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EL ARTE VISIGODO
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Por Noelia Silva Santa-Cruz
ISBN-84-9714-008-7
 

La caída del Imperio Romano tiene lugar oficialmente en el año 476 d.C., cuando el último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo, es depuesto por el general bárbaro Odoacro. Este acontecimiento puntual, que se inscribe dentro de sucesivas oleadas de invasiones, no es más que el resultado final de un proceso de decadencia lento y progresivo que se anuncia ya desde mucho tiempo antes a través de una paulatina infiltración de corrientes germánicas en el seno del mundo romano. 

Los contactos entre Roma y los germanos fueron intensos a raíz de sus numerosas confrontaciones, pero, sobre todo, como resultado de los tratados y  pactos que se establecieron entre ambos. Por ejemplo,  desde finales del siglo III d.C. está documentado el asentamiento de germanos en territorio romano, que cultivaban tierras y prestaban servicio militar, llegando algunos contingentes incluso a incorporarse dentro del propio ejército imperial. Estas interrelaciones generaron un ambiente cultural en que lo romano y lo germano fueron integrándose perfectamente, favoreciendo de una forma progresiva el paso de lo clásico, encarnación de la Edad Antigua, a lo indogermano, que constituirá el sustrato base de la Edad Media. La inexistencia de una ruptura brusca entre ambas manifestaciones culturales, revestirá al Altomedievo de un matiz de legitimidad, como continuación directa del Bajo Imperio. 

El Asentamiento Visigodo en Hispania.

Los visigodos eran un pueblo de origen germánico que emigró masivamente en el siglo III d.C., logrando establecerse en la Dacia, junto al Mar Negro. Tras prolongados años como feudatarios de Roma, se dirigieron hacia el oeste, llegando a las Galias en el año 412. Mediante un pacto con el Imperio se asentaron en la provincia de la Aquitania, fundando allí el reino de Tolosa.  Desde sus bases ultrapirenaicas y como tropas federadas de Roma, irrumpieron sucesivamente en territorio hispano para luchar contra vándalos, suevos y alanos, que habían invadido la Península en el 409. Estas esporádicas incursiones les permitieron apoderarse de plazas fuertes estratégicas y controlar las principales calzadas. En el año 475, su rey Eurico se declaró independiente del Imperio Romano y, ampliando sus territorios, se extendió por Hispania. Su hijo y sucesor, Alarico II, gobernó ya sobre toda la Península (exceptuando el reino suevo de Galicia y las montañas vascas) conformando un gran estado que incluía las tierras comprendidas entre el sur del Loira y el sur peninsular. 

Tras ser derrotados en la batalla de Vouillé (507) por los francos, los visigodos serán expulsados del territorio galo, asentándose definitivamente en Hispania y  fijando como capital la ciudad de Toledo. Éste es el punto de arranque de la monarquía visigoda como entidad política de dominio peninsular, reino que llegará a ser el más poderoso de toda la Europa Occidental.

Los godos, como resultado de sus numerosos contactos con Roma, asimilaron importantes aspectos de la tradición clásica en cuanto a organización, derecho, pensamiento, costumbres,... Este hecho, suavizó enormemente el tránsito entre la Hispania romana y el Reino visigodo, al favorecer una continuidad cultural entre ambos. El único punto de fricción se produjo a nivel religioso. Los visigodos profesaban la religión cristiana, pero bajo la modalidad herética 1 arriana , lo que les enfrentó desde un principio a la población hispano-romana, mucho más numerosa, entre los que el catolicismo estaba muy arraigado. Durante casi dos siglos se simultanearon manifestaciones culturales hispano-romanas y germanas en la Península. A partir de la conversión de Recaredo a la fe católica y  del III Concilio de Toledo (589), la integración entre ambos elementos se consolidará, unificándose y dando forma al arte visigodo más prototípico.

De lo dicho en el párrafo inmediatamente anterior se deduce la necesidad de dividir el estudio del arte visigodo en dos etapas claramente definidas: en primer lugar, la correspondiente al período Arriano, que abarcaría desde la configuración del reino hasta el año 586, fecha en que se produjo la conversión de Recaredo al catolicismo y, en segundo lugar, la del período Católico, desde dicho hito histórico al año 711, momento en que se materializó la invasión musulmana

I.  ARTE VISIGODO DEL PERÍODO ARRIANO  (507- 586)

Arquitectura y Escultura

La imposición de la herejía arriana como religión oficial de Hispania debió crear un clima de hostilidad y de tensión entre la numerosa población hispano-romana sometida y la elite visigoda en el poder. Paradójicamente, y en gran medida presionados por el predominio numérico de la masa popular cristiana, los monarcas godos se mostraron especialmente flexibles y tolerantes con las costumbres hispanas, así como con sus principios e instituciones, aceptando incluso su religión. Durante el período arriano, los católicos tuvieron libertad suficiente para practicar sus ritos, erigir iglesias e instaurar monasterios, escribir y difundir sus textos religiosos, .... 

La edificación de templos por parte de los hispano-romanos debió, por tanto, ser normal durante el siglo VI, estableciéndose una continuidad con la actividad constructiva del Bajo Imperio. La persistencia de los modelos paleocristianos es evidente en un conjunto de iglesias en las que se pone de manifiesto la influencia del Norte de África, al ser aquellas las comunidades con las que los hispanos mantuvieron unos contactos más estrechos. La  característica principal de este grupo se manifiesta en planta, mediante la inclusión de ábsides contrapuestos en los extremos del eje longitudinal, siguiendo el modelo de la basílica africana de Orleansville. No obstante, en general, sus dimensiones suelen ser mucho más reducidas que las de ésta. Las iglesias más destacables son la de San Pedro de Alcántara (Málaga),  la de Alcaracejos (Córdoba), la de Casa Herrera (Mérida), y la de La Cocosa (Badajoz). Todos estos edificios se fechan en torno al primer tercio del siglo VI. 

La de San Pedro de Alcántara, en Vega del Mar (Málaga), es un edificio de planta casi cuadrada, de tres naves y doble ábside enfrentado dispuesto en dirección este-oeste. El ábside occidental, considerado el núcleo principal, está flanqueado por dos cámaras laterales que se traducen al exterior mediante un testero plano. Estas estancias se hallan incomunicadas entre sí, al existir un pequeño tabique de separación entre ambas, que impide que la curva del ábside se una al muro exterior de cierre, igual que ocurre en Santa María de Grado, en Italia, y en otros ejemplos africanos. La habitación sur alberga la piscina bautismal, de planta cuadrilobulada, dispuesta para el rito de inmersión, según el cual se desarrollaba la iniciación bautismal. Resulta interesante resaltar que el contraábside oriental no presenta enterramientos, ni marcas de apoyo de altar. Las inhumaciones fueron realizadas, en cambio, en dos pórticos laterales corridos, al norte y al sur, cuya inclusión completaba el conjunto litúrgico de iglesia, baptisterio y cementerio.

En el municipio de Espiel, al norte de la provincia de Córdoba, ubicado en el lugar llamado El Germo, se encuentra otro edificio de semejantes características, conocido también con la denominación de Alcaracejos. Es una construcción basilical de tres naves separadas por dos hileras de seis columnas, y con doble ábside. A los lados hay dos salas alargadas, la del norte rectangular y la del sur rematada de nuevo por ábsides semicirculares en los extremos, en la que se incluye la piscina bautismal. Los enterramientos se distribuyen dispersos en todos los espacios.
 El edificio más regular y uniforme de todos los del conjunto de ábsides contrapuestos es la basílica de Casa Herrera, a unos siete kilómetros al noroeste de  Mérida. Se trata de un rectángulo que consta de tres naves separadas por seis columnas. Presenta dos ábsides exentos en forma de arcos ligeramente peraltados, siendo más estrecho el del oeste. El que constituye la cabecera, con las marcas de los cinco soportes de altar en su centro, está flanqueado por dos cámaras. Incorpora, además, dos pórticos laterales al norte y al sur, con finalidad funeraria.
 La misma estructura inspirada en la iglesia argelina de Orleansville se repite en la basílica situada en la villa de La Dehesa de La Cocosa en Badajoz, aunque esta construcción presenta la peculiaridad de incorporar un tercer ábside en el muro oriental, próximo al ábside norte, del que se desconoce hasta el momento su finalidad.

 Los paralelos con el Norte de África se manifiestan de nuevo dentro de este grupo de edificios tardo-paleocristianos en el templo de Aljezares, en Murcia. Es una construcción de tres naves, probablemente separadas por arcos, con un único ábside semicircular, siguiendo, en este caso, el modelo de la iglesia norteafricana  de Setafis, en Perigotville. Se conserva el baptisterio, edificio circular adosado al este del conjunto, con piscina ovalada en el centro, así como los restos de cinco columnas correspondientes a un pórtico ubicado en el lado oeste. 

 Dejando a un lado este conjunto homogéneo de edificaciones, el influjo norteafricano se acusa también en un sistema decorativo peculiar que fue adoptado en las iglesias peninsulares durante el siglo VI: los ladrillos decorados a molde. Este tipo de producción fue muy común en la región de Túnez en el siglo V, exportándose a la Península Ibérica a finales de dicha centuria. En la Hispania visigoda su elaboración se concentró en un ámbito específico, la zona del valle medio y bajo del Guadalquivir, extendiéndose hasta Mérida. 

 Los ladrillos, de forma cuadrada con ligera tendencia al rectángulo, solían medir entre unos 20 y 40 centímetros por lado y estaban decorados con relieves estampados. La estampación del tema podía realizarse en relieve o en hueco y, a pesar de tratarse de un sistema de elaboración extremadamente económico, su resultado estético era muy ornamental. Se han encontrado numerosos ejemplares en las ruinas de edificios religiosos, aunque se desconoce su uso específico. Se especula con la posibilidad de que fueran utilizados para el revestimiento de sepulturas, o que se integraran en la decoración del templo como exvotos, conformando el pavimento, o como parte de la decoración parietal, a modo de frisos. 

Su temática decorativa es bastante simple. Abunda la presencia de motivos florales y  geométricos, aunque los más frecuentes son los típicamente paleocristianos, como el crismón, las uvas, los pavos reales o palomas dispuestos en torno a ánforas o cálices, veneras,...  De gran interés es la pieza hallada en Osuna (Sevilla), que representa a dos caballos afrontados en torno a una palmera, así como la procedente de Lebrija, que incluye una representación figurada identificable con el tema bíblico de Daniel en el foso de los leones, una de las escenas religiosas más frecuentes en los ladrillos tunecinos. Importante también por sus inscripciones de evidente carácter funerario son el grupo dedicado a Bracarius  (BRACARI VIVAS CUM TVIS) o el del obispo Marciano.

 La influencia bizantina tuvo también un gran peso en la Península durante el siglo VI. No hay que olvidar que es éste el período de máximo esplendor y creación artística del Imperio Bizantino, el correspondiente al reinado de Justiniano. Su reflejo se plasma en algunas construcciones hispanas, así como en la talla de ciertos elementos de carácter escultórico: sarcófagos, pilastras, canceles y capiteles.

 Aunque no resulte exclusiva de la arquitectura bizantina, la planta en forma de cruz griega, con todo el significado simbólico que conlleva, tuvo en el arte cristiano oriental su mayor desarrollo. Dos edificios del siglo VI conservados en España evidencian la relación con esta estructura. El templo de Valdecebadar, cercano a Olivenza (Badajoz) presenta una planta centralizada de este tipo, con la peculiaridad de rematar uno de sus brazos en herradura. La misma disposición, en este caso cuadrilobulada, se repite en el martyrium de La Dehesa de La Cocosa  (Badajoz), a cuyo complejo arqueológico ya hemos aludido más arriba al referirnos a su basílica. Esta edificación se cubría en origen por una cúpula sobre pechinas decorada con mosaicos, actualmente derruida. Sendas construcciones son especialmente interesantes como antecedentes inmediatos de dos obras maestras de la arquitectura visigoda del siglo VII, que analizaremos en su apartado correspondiente, las iglesias de San Fructuoso de Montelios y Santa Comba de Bande.

 El influjo bizantino en las artes figurativas está encabezada por una destacada serie de sarcófagos esculpidos, fechados en época muy temprana, en torno al siglo V, en los primeros momentos de la dominación visigoda. Desde el punto de vista técnico, los relieves que presentan están realizados a bisel en dos planos, el inferior poco profundo y el superior más abultado, completando los detalles de las figuras con incisiones. Una de las piezas de mayor calidad y mejor conservado es el sarcófago existente en la iglesia de la Santa Cruz en Écija (Sevilla). Realizado en mármol, presenta sólo decoración en la cara frontal, como es normal en Occidente, aunque incorpora epígrafes griegos para identificar a los personajes, subrayando la procedencia oriental de la iconografía. En sus asuntos, el sacrificio de Isaac, el Buen Pastor y Daniel en el foso de los leones,  se mezclan las influencias del arte romano popular con las del foco bizantino de Rávena. Schluck ha detectado importantes paralelismos entre este ejemplar y los relieves procedentes de la iglesia de Hagios Stoudios, en Constantinopla.

 Del sarcófago de Alcaudete (Jaén), de cronología ligeramente posterior, hoy conservado en Museo Arqueológico Nacional, sólo ha sobrevivido un fragmento, correspondiente a su frente principal. Se ornamenta en dos frisos superpuestos: arriba, la resurrección de Lázaro y  Daniel en el foso de los leones y en la zona inferior, David cortando la cabeza a Goliat. Aunque estos temas son inéditos sobre receptáculos funerarios, se relacionan estrechamente con dibujos existentes en manuscritos orientales.

 Hacia finales del siglo V se datan los restos del sarcófago de Ithacius (en el Panteón de Reyes de la Catedral de Oviedo), cuya inscripción latina informa que fue realizado para un joven con este nombre. Está decorado con un crismón, palomas flanqueando un cáliz y roleos. Su tratamiento artístico, así como su estilo,  manifiestan una conexión muy estrecha con los talleres de Rávena, mayor todavía que en los casos anteriores.

1 El arrianismo fue una herejía enunciada por el sacerdote Arrio de Alejandría, según la cual Jesucristo era la más perfecta de las criaturas, y su dignidad, la más alta después de la de Dios, por lo que no era consubstancial con el Padre. Ello equivalía a negar la divinidad de Cristo. Esta doctrina fue condenada en el primer Concilio de Nicea (325).