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partir de la segunda mitad del XVIII, hasta el final del siglo, encontraremos
los condicionantes que convenientemente tamizados en el XIX darán
lugar a nuevas o renovadas corrientes, es por tanto imprescindible, de
nuevo, que aunque de forma somera estudiemos las realizaciones de este
final de siglo, comenzando por Francia.
Debemos en primer lugar tener muy en cuenta
que a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XVIII y debido en parte
a la intensa labor de teorización de la arquitectura, así
como al cambio de gusto, no podremos hablar de un único estilo o
tendencia en Francia, sino de las visiones de diferentes arquitectos que
intentarán imponer sus criterios normalmente adscritos a una corriente
determinada o bien desarrollada de forma más institucional por parte
de la Académie Royale d'Architecture, institución creada
por mediación de Colbert en 1671, que mantuvo a lo largo de los
siglos una importante influencia tanto en la enseñanza como en el
uso de lenguajes más proclives a sus postulados. En esta ocasión
utilizaremos las obras de cuatro arquitectos: Gabriel, Soufflot, Boullè
y Ledoux.
El arquitecto que encarna el llamado “clasicismo
académico” fue Ange-Jacques Gabriel (1698-1782), su formación
se centró a en torno a los Mansart, llegando a ser arquitecto real
con Luis XV entre 1742 a 1760; en sus obras intentó recuperar las
glorias del siglo pasado, el llamado grand siècle en base a una
arquitectura monumental tendente a un clasicismo simplificado y desornamentado.
Entre sus obras destaca la ordenación arquitectónico-urbanística
de la plaza Luis XV de París (hoy de la Concordia) en cuyo centro
se situaría la estatua ecuestre del rey encargada en 1748 a Edmè
Bouchardon. En esta intervención, alzará dos edificios gemelos
(1763) que en parte de su composición recuerda a la columnata del
Louvre de Perrault.
Pero la obra que le ha dado un mayor reconocimiento
fue la construcción, tras el encargo de Madame Pompadour, del llamado
Petit Trianon enclavado en Versalles (1764). El palacete se encuentra a
medio camino entre los típicos pabellones franceses y las villas
palladianas.
La unidad del conjunto de sencillas líneas
sobre un cuerpo cúbico y tejado plano coronado por balaustrada,
rezuma ese aire de la mejor tradición francesa. Incluso Ledoux llegó
a calificar una obra de Gabriel como “depositaria de la grandeza
de la tradición arquitectónica clasicista francesa”.
Otro importante arquitecto, cuya obra
tendrá realmente una mayor proyección fue Jacques-Germain
Soufflot (1713-1780) también formado en la tradición del
barroco clasicista francés. Muy pronto se dirigió a Roma
donde permaneció entre 1731 y 1738, allí conoció y
midió multitud de edificios hasta su vuelta a Francia, instalándose
en Lyon desde donde fue llamado en 1749 para realizar un segundo viaje
a Italia, en este caso se trataba de acompañar al marqués
de Vandières (más conocido por su posterior título
de Marigny) antes de que tomara posesión del cargo de Directeur
Générale de Bâtiments du Roi, cargo que también
había detentado su tío Lenormant de Tournehem. Marigny, hermano
de Mme. de Pompadour iría acompañado también por el
grabador C. N. Cochin el Joven y tras su vuelta en 1751 encargó
entre otras muchas obras una muy especial a Soufflot.
En 1755 y por mediación del marqués,
fue nombrado Contrôleur des Bâtiments du Roi au Departament
de Paris y comisionado para realizar el proyecto y construcción
de la nueva iglesia de Sainte-Geneviève posteriormente convertida
en Panteón.
Se trata de una iglesia de planta de cruz
griega que destaca, además de por sus volúmenes, por la estructuración
de su interior, donde las naves están separadas por enormes columnas
corintias que a su vez sostienen un entablamento continuo recto, es decir,
lo ya propugnado por Michel Fremin en sus Memoires critiques d’architecture
(1702) y en los escritos de Cordemoy y Laugier. El resultado fue un espacio
diáfano, intensificado por el conjunto de bóvedas y cúpulas
rebajadas. Para soportar los pesos y empujes de todo el conjunto y sobre
todo de su cúpula central, Soufflot utilizó piedras cuya
resistencia y levedad eran sus cualidades más marcadas; en todo
el proceso constructivo el paralelismo con el Gótico fue primordial.
Con la construcción de esta iglesia
estalló una fuerte polémica, entre los que desarrollaron
sus teorías de forma abstracta basada en cálculos experimentales
y matemáticos y los que se centraban más en el simple conocimiento
empírico. En esta segunda corriente se encontraba el mayor enemigo
de Soufflot que no era otro que Pierre Patte (1723-1814) quien aprovechó
cualquier medio para descalificar la obra de Sainte-Geneviève.
Así por ejemplo tras la muerte
de Jacques-François Blondel (1705-1774) arquitecto, académico
y profesor que había publicado su famosos Cours d’architecture;
fue encargado de completar los dos últimos tomos de esta obra y
al describir las técnicas de construcción, arremetió
contra Soufflot, al igual que contra las complicaciones de la ingeniería
gótica.
Otra importante tendencia, en la cual
englobaremos a dos trascendentales artistas, sería aquella denominada
como arquitectura visionaria compuesta por un grupo de arquitectos que
intentarán llevar los ideales ilustrados a la edificación.
Según fenece el siglo, los arquitectos comenzarán a estimar
las masas grandes y a la vez sencillas donde el cuadrado, el cubo y la
esfera ganaran adeptos, olvidándose en muchos casos la aplicación
práctica. Según Middleton y Watkin: “El rasgo irracional
y emotivo que aparece en la teoría arquitectónica de fines
del siglo XVIII estuvo, sin duda, condicionado por la total ruptura en
la edificación durante el periodo revolucionario, de tal manera
que el ejercicio práctico de la arquitectura pudo dejarse aparte
durante algún tiempo respecto a la producción de grandes
proyectos más imaginativos cada vez; pero esta tendencia era evidente
aun antes de 1789, cuando la sensitiva actitud inglesa hacia la belleza,
menos restrictiva, y, en particular, el concepto de Burke sobre lo sublime,
se introdujo en Francia en forma de teoría pintoresquista del jardín”.
Los dos máximos representantes
de esta arquitectura visionaria son Etienne-Louis Boullèe (1728-1799)
y Claude-Nicolás Ledoux (1736-1806). Su reforma de la arquitectura,
según Argan, forma parte del proyecto de renovación cultural
que precede a la revolución francesa.
Boullèe comenzó su formación
como pintor y posteriormente se decidió por el mundo de la arquitectura
siendo discípulo de Blondel y de Legeay, su obra arquitectónica
construida es escasa ya que sobre todo se dedicó a la elaboración
de proyectos “visionarios” nunca llevados a la práctica. Esta renuncia
a la práctica constructiva, la pudo ejercer gracias a diferentes
cargos y a su nombramiento en 1781 como miembro de primera clase de la
Academie.
Su importancia por tanto reside más
en sus proyectos, tanto de diseño como teóricos. Gran parte
de sus planteamientos quedaron recogidos en sus Essai sur l’art, aunque
estos no fueron publicados hasta 1953 en Londres. En ellos la unión
entre pintura y arquitectura queda patente de forma clara, como afirma
Kruft: “...su elaboración detallada [proyectos], en parte a colores,
supera los límites de un plano de arquitectura para pasar a ser
un cuadro de arquitectura; con ello se distancia de las formas habituales
del tratado de arquitectura...el valor primordial de su teoría radica
en la investigación del efecto pictórico de los cuerpos,
con los que se refiere únicamente a cuerpos geométricos regulares,
ya que su regularidad y simetría proporcionan la image de
l’ordre”.
Su concepto de las proporciones también
es particularmente sugerente ya que entiende como proporción de
un cuerpo “el efecto que resulta de la regularidad, de la simetría
y de la variedad”, la más perfecta imagen de esta proporción
sería por tanto la esfera, la cual contiene todo ello.
De igual forma, Boullèe teoriza
sobre los cuerpos regulares y la analogía que produce sobre la sensibilidad
humana a la que él llama caractère: “Yo llamo caractère
al efecto que resulta de este objeto y provoca alguna impresión”.
Uno de sus proyectos, quizás el
más ampliamente difundido, fue el Monumento a Newton en el cual
se concentran y toman forma muchos de sus planteamientos. El proyecto se
traza en base a una gran esfera que representa tanto a la tierra como a
los descubrimientos de Newton, esta estructura se encuentra hábilmente
perforada para que durante el día los rayos de luz entraran
en su interior asemejando una bóveda celeste; durante el ocaso la
iluminación procedería de un gran foco de luz artificial.
Alrededor del proyecto se sitúan columnas de árboles dispuestos
en forma circular que no hacen sino recordar la tradición romana
en los mausoleos de Augusto y Adriano.
Este proyecto no es un monumento funerario,
sino conmemorativo, aunque resulta muy ilustrativo el epitafio que Alexander
Pope escribió en 1732: “La naturaleza y las leyes de la naturaleza
se hallaban ocultas en la noche: Dios dijo, ¡qué nazca Newton¡
y todo fue luz”.
Otros proyectos ilustrativos de Boullèe
giraron en torno a propuestas como la dedicada a una Catedral para la fiesta
del Corpus Christi o el proyecto para un Templo de la Razón. En
todos ellos la magnitud, la belleza y la simetría fueron propiedades
ineludibles.
El otro gran innovador dentro de este
campo fue Claude-Nicolas Ledoux, cuyos paralelismos con Boullèe
fueron manifiestos aún cuando las circunstancias personales distaron
mucho de ser comparables. Al igual que Boullèe también fue
discípulo de Blondel, pero al contrario que éste su obra
constructiva fue más significativa y la desarrolló
con éxito de forma continuada.
Hacia 1770 comenzó a trabajar en
un gran tratado de arquitectura, aunque su magna empresa quedó muy
reducida pudiendo sólo publicar una mínima parte del mismo
en 1804 en París, su título L’architecture considerée
sous le rapport de l’art des moeurs et de la législation. En su
teoría destaca el papel que otorga al arquitecto dentro del orden
social, en el cual y según el sentido de Rousseau, la moral era
como una religión activa, por tanto el arquitecto, practica su religión
que es la Arquitectura.
La arquitectura de Ledoux tenderá
hacia ese orden social donde todo tiene la misma importancia, así
por ejemplo: “La casa del pobre con su exterior modesto rechazará
el esplendor del palacio de un rico...”. El arquitecto se convierte en
un educador y el instrumento de que dispone para llevarlo a cabo es la
arquitectura.
En cuanto a la decoración, Ledoux
valora el atractivo estético de la forma geométrica marcada
por la pureza de líneas y la desornamentación. En cuanto
a las proporciones como categoría estética, desaparece casi
al igual que había ocurrido con Boullèe.
La mayoría de las ideas teóricas
de Ledoux serán llevadas a la práctica con mayor o menor
suerte. Pero si tuviésemos que elegir un proyecto que reflejara
los planteamientos de este arquitecto, sin duda tendríamos que decantarnos
por uno, que aunque inconcluso, manifiesta claramente su peculiar forma
de visión de la arquitectura. Nos estamos refiriendo al proyecto
de la ciudad ideal salinera de Chaux (Arc-et-Senans) comenzada en 1775.
En ella se pensó construir una fábrica de sal, edificios
administrativos y viviendas para los operarios.
De todos los edificios proyectados, sólo
se construyeron una parte, puesto que la idea fue abandonada años
después, pero si bien no se realizó en toda su extensión,
el planteamiento de una ciudad ideal-industrial influyó de forma
marcada en los nuevos intentos de ciudades utópicas que se construirían
o plantearían durante la centuria siguiente.
De entre los edificios no construidos,
y que se conocen por encontrarse grabados en su tratado, destacamos el
del “fabricante de anillos”, la necrópolis, o “la casa del inspector
del río Loue”; en todos ellos vuelve a utilizar la forma geométrica
de mayor calado, y a la vez la que condenaba de forma irremediable al proyecto
a quedarse solo sobre el papel: esto es la esfera. Las arquitecturas de
Ledoux trascienden al exterior por medio de sus volúmenes y símbolos
la ocupación de sus habitantes, es lo que denominaba “architecture
parlante”.
Otros ejemplos de proyectos construidos
donde utilizó de nuevo los volúmenes tradicionales y sencillos,
y con los que lograba interesantes efectos de monumentalidad, serán
sus trabajos para las aduanas de París encargadas en 1784 por la
Ferme Gènérale. A pesar del éxito obtenido a lo largo
de su carrera, durante los acontecimientos que dieron lugar a la revolución
tuvo bastantes problemas al tildarsele de monárquico por lo que
fue hecho prisionero y a punto estuvo de ser guillotinado. Posteriormente
su adscripción a las ideas napoleónicas aunque le rehabilitó
en parte no consiguió devolverle a su posición de prestigio.
Ya a modo de epílogo debemos hacer
constar que la herencia de todo el pensamiento arquitectónico del
XVIII francés se resume en dos tratados. El primero fue escrito
por un discípulo de Soufflot, es decir Jean-Baptiste Rondelet (1743-1829)
y su Traité theorique et practique de l’art de bâtir,
publicado entre 1802 y 1803. Y el segundo obra de Jean Nicolas-Louis Durand
(1760-1834) y su Précis des leçons d’architecture données
à l’Ecole Polytechnique publicada entre 1802 y 1805 y del cual
hablaremos largo y tendido en próximas ocasiones.

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