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2 .1.EL FAUVISMO: El protagonismo del color. H. Matisse y su papel en la pintura del siglo XX. Dufy, Derain, Vlaminck, Marquet y Kees van Dongen. La Singularidad de Rouault. La escultura.2/6
Inmaculada Corcho Gómez
ISBN- 84-9714-062-1
 

Desde 1908, el Fauvismo deja de existir como estilo y como grupo. La última exposición fauvista importante fue la que tuvo lugar en el Salón de los Independientes en 1907. A partir aquí cada uno de los componentes siguió su propio camino. Pero además de las inquietudes personales de cada uno ellos, la causa principal de la desaparición del movimiento fue el agotamiento, tanta intensidad, tanta entrega como habían derrochado en sus creaciones hizo que pronto carecieran de recursos con los que incidir en el camino artístico que habían abierto:"... Sufría por no poder llamar más fuerte, por haber llegado al máximo de intensidad, limitado por los colores que me vendían ...." (Vlaminck).

Braque, que había sido el último en unirse al grupo fue también el primero en separarse, motivado por el estudio que realizó de la obra de Cézanne y el encuentro que tuvo con Picasso, le hizo dirigir su carrera hacia el establecimiento del cubismo, moderando su paleta y preocupándose por la forma más que por el color. También Matisse continuó desarrollando su arte en relación a la obra de Cézanne, especialmente tras adquirir la obra Tres bañistas, al marchante Ambroise Vollard, adaptando las estructuras de composición cezannianas a su propio sentido de la simplificación.   Sin embargo, la creciente armonía y estructuración de las obras de Matisse no disminuyó en ningún caso la viveza de expresión y construcción por medio del color, factor que caracterizaría toda su obra. Su trayectoria artística tendió más a investigar nuevos materiales y nuevos métodos de ejecución que a la alteración de los recursos cromáticos y commpletamente reflexionado, t face="Arial, Helvetica">Una evolución paralela llevó a Dufy a realizar su obra En las flores, que anticiparía las obras que realizara más tarde en Le Havre y Sainte-Andrese, en 1908. Rouault se dejó llevar por sus preferencias temáticas religiosa y el uso restrictivo de una paleta donde el azul y el negro eran los colores preferentes, y se aleja así de la corriente principal del movimiento. Vlaminck también abandonó el uso de colores primarios brillantes. Y lo mismo hizo Derain, quien experimentó brevemente con el Cubismo, para volver en los años 20 a una pintura marcada por el clasicismo y la moderación.

2. Fauvismo versus Expresionismo

La aparición de Fauvismo en Francia en 1905 fue paralela a la que hizo en Alemania el grupo Die Brücke. La historiografía del arte se encargaría en 1911 de calificarlos a los dos de expresionistas para marcar una distinción con el impresionismo, apoyándose en que ambos movimientos marcaron la aparición del poder de la intuición y de lo emocional frente a la expresión plástica basada en el estudio calculado y teórico de la realidad. Pero aunque la estética pudiera parecer coincidente, hay algo que separa de manera destacada a los dos movimientos. A parte de la localización geográfica donde se desarrollan, la gran diferencia reside en el trasfondo filosófico de cada una de las tendencias. Los alemanes hicieron un uso intenso del color y de las formas más contundentes y expresivas para recubrir su inquietud metafísica y social, preocupaciones existenciales que se alejaban de los intereses meramente plásticos que movían a los fauvistas, cuyos temas eran intranscendentes.

El Fauvismo ha sido siempre considerado menos importante que el Expresionismo alemán, del que se supuso fue un insignificante precursor. Del mismo modo, el movimiento pareció menor al lado del Cubismo, que asumió la vanguardia a la temprana fecha de 1908. 

3. Características. La estética fauvista y sus fuentes.

El Fauvismo no fue un movimiento teórico, careció de un manifiesto que lo definiera, su espíritu creador se apoyaba en las normas que les dictaba la propia sensibilidad plástica de sus artistas. Tampoco tuvo un estilo común que pudiera describirse racionalmente como pasaría con el Cubismo, por lo que los límites no eran nada nítidos; pero también es cierto, que no toda pintura de intenso colorido que se realizó entre 1904 y 1907 fue fauvista, muchos pintores, entre ellos, Picasso, se sintieron atraídos en esa época por las chillonas manchas de colores puros. 

El Fauvismo fue un mosaico de aportaciones en el que cada pintor acometía sus obras como una experiencia personal cargada de espontaneidad y de frescura. La juventud del grupo pone de manifiesto un fuerte antiinformalismo que les hace rechazar las reglas y las normas, así como los métodos racionales establecidos para no encadenarse a ninguna teoría. Ello les hace desarrollar una estética violenta pero armoniosa. Apoyando su experiencia artística en los caminos de libertad que los artistas de finales del siglo XIX habían abierto, se dejaron llevar más por el instinto y la fuerza emocional del momento  que por la percepción científica y estudiada de la realidad. Defendieron y practicaron la utilización del color en toda su potencia, construir por medio del color, aunque el Fauvismo no consistió solamente en una simplificación de la pintura. Inicialmente fue un intento de recrear, en una época dominada por la estética simbolista y literaria, una pintura con la misma libertad que había tenido el arte de los impresionistas, contando además con la yuxtaposición de los colores y la concepción subjetiva de la pintura que suponía la herencia post-impresionista. 

Los fauvistas tuvieron en cuenta las teorías de Newton y Chevreul sobre los espectros y las propiedades ópticas de los colores, como anteriormente lo hicieron los impresionistas y los neoimpresionistas.  La ciencia demostraba la existencia de una interacción recíproca entre ciertos colores colocados unos al lado de otros, de manera que los colores se disuelven y decoloran. Los avances científicos, especialmente aparición de técnicas como la fotografía que copiaban fielmente la realidad, despertaron en los artistas la inquietud por buscar nuevas vías expresivas que potenciaran sobre todo la subjetividad y la espiritualidad. Para los fauvistas, los colores no eran meros estímulos en la retina sino que podían expresar sentimientos. Aunque el Impresionismo defendió la imitación de la impresión visual, quedaron estancados en esta práctica, mientras que el Fauvismo nunca intentó copiar o interpretar la naturaleza, reteniendo del mundo visible sólo lo que les era útil a sus propósitos. Esta idea, aunque queda perfectamente legitimada al contemplarla con una perspectiva histórica fue difícil de aceptar en 1905.

Este pensamiento condicionó el acto físico de pintar, la ejecución de la obra respondía a la idea de transmitir los impulsos internos del artista que aplicaba los materiales en toques gruesos, toscos y sin mezclas, a veces directamente de los tubos de pintura, evitando matizar los colores, todo ello con la intención de expresar sentimientos personales y mostrar su particular visión del mundo. El dibujo era simple, líneas rítmicas, como arabesco decorativo, que el movimiento acompasado de la mano dejaba sobre la tela y que se materializaban en un grueso contorno que modelaba los objetos representados. Al contrario que los impresionistas, que diluían el dibujo hasta hacerlo desaparecer, los fauvistas utilizaban las figuras como elemento estructuradores del cuadro. Pero tanto el uso intenso del color como de la línea violenta e incisiva, respondían a una estructura compositiva que daba sentido a la obra. Pero no se trataba sólo de aglomerar sobre el lienzo los colores, como mantenía Matisse, los colores deben responder a una estructura y organización que revele las emociones del artista. Las creaciones fauvistas respondían a un claro ejercicio de sintetización, utilizando sólo aquellos elementos del lenguaje pictórico que les permitían obtener la máxima intensidad emocional conjugada con la máxima simplificación de elementos. Renunciaban, de este modo, a la utilización de la perspectiva clásica, al modelado de los volúmenes, al claroscuro, a todo aquello que los alejara de la síntesis más estricta. Estos fueron los elementos esenciales de la nueva estética, donde primaba el valor de lo espiritual y se avanzaba hacia la concepción abstracta del arte. Para transmitir este mundo de inquietudes internas eligen los colores primarios: rojos, azules y amarillos, que les acercaban al arte bizantino y a los primitivos franceses e italianos, así como a los artistas venecianos del siglo XVI.

Las fuentes de las que beben los artistas fauves incluían las obras de Manet, Cézanne, Gustave Moreau, Van Gogh y Gauguin, así como las de los neoimpresionistas, sin olvidar las estampas japonesas, los vitrales polícromos y las estatuas del arte africano, creaciones todas ellas que abrieron el camino a una forma de pintura libre de los convencionalismos pictóricos aceptados desde el Renacimiento. Las respuestas a estas influencias variarían, sin embargo, según el temperamento de cada artista.

Van Gogh y Gauguin son las personalidades que más intensamente marcó a este grupo de jóvenes. En 1901, se celebró una gran exposición de Van Gogh en París; en 1903 se pudo contemplar la obra de Gauguin en el Salón de Otoño; y en 1905 pudieron encontrar de nuevo la obra de Van Gogh en una gran retrospectiva celebrada en el Salón de los Independientes. De ambos artistas tomaron la ejecución libre y personal, impulsiva y pasional, a la vez que el uso armónico de los colores planos e intensos. De todos los fauves, Vlaminck fue el más influidos por  Van Gogh. En Casa de Chatou (1905-1906) o Árboles rojos (1906-1907), la explosión de color aplicado de manera intensa, violenta, pesadamente trabajada, de golpe empastado y dinámico, reflejaba un temperamento tan desmedidamente apasionado como el de Van Gogh.

En la obra de Gauguin, los fauvistas descubrieron el exotismo de lo primitivo y salvaje que luego encontrarían en los museos y exposiciones de objetos exóticos y etnográficos, así asimilaron la estética de las estatuas y máscaras africanas, el esquematismo simbólico y bárbaro de culturas primitivas y salvajes que el mundo occidental en general contemplaba admirado. La deuda del Fauvismo a Gauguin es evidente en el caso de Matisse y Derain, quienes contemplaron sus obras en la casa del su albacea, Daniel de Monfried. En obras como Mujer en una terraza (1906) de Matisse, la influencia de Gauguin puede verse en el antinaturalismo y en el uso decorativo del color utilizado en campos cromáticos planos contorneados por una línea. El interés que desarrolló Gauguin por el simbolismo de las imágenes y su búsqueda de paraísos perdidos y espacios salvajes eran conceptos que también se descubría en la obra de Matisse. En el caso de Derain, la influencia de Gauguin es apreciable en obras como El puente de Charing Cross (1906), donde se revela la importancia de los valores formales que Gauguin desplegó en Visión después del Sermón (1888); en ambas obras se aprecia esa organización del espacio mediante masas de color que sintetizan las formas, delimitadas y reforzadas por un contundente perfil negro.

Derain y Matisse, aunque influidos por Gauguin como hemos visto, y por Van Gogh en menor medida, enlazaron su creación inicialmente a la de los neoimpresionistas, aunque no estuvieron especialmente interesados en las teorías científicas de la mezcla óptica del color o en la técnica puntillista de Seurat y Signac. Lujo, calma y voluptuosidad (1904-1905), ejecutado en compañía de Signac durante el verano de 1904, es uno de los trabajos más característico de Matisse donde se aprecia el seguimiento que hace de las ideas neoimpresionistas. Este lienzo, que se exhibió en el Salón de los Independientes de 1905, sería el que animara a Dufy a adherirse al grupo de las "fieras".

Pero Derain y Matisse se liberaron del neoimpresionismo y llevaron la exaltación de los colores saturados al extremo en Collioure, durante el verano de 1905. En obras como Collioure (1905) o Vista de Collioure con la iglesia (1905), Derain realizó una derivación de los puntos de color neoimpresionistas uniéndolos en bandas de intenso cromatismo que se disponen sobre el lienzo en una composición planeada cuidadosamente.

El impacto de Moreau, Van Gogh, Gauguin y los neoimpresionistas en las obras fauvistas se vio reforzado por la pintura francesa primitiva del siglo XV. Estas obras habían sido objeto de una exposición, Los primitivos Franceses, en 1904, en el Pabellón de Marsan y la Biblioteca Nacional de París. Una de las piezas más admiradas fue La Piedad de Avignon (1450), adquirida por el Louvre en aquellas fechas. En las obras de los primitivos los Fauvistas encontraron el fundamento histórico en el que apoyarse moralmente para desarrollar su estética, ya que veían como los maestros antiguos trataban el espacio sin recurrir a las perspectivas convencionales, usando planos saturados de color y un dibujo de carácter muy lineal y definidor.

Con estos precedentes y la idea generalizada entre los artistas del grupo de dar rienda suelta a la subjetividad, los pintores fauves establecieron un lenguaje artístico condicionado por el impulso vital que la contemplación de la realidad les inspiraba, con una ejecución de la obra rápida, instintiva, que dio como resultado un sintetismo y un simbolismo como el de las obras de los viejos maestros, además de una contundente fuerza visual, pero con la novedad de utilizar una ejecución y unos materiales más acordes con el tiempo que vivieron. A veces dejando que el lienzo blanco, sin cubrir aporte color y textura a la composición. La composición que tenía como finalidad obtener una imagen global que transmitiera lo que el artista piensa, supeditando a la globalidad el espacio, la perspectiva, la anatomía, los detalles, que quedan esbozados, sintetizados, en muchas ocasiones deformados en pro del ritmo y la armonía general de la obra.