyos métodos de enseñanza animaba a los jóvenes artistas a desarrollar sus propias capacidades expresivas y a utilizar subjetivamente el color como reflejo de sus emociones. Moreau les incitaba contándoles que él era el puente que ellos debían superar. Por su parte, Derain y Vlaminck, entre 1900 y 1901, compartieron estudio en Chatou, cerca de París, y allí investigaron las posibilidades expresivas del espacio y la composición, así como los estados mentales mediante el significado del color. Ambos grupos entraron en contacto cuando Matisse y Vlaminck se conocieron a través de Derain, en 1901, con motivo de la exposición de Van Gogh.

El Fauvismo fue un movimiento eminentemente francés y pictórico, que estableció un marco cronológico aproximado entre 1898 y 1907. Ya en 1898 Matisse y Marquet trabajaban en obras que anticipaban la plástica fauvistas antes de la gran revolución que produjo su presencia en el Salón de Otoño de 1905, como se puede ver en la obra de Matisse Estudio de desnudo en azul (1899-1900). Pero el año del florecimiento pleno de Fauvismo fue el 1906, definido principalmente por el triunfo de obras y artistas en el Salón de Otoño, en el que todos los componentes del grupo expusieron.

Se ha venido considerando el Fauvismo como el primer movimiento artístico del siglo XX, sin embargo, a los artistas a los que se les aplicó tal denominación no fue un grupo conscientemente definido, sino un grupo disperso, unidos en algunos casos por relaciones de amistad, y que terminaron aceptando el término por considerarlo coherente con la actitud violenta, subversiva con que se enfrentaron a los convencionalismos clásicos del arte de su momento. Reunidos bajo la bandera del Fauvismo estuvieron algunos artistas que ya habían compartido la experiencia de trabajar juntos y cuyos intereses e ideas sobre el arte eran similares, utilizando colores yuxtapuestos con total fuerza para crear espacio y luz, con el fin de expresar sentimientos personales. Estos son los elementos esenciales de la nueva estética, aunque tratados de manera diferente y personal por cada unos de los artistas. Pero sus principios artísticos sólo serían asentados de manera teórica después de haber dado por extinguido el movimiento (Notas de un pintor, que Matisse escribiría en Le Gran Revue del 25 de diciembre de 1908).

Sin embargo, el Fauvismo fue un movimiento breve pese a su intensidad y la importancia que su existencia tuvo en el arte posterior. La exposición retrospectiva que se celebró en memoria de Cézanne, en 1907, dentro del Salón de Otoño, favoreció el arranque del Cubismo e hizo a los fauvistas cuestionarse la viabilidad de un estilo basado solamente en el color saturado y en la línea expresiva. El apasionamiento que los fauvistas desarrollaron entorno a su experimentación cromática fue también parte de su fin, llevándoles a evolucionar hacia un arte más austero y reflexivo