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1908, el Fauvismo deja de existir como estilo y como grupo. La última
exposición fauvista importante fue la que tuvo lugar en el Salón
de los Independientes en 1907. A partir aquí cada uno de los componentes
siguió su propio camino. Pero además de las inquietudes personales
de cada uno ellos, la causa principal de la desaparición del movimiento
fue el agotamiento, tanta intensidad, tanta entrega como habían
derrochado en sus creaciones hizo que pronto carecieran de recursos con
los que incidir en el camino artístico que habían abierto:"...
Sufría por no poder llamar más fuerte, por haber llegado
al máximo de intensidad, limitado por los colores que me vendían
...." (Vlaminck).
Braque, que había sido el último
en unirse al grupo fue también el primero en separarse, motivado
por el estudio que realizó de la obra de Cézanne y el encuentro
que tuvo con Picasso, le hizo dirigir su carrera hacia el establecimiento
del cubismo, moderando su paleta y preocupándose por la forma más
que por el color. También Matisse continuó desarrollando
su arte en relación a la obra de Cézanne, especialmente tras
adquirir la obra Tres bañistas, al marchante Ambroise Vollard,
adaptando las estructuras de composición cezannianas a su
propio sentido de la simplificación. Sin embargo, la
creciente armonía y estructuración de las obras de Matisse
no disminuyó en ningún caso la viveza de expresión
y construcción por medio del color, factor que caracterizaría
toda su obra. Su trayectoria artística tendió más
a investigar nuevos materiales y nuevos métodos de ejecución
que a la alteración de los recursos cromáticos y commpletamente reflexionado, t face="Arial, Helvetica">Una evolución paralela llevó
a Dufy a realizar su obra En las flores, que anticiparía
las obras que realizara más tarde en Le Havre y Sainte-Andrese,
en 1908. Rouault se dejó llevar por sus preferencias temáticas
religiosa y el uso restrictivo de una paleta donde el azul y el negro eran
los colores preferentes, y se aleja así de la corriente principal
del movimiento. Vlaminck también abandonó el uso de colores
primarios brillantes. Y lo mismo hizo Derain, quien experimentó
brevemente con el Cubismo, para volver en los años 20 a una pintura
marcada por el clasicismo y la moderación.
2. Fauvismo versus Expresionismo
La aparición de Fauvismo en Francia
en 1905 fue paralela a la que hizo en Alemania el grupo Die Brücke.
La historiografía del arte se encargaría en 1911 de calificarlos
a los dos de expresionistas para marcar una distinción con
el impresionismo, apoyándose en que ambos movimientos marcaron
la aparición del poder de la intuición y de lo emocional
frente a la expresión plástica basada en el estudio calculado
y teórico de la realidad. Pero aunque la estética pudiera
parecer coincidente, hay algo que separa de manera destacada a los dos
movimientos. A parte de la localización geográfica donde
se desarrollan, la gran diferencia reside en el trasfondo filosófico
de cada una de las tendencias. Los alemanes hicieron un uso intenso del
color y de las formas más contundentes y expresivas para recubrir
su inquietud metafísica y social, preocupaciones existenciales que
se alejaban de los intereses meramente plásticos que movían
a los fauvistas, cuyos temas eran intranscendentes.
El Fauvismo ha sido siempre considerado
menos importante que el Expresionismo alemán, del que se supuso
fue un insignificante precursor. Del mismo modo, el movimiento pareció
menor al lado del Cubismo, que asumió la vanguardia a la temprana
fecha de 1908.
3. Características. La estética
fauvista y sus fuentes.
El Fauvismo no fue un movimiento teórico,
careció de un manifiesto que lo definiera, su espíritu creador
se apoyaba en las normas que les dictaba la propia sensibilidad plástica
de sus artistas. Tampoco tuvo un estilo común que pudiera describirse
racionalmente como pasaría con el Cubismo, por lo que los límites
no eran nada nítidos; pero también es cierto, que no toda
pintura de intenso colorido que se realizó entre 1904 y 1907 fue
fauvista, muchos pintores, entre ellos, Picasso, se sintieron atraídos
en esa época por las chillonas manchas de colores puros.
El Fauvismo fue un mosaico de aportaciones
en el que cada pintor acometía sus obras como una experiencia personal
cargada de espontaneidad y de frescura. La juventud del grupo pone de manifiesto
un fuerte antiinformalismo que les hace rechazar las reglas y las normas,
así como los métodos racionales establecidos para no encadenarse
a ninguna teoría. Ello les hace desarrollar una estética
violenta pero armoniosa. Apoyando su experiencia artística en los
caminos de libertad que los artistas de finales del siglo XIX habían
abierto, se dejaron llevar más por el instinto y la fuerza emocional
del momento que por la percepción científica y estudiada
de la realidad. Defendieron y practicaron la utilización del color
en toda su potencia, construir por medio del color, aunque el Fauvismo
no consistió solamente en una simplificación de la pintura.
Inicialmente fue un intento de recrear, en una época dominada por
la estética simbolista y literaria, una pintura con la misma libertad
que había tenido el arte de los impresionistas, contando además
con la yuxtaposición de los colores y la concepción subjetiva
de la pintura que suponía la herencia post-impresionista.
Los fauvistas tuvieron en cuenta las teorías
de Newton y Chevreul sobre los espectros y las propiedades ópticas
de los colores, como anteriormente lo hicieron los impresionistas y los
neoimpresionistas. La ciencia demostraba la existencia de una interacción
recíproca entre ciertos colores colocados unos al lado de otros,
de manera que los colores se disuelven y decoloran. Los avances científicos,
especialmente aparición de técnicas como la fotografía
que copiaban fielmente la realidad, despertaron en los artistas la inquietud
por buscar nuevas vías expresivas que potenciaran sobre todo la
subjetividad y la espiritualidad. Para los fauvistas, los colores no eran
meros estímulos en la retina sino que podían expresar sentimientos.
Aunque el Impresionismo defendió la imitación de la impresión
visual, quedaron estancados en esta práctica, mientras que el Fauvismo
nunca intentó copiar o interpretar la naturaleza, reteniendo del
mundo visible sólo lo que les era útil a sus propósitos.
Esta idea, aunque queda perfectamente legitimada al contemplarla con una
perspectiva histórica fue difícil de aceptar en 1905.
Este pensamiento condicionó el
acto físico de pintar, la ejecución de la obra respondía
a la idea de transmitir los impulsos internos del artista que aplicaba
los materiales en toques gruesos, toscos y sin mezclas, a veces directamente
de los tubos de pintura, evitando matizar los colores, todo ello con la
intención de expresar sentimientos personales y mostrar su particular
visión del mundo. El dibujo era simple, líneas rítmicas,
como arabesco decorativo, que el movimiento acompasado de la mano dejaba
sobre la tela y que se materializaban en un grueso contorno que modelaba
los objetos representados. Al contrario que los impresionistas, que diluían
el dibujo hasta hacerlo desaparecer, los fauvistas utilizaban las figuras
como elemento estructuradores del cuadro. Pero tanto el uso intenso del
color como de la línea violenta e incisiva, respondían a
una estructura compositiva que daba sentido a la obra. Pero no se trataba
sólo de aglomerar sobre el lienzo los colores, como mantenía
Matisse, los colores deben responder a una estructura y organización
que revele las emociones del artista. Las creaciones fauvistas respondían
a un claro ejercicio de sintetización, utilizando sólo aquellos
elementos del lenguaje pictórico que les permitían obtener
la máxima intensidad emocional conjugada con la máxima simplificación
de elementos. Renunciaban, de este modo, a la utilización de la
perspectiva clásica, al modelado de los volúmenes, al claroscuro,
a todo aquello que los alejara de la síntesis más estricta.
Estos fueron los elementos esenciales de la nueva estética, donde
primaba el valor de lo espiritual y se avanzaba hacia la concepción
abstracta del arte. Para transmitir este mundo de inquietudes internas
eligen los colores primarios: rojos, azules y amarillos, que les acercaban
al arte bizantino y a los primitivos franceses e italianos, así
como a los artistas venecianos del siglo XVI.
Las fuentes de las que beben los artistas
fauves incluían las obras de Manet, Cézanne, Gustave
Moreau, Van Gogh y Gauguin, así como las de los neoimpresionistas,
sin olvidar las estampas japonesas, los vitrales polícromos y las
estatuas del arte africano, creaciones todas ellas que abrieron el camino
a una forma de pintura libre de los convencionalismos pictóricos
aceptados desde el Renacimiento. Las respuestas a estas influencias variarían,
sin embargo, según el temperamento de cada artista.
Van Gogh y Gauguin son las personalidades
que más intensamente marcó a este grupo de jóvenes.
En 1901, se celebró una gran exposición de Van Gogh en París;
en 1903 se pudo contemplar la obra de Gauguin en el Salón de Otoño;
y en 1905 pudieron encontrar de nuevo la obra de Van Gogh en una gran retrospectiva
celebrada en el Salón de los Independientes. De ambos artistas tomaron
la ejecución libre y personal, impulsiva y pasional, a la vez que
el uso armónico de los colores planos e intensos. De todos los fauves,
Vlaminck fue el más influidos por Van Gogh. En Casa de
Chatou (1905-1906) o Árboles rojos (1906-1907), la explosión
de color aplicado de manera intensa, violenta, pesadamente trabajada, de
golpe empastado y dinámico, reflejaba un temperamento tan desmedidamente
apasionado como el de Van Gogh.
En la obra de Gauguin, los fauvistas descubrieron
el exotismo de lo primitivo y salvaje que luego encontrarían en
los museos y exposiciones de objetos exóticos y etnográficos,
así asimilaron la estética de las estatuas y máscaras
africanas, el esquematismo simbólico y bárbaro de culturas
primitivas y salvajes que el mundo occidental en general contemplaba admirado.
La deuda del Fauvismo a Gauguin es evidente en el caso de Matisse y Derain,
quienes contemplaron sus obras en la casa del su albacea, Daniel de Monfried.
En obras como Mujer en una terraza (1906) de Matisse, la influencia
de Gauguin puede verse en el antinaturalismo y en el uso decorativo del
color utilizado en campos cromáticos planos contorneados por una
línea. El interés que desarrolló Gauguin por el simbolismo
de las imágenes y su búsqueda de paraísos perdidos
y espacios salvajes eran conceptos que también se descubría
en la obra de Matisse. En el caso de Derain, la influencia de Gauguin es
apreciable en obras como El puente de Charing Cross (1906), donde
se revela la importancia de los valores formales que Gauguin desplegó
en Visión después del Sermón (1888); en ambas
obras se aprecia esa organización del espacio mediante masas de
color que sintetizan las formas, delimitadas y reforzadas por un contundente
perfil negro.
Derain y Matisse, aunque influidos por
Gauguin como hemos visto, y por Van Gogh en menor medida, enlazaron su
creación inicialmente a la de los neoimpresionistas, aunque no estuvieron
especialmente interesados en las teorías científicas de la
mezcla óptica del color o en la técnica puntillista de Seurat
y Signac. Lujo, calma y voluptuosidad (1904-1905), ejecutado en
compañía de Signac durante el verano de 1904, es uno de los
trabajos más característico de Matisse donde se aprecia el
seguimiento que hace de las ideas neoimpresionistas. Este lienzo, que se
exhibió en el Salón de los Independientes de 1905, sería
el que animara a Dufy a adherirse al grupo de las "fieras".
Pero Derain y Matisse se liberaron del
neoimpresionismo y llevaron la exaltación de los colores saturados
al extremo en Collioure, durante el verano de 1905. En obras como Collioure
(1905) o Vista de Collioure con la iglesia (1905), Derain realizó
una derivación de los puntos de color neoimpresionistas uniéndolos
en bandas de intenso cromatismo que se disponen sobre el lienzo en una
composición planeada cuidadosamente.
El impacto de Moreau, Van Gogh, Gauguin
y los neoimpresionistas en las obras fauvistas se vio reforzado por la
pintura francesa primitiva del siglo XV. Estas obras habían sido
objeto de una exposición, Los primitivos Franceses, en 1904,
en el Pabellón de Marsan y la Biblioteca Nacional de París.
Una de las piezas más admiradas fue La Piedad de Avignon
(1450), adquirida por el Louvre en aquellas fechas. En las obras de los
primitivos los Fauvistas encontraron el fundamento histórico en
el que apoyarse moralmente para desarrollar su estética, ya que
veían como los maestros antiguos trataban el espacio sin recurrir
a las perspectivas convencionales, usando planos saturados de color y un
dibujo de carácter muy lineal y definidor.
Con estos precedentes y la idea generalizada
entre los artistas del grupo de dar rienda suelta a la subjetividad, los
pintores fauves establecieron un lenguaje artístico condicionado
por el impulso vital que la contemplación de la realidad les inspiraba,
con una ejecución de la obra rápida, instintiva, que dio
como resultado un sintetismo y un simbolismo como el de las obras de los
viejos maestros, además de una contundente fuerza visual, pero con
la novedad de utilizar una ejecución y unos materiales más
acordes con el tiempo que vivieron. A veces dejando que el lienzo blanco,
sin cubrir aporte color y textura a la composición. La composición
que tenía como finalidad obtener una imagen global que transmitiera
lo que el artista piensa, supeditando a la globalidad el espacio, la perspectiva,
la anatomía, los detalles, que quedan esbozados, sintetizados, en
muchas ocasiones deformados en pro del ritmo y la armonía general
de la obra.

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