| Contemporáneamente
a las corrientes más eruditas y comprometidas del arte, desarrollaron
su obra un grupo de artistas denominados naïfs o aficionados por el
hecho de no dedicarse a la pintura como única actividad sino al
margen de las variadas tareas profesionales que tuvieron que desempeñar
para ganarse la vida. Sin embargo, eran artistas plenamente convencidos
de serlo, sintiéndose por encima de todo pintores. Sin formación
académica alguna, en todos los casos fueron creadores autodidactas.
Presentaron un completo
distanciamiento, tanto en procedimientos como en temática, con respecto
a sus contemporáneos, al recurrir a las técnicas realistas
consideradas obsoletas por la vanguardia, con las que recrearon determinados
temas estimados del mismo modo, pasados de moda.
Sin embargo, el
interés que despertó este grupo de creadores radicó
en la particular manera que tuvieron a la hora de afrontar la representación
de la realidad. Como resultado de su personal idea de arte, entendido no
como algo reflexivo y trascendente sino como reflejo de la tranquilidad
y despreocupación interior, las obras de estos artistas mostraron
como rasgo principal el ambiente completamente sereno y despreocupado que
otorgaron a la existencia.
Fue esta cualidad,
tremendamente valorada en un momento de enorme desasosiego, lo que fundamentó
el reconocimiento artístico de estos pintores.
Sus obras comenzaron
a valorarse como auténticos exponentes del candor e ingenuidad perdidos
hacía tiempo, unas formas de arte puras tan impactantes como las
expresiones del arte primitivo y, en general, como las manifestaciones
de las culturas de los pueblos considerados exóticos, tan valoradas
por todo el conjunto de expresionistas como las únicas formas artísticas
íntegras, ajenas a cualquier tipo de contaminación externa.
Esta novedosa y
peculiar manera representar la realidad fue de inmediato valorada por el
propio Kandinsky, quien no dudó, tras adquirir algunas obras de
Henri Rousseau, el principal protagonista de este grupo de pintores, en
1906 durante su estancia en París, en exponer dos de ellas en la
primera exposición de Blaue Reiter e incluir el resto en el Almanaque
de El Jinete Azul para ilustrar sus propios escritos sobre la cuestión
de la forma.
Kandinsky consideró
a Henri Rousseau el padre del nuevo realismo, al tiempo que uno de los
principales pilares del arte contemporáneo. Según él,
Rousseau llegó en la pintura a un estado emocional puro en un proceso
similar al suyo, aunque por diferentes caminos. Si él lo había
conseguido a través de la abstracción, Rosseau lo logró
a partir de la inmersión ingenua y total en la realidad del objeto.
En líneas
generales Rousseau ejerció una notable influencia sobre todo el
grupo muniqués, puesto que su obra se asoció a las tan admiradas
manifestaciones artísticas de los pueblos primitivos y, en general,
a las artes populares e incluso, por la ausencia de convencionalismos,
a la espontaneidad de los dibujos infantiles. En una carta escrita por
Marc en 1913 a Delaunay decía:
El aduanero Rousseau
es el único cuyo arte me obsesiona con frecuencia. Continuamente
intento entender cómo pintó sus maravillosos cuadros. Trato
de identificarme con el estado interior de este pintor venerable, o lo
que es lo mismo, con un estado de gran amor.
El principal representante
de este grupo de creadores fue HENRI ROUSSEAU, (1844-1910) establecido
desde 1869 en París donde se empleó como portero en la aduana
de las puertas de la ciudad, lo que le valió el apodo de Le Douanier
o Aduanero. Aunque ésta era su ocupación oficial, su verdadera
pasión era la pintura, convencido además de su talento como
creador.
Su extraña
personalidad, mezcla de ingenuidad y conocimiento, le llevó a ser
considerado por los escritores y pintores bohemios de Motmartre, una especie
de visionario, santón o profeta que del mismo modo que pintaba,
daba clases de recitación y violín.
Sus creaciones no
pasaron desapercibidas, despertando el interés de algunos de los
principales artistas de vanguardia, desde Redon hasta Toulouse-Lautrec,
pasando por Picasso, Léger, Delaunay y el mismo Apollinaire.
Su confianza plena
en lo que hacía se vio recompensada con el reconocimiento por parte
de sus contemporáneos expresionistas, que le invitaron a exponer
en la primera exposición del Blaue Reiter. Ahora bien, Rousseau
contó con la suerte de desarrollar su obra en el momento de creación
del Salón de los Independientes, lo que le permitió, desde
1886 y hasta su muerte, presentar anualmente su producción, lo que
probablemente no hubiera sido posible de no haber existido esta opción
y haber tenido que exponer en el Salón Oficial, donde a buen seguro
no hubiese sido aceptado.
Sus intereses temáticos
se centraron principalmente en retratos y paisajes que desarrolló
a partir de un lenguaje de gran ingenuidad e importantes dosis de fantasía
que, como consecuencia de su autodidacta formación, se singularizó
por el carácter extremadamente lineal, empleo de unas perspectivas
de gran convencionalidad aunque ligeramente sesgadas y el empleo de armónicos
y sutiles colores, lo que se tradujo en unas producciones de naturaleza
intemporal e imágenes arquetípicas reducidas a la esencia.
La encantadora de
serpientes, de 1907, es una de sus producciones más destacadas,
emblema de su concepción artística. La exuberancia y el grado
de exotismo que logró imprimir a la representación de las
selvas tropicales, hizo pensar que incluso pudiera haber viajado hasta
los lugares exóticos que le hubieran permitido el conocimiento directo
de tales naturalezas, que, sin embargo, fueron fruto de la inspiración
conseguida en los jardines botánicos de París. La escena
compuesta a partir de formas absolutamente precisas, serpientes enrolladas
en la vegetación tropical perfectamente definida, y sobre los hombros
de una mujer de piel ocurra, trasmite no obstante, un grado de irrealidad
y fantasía tal que hacen de la composición un paisaje quimérico
de gran excentricidad.
Entre sus mejores
aportaciones en el campo de la retratística figura el Retrato de
Pierre Loti, del mismo modo que la obra anterior símbolo de su personal
concepción artística.

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