| Introducción.
La pintura franco - cantábrica.
El Paleolítico fue un periodo de
gran unidad cultural y artística. Los primeros y más importantes
descubrimientos se produjeron en Francia y España, pero poco a poco
los hallazgos se fueron ampliando a Italia, el Norte de África y
el Sahara, Sudáfrica, los Urales, la India o Australia. En
los yacimientos de la zona franco - cantábrica se encontraron ejemplos
de arte rupestre y arte mueble y, sin embargo, en el resto de los territorios
se constató una ausencia absoluta de arte parietal.
Se supone que la asombrosa profusión
de pinturas en la zona aquitano - cantábrica se debe a las
peculiares características geológicas; en sus masas calizas
se han formado muchas cuevas naturales, pero existe terreno aún
más cárstico en zonas como Yugoslavia y allí no se
han encontrado cavernas con grabados o pinturas paleolíticas. En
muchas ocasiones se ha barajado la posibilidad de que la explicación
esté en la abundancia de caza y en una climatología más
benevolente, que originó una mayor reunión de población
y, en consecuencia, un foco cultural más intenso en el área
franco - cantábrica.
En definitiva, por razones aún
confusas, las manifestaciones pictóricas del Cuaternario hasta ahora
encontradas se limitan prácticamente al área geográfica
hispano - francesa; por cantidad y calidad, es el foco más importante,
además del posible centro de creación e irradiación
de las pinturas parietales.
2- Particularidades de la pintura paleolítica.
El primer problema que se plantea
al abordar el estudio de las creaciones de estos primeros "pintores" es
precisamente decidir qué son más, pintores o dibujantes.
De forma generalizada y poco precisa se ha tendido a llamar "pintura" a
lo que en muchas ocasiones es estrictamente "dibujo", es decir, líneas
o contornos en un solo color - ocre o negro -, mientras la "pintura" sería
la combinación de colores para rellenar el interior de la figura.
En el caso del arte paleolítico es aún más complejo
establecer una clasificación, pues una misma representación
puede estar basada en un marcado diseño, un intento evidente de
dotar de colorido o la pretensión de enfatizar la figura a través
del grabado. En cualquier caso, el predominio de cada una de las tres técnicas
ha permitido establecer una cierta evolución: del interés
primero por dar un límite físico, un contorno, a través
del dibujo o grabado, se pasaría a la aspiración casi escultórica
de captar la volumetría gracias al relleno cromático de las
siluetas y a una labor final de grabado o rallado de las siluetas para
acentuar dichos caracteres volumétricos. En realidad, es evidente
que el hombre prehistórico se ve constreñido a expresarse
con las posibilidades técnicas que posee y el soporte - piedra,
arcilla, hueso - en el que fija su creación.
Sin embargo, una vez planteadas las convenciones
previas y aunque estrictamente no se pueda hablar de pinturas hasta el
periodo posterior, ya en los yacimientos del Paleolítico Medio hay
ocasionales restos de color en esqueletos humanos, pequeños depósitos
de materias colorantes que el hombre aplicó en primer lugar sobre
su cuerpo. Estos ejemplos, que quizás no se pueden denominar "artísticos",
sin duda alguna están evidenciando una cierta pretensión
estética.
El Paleolítico Superior supone
un cambio de actitud del hombre ante lo que le rodea: de la aceptación
de la naturaleza pasa al intento de reproducirla, de crear imágenes.
Es entonces cuando nace el Arte.
Todo indica que el significado de estas
nuevas pinturas es la necesaria sustentación de una idea, de un
misterio; en ningún caso pueden considerarse estas creaciones fruto
de la distracción o del deseo de expresar belleza. Es una creación
social con una función práctica. Si bien es cierto que la
representación en lugares de difícil acceso y casi imposible
contemplación, además de la superposición de figuras
que complican su interpretación y disfrute evidencian la no - intención
artística de los primeros creadores, tampoco se puede negar, dada
la calidad expresiva de las obras, que el artista se recreará en
la elaboración de su obra.
Por otra parte, se pueden describir ciertos
convencionalismos que se repiten insistentemente en el arte paleolítico
y que hablan de un espíritu creativo común. La mayor parte
de los ejemplos muestran que no se ha pretendido colocar ordenadamente
las figuras, que se han distribuido superponiendo siluetas horizontales
y verticales, hacia arriba o hacia abajo. Sería muy aventurado hablar
de composiciones, aunque sí es cierto que en algunos conjuntos
aparecen animales enfrentados o ciertas ordenaciones en friso que anuncian
la intención de configurar determinados sistemas compositivos.
Son numerosas las características
comunes a casi todos los periodos y áreas geográficas. Las
figuras de animales se representan de perfil, mientras las pezuñas
y cornamentas se muestran de frente (Breuil acuñó el término
"perspectiva torcida"). En no pocas ocasiones aparecen siluetas con las
cabezas desproporcionadamente pequeñas, animales incompletos o con
un único cuerno, etc.
En principio, no parece que el artista
paleolítico tuviera una marcada predilección por un lugar
concreto para realizar sus pinturas. Se han encontrado grabados en paredes
exteriores de cuevas, pinturas y grabados en salas iniciales, en los corredores,
en espacios interiores y en galerías terminales. Tampoco parece
que existiera una norma para la localización de las imágenes,
pues se pueden encontrar pinturas y grabados desde el suelo hasta el techo
de las grutas. Por otra parte, el tiempo empleado en realizar los paneles
variaba considerablemente. Por ejemplo, en el caso de las Cuevas de Altamira,
el artista o artistas combinaron distintos colores, el lavado de partes
internas y el grabado o raspado de las figuras, lo que supone una larga
y difícil labor. Sin embargo, en paneles como los de la Cueva Clotilde
de Santa Isabel (Cantabria) se recurrió a un sencillo y rápido
dibujo realizado con carboncillo natural.
El hombre paleolítico pinta, graba
y esculpe, es decir, usa el color, la línea y el volumen, las únicas
posibilidades gráficas que hasta hoy se conocen. Para dibujar y
pintar utiliza pigmentos naturales de negro y tonos ocre - del rojo al
amarillento - y, disueltos con agua, resinas o grasas, los aplica con los
dedos, pieles o pinceles, sirviéndose incluso de conchas a modo
de paletas o morteros. Incluso, en algunos casos pudo usar la aerografía
(las pinturas de manos en negativo).
Estos primeros "frescos" de la Historia
están en relación directa con creencias o ritos mágicos
en cuyo sistema la representación equivaldría a la creación
o apropiación. Para los hombres del Paleolítico Superior,
nómadas que no conocían la agricultura ni la domesticación
de animales, la fauna que representaban era el símbolo de la supervivencia
y sus pinturas, una forma de convocarla. Utilizaban la representación
para asegurar la muerte de los animales difíciles de capturar, para
precaverse de sus ataques o para favorecer su reproducción. Representar
equivalía a crear, la imagen era el animal representado, así
que se buscaba la mayor fidelidad posible, de ahí el impresionante
naturalismo de las pinturas. Se entiende entonces que una vez que el hombre
aprende a recolectar vegetales, luego a cultivarlos y finalmente a domesticar
a los animales, se produzca un proceso de esquematización que llevará
a la creación de símbolos que son la plasmación de
conceptos más allá que de objetos, lo que conlleva una visión
más intelectiva y menos vitalista de la realidad.
La temática del arte paleolítico
se centra en tres focos de inspiración: los animales, las figuras
abstractas de significado confuso y la silueta humana. Las imágenes
de animales son numerosísimas, por razones ya vistas; son
representados con interés individualizador y sin prestar atención
a los convencionalismos de tamaño. En algunas ocasiones, se han
creado imágenes de animales imaginarios, tales como unicornios o
animales compuestos, cuyo significado no deja aún hoy de ser
desconcertante. Los signos abstractos son diversos y quizás derivados
de símbolos primigenios que se simplifican o complican, siempre
manteniendo las formas geométricas. Las siluetas humanas y antropomórficas
parecen aludir a la creencia en un mundo supraterreno; pueden ser representaciones
de espíritus, benefactores o malignos, pero también de los
gurús disfrazados para celebrar ceremonias rituales de caza o reproducción
(excepcionales son los ejemplos de las cuevas de Hornos de la Peña
y Altamira); es peculiar la escasez de figuras femeninas que, cuando se
pintan, se estilizan enormemente hasta parecer signos abstractos. Incluidas
en estas representaciones humanas, habría que hablar de las pinturas
de manos, calcos en positivo o negativo, de significado confuso pero muy
abundantes.
Uno de los mayores problemas a los que
se enfrenta el estudioso de la pintura y el grabado rupestres es la periodización.
Es muy dificultoso determinar el momento exacto en que el hombre empieza
a desarrollar su facultad creadora, a buscar plasmar con signos y colores
un concepto al que quiere dar una determinada forma material. Como ya se
ha visto, parece evidente que el hombre del Paleolítico Medio, el
conocido de forma generalizada como hombre de Neandertal o cualquier otro
pre - sapiens, tenía capacidad intelectual para reproducir la naturaleza
que le rodeaba e incluso para intentar dotar de forma a sus pensamientos.
Sin embrago, aunque sí se han encontrado "lápices" de ocre
(en Pech - de - l´Aze, del ciclo musteriense), no se puede confirmar
el hallazgo de ningún arte pictórico producido con estos
instrumentos. Por tanto y hasta el momento, sólo se puede hablar
de arte prehistórico a partir de la aparición del Homo
sapiens sapiens; con él se abre la Historia del Arte.

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