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necesidad de cambio que favorecieron los preceptos ideológicos ilustrados,
preconizó y facilitó la creación de un movimiento
denominado Neoclasicismo, que surgirá como reacción crítica
a los excesos de la última expresión barroca, para ello empleó
un lenguaje e iconografía de contenido moral y cívico en
contraposición a la fiesta galante y hedonista propias del rococó.
Aún así, el Neoclasicismo no prescindirá por completo
de la forma barroca, aunque tamizada por el juicio de la razón,
y siempre como interpretación de la Antigüedad clásica,
que como afirma Assunto: “era a la vez la nostalgia del Paraíso
Perdido y los anhelos de la Tierra Prometida”.
La implantación del Neoclasicismo
conllevó el desuso del término estilo, ahora vinculado a
la individualidad del autor, para comenzar a hablar de movimientos, nunca
en sentido unidireccional, ni unitario, ya que como veremos, los movimientos
se verán influenciados por ideales y contenidos no sólo diferentes,
sino en ocasiones contradictorios.
La construcción de un mundo ideal,
pergeñada por el pensamiento ilustrado, encontrará en el
movimiento neoclásico su máxima expresión y justificación,
para ello empleará un arte pedagógico, identificable
con el nuevo ciudadano que surgirá de la revolución. El arte
se convirtió en patrimonio patriótico, se le adjudicó
una misión salvadora, gracias a la ruptura con la idea barroca de
ser alienante para el pueblo por su relación con lo hedonista. La
obra artística será el medio difusor de los ideales cívicos
y morales, cuyo ejemplo lo encontrarán en el estudio de la Antigüedad.
Winckelmann decía que la única
forma de ser grande “es imitar la Antigüedad”. El término imitar
entendido como interpretación y reelaboración de lo clásico,
a partir de la aparición de nuevas y múltiples teorías
artísticas con el fin de redefinir los términos clásicos.
De nuevo Winckelmann abogaba por una vuelta al espíritu clásico
y no a la copia: “lo contrario del pensamiento independiente es la copia,
no la imitación”.
Es cierto que es esta época, el
artista adquiere mayor individualidad, libertad en el empleo del lenguaje
artístico, pero ahora más que nunca, bajo la supervisión
de los preceptos ideológico-políticos. De nuevo el arte se
hace propaganda partidista, y el artista debe estar comprometido socialmente,
Diderot afirmaba que “todo cuadro ha de ser la expresión de una
gran máxima, una lección para el espectador, sin lo cual
será mudo”.
A través del Salón, la pintura
se convirtió en patrimonio social, como agente influyente en la
ética colectiva, ejemplarizante y por tanto imitable. Lo importante
era el valor ético que podía extraerse del ejemplo clásico,
lo heroico se asocia a lo virtuoso, y por tanto a lo sublime, a lo que
se llega trascendiendo lo físico. La belleza no debe ser física,
sino moral y virtuosa.
Respecto a la temática neoclásica,
será como resulta obvio, la pintura de historia la más tratada,
ya que de ella se extraerán mejor los mensajes virtuosos, los ejemplos
se tomarán de la historia clásica, bien a partir de los textos
clásicos, o bien de textos elaborados y reinterpretados por autores
contemporáneos. En un primer momento las fuentes fueron las leyendas
o historias reales de héroes de época romana, y posteriormente
la de los héroes griegos. También se emplearon temáticas
mitológicas, aunque con un sentido y tratamiento muy diferente al
dado por el barroco.
Paralelamente y más vinculado
al movimiento romántico, se empleó la historia medieval,
no tanto por su sentido de moralidad como de exaltación de las tradiciones.
Otra temática abordada era la de
historia contemporánea, historia como presente, la pintura actuó
como documento histórico, el pintor será el cronista de la
época. Este sentido pictórico se adoptará sobre todo
durante la época imperial, aunque con anterioridad y bajo los preceptos
ilustrados, se difundieron las escenas de género, donde se reflejaban
las costumbres de la época, en ocasiones como crítica de
los vicios de la sociedad burguesa, como vimos que hizo Hogarth en Inglaterra,
aunque con carácter satírico, y Greuze en Francia, con un
sentido más narrativo y moralizador.
La Naturaleza es el gran tema de cualquier
movimiento artístico, aunque con tratamientos y concepciones muy
diferentes y en ocasiones divergentes. El Neoclasicismo no prescinde de
su estudio, considera que en Ella reside la belleza, alcanzable únicamente
mediante su intelectualización. La Naturaleza es un jardín
purificado, donde se enmarcan las acciones de los personajes virtuosos,
por eso es necesaria su idealización, mediante la superposición
de planos, en detrimento del estudio fiel de la perspectiva. Los pintores
neoclásicos y también románticos, se basarán
en los paisajes del siglo XVII de Poussin y Lorrain, despreciando los espacios
lujuriosos del paisaje rococó, ejemplo de naturaleza idealizada
con una finalidad placentera, exaltadora de los sentidos.
El tema de la muerte, quizá uno
de los más universales, recibe un tratamiento que intenta llegar
a lo sublime, y el Neoclasicismo lo alcanzará representando la muerte
de los héroes. Durante el periodo revolucionario, la representación
de los mártires revolucionarios llegará a su máxima
expresión en la pintura de David. Generalmente se contrapone la
idea de la muerte del héroe en paz, sereno, frente a las escenas
de sufrimiento de los dolientes por la pérdida. En una obra
literaria del momento se escribía: ”En el sueño de la muerte
reposan para siempre la enfermedad, el dolor, los disgustos, las creencias
que nunca cesan de importunar la infeliz vida de los hombres”.
El tratamiento pictórico formal
se centrará en el empleo de la línea, el dibujo, frente al
color, al que se considera engañoso y superfluo. Schiller ante la
contemplación de las pinturas de la galería Dresde, comenta:
“Todo muy bien, si no fuera por que los cartones estaban llenos de color...No
puedo desechar la idea de que esos colores no me dicen la verdad...el contorno
puro me daría una imagen mucho más fiel”.
Contorno vinculado a simplicidad como
una expresión pura de lo pictórico, el color y el sombreado
deben realzar aún más el contorno, reafirmar la línea,
por ello, sin esta distracción, la atención se centra más
en la perfección y pureza de las formas lineales que, por otro lado,
eran la expresión del arte antiguo, encontrándose sobre todo
en la representación del desnudo de forma natural, que no naturalista.
La anatomía debe ser bella, perfecta y pura como concepto, el hombre
libre de adornos, en relación con la Naturaleza que lo creó.
Mengs decía: “Por ideal indico aquello que uno ve solamente con
la imaginación, y no con los ojos; y así, un ideal en pintura
depende de la selección de las cosas más bellas de la naturaleza,
purificadas de toda imperfección”.
El uso del color también estaba
determinado por el contenido moral de la pintura, por lo que su empleo
debía idealizarse, no podía distraer la atención;
se optó por los colores planos, fríos, sin contrastes, que
remarcaran y ennoblecieran el dibujo. El empleo de la luz reforzaba aún
más el objetivo último de la obra, resaltando las escenas
didácticas. La idealización de la pintura conllevaba la utilización
de una luz blanca, dirigida, a modo de escenario teatral, creando un ambiente
ideal ejemplarizante para la sociedad del momento. Hay una clara reminiscencia
del tratamiento barroco “tenebrista” respecto a la luz y al color, tienen
siempre presente a Caravaggio.
También es característico
el manejo de las figuras como modelados escultóricos, lo que imprime
a la pintura un mayor empaque universalista de la acción, que en
definitiva desea sublimar la realidad idealizándola.
Por su parte la Academia como institución
se mantendrá hasta el periodo revolucionario y continuará
marcando la línea oficial de la pintura que debía exponerse
en los Salones, tan ansiados por los pintores. Si su pintura es propaganda
y enseñanza debe exponerse al público, si no carecerá
de sentido. El Estado, en cualquiera de sus vertientes políticas
continuará siendo el mecenas por excelencia.
4.1. Pintura neoclásica francesa.
Aunque todas las características
comentadas surgen y se desarrollan en su mayoría en el marco pictórico
e ideológico francés. Nos centraremos en este apartado al
estudio de los pintores franceses que lo consolidaron, y donde el neoclasicismo
se presentará como expresión de las convulsiones políticas
que ofertaron múltiples lenguajes, sobre todo del pincel de Jacques
Louis David.
Históricamente en Francia las convulsiones
políticas de finales del siglo XVIII, condujeron a la expresión
revolucionaria de 1789, los poderes estamentales entraron en crisis, la
bancarrota financiera de la corona intentó reflotarse con el cobro
de impuestos a la nobleza y la Iglesia, lo que supuso una revuelta que
forzará al rey a convocar los Estados Generales, donde el Tercer
Estado también reclamará sus derechos en las decisiones políticas.
Todo ello contribuyó al levantamiento
de París y la emblemática toma de la Bastilla. Estos procesos
convulsos darán paso a un nuevo planteamiento político que
precisará de un discurso simbólico propio, así como
del empleo de una determinada iconografía que el arte se encargará
de transmitir. En 1793, Fichte escribía: “Me parece que la Revolución
francesa interesa a la humanidad entera”.
Posteriormente, la llegada de Bonaparte,
tan deseada por la mayoría de los defraudados revolucionarios, llevó
a la implantación del Consulado y su nombramiento como Primer Cónsul.
Pero fueron sus victorias bélicas las que le realzaron como a un
héroe clásico, depositando sobre él toda la esperanza
de restitución de los perdidos ideales revolucionarios, muy lejos
de dicha pretensión, Bonaparte tenía la intención
de implantar un curioso imperio revolucionario, y darle contenido mediante
una completa iconografía bonapartista, cercana a la de los Césares,
intentó demostrar que cualquier ciudadano podía acceder al
poder más absoluto, el del Imperio.
Autoproclamado Emperador, e incluso
ya de Primer Cónsul, desarrolló un amplio y complejo aparato
administrativo de control, para lo que pidió la colaboración
de ciudadanos de ideales enfrentados, intentando complacer a todos controlaba
a todos. Pero los defensores de los Borbones, legítimos herederos
de la monarquía francesa, se encontraban esperando que el Emperador
diera un paso en falso, cosa que hizo definitivamente en 1815, reinstaurándose
de nuevo la monarquía borbónica con Luis XVIII.

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