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Introducción.
El comienzo del periodo Holoceno anuncia
la desaparición de todo el complejo mundo del arte paleolítico
en Francia y en el área cantábrica española y es la
región levantina de la Península Ibérica la que, pese
a las muchas diferencias, parece continuar la esencia pictórica
del largo periodo anterior. Es el momento final de la glaciación;
los cambios de temperatura y el lento traslado hacia el norte de las especies
propias de climas fríos provocan la disgregación de todo
el bloque de la primera unidad cultural conocida en la historia de la humanidad.
En consecuencia, aproximadamente a partir
del año 10.000, se abandona la pintura de las cuevas franco - cantábricas,
toda la cultura paleolítica desaparece, se transforma u olvida al
acabarse la glaciación del Würm y Europa entra en un estadio
de clima más benigno. La etapa que comienza y que se prolongará
durante algunos milenios es el denominado periodo aziliense, el hombre
que lo representa es el primero epipaleolítico y sucede al último
artista del ciclo Magdaleniense.
Sin embargo, a partir de 7.000 - 6.000,
pueblos cazadores como sus antepasados del Paleolítico vuelven a
expresarse, también buscando la roca como soporte, en múltiples
pinturas que llenan los abrigos rocosos de las sierras de España
oriental, desde el borde de la Meseta a la costa mediterránea. Estas
nuevas representaciones se relacionan directamente con las pinturas del
norte de África, del Sahara, del África austral, planteando
los consiguientes problemas para explicar su difusión. El hombre
de este nuevo periodo se dedicaba a la caza de animales que aún
hoy existen (fauna postcuaternaria), recolectaba vegetales, aunque desconocía
la agricultura y no había logrado domesticar animales, vivía
al aire libre y plasmaba su arte en los abrigos de las sierras levantinas,
no en cuevas donde al parecer ya no habitaba.
El arte que desarrolla es de una
mayor esquematización, elimina los detalles - lo que implica un
proceso de selección y captación de los movimientos y las
líneas esenciales - y esto da como resultado un arte vívido
y depurado, refinado. El hombre se convierte en protagonista de multitud
de escenas de caza o guerra, danzas o actividades de recolección.
Todas estas imágenes se dispersan
en un área que se extiende desde Huesca a las provincias de Albacete,
norte de Granada y Murcia, dándose el mayor núcleo
de pinturas en Teruel, Castellón, Valencia, Albacete y Murcia.
Uno de los problemas persistentes de la
pintura levantina es la datación. Aún no hay un conocimiento
exacto sobre la cronología, cuándo se inicia y en qué
momento se dejan de realizar estas imágenes. La teoría de
H. Breuil sobre su pertenencia al periodo paleolítico - no se puede
explicar el arte levantino sin reconocerle una conexión con el arte
que llenó las cuevas franco - españolas durante el Cuaternario
- ha sido descartada hace tiempo, pero los investigadores del Postpaleolitismo
aún mantienen diversas posturas: para algunos su origen está
en el Mesolítico, para otros en la Edad de Bronce (Jordá).
La complicación está en la datación de los orígenes,
saber cuándo adquiere sus formas propias y cuándo éstas
se propagan al espacio concreto del Levante español. Más
fácil es sin embargo conocer el momento de su crisis, su disgregación,
su pérdida del carácter inicial naturalista para convertirse
una "pintura esquemática" o abstracta, evolución que se produce
por el paso de la vida cazadora a la vida agrícola.
Fue J. Marconell quien tuvo el honor de
descubrir en 1892 las primeras manifestaciones de este arte en La Cocinilla
del Obispo (Albarracín, Teruel). El siguiente contacto con esta
pintura postpaleolítica del Levante español se produce en
1903, cuando J. Cabré, arqueólogo turolense, y R. Huguet
descubren los ciervos de estilo naturalista de Calapatà, en Teruel
(1903) - estos ciervos pronto se relacionaron con la pintura rupestre cantábrica
-, y la danza fálica de la Roca dels Moros de Cogull, en Lleida
(1907). Son estos dos investigadores quienes dan a conocer al mundo científico
la pintura levantina por medio de la publicación de los estudios
sobre los ciervos de Calapatá (Teruel) en 1907 y, al año
siguiente, la edición de un trabajo en el Boletín del Centro
Excursionista de Cataluña sobre el abrigo pintado en Cogull (Lleida).
La espectacularidad de estos grupos de
pinturas despertó el interés de los investigadores y abrió
también la vía de expediciones múltiples en busca
de nuevas figuraciones por las montañas de Levante, en principio
en los más próximos alrededores de los dos ejemplos anteriormente
citados. Así, en 1909 se analizarían las pinturas de los
abrigos de Albarracín, en 1910 las de Alpera (Albacete), Cantos
de la Visera (Yecla, Murcia) en 1912, Minateda en 1914, etc, hasta la actualidad,
cuando aún continúan las investigaciones.
Evidentemente, todas estas novedades obligaron
a reputados estudiosos a visitar la zona y a estudiarla.
En cualquier caso, pese a la sorpresa
de los investigadores ante los hallazgos, muchas de estas pinturas al aire
libre del arte levantino habían sido contempladas durante siglos
por los lugareños, que no les habían dado importancia científica
alguna. Es más, incluso se han encontrado referencias a estas imágenes
en escritos de Lope de Vega, Góngora, Ponz …
2- El problema de la cronología
de las Pinturas rupestres del Levante español.
Una de las controversias pendientes
de solución en la investigación del Arte rupestre levantino
es la cronología y la identificación cultural de las pinturas.
Aunque son muy numerosas las teorías que se han barajado, aún
en la actualidad es un tema sobre el que no existe consenso.
En los primeros momentos del estudio
del arte levantino se consideró que era una manifestación
singular del arte Cuaternario; la teoría defendida por Breuil, Obermaier
y Bosch era que se trataba de una manifestación artística
paleolítica desarrollada por un grupo cultural distinto al franco
- cantábrico; es decir, las series levantinas serían de los
hombres capsienses relacionados con etnias del norte de África.
Esta teoría no tenía el
fundamento suficiente y en adelante tan sólo L. Dams y J. Aparicio
han mantenido la cronología paleolítica (inicios en 12.000
- 11.000 a.C) para el arte levantino. Aunque pudiera admitirse que la pintura
rupestre levantina tuviese remotas raíces en el arte paleolítico,
las diferencias entre ambas manifestaciones son evidentes, incluso si aún
se desconoce cuándo y dónde se produjo la transición.
La evidencia de que las especies
animales representadas no reproducían la fauna pleistocénica
llevó a M. Hernández Pacheco y a J. Cabré a pensar
que se trataba de una manifestación artística postpaleolítica;
estos investigadores se basaban en el análisis de los conjuntos
de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel) y La Araña
(Bicorp, Valencia). También Almagro Basch, con su estudio sobre
la Cueva de Cogull, Lleida (1952) apoyó esta tesis postpaleolítica.
Aunque casi todos los investigadores
coinciden en no adscribir las pinturas rupestres del Levante español
al periodo paleolítico, sigue sin haber un planteamiento definitivo.
E. Ripoll sitúa el comienzo de las representaciones hacia el año
6.500 a.C.. A. Beltrán plantea los inicios en el 6.000 a.C. y enlaza
el final con las últimas manifestaciones azilienses cantábricas.
Por su parte, J. Fortea opina que las primeras imágenes de este
ciclo artístico se situarían en torno al 5.000 a.C., en relación
con los grupos epipaleolíticos del Levante español, pero
no los vincula con el Arte Paleolítico franco - cantábrico.
M. Hernández Pacheco indica los comienzos a finales del IV milenio
relacionados con las manifestaciones de la cerámica cardial del
Neolítico inicial de la región mediterránea peninsular.
F. Jordá sitúa los primeros momentos del arte levantino a
mediados del IV milenio, coincidente con el Neolítico, y habla de
su florecimiento en la Edad de los Metales y de su desarrollo sincrónico
al arte esquemático…
El conflicto fundamental con el que se
encuentran todas estas teorías es la escasez de asentamientos en
los abrigos pintados y de niveles claros de estratificación, lo
que impide dar una adscripción cultural segura. No obstante y según
indican los estudios más recientes, parece evidente la edad postpaleolítica
de la pintura levantina y su agotamiento y sustitución por un arte
del Eneolítico; sin embargo, es muy difícil establecer una
cronología absoluta y confirmar que estas expresiones plásticas
son meso - neolíticas.
En todo caso y pese a los muchos
interrogantes, algunos investigadores, como E. Ripoll, han ha creído
poder establecer una hipotética cronología que marcaría
las distintas fases estilísticas del arte levantino:
1- Fase de sencillas pinturas lineales
y geométricas que podría llegar hasta el año 5.000
a. C.; a esta fase corresponderían las pinturas de las cuevas de
la Sarga (Alcoy, Alicante), Cantos de la Visera (Yecla, Murcia) y la Araña
(Bicorp, Valencia).
2- Fase antigua o naturalista, es decir,
mesolítica o epipaleolítica, que abarcaría el periodo
comprendido entre el 6.000 y el 3.500 a.C.. Es entonces cuando se realizan
las pinturas de animales de gran tamaño, en tintas planas, de escaso
movimiento y sin presencia de figuración humana. Destacan los toros
rojos y blancos de los abrigos de Albarracín (Teruel), los toros
rojos de la Cueva Remigia en el Barranco de Gasulla (Ares del Maestre,
Castellón de la Plana), el gran toro de la Cueva de la Araña
(Bicorp, Valencia), los ciervos de Calapatá (Cretas, Teruel) y de
Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel), los ciervos de
Alpera (Albacete) y otros análogos.
3- Fase plena con la progresiva desaparición
de los toros, la abundancia de ciervos y, en ocasiones, las metamorfoseadas
figuras de los primeros en cérvidos. La representación de
estos animales sigue la tradición de la fase 2 pero aumenta su movimiento
y la complejidad de las escenas. Surge además la figura humana,
muy poco naturalista. Este periodo arrancaría en el año 4.000
a.C. y las imágenes más representativas de esta fase serían
las del hombre inclinado de la Cueva Remigia del Barranco de la Gasulla
(Ares del Maestre, Castellón de la Plana), algunos animales de Minateda
(Albacete), la mayor parte de las pinturas de Cogull (Lleida) y de la Solana
de las Covachas (Nerpio, Albacete).
4- Fase de desarrollo, coetánea
al Neolítico de las llanuras litorales, pero aún sin escenas
pastoriles o agrícolas. Abarca el periodo comprendido entre los
años posteriores al 3.500 y el 2.000 a.C. A esta fase pertenecerían
los bellos conjuntos donde hombres y animales corren; la figura humana
en carrera introduce el convencionalismo de las dos piernas en línea;
además, abunda la composición diagonal, la esquematización
de los cuerpos humanos realizados con técnica caligráfica
y la estilización triangular del tórax, la corrección
del naturalismo animal a través del movimiento… En esta línea,
destacarían los arqueros de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz,
Teruel), los conjuntos del Bajo Aragón, Valltorta (Tirig, Castellón
de la Plana), La Gasulla (Tirig, Castellón de la Plana) y Valencia.
5- Fase final desde el año
2.000 a.C. hasta su agotamiento. Supone una vuelta al estatismo, la rigidez
y la tendencia a la estilización y el esquematismo cada vez más
acentuados. En las pinturas se alude a una agricultura inicial con picos
o palos para cavar o a la domesticación de algunos animales - supuestos
perros de Alpera (Albacete), monta de caballos -.
Aunque se ha considerado probable
que ciertas figuras animales sean de una fase del Eneolítico e incluso
de la Edad del Bronce Pleno, adecuándose al estilo levantino final
con el florecimiento del esquematismo, no parece posible que la evolución
de la propia pintura levantina origine esta esquematización, simbólica
e ideomorfa, que aludiría a la introducción de nuevas ideas
religiosas, funerarias y artísticas, a una concepción diametralmente
diferente de la vida derivada de la revolución metalúrgica.
El problema de la cronología de
la pintura rupestre del Levante Español está aún en
discusión y, en cualquier caso, la datación absoluta anteriormente
propuesta es siempre una hipótesis. Aún no se tienen datos
ni fuentes suficientes que puedan dar confirmación a las distintas
teorías que se han desarrollado al respecto (Ripoll, F. Jordá,
Almagro, Bandi…).
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