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EL ARTE PALEOLÍTICO: LA PINTURA FRANCO - CANTÁBRICA 2/4
ISBN-84-9714-059-1
María García Yelo
 

Muchos han sido los intentos por establecer una evolución del arte rupestre, una Prehistoria del arte rupestre, pero destacan sin duda la fijación de cronologías y estilos realizadas por el abate Breuil y el profesor A. Leroi-Gourhan.

Henri Breuil (1887-1961) estableció el primer sistema de clasificación del arte parietal del Paleolítico Superior (30.000-8.000 a.C.) en dos ciclos: el auriñaco - perigordiense (del 30.000 al 20.000) y el solutreo - magdaleniense (del 20.000  al 8.000 a.C).   

Por su parte, André Leroi - Gourhan (1911-1986) llevó a cabo una nueva sistematización del arte paleolítico. En Préhistoire de l´Art Occidental (1965) discutía aspectos tan complejos como la cronología, la interpretación, el espacio, los signos, etc… que había establecido H. Breuil. De todos sus planteamientos, es probablemente el relacionado con la evolución artística el que tenga más consistencia. En líneas generales, los "estilos" clasificados por Leroi son: Estilo I (correspondiente al Auriñaciense antiguo; 30.000 - 24.000 a. C.); Estilo II (abarcaría el periodo comprendido entre el Auriñaco - perigordiense y el Solutrense medio; 24.000 - 17.000 a. C.); Estilo III (el Solutrense reciente y el Magdaleniense antiguo; 17.000 - 14.000 a. C.); Estilo IV (del Magdaleniense  medio al reciente; 14.000 - 8.000 a. C.).

Los "estilos" de Leroi - Gourhan forman una estructura más completa que los dos "ciclos" de Breuil, pero, en realidad, ambas clasificaciones organizan una secuencia cronológica similar, pudiéndose valorar la segunda como una afirmación y precisión de la primera. 

En todo caso, a pesar de los intentos de clasificación a partir de la factura, la temática o la situación geográfica de las pinturas no hay que perder de vista el hecho irrevocable de que desde los más primitivos orígenes del Arte ha habido hábiles y torpes artistas. Así las cosas, la cronología de la pintura paleolítica es aún en la actualidad un problema pendiente de solución.

Desafortunadamente, otros aspectos quizás más complejos, tales como el significado o la finalidad de aquel arte, son también un misterio difícil de resolver.

La enorme duración del arte del Paleolítico Superior se vio truncada con la glaciación Würmiense, que provocaría la lenta emigración del hombre paleolítico hacia el norte de Europa y acabaría con esta cultura. No obstante, no fue sólo la climatología la causante de la desaparición del arte paleolítico; la llegada de grupos humanos del norte de África y del Mediterráneo, con un nuevo sistema de pensamiento y una técnica distinta, determinó su superposición al mundo preexistente.
El actual estudio se va a centrar particularmente en la región costera del Cantábrico español, que tiene un hacinamiento de cavernas con restos de habitabilidad paleolítica en Santander y Asturias. En este amplio territorio se ha encontrado una cantidad excepcional de pinturas pertenecientes a todos los ciclos del periodo Paleolítico Superior, es decir, pinturas que abarcarían cronológicamente desde el 30.000 y el 8.000 a.C., distribuidas en los ciclos Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense.

 3- Ciclo Auriñaciense

Según las investigaciones y hallazgos realizados hasta este momento, no se puede afirmar con certeza que el hombre desarrollara un arte rupestre anterior al ciclo auriñaciense. Por lo tanto, éste es estrictamente el nacimiento de la pintura paleolítica.

Se sabe que el artista del periodo auriñaciense pudo disponer de una gama reducida de tonos: de la arcilla, obtenía el rojo y el ocre; del óxido de manganeso de las paredes o del carbón, el negro; y que utilizaba grasas o sangre animal como aglutinante. Estos aspectos serán determinantes para valorar la estética de las pinturas y el grado de naturalismo de las obras.

Las creaciones más antiguas se remontan al 30.000 a.C. De estos momentos, hay trazos realizados con los dedos sobre arcilla blanda - llamados "macarrones", según denominación del abate Breuil - que forman meandros en cuevas como las de Gargas (Aventignan, Hautes - Pyrénées) u Hornos de la Peña (Cantabria). La densidad del conjunto de este tipo de pinturas es tal que provoca una fuerte sensación de horror vacui, acentuada por la diversidad de direcciones y formas, rasgos que se cruzan; no obstante, en muchas de ellas se han podido individualizar siluetas de animales y figuras humanas. En el mismo contexto, como revés y derivación de las estas representaciones, están los dibujos de contorno amarillo o rojo, punteado en ocasiones, realizados con el dedo untado en arcilla.

Las huellas de manos, en negativo o positivo - de época más avanzada -, son también adscribibles en la mayoría de los casos al hombre del auriñaciense, mucho más numerosas en el territorio cantábrico que en el francés e inexistentes en Andalucía. Es un hecho peculiar que estas manos sean en la mayor parte de las ocasiones izquierdas y no derechas. La coloración va del rojo al negro, apareciendo generalmente en la zona más profunda de las cuevas. Las realizaban formando conjunto o pintadas sobre el lomo u otra parte del cuerpo de los animales, lo que podría simbolizar el dominio del cazador sobre su presa. Se les ha supuesto un significado mágico - religioso, en relación con un rito de aprehensión o de ofrenda, aunque bien pudieran ser un símbolo del hombre y expresión de su voluntad, la alusión a la iniciación de adolescentes o representar el culto a los antepasados. Además, en algunas cuevas aparecen manos mutiladas que quizá significasen un  intento de precaución ante las congelaciones.  

 Además de las manos, en muchos lugares se han encontrado diseños en forma de pies o brazos, en ocasiones transformados en extraños signos, que siguen una evolución equivalente aunque son mucho menos numerosos que las manos.

Los artistas del ciclo auriñaciense también realizaban signos claviformes y series de puntos que se prolongaron hasta el ciclo magdaleniense, como los ejemplos de la Cueva de El Buxú, Cangas de Onís (Asturias), descubierta por Vega del Sella en 1916,  junto a figuras de caballos, ciervos y bisontes del periodo magdaleniense.

 Las pinturas y grabados más importantes, por su calidad y cantidad, que la Prehistoria tradicional ha adscrito al periodo auriñaciense se localizan en su mayoría, como se verá a continuación, en el territorio cantábrico.

En la Cueva Clotilde de Santa Isabel (Cantabria), aparecen unos toros trazados con los dedos, que pudieran ser algunos de los primeros tanteos de esta técnica. Estas pinturas se han datado en este periodo, entre otras razones, porque aparecen con las patas en una perspectiva ciertamente forzada o con tres patas, buscando represent r el movimiento; así mismo, también cuernos y orejas se representan de frente, en un convencionalismo propio de todo el auriñaciense.  

La Cueva El Castillo de Puente Viesgo (Cantabria) fue protagonista de una de las primeras y más importantes excavaciones de la prehistoria europea, en la que participaron Hugo Obermaier - dirigiendo el "Institut de Paleontologie Humaine" de París y con patrocinio del Príncipe Alberto I de Mónaco, entre de 1910 a 1914 -, Breuil y Teilhard de Chardin, aunque su descubridor fue Hermilio Alcalde del Río, en 1903. 

El nombre de la caverna proviene del lugar en que está enclavada, pues en la cima de la colina existió una pequeña fortaleza y más tarde un santuario, en la actualidad en ruinas, bajo la advocación de "Nuestra Señora del Castillo". 

Leroi - Gourhan clasificó los grabados  y pinturas en seis "santuarios", realizados entre el ciclo auriñaciense y el magdaleniense. El conjunto de obras representa la secuencia más completa de restos arqueológicos, desde el Paleolítico Inferior a la Edad del Bronce, habiendo aparecido restos medievales en superficie, lo que supone una trayectoria histórica de 1.500 siglos de vida prácticamente ininterrumpida. 

Antes de empezar el análisis es necesario tener en cuenta que las excavaciones realizadas en la zona han convertido lo que antes era una pequeña entrada, por la que había que cruzar casi tumbado, en un foso que tiene una profundidad de 18 metros, con un relleno actualmente de casi 2 metros de tierra por encima de la afloración de roca.

Uno de los hallazgos más interesantes, entre las numerosas manos de esta cueva, casi todas de este ciclo y asociadas con figuras arcaicas de bisontes y gran cantidad de signos, es una espléndida huella roja e izquierda en negativo.

En otras partes de la misma caverna, sobre las siluetas manuales, los diseños de animales auriñacienses y los signos abstractos - series de puntos, discos rojos -,  hay figuras policromadas realizadas al final del ciclo magdaleniense, que se analizarán más adelante.  

Uno de los más fantásticos conjuntos pictóricos, descubierto en 1911 por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río, es la Cueva de La Pasiega, (Puente Viesgo, Cantabria). En 1911, mientras se realizaban los trabajos de excavación del Castillo, un operario informó a Obermaier  de la existencia de una cueva que se denominaba en la zona La Pasiega y pronto se iniciaron las investigaciones. 

La distribución de la caverna es de una gran complejidad, debido a los numeroso recovecos que dificultan enormemente su paso. Es aún hoy un misterio cómo el hombre paleolítico llegó a lugares tan alejados y de tan difícil acceso. 

La primitiva entrada, por la que tuvo lugar el descubrimiento de las pinturas, ofrecía enormes dificultades, por ello se abrieron dos nuevas entradas que comunican directamente con las representaciones pictóricas. 

El conjunto es un auténtico laberinto de galerías largas, bajas y estrechas con más de 250 pinturas, la mayoría arcaicas. Se trata de toda una espléndida gama de pinturas, solas o combinadas con el grabado, que van desde sencillos diseños de puntos o líneas en rojo y amarillo que forman siluetas de caballos y ciervos a animales - elefantes, toros, bisontes, cabras monteses, gamuzas… - en rojo, marrón o siena. En total: cuarenta y seis caballos, diecisiete bisontes, sesenta y cinco cérvidos, catorce uros, doce cápridos, trece indeterminados, dos antropomorfos, dos manos y más de ochenta signos. Entre todas estas imágenes, destacan una silueta fantástica semihumana y un hermoso y recóndito grupo de 20 signos. 

Dada la variedad de representaciones del conjunto, se ha concluido que en la Cueva de la Pasiega podrían identificarse varios santuarios.

El periodo central y final del ciclo auriñaco - perigordiense suponen el paso de los dibujos de contorno punteado en rojo o amarillo a la bicromía y el principio de los contornos negros. Tras los primeros ensayos lineales, en rojo, asociados a siluetas de manos en negativo y positivo, el hombre empieza a dibujar figuras de animales a base de sencillos trazos rojos, gruesos o finos, que se encuentran tanto en Cantabria como en Andalucía, Pirineos o el Lot. 
Además, poco aż+ťÔ:‰úKăirán desarrollando las técnicas con tintas planas y trazos difuminados y se llenarán las figuras casi por completo de color.

 Los planteamientos básicos del arte rupestre paleolítico quedan definitivamente fijados durante este largo periodo auriñaciense; a partir de entonces, las soluciones serán un permanente desarrollo de las líneas ya firmemente trazadas.