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1. FUNDAMENTOS DE LA ARQUITECTURA Y URBANISMO DEL SIGLO XIX. ENTRE LA TRADICIÓN Y LA RENOVACIÓN.
3/9
ISBN- 87-9714-021-4
 Por Félix Díaz Moreno
 

A partir de la segunda mitad del XVIII, hasta el final del siglo, encontraremos los condicionantes que convenientemente tamizados en el XIX darán lugar a nuevas o renovadas corrientes, es por tanto imprescindible, de nuevo, que aunque de forma somera estudiemos las realizaciones de este final de siglo, comenzando por Francia.

Debemos en primer lugar tener muy en cuenta que a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XVIII y debido en parte a la intensa labor de teorización de la arquitectura, así como al cambio de gusto, no podremos hablar de un único estilo o tendencia en Francia, sino de las visiones de diferentes arquitectos que intentarán imponer sus criterios normalmente adscritos a una corriente determinada o bien desarrollada de forma más institucional por parte de la Académie Royale d'Architecture, institución creada por mediación de Colbert en 1671, que mantuvo a lo largo de los siglos una importante influencia tanto en la enseñanza como en el uso de lenguajes más proclives a sus postulados. En esta ocasión utilizaremos las obras de cuatro arquitectos: Gabriel, Soufflot, Boullè y Ledoux.

El arquitecto que encarna el llamado “clasicismo académico” fue Ange-Jacques Gabriel (1698-1782), su formación se centró a en torno a los Mansart, llegando a ser arquitecto real con Luis XV entre 1742 a 1760; en sus obras intentó recuperar las glorias del siglo pasado, el llamado grand siècle en base a una arquitectura monumental tendente a un clasicismo simplificado y desornamentado. Entre sus obras destaca la ordenación arquitectónico-urbanística de la plaza Luis XV de París (hoy de la Concordia) en cuyo centro se situaría la estatua ecuestre del rey encargada en 1748 a Edmè Bouchardon. En esta intervención, alzará dos edificios gemelos (1763) que en parte de su composición recuerda a la columnata del Louvre de Perrault. 

Pero la obra que le ha dado un mayor reconocimiento fue la construcción, tras el encargo de Madame Pompadour, del llamado Petit Trianon enclavado en Versalles (1764). El palacete se encuentra a medio camino entre los típicos pabellones franceses y las villas palladianas.
La unidad del conjunto de sencillas líneas sobre un cuerpo cúbico y tejado plano coronado por balaustrada, rezuma ese aire de la mejor tradición francesa. Incluso Ledoux llegó a calificar una obra de Gabriel como  “depositaria de la grandeza de la tradición arquitectónica clasicista francesa”.

Otro importante arquitecto, cuya obra tendrá realmente una mayor proyección fue Jacques-Germain Soufflot (1713-1780) también formado en la tradición del barroco clasicista francés. Muy pronto se dirigió a Roma donde permaneció entre 1731 y 1738, allí conoció y midió multitud de edificios hasta su vuelta a Francia, instalándose en Lyon desde donde fue llamado en 1749 para realizar un segundo viaje a Italia, en este caso se trataba de acompañar al marqués de Vandières (más conocido por su posterior título de Marigny) antes de que tomara posesión del cargo de Directeur Générale de Bâtiments du Roi, cargo que también había detentado su tío Lenormant de Tournehem. Marigny, hermano de Mme. de Pompadour iría acompañado también por el grabador C. N. Cochin el Joven y tras su vuelta en 1751 encargó entre otras muchas obras una muy especial a Soufflot.

En 1755 y por mediación del marqués, fue nombrado Contrôleur des Bâtiments du Roi au Departament de Paris y comisionado para realizar el proyecto y construcción de la nueva iglesia de Sainte-Geneviève posteriormente convertida en Panteón.

Se trata de una iglesia de planta de cruz griega que destaca, además de por sus volúmenes, por la estructuración de su interior, donde las naves están separadas por enormes columnas corintias que a su vez sostienen un entablamento continuo recto, es decir, lo ya propugnado por Michel Fremin en sus Memoires critiques d’architecture (1702) y en los escritos de Cordemoy y Laugier. El resultado fue un espacio diáfano, intensificado por el conjunto de bóvedas y cúpulas rebajadas. Para soportar los pesos y empujes de todo el conjunto y sobre todo de su cúpula central, Soufflot utilizó piedras cuya resistencia y levedad eran sus cualidades más marcadas; en todo el proceso constructivo el paralelismo con el Gótico fue primordial.

Con la construcción de esta iglesia estalló una fuerte polémica, entre los que desarrollaron sus teorías de forma abstracta basada en cálculos experimentales y matemáticos y los que se centraban más en el simple conocimiento empírico. En esta segunda corriente se encontraba el mayor enemigo de Soufflot que no era otro que Pierre Patte (1723-1814) quien aprovechó cualquier medio para descalificar la obra de Sainte-Geneviève.

Así por ejemplo tras la muerte de Jacques-François Blondel (1705-1774) arquitecto, académico y profesor que había publicado su famosos Cours d’architecture; fue encargado de completar los dos últimos tomos de esta obra y al describir las técnicas de construcción, arremetió contra Soufflot, al igual que contra las complicaciones de la ingeniería gótica.

Otra importante tendencia, en la cual englobaremos a dos trascendentales artistas, sería aquella denominada como arquitectura visionaria compuesta por un grupo de arquitectos que intentarán llevar los ideales ilustrados a la edificación. Según fenece el siglo, los arquitectos comenzarán a estimar las masas grandes y a la vez sencillas donde el cuadrado, el cubo y la esfera ganaran adeptos, olvidándose en muchos casos la aplicación práctica. Según Middleton y Watkin: “El rasgo irracional y emotivo que aparece en la teoría arquitectónica de fines del siglo XVIII estuvo, sin duda, condicionado por la total ruptura en la edificación durante el periodo revolucionario, de tal manera que el ejercicio práctico de la arquitectura pudo dejarse aparte durante algún tiempo respecto a la producción de grandes proyectos más imaginativos cada vez; pero esta tendencia era evidente aun antes de 1789, cuando la sensitiva actitud inglesa hacia la belleza, menos restrictiva, y, en particular, el concepto de Burke sobre lo sublime, se introdujo en Francia en forma de teoría pintoresquista del jardín”.

Los dos máximos representantes de esta arquitectura visionaria son Etienne-Louis Boullèe (1728-1799) y Claude-Nicolás Ledoux (1736-1806). Su reforma de la arquitectura, según Argan, forma parte del proyecto de renovación cultural que precede a la revolución francesa.
Boullèe comenzó su formación como pintor y posteriormente se decidió por el mundo de la arquitectura siendo discípulo de Blondel y de Legeay, su obra arquitectónica construida es escasa ya que sobre todo se dedicó a la elaboración de proyectos “visionarios” nunca llevados a la práctica. Esta renuncia a la práctica constructiva, la pudo ejercer gracias a diferentes cargos y a su nombramiento en 1781 como miembro de primera clase de la Academie.

Su importancia por tanto reside más en sus proyectos, tanto de diseño como teóricos. Gran parte de sus planteamientos quedaron recogidos en sus Essai sur l’art, aunque estos no fueron publicados hasta 1953 en Londres. En ellos la unión entre pintura y arquitectura queda patente de forma clara, como afirma Kruft: “...su elaboración detallada [proyectos], en parte a colores, supera los límites de un plano de arquitectura para pasar a ser un cuadro de arquitectura; con ello se distancia de las formas habituales del tratado de arquitectura...el valor primordial de su teoría radica en la investigación del efecto pictórico de los cuerpos, con los que se refiere únicamente a cuerpos geométricos regulares, ya  que su regularidad y simetría proporcionan la image de l’ordre”.
Su concepto de las proporciones también es particularmente sugerente ya que entiende como proporción de un cuerpo “el efecto que resulta de la regularidad, de la simetría y de la variedad”, la más perfecta imagen de esta proporción sería por tanto la esfera, la cual contiene todo ello.
De igual forma, Boullèe teoriza sobre los cuerpos regulares y la analogía que produce sobre la sensibilidad humana a la que él llama caractère: “Yo llamo caractère al efecto que resulta de este objeto y provoca alguna impresión”.

Uno de sus proyectos, quizás el más ampliamente difundido, fue el Monumento a Newton en el cual se concentran y toman forma muchos de sus planteamientos. El proyecto se traza en base a una gran esfera que representa tanto a la tierra como a los descubrimientos de Newton, esta estructura se encuentra hábilmente perforada para  que durante el día los rayos de luz entraran en su interior asemejando una bóveda celeste; durante el ocaso la iluminación procedería de un gran foco de luz artificial. Alrededor del proyecto se sitúan columnas de árboles dispuestos en forma circular que no hacen sino recordar la tradición romana en los mausoleos de Augusto y Adriano.

Este proyecto no es un monumento funerario, sino conmemorativo, aunque resulta muy ilustrativo el epitafio que Alexander Pope escribió en 1732: “La naturaleza y las leyes de la naturaleza se hallaban ocultas en la noche: Dios dijo, ¡qué nazca Newton¡ y todo fue luz”.

Otros proyectos ilustrativos de Boullèe giraron en torno a propuestas como la dedicada a una Catedral para la fiesta del Corpus Christi o el proyecto para un Templo de la Razón. En todos ellos la magnitud, la belleza y la simetría fueron propiedades ineludibles.

El otro gran innovador dentro de este campo fue Claude-Nicolas Ledoux, cuyos paralelismos con Boullèe fueron manifiestos aún cuando las circunstancias personales distaron mucho de ser comparables. Al igual que Boullèe también fue discípulo de Blondel, pero al contrario que éste su obra constructiva  fue más significativa y la desarrolló con éxito de forma continuada.

Hacia 1770 comenzó a trabajar en un gran tratado de arquitectura, aunque su magna empresa quedó muy reducida pudiendo sólo publicar una mínima parte del mismo en 1804 en París, su título L’architecture considerée sous le rapport de l’art des moeurs et de la législation. En su teoría destaca el papel que otorga al arquitecto dentro del orden social, en el cual y según el sentido de Rousseau, la moral era como una religión activa, por tanto el arquitecto, practica su religión que es la Arquitectura.

La arquitectura de Ledoux tenderá hacia ese orden social donde todo tiene la misma importancia, así por ejemplo: “La casa del pobre con su exterior modesto rechazará el esplendor del palacio de un rico...”. El arquitecto se convierte en un educador y el instrumento de que dispone para llevarlo a cabo es la arquitectura.

En cuanto a la decoración, Ledoux valora el atractivo estético de la forma geométrica marcada por la pureza de líneas y la desornamentación. En cuanto a las proporciones como categoría estética, desaparece casi al igual que había ocurrido con Boullèe.

La mayoría de las ideas teóricas de Ledoux serán llevadas a la práctica con mayor o menor suerte. Pero si tuviésemos que elegir un proyecto que reflejara los planteamientos de este arquitecto, sin duda tendríamos que decantarnos por uno, que aunque inconcluso, manifiesta claramente su peculiar forma de visión de la arquitectura. Nos estamos refiriendo al proyecto de la ciudad ideal salinera de Chaux (Arc-et-Senans) comenzada en 1775. En ella se pensó construir una fábrica de sal, edificios administrativos y viviendas para los operarios.

De todos los edificios proyectados, sólo se construyeron una parte, puesto que la idea fue abandonada años después, pero si bien no se realizó en toda su extensión, el planteamiento de una ciudad ideal-industrial influyó de forma marcada en los nuevos intentos de ciudades utópicas que se construirían o plantearían durante la centuria siguiente.

De entre los edificios no construidos, y que se conocen por encontrarse grabados en su tratado, destacamos el del “fabricante de anillos”, la necrópolis, o “la casa del inspector del río Loue”; en todos ellos vuelve a utilizar la forma geométrica de mayor calado, y a la vez la que condenaba de forma irremediable al proyecto a quedarse solo sobre el papel: esto es la esfera. Las arquitecturas de Ledoux trascienden al exterior por medio de sus volúmenes y símbolos la ocupación de sus habitantes, es lo que denominaba “architecture parlante”.

Otros ejemplos de proyectos construidos donde utilizó de nuevo los volúmenes tradicionales y sencillos, y con los que lograba interesantes efectos de monumentalidad, serán sus trabajos para las aduanas de París encargadas en 1784 por la Ferme Gènérale. A pesar del éxito obtenido a lo largo de su carrera, durante los acontecimientos que dieron lugar a la revolución tuvo bastantes problemas al tildarsele de monárquico por lo que fue hecho prisionero y a punto estuvo de ser guillotinado. Posteriormente su adscripción a las ideas napoleónicas aunque le rehabilitó en parte no consiguió devolverle a su posición de prestigio.

Ya a modo de epílogo debemos hacer constar que la herencia de todo el pensamiento arquitectónico del XVIII francés se resume en dos tratados. El primero fue escrito por un discípulo de Soufflot, es decir Jean-Baptiste Rondelet (1743-1829) y su Traité theorique et practique de l’art de bâtir, publicado entre 1802 y 1803. Y el segundo obra de Jean Nicolas-Louis Durand (1760-1834) y su Précis des leçons d’architecture données à l’Ecole Polytechnique publicada entre 1802 y 1805 y del cual hablaremos largo y tendido en próximas ocasiones.