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EL ARTE PALEOLÍTICO: LA PINTURA FRANCO - CANTÁBRICA 1/4
ISBN-84-9714-059-1
María García Yelo
 

 Introducción. La pintura franco - cantábrica.

El Paleolítico fue un periodo de gran unidad cultural y artística. Los primeros y más importantes descubrimientos se produjeron en Francia y España, pero poco a poco los hallazgos se fueron ampliando a Italia, el Norte de África y el Sahara, Sudáfrica, los Urales, la India o Australia.  En los yacimientos de la zona franco - cantábrica se encontraron ejemplos de arte rupestre y arte mueble y, sin embargo, en el resto de los territorios se constató una ausencia absoluta de arte parietal.
Se supone que  la asombrosa profusión de pinturas en la zona aquitano - cantábrica  se debe a las peculiares características geológicas; en sus masas calizas se han formado muchas cuevas naturales, pero existe terreno aún más cárstico en zonas como Yugoslavia y allí no se han encontrado cavernas con grabados o pinturas paleolíticas. En muchas ocasiones se ha barajado la posibilidad de que la explicación esté en la abundancia de caza y en una climatología más benevolente, que originó una mayor reunión de población y, en consecuencia, un foco cultural más intenso en el área franco - cantábrica.

En definitiva, por razones aún confusas, las manifestaciones pictóricas del Cuaternario hasta ahora encontradas se limitan prácticamente al área geográfica hispano - francesa; por cantidad y calidad, es el foco más importante, además del posible centro de creación e irradiación de las pinturas parietales. 

2- Particularidades de la pintura paleolítica.

 El primer problema que se plantea al abordar el estudio de las creaciones de estos primeros "pintores" es precisamente decidir qué son más, pintores o dibujantes. De forma generalizada y poco precisa se ha tendido a llamar "pintura" a lo que en muchas ocasiones es estrictamente "dibujo", es decir, líneas o contornos en un solo color - ocre o negro -, mientras la "pintura" sería la combinación de colores para rellenar el interior de la figura. En el caso del arte paleolítico es aún más complejo establecer una clasificación, pues una misma representación puede estar basada en un marcado diseño, un intento evidente de dotar de colorido o la pretensión de enfatizar la figura a través del grabado. En cualquier caso, el predominio de cada una de las tres técnicas ha permitido establecer una cierta evolución: del interés primero por dar un límite físico, un contorno, a través del dibujo o grabado, se pasaría a la aspiración casi escultórica de captar la volumetría gracias al relleno cromático de las siluetas y a una labor final de grabado o rallado de las siluetas para acentuar dichos caracteres volumétricos. En realidad, es evidente que el hombre prehistórico se ve constreñido a expresarse con las posibilidades técnicas que posee y el soporte - piedra, arcilla, hueso - en el que fija su creación. 

Sin embargo, una vez planteadas las convenciones previas y aunque estrictamente no se pueda hablar de pinturas hasta el periodo posterior, ya en los yacimientos del Paleolítico Medio hay ocasionales restos de color en esqueletos humanos, pequeños depósitos de materias colorantes que el hombre aplicó en primer lugar sobre su cuerpo. Estos ejemplos, que quizás no se pueden denominar "artísticos", sin duda alguna están evidenciando una cierta pretensión estética.
El Paleolítico Superior supone un cambio de actitud del hombre ante lo que le rodea: de la aceptación de la naturaleza pasa al intento de reproducirla, de crear imágenes. Es entonces cuando nace el Arte.

Todo indica que el significado de estas nuevas pinturas es la necesaria sustentación de una idea, de un misterio; en ningún caso pueden considerarse estas creaciones fruto de la distracción o del deseo de expresar belleza. Es una creación social con una función práctica. Si bien es cierto que la representación en lugares de difícil acceso y casi imposible contemplación, además de la superposición de figuras que complican su interpretación y disfrute evidencian la no - intención artística de los primeros creadores, tampoco se puede negar, dada la calidad expresiva de las obras, que el artista se recreará en la elaboración de su obra.

Por otra parte, se pueden describir ciertos convencionalismos que se repiten insistentemente en el arte paleolítico y que hablan de un espíritu creativo común. La mayor parte de los ejemplos muestran que no se ha pretendido colocar ordenadamente las figuras, que se han distribuido superponiendo siluetas horizontales y verticales, hacia arriba o hacia abajo. Sería muy aventurado hablar de composiciones,  aunque sí es cierto que en algunos conjuntos aparecen animales enfrentados o ciertas ordenaciones en friso que anuncian la intención de configurar determinados sistemas compositivos. 

Son numerosas las características comunes a casi todos los periodos y áreas geográficas. Las figuras de animales se representan de perfil, mientras las pezuñas y cornamentas se muestran de frente (Breuil acuñó el término "perspectiva torcida"). En no pocas ocasiones aparecen siluetas con las cabezas desproporcionadamente pequeñas, animales incompletos o con un único cuerno, etc.
En principio, no parece que el artista paleolítico tuviera una marcada predilección por un lugar concreto para realizar sus pinturas. Se han encontrado grabados en paredes exteriores de cuevas, pinturas y grabados en salas iniciales, en los corredores, en espacios interiores y en galerías terminales. Tampoco parece que existiera una norma para la localización de las imágenes, pues se pueden encontrar pinturas y grabados desde el suelo hasta el techo de las grutas. Por otra parte, el tiempo empleado en realizar los paneles variaba considerablemente. Por ejemplo, en el caso de las Cuevas de Altamira, el artista o artistas combinaron distintos colores, el lavado de partes internas y el grabado o raspado de las figuras, lo que supone una larga y difícil labor. Sin embargo, en paneles como los de la Cueva Clotilde de Santa Isabel (Cantabria) se recurrió a un sencillo y rápido dibujo realizado con carboncillo natural.

El hombre paleolítico pinta, graba y esculpe, es decir, usa el color, la línea y el volumen, las únicas posibilidades gráficas que hasta hoy se conocen. Para dibujar y pintar utiliza pigmentos naturales de negro y tonos ocre - del rojo al amarillento - y, disueltos con agua, resinas o grasas, los aplica con los dedos, pieles o pinceles, sirviéndose incluso de conchas a modo de paletas o morteros. Incluso, en algunos casos pudo usar la aerografía (las pinturas de manos en negativo).

Estos primeros "frescos" de la Historia están en relación directa  con creencias o ritos mágicos en cuyo sistema la representación equivaldría a la creación o apropiación. Para los hombres del Paleolítico Superior, nómadas que no conocían la agricultura ni la domesticación de animales, la fauna que representaban era el símbolo de la supervivencia y sus pinturas, una forma de convocarla. Utilizaban la representación para asegurar la muerte de los animales difíciles de capturar, para precaverse de sus ataques o para favorecer su reproducción. Representar equivalía a crear, la imagen era el animal representado, así que se buscaba la mayor fidelidad posible, de ahí el impresionante naturalismo de las pinturas. Se entiende entonces que una vez que el hombre aprende a recolectar vegetales, luego a cultivarlos y finalmente a domesticar a los animales, se produzca un proceso de esquematización que llevará a la creación de símbolos que son la plasmación de conceptos más allá que de objetos, lo que conlleva una visión más intelectiva y menos vitalista de la realidad.

La temática del arte paleolítico se centra en tres focos de inspiración: los animales, las figuras abstractas de significado confuso y la silueta humana. Las imágenes de animales son numerosísimas, por razones ya vistas; son  representados con interés individualizador y sin prestar atención a los convencionalismos de tamaño. En algunas ocasiones, se han creado imágenes de animales imaginarios, tales como unicornios o animales compuestos, cuyo significado no deja aún hoy de ser  desconcertante. Los signos abstractos son diversos y quizás derivados de símbolos primigenios que se simplifican o complican, siempre manteniendo las formas geométricas. Las siluetas humanas y antropomórficas parecen aludir a la creencia en un mundo supraterreno; pueden ser representaciones de espíritus, benefactores o malignos, pero también de los gurús disfrazados para celebrar ceremonias rituales de caza o reproducción (excepcionales son los ejemplos de las cuevas de Hornos de la Peña y Altamira); es peculiar la escasez de figuras femeninas que, cuando se pintan, se estilizan enormemente hasta parecer signos abstractos. Incluidas en estas representaciones humanas, habría que hablar de las pinturas de manos, calcos en positivo o negativo, de significado confuso pero muy abundantes.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el estudioso de la pintura y el grabado rupestres es la periodización. Es muy dificultoso determinar el momento exacto en que el hombre empieza a desarrollar su facultad creadora, a buscar plasmar con signos y colores un concepto al que quiere dar una determinada forma material. Como ya se ha visto, parece evidente que el hombre del Paleolítico Medio, el conocido de forma generalizada como hombre de Neandertal o cualquier otro pre - sapiens, tenía capacidad intelectual para reproducir la naturaleza que le rodeaba e incluso para intentar dotar de forma a sus pensamientos. Sin embrago, aunque sí se han encontrado "lápices" de ocre (en Pech - de - l´Aze, del ciclo musteriense), no se puede confirmar el hallazgo de ningún arte pictórico producido con estos instrumentos. Por tanto y hasta el momento, sólo se puede hablar de arte prehistórico a partir de la aparición del Homo sapiens sapiens; con él se abre la Historia del Arte.