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4.  EL NEOCLASICISMO COMO EXPRESIÓN PICTÓRICA 1/8
ISBN-84-9714-052-4
María Isabel Morente Parra
 

La necesidad de cambio que favorecieron los preceptos ideológicos ilustrados, preconizó y facilitó la creación de un movimiento denominado Neoclasicismo, que surgirá como reacción crítica a los excesos de la última expresión barroca, para ello empleó un lenguaje e iconografía de contenido moral y cívico en contraposición a la fiesta galante y hedonista propias del rococó. Aún así, el Neoclasicismo no prescindirá por completo de la forma barroca, aunque tamizada por el juicio de la razón, y siempre como interpretación de la Antigüedad clásica, que como afirma Assunto: “era a la vez la nostalgia del Paraíso Perdido y los anhelos de la Tierra Prometida”.

La implantación del Neoclasicismo conllevó el desuso del término estilo, ahora vinculado a la individualidad del autor, para comenzar a hablar de movimientos, nunca en sentido unidireccional, ni unitario, ya que como veremos, los movimientos se verán influenciados por ideales y contenidos no sólo diferentes, sino en ocasiones contradictorios.

La construcción de un mundo ideal, pergeñada por el pensamiento ilustrado, encontrará en el movimiento neoclásico su máxima expresión y justificación, para ello empleará un arte pedagógico, identificable  con el nuevo ciudadano que surgirá de la revolución. El arte se convirtió en patrimonio patriótico, se le adjudicó una misión salvadora, gracias a la ruptura con la idea barroca de ser alienante para el pueblo por su relación con lo hedonista. La obra artística será el medio difusor de los ideales cívicos y morales, cuyo ejemplo lo encontrarán en el estudio de la Antigüedad. 
Winckelmann decía que la única forma de ser grande “es imitar la Antigüedad”. El término imitar entendido como interpretación y reelaboración de lo clásico, a partir de la aparición de nuevas y múltiples teorías artísticas con el fin de redefinir los términos clásicos. De nuevo Winckelmann abogaba por una vuelta al espíritu clásico y no a la copia: “lo contrario del pensamiento independiente es la copia, no la imitación”.

Es cierto que es esta época, el artista adquiere mayor individualidad, libertad en el empleo del lenguaje artístico, pero ahora más que nunca, bajo la supervisión de los preceptos ideológico-políticos. De nuevo el arte se hace propaganda partidista, y el artista debe estar comprometido socialmente, Diderot afirmaba que “todo cuadro ha de ser la expresión de una gran máxima, una lección para el espectador, sin lo cual será mudo”.

A través del Salón, la pintura se convirtió en patrimonio social, como agente influyente en la ética colectiva, ejemplarizante y por tanto imitable. Lo importante era el valor ético que podía extraerse del ejemplo clásico, lo heroico se asocia a lo virtuoso, y por tanto a lo sublime, a lo que se llega trascendiendo  lo físico. La belleza no debe ser física, sino moral y virtuosa. 

Respecto a la temática neoclásica, será como resulta obvio, la pintura de historia la más tratada, ya que de ella se extraerán mejor los mensajes virtuosos, los ejemplos se tomarán de la historia clásica, bien a partir de los textos clásicos, o bien de textos elaborados y reinterpretados por autores contemporáneos. En un primer momento las fuentes fueron las leyendas o historias reales de héroes de  época romana, y posteriormente la de los héroes griegos. También se emplearon temáticas mitológicas, aunque con un sentido y tratamiento muy diferente al dado por el barroco.
Paralelamente y más vinculado al movimiento romántico, se empleó la historia medieval, no tanto por su sentido de moralidad como de exaltación de las tradiciones.

Otra temática abordada era la de historia contemporánea, historia como presente, la pintura actuó como documento histórico, el pintor será el cronista de la época. Este sentido pictórico se adoptará sobre todo durante la época imperial, aunque con anterioridad y bajo los preceptos ilustrados, se difundieron las escenas de género, donde se reflejaban las costumbres de la época, en ocasiones como crítica de los vicios de la sociedad burguesa, como vimos que hizo Hogarth en Inglaterra, aunque con carácter satírico, y Greuze en Francia, con un sentido más narrativo y moralizador.

La Naturaleza es el gran tema de cualquier movimiento artístico, aunque con tratamientos y concepciones muy diferentes y en ocasiones divergentes. El Neoclasicismo no prescinde de su estudio, considera que en Ella reside la belleza, alcanzable únicamente mediante su intelectualización. La Naturaleza es un jardín purificado, donde se enmarcan las acciones de los personajes virtuosos, por eso es necesaria su idealización, mediante la superposición de planos, en detrimento del estudio fiel de la perspectiva. Los pintores neoclásicos y también románticos, se basarán en los paisajes del siglo XVII de Poussin y Lorrain, despreciando los espacios lujuriosos del paisaje rococó, ejemplo de naturaleza idealizada con una finalidad placentera, exaltadora de los sentidos.

El tema de la muerte, quizá uno de los más universales, recibe un tratamiento que intenta llegar a lo sublime, y el Neoclasicismo lo alcanzará representando la muerte de los héroes. Durante el periodo revolucionario, la representación de los mártires revolucionarios llegará a su máxima expresión en la pintura de David. Generalmente se contrapone la idea de la muerte del héroe en paz, sereno, frente a las escenas de sufrimiento de los dolientes por la pérdida.  En una obra literaria del momento se escribía: ”En el sueño de la muerte reposan para siempre la enfermedad, el dolor, los disgustos, las creencias que nunca cesan de importunar la infeliz  vida de los hombres”.
El tratamiento pictórico formal se centrará en el empleo de la línea, el dibujo, frente al color, al que se considera engañoso y superfluo. Schiller ante la contemplación de las pinturas de la galería Dresde, comenta: “Todo muy bien, si no fuera por que los cartones estaban llenos de color...No puedo desechar la idea de que esos colores no me dicen la verdad...el contorno puro me daría una imagen mucho más fiel”.

Contorno vinculado a simplicidad como una expresión pura de lo pictórico, el color y el sombreado deben realzar aún más el contorno, reafirmar la línea, por ello, sin esta distracción, la atención se centra más en la perfección y pureza de las formas lineales que, por otro lado, eran la expresión del arte antiguo, encontrándose sobre todo en la representación del desnudo de forma natural, que no naturalista. La anatomía debe ser bella, perfecta y pura como concepto, el hombre libre de adornos, en relación con la Naturaleza que lo creó. Mengs decía: “Por ideal indico aquello que uno ve solamente con la imaginación, y no con los ojos; y así, un ideal en pintura depende de la selección de las cosas más bellas de la naturaleza, purificadas de toda imperfección”. 

El uso del color también estaba determinado por el contenido moral de la pintura, por lo que su empleo debía idealizarse, no podía distraer la atención; se optó por los colores planos, fríos, sin contrastes, que remarcaran y ennoblecieran el dibujo. El empleo de la luz reforzaba aún más el objetivo último de la obra, resaltando las escenas didácticas. La idealización de la pintura conllevaba la utilización de una luz blanca, dirigida, a modo de escenario teatral, creando un ambiente ideal ejemplarizante para la sociedad del momento. Hay una clara reminiscencia del tratamiento barroco “tenebrista” respecto a la luz y al color, tienen siempre presente a Caravaggio. 
También es característico el manejo de las figuras como modelados escultóricos, lo que imprime a la pintura un mayor empaque universalista de la acción, que en definitiva desea sublimar la realidad idealizándola.

Por su parte la Academia como institución se mantendrá hasta el periodo revolucionario y continuará marcando la línea oficial de la pintura que debía exponerse en los Salones, tan ansiados por los pintores. Si su pintura es propaganda y enseñanza debe exponerse al público, si no carecerá de sentido. El Estado, en cualquiera de sus vertientes políticas continuará siendo el mecenas por excelencia.

4.1. Pintura neoclásica francesa.
Aunque todas las características comentadas surgen y se desarrollan en su mayoría en el marco pictórico e ideológico francés. Nos centraremos en este apartado al estudio de los pintores franceses que lo consolidaron, y donde el neoclasicismo se presentará como expresión de las convulsiones políticas que ofertaron múltiples lenguajes, sobre todo del pincel de Jacques Louis David. 

Históricamente en Francia las convulsiones políticas de finales del siglo XVIII, condujeron a la expresión revolucionaria de 1789, los poderes estamentales entraron en crisis, la bancarrota financiera de la corona intentó reflotarse con el cobro de impuestos a la nobleza y la Iglesia, lo que supuso una revuelta que forzará al rey a convocar los Estados Generales, donde el Tercer Estado también reclamará sus derechos en las decisiones políticas.

Todo ello contribuyó al levantamiento de París y la emblemática toma de la Bastilla. Estos procesos convulsos darán paso a un nuevo planteamiento político que precisará de un discurso simbólico propio, así como del empleo de una determinada iconografía que el arte se encargará de transmitir. En 1793, Fichte escribía: “Me parece que la Revolución francesa interesa a la humanidad entera”.

Posteriormente, la llegada de Bonaparte, tan deseada por la mayoría de los defraudados revolucionarios, llevó a la implantación del Consulado y su nombramiento como Primer Cónsul. Pero fueron sus victorias bélicas las que le realzaron como a un héroe clásico, depositando sobre él toda la esperanza  de restitución de los perdidos ideales revolucionarios, muy lejos de dicha pretensión, Bonaparte tenía la intención de implantar un curioso imperio revolucionario, y darle contenido mediante una completa iconografía bonapartista, cercana a la de los Césares, intentó demostrar que cualquier ciudadano podía acceder al poder más absoluto, el del Imperio.
 Autoproclamado Emperador, e incluso ya de Primer Cónsul, desarrolló un amplio y complejo aparato administrativo de control, para lo que pidió la colaboración de ciudadanos de ideales enfrentados, intentando complacer a todos controlaba a todos. Pero los defensores de los Borbones, legítimos herederos de la monarquía francesa, se encontraban esperando que el Emperador diera un paso en falso, cosa que hizo definitivamente en 1815, reinstaurándose de nuevo la monarquía borbónica  con Luis XVIII.