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pesar del gran acontecimiento de ruptura política que tuvo lugar
en 1789, el Salón también se celebró, aunque no con
las obras davidianas que el pintor realizó para tal evento, Los
amores de Paris y Helena, y el mencionado de Lavoisier y su esposa. Por
el contrario la obra que eligió para dicho Salón, exaltaba
los principios morales y de compromiso cívico, más acorde
con la recién estrenada República, nos referimos a Los lictores
devuelven a Bruto los cuerpos de sus hijos.
El tema de la responsabilidad civil, llega
a su máximo exponente en esta obra, aquí el padre no envía
a sus hijos a morir por Roma, si no que los condena a muerte por traición
a la Patria, Bruto es el juez de sus hijos en defensa de la ciudad. Curiosamente
se produce un paralelismo histórico, ciertamente circunstancial,
ya que Bruto expulsa de Roma al tirano Tarquínio y proclama la República,
al igual que ocurría en la Francia del momento.
Según escribe en una carta, la
elección de la escena es una invención de David, que de nuevo
emplea la técnica teatral como soporte de la obra. Los focos de
luz están dirigidos intencionadamente hacia los tres grupos de personajes
que conforman la historia, también aquí la arquitectura
organiza la escena en tres espacios diferenciados, aunque en armonía
compositiva. El tratamiento de las figuras también es escultórico
de acuerdo a los relieves de tradición romana.
En esta obra el drama familiar, tiene
dos puntos de inflexión enfrentados, por un lado el grupo de las
mujeres que expresa abiertamente el sentimiento de dolor ante la llegada
de los hijos y hermanos muertos, y por otro lado, y en penumbra, el pesar
contenido del padre que oculta el dolor por sus hijos, a los que él
mismo ha castigado como cónsul de Roma y de los que se duele como
padre. Junto a él, una escultura antropomórfica de la ciudad.
Al fondo la tercera escena con los lictores que conducen a la casa de Bruto
los cuerpos sin vida de sus hijos.
A partir de este momento la implicación
política del pintor no sólo se hace evidente si no más
participativa, hablamos del David revolucionario, comprometido, primero
con las ideas jacobinas y posteriormente con la radicalización de
Robespierre, de cuyo gobierno formó parte al igual que lo hizo como
diputado de la Asamblea revolucionaria, votando a favor del guillotinamiento
de muchos personajes del Antiguo Régimen, entre los que contaba
el propio rey Luis XVI y Maria Antonieta, a la que representó en
un dibujo camino de la guillotina en 1793.
La implantación del nuevo gobierno
revolucionario consideró necesario que con motivo del primer aniversario
de la Revolución se realizara una obra conmemorativa, que se encargó
a David, “Para inmortalizar nuestras ideas hemos elegido al pintor del
Bruto y los Horacios, al patriota francés cuyo genio se anticipó
a la Revolución”, llegaría a justificar Dubois Crancé
ante la decisión del gobierno jacobino de inmortalizar el Juramento
del Juego de Pelota. En esta obra el arte se hace periodismo, se trataba
de un acto contemporáneo, aunque la pintura no se pudo concluir,
David sólo nos dejó los dibujos preliminares donde resalta
el trabajo del pintor que primero dibujaba a los personajes desnudos para
posteriormente vestirlos. Aunque se barajan muchas hipótesis que
justifican la no conclusión de la obra, lo que queda claro es que
la obra inacabada es una consecuencia y reflejo de la rapidez con la que
se sucedieron los acontecimientos que llevaron a continuos cambios de gobierno,
como reflejo de la inestabilidad política revolucionaria y que en
los años 90 conducirían a la radicalización
jacobina con Robespierre a la cabeza, era la denominada época
del Terror.
El David revolucionario de los 90, rompe
con lo anterior hasta el punto de dejar inacabadas otras obras encargadas
por clientes no revolucionarios, en ocasiones condenados a la guillotina.
En 1790 y ante la Asamblea Constituyente, el pintor pide la disolución
de la Academia con la intención de facilitar el acceso libre a los
Salones de todo pintor que lo solicitase, sin necesidad de pertenecer a
la misma. El hecho no tuvo lugar hasta 1793. En estos años, David
es nombrado miembro del Comité de Instrucción Pública,
diputado de la Convención además de otros cargos vinculados
a las Artes, de tal forma que su control sobre las mismas era permanente
y continuo, con la “única” pretensión por su parte de introducir
una reforma artística favorable a la mayoría.
En el año 1793 y con motivo de
la celebración del Salón, el pintor al que se le habían
encargado obras para el homenaje que la Revolución debía
a sus mártires, elige la muerte de tres revolucionarios, Lepeletier,
Bara y Marat, con los que pretendía trascender la imagen de la muerte
de un mártir concreto para universalizarla. El asesinato de Jean
Paul Marat a manos de Charlotte Corday, convierte a David, de nuevo en
cronista de época y realiza una bella obra À Marat, héroe
injustamente asesinado en plena acción de trabajo. En la obra, el
pintor prescinde de cualquier elemento anecdótico, ejecuta un acto
solemne, universal. La escena es toda una alegoría al héroe
revolucionario, llena de simbolismo iconográfico. David visitó
a Marat el día anterior a su muerte y lo representó en la
misma actitud en la que se le encontró, pero lo hizo con un tratamiento
idealizado, aunque el rostro del personaje estaba basado en rasgos reales
del mismo no así el cuerpo, que responde al tratamiento del modelado
escultórico y al efectismo caravaggiesco. Se prescinde de la acción
violenta del asesinato, David elige al héroe ya muerto, el cuchillo
en el suelo manchado de sangre así lo denuncia, el resto de objetos
presentes responden a elementos alegóricos al héroe mártir.
En contrapartida a su vinculación
en el homenaje hacia los mártires de la revolución también
se encargó de los preparativos de las Fiestas Revolucionarias, en
definitiva se trataba de otro medio propagandístico
para la joven República. Llevar a cabo la exaltación política,
implicaba elaborar un completo lenguaje simbólico que se basó
de nuevo en la Antigüedad como soporte iconográfico. Realizó
varios dibujos entre los que destacamos El triunfo del pueblo francés,
una alegoría al pueblo que precedido por una carroza guiada por
Hércules celebra su triunfo, en ellos aparecen múltiples
figuras alegóricas tomadas del clasicismo romano.
Pero tan rápido como llegó
el triunfo así fue la caída de Robespierre, los jacobinos
fueron sustituidos por los thermidorianos, que provocaron una limpieza
contrarrevolucionaria en la que se vio inmerso el propio David y que le
costó acusaciones y estancias en prisión. Durante este periodo,
en 1794 el pintor realizó algunas obras de interés como un
Autorretrato y una obra diferente como El jardín de Luxemburgo,
con lo que se introduce en la observación realista del paisaje que
contemplaba a través de la ventana de la celda en la que estuvo
encarcelado.
También en 1795 realiza los retratos
de Pierre y Emile Sériziat, en cuya casa había permanecido
durante esta terrible etapa política, la obra se presenta en el
Salón del mismo año y como parecía representar los
nuevos valores thermidorianos resultó ser un éxito. El primer
punto diferenciador fue el retrato de personajes de la alta burguesía
rural y por otro lado la forma pictórica deja de ser tan severamente
neoclásica y se torna más sensorial, elegante.
Con la llegada del Directorio el pintor
no sólo deja de ser perseguido si no que es nombrado miembro del
nuevo Instituto de las Artes. De nuevo en 1796 David forma parte del panorama
artístico francés y su taller continua gestando nuevas soluciones,
no sólo de tradición neoclásica sino también
romántica, cercana a la iconografía ossiánica. Entre
sus alumnos se encuentra Delécluze que nos dejó una interesante
biografía de su maestro.
El Directorio concluyó en 1799,
fecha en la que David expuso en el Salón la insigne obra Las Sabinas,
de nuevo el artista se mueve por los dominios de la pintura de historia,
en este caso en los orígenes de la ciudad de Roma, elige el momento
en el que los sabinos desean tomar venganza de los romanos y recuperar
a sus mujeres raptadas, pero estas que con el paso del tiempo ya habían
sido madres, no deseaban la guerra y con Hersilia como representación
de las mismas intentan poner fin a la lucha entre Rómulo y Tacio,
máximos representantes de ambos pueblos. Parece ser que la obra
invitaba a la reconciliación, personificada en la figura de Hersilia
y que en definitiva se hace extensible a la reconciliación que tanto
anhelaba que se produjese entre los revolucionarios.
Estéticamente el artista adopta
la forma griega, quizá tomada de los relieves y los vasos griegos.
El empleo de la luz es total y diametralmente opuesta a los usos anteriores,
en este caso, la luz no señala zonas concretas, por el contrario
inunda toda la escena proporcionando una visión de conjunto, actuando
de unificadora. La aparición de los desnudos no convenció
al público del Salón, por más que David justificara
su decisión por tratarse del adecuado tratamiento que debían
recibir los héroes griegos, recuperando de esta forma los preceptos
winckelmianos.

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