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Los principales conjuntos pictóricos
Las denominadas pinturas rupestres
del Levante español se distribuyen a lo largo de una zona geográfica
muy amplia; es por tanto necesario delimitar un recorrido que facilite
su estudio.
En términos generales, puede decirse
que los conjuntos pictóricos más importantes se encuentran
en las provincias de Lleida, Teruel, Cuenca, Castellón de
la Plana, Valencia, Alicante, Albacete y Murcia y su recorrido se
hará siguiendo el sentido norte - sur.
4.1. Lleida
Uno de los conjuntos pictóricos
más completos, con representaciones de distintas épocas,
es el de la Roca dels Moros del Abrigo de Cogull, Lleida. Se trata
de una amplia gama de figuras realizadas con diferente grado de estilización
y distinta técnica de ejecución, probablemente debido a que
fueron pintadas por distintas manos y en una dilatada cronología,
como demuestra el hecho de que en ocasiones se copiaran muy fielmente figuras
preexistentes o se repintaran con colores distintos.
Así, aparecen hermosos toros rojos
- que enlazan con figuras del Magdaleniense Final - debajo de otros en
pardo oscuro, casi negro, posteriores. Para llevar a cabo estas iniciales
representaciones primero se grabaron los contornos y después se
aplicó el color (en rayas de tinta plana que aludían al pelo
del animal) en el interior de la silueta. En esta misma línea está
la imagen de una graciosa cabrita corriendo, en negro, superpuesta a otra
más tosca en rojo. Cerca hay también algunos ciervos y una
ruda figura de bóvido. En todas estas representaciones de toros,
cabras y ciervos se ha recurrido al mismo convencionalismo falso en las
perspectivas de patas y cuernos.
En la parte derecha del abrigo, también
realizadas y repintadas varias veces, aparecen unas mujeres con el torso
desnudo, enormes pechos, algunas con ajorcas en los brazos y todas vestidas
con una falda hasta las rodillas; en el centro hay una figura de hombre
completamente desnudo, con adornos en las rodillas y un exagerado miembro
viril que parece indicar que se trata de la representación de un
acto ritual - una danza fálica -.Todas las figuras se pintaron en
color rojizo muy pálido y más tarde fueron reforzadas, en
su silueta o en todo el cuerpo, con rayas en color negro.
Además, completan el conjunto
otras figuras posteriores también en negro.
Podría decirse que los conjuntos
se organizan, cronológicamente, de las representaciones rojas a
las posteriores negras, primero las figuras animales y luego las humanas.
En la parte superior del abrigo hay también
ejemplos de arte rupestre esquemático de época posterior
a las figuras de estilo naturalista. En esta línea está la
burda escena de caza en la que un hombre esquematizado dispara una flecha
contra una cabrita.
Sin embargo, del periodo posterior esquemático
absoluto - la última fase de este arte -, es el grupo en el que
otro cazador dispara contra un gran ciervo, ambos representados con simples
líneas. En otros dibujos, también de ciervos, continúa
el proceso de simplificación: los cuatro palos que salen de una
línea horizontal corresponden a las cuatro patas del animal, además
de los largos y complicados cuernos ramiformes.
Es peculiar la existencia de signos de
una inscripción ibérica no descifrada y otra inscripción
romana que aluden a que hubo una continuidad a largo plazo en la veneración
del lugar.
4.2. Teruel
Entre los abrigos del Bajo Aragón
destaca el del Barranco des Gascons, de Calapatà (Cretas, Teruel).
Se trata de un gran conjunto donde hay escenas de caza, figuras de animales
y representaciones humanas. Una de las imágenes más hermosas
es la del arquero pintado en rojo oscuro al lado de una cabecita de cabra
montés; el cazador tiene una pierna flexionada, lleva un arco en
la mano y apoya novedosamente un brazo en la cadera; nada remotamente parecido
se dio en el arte del periodo paleolítico.
Aunque no se han conservado, se sabe de
la existencia de unos ciervos bellísimos gracias a los calcos hechos
por J. Cabré antes de su destrucción y los fragmentos comprados
por el Museo de Barcelona. Habían sido pintados en simples siluetas
de color plano rojo. Parecen exentos de toda concepción escénica
y no hay siluetas humanas coetáneas; éstas, sin embargo,
son figuras que recuerdan a imágenes del ciclo auriñaciense
franco - cantábrico, pese a mostrar gran ligereza en la composición.
En la Cueva del Val del Charco del
Agua Amarga (Alcañiz, Teruel) se representó de forma
enormemente realista - relacionada con otra del Barranco de la Gasulla
- una escena de la caza del jabalí. El artista supo captar la "instantánea"
del animal que huye de la persecución de un cazador que, sin embargo,
alcanza a clavarle dos flechas.
En la zona media de la caverna aparece
la imagen de un hombre, disfrazado con una piel y con plumas en la cabeza,
que es embestido por un ciervo. También hay otra imagen cinegética
similar, esta vez la de un arquero cazando una cabrita. Otro arquero muestra
un gracioso peinado redondo y jarreteras en las piernas. Son impresionantes
la gran cabeza de ciervo de 0,90 metros ante la silueta de una cierva y
la figura de mujer de 0,60 metros de altura con larga falda y cintura filiforme.
El Abrigo del Prado de Navazo (Teruel)
conserva un friso rocoso con representaciones de toros grandes y pequeños
y algunas figuras humanas. En el impresionante conjunto destacan las dos
figuras que disparan a un toro. Otra silueta ha sido representada como
escondida en una grieta. A la izquierda y de color negro otro arquero,
agachado, dispara con su arco a unos toros; su postura es muy parecida
a la de una figura representada agachada o andando a cuatro patas que se
puede observar muy cerca.
Hay otro núcleo pictórico
en el que los animales, muy naturalistas, han sido realizados con pintura
blanca, mientras que para la representación de la figura humana,
aunque escasa, se ha utilizado el color. Entre todas las imágenes,
destaca el toro de la derecha con los cuartos traseros recubiertos con
una débil capa de calcita.
Un ejemplo particular es el de las pinturas
del Abrigo de la Cocinilla del Obispo, Albarracín, Teruel,
donde no hay representaciones humanas de ningún tipo. El conjunto
aislado de toros de color rojo claro, muy realista - los cuernos han sido
representados con el convencionalismo de la "perspectiva torcida" - se
parece mucho a los del Paleolítico hispano - francés, más
incluso que los de Cogull (Lleida). El artista o grupo de artistas recurrieron
a la técnica de finas siluetas grabadas rellenas de color que los
relacionarían con el Ciclo Magdaleniense. Sin embargo, al
pie de estas pinturas, en 1943 se hallaron las que hasta la fecha se han
considerado las obras más antiguas de Levante, probablemente epipaleolíticas:
unos pequeños sílex en forma de medias lunas.
El Abrigo de Doña Clotilde de
La Losilla, Tormón (Albarracín, Teruel), fue también
descubierto en 1943 y, hasta la fecha, para muchos supone el símbolo
del final del arte rupestre levantino. El conjunto lo forman una serie
de figuras humanas, animales y vegetales, todas ellas muy estilizadas.
Entre las siluetas humanas, en el centro
de la composición, destaca un arquero, muy similar a las figuras
"cestomáticas" y "paquípodas" de Valltorta (Tirig, Castellón
de la Plana), pero carente de la gracia de movimientos y la expresividad
que caracterizaban a los anteriores. Hay también, en la parte inferior
derecha, figuras humanas filiformes con un tocado plano que asemeja una
montera y que llevan en la mano unos palos u otro tipo de útil de
difícil identificación. Finalmente, en la zona superior,
a izquierda y a derecha, se han representado figuras en forma de M, tardías
representaciones humanas que suponen la cima de la esquematización.
En este excepcional conjunto se puede
contemplar una de las escasas representaciones vegetales del arte rupestre
levantino: un árbol, probablemente un pino, dibujado con sus hojas,
ramas, raíces y frutos fusiformes - algunos autores los han interpretado
como aceitunas -, que significan el comienzo del sentimiento de paisaje,
pues por primera vez aparece la vegetación como motivo artístico.
Además, al pie de las pinturas
se encontraron muestras de la misma industria que la Cocinilla del Obispo
(Albarracín, Teruel), es decir, abundantes y bellas medias lunas
algo más evolucionadas que permiten establecer paralelismos con
piezas del Eneolítico y los primeros momentos de la Edad de Bronce
en el área catalana.
La variedad y calidad del conjunto lleva
a que sea casi indiscutible la datación en la era epipaleolítica,
así como su atribución a pueblos de procedencia africana
llegados a la Península Ibérica tras el Paleolítico
Superior.
Muy próximo al Abrigo de Doña
Clotilde está el Abrigo del Barranco de las Olivanas en Tormón
(Albarracín, Teruel), donde se encuentran series de figuras
humanas, caballos, toros y ciervos, superpuestos y con técnicas
y coloridos diferentes. De las numerosas representaciones, la más
hermosa es sin duda la del ciervo en tinta plana negra sobre el que se
ha repintado un toro, modificando las patas y añadiendo los cuernos,
de 0, 34 metros de largo. Con el Abrigo del Barranco de las Olivanas
finaliza el recorrido por las pinturas rupestres de la Teruel.
4.3. Cuenca.
Aunque el planteamiento general
de este estudio se haya hecho según una organización y división
geográfica, es evidente que las pinturas de todo el Levante español
tienen una estrecha relación.
Así, el ejemplo más
importante del territorio conquense es la conocida como Peña
del Escrito (Villar del Humo, Cuenca), entre cuyas pinturas está
la de un bello toro con largos cuernos en forma de lira y prominente pecho
que se relaciona con las figuras del Barranco de la Olivanas de Tormón.
En el conjunto se pueden encontrar abundantes figuras esquemáticas,
pero las obras más interesantes tienen un carácter fundamentalmente
realista, como la imagen del caballo conducido por las riendas -
ya se conocía la domesticación de animales -, que indica
que en esta zona el naturalismo fue predominante, mientras en otras áreas
se imponía el arte esquemático.
4.4. Castellón de la Plana.
También en el territorio de Castellón
de la Plana se han hecho numerosos e interesantes hallazgos de pinturas
rupestres.
En uno de los Abrigos de Morella la
Vella (Morella, Castellón de la Plana) se representó
un hermoso combate entre arqueros, cuatro contra tres; las figuras están
muy estilizadas y, sin embargo, aparecen en situaciones enormemente realistas:
algunas muestran heridas en el vientre, otras en el costado o las piernas…
Destaca también la figura de un cazador que sigue el rastro de un
animal probablemente herido, pues se ha detenido y ha dejado huellas de
sangre en el camino.
En el Cingle de la Gasulla (Ares del
Maestre, Castellón de la Plana) se representó un conjunto
de cuatro guerreros armados con los arcos en la mano izquierda y las flechas
en la derecha. Son ágiles y minúsculos trazos de color -
miden 5/6 centímetros de altura - que forman figuras de arqueros
combatiendo. El jefe, que lleva un gran gorro y un faldellín de
plumas, es el único al que se ha dibujado la silueta del rostro;
el resto de los guerreros disparan el arco, avanzan o se retiran heridos.
Aunque parece que el grupo de la derecha ataca al otro, que rodea a su
jefe, casi todos los estudios han concluido que se trata de un desfile
o danza religiosa. En todo caso, es una representación típica
del denominado estilo caligráfico de diminutas siluetas humanas
ejecutadas por un artista muy hábil con un toque de pincel que le
permitió obtener diseños muy estilizados pero expresionistas,
pudiendo así destacar la idea de movimiento, casi de velocidad.
Muy cerca de este conjunto se ha pintado
un guerrero que cae asaeteado; tiene todo el cuerpo cubierto de tatuajes
y adornos de plumas. Además, hay dos cazadores disfrazados con cabezas
de toros y el arco en la mano.
Entre las representaciones de animales
destaca un toro que parece herido, de 0, 49 metros de largo, realizado
con una pintura muy patinada y con varias capas superpuestas y que está
muy mal conservado. También aparece una cabra corriendo hacia un
arquero que dispara sobre ella. Es evidente que todas ellas son pinturas
llevadas a cabo durante la que se podría denominar fase de movimiento
exaltado.
En la Cueva Remigia del Barranco de
la Gasulla (Ares del Maestre, Castellón de la Plana) se encuentran
las que tal vez sean las mejores pinturas del arte levantino: centenares
de figuras humanas y de animales, en conjuntos o aisladas, se reparten
por un amplio muro. Por su valentía y realismo es excepcional la
escena de la caza de un toro salvaje; el animal, herido con varias flechas,
aparece con la cabeza contorsionada en un brusco movimiento; ante él,
un cazador huye con el arco en la mano.
Tampoco desmerece la escena de la caza
de jabalíes; uno de los animales ha rodado por el suelo acribillado
a flechazos mientras otros huyen velozmente seguidos por los cazadores.
En otra parte de la cueva dos cazadores
de distinto tamaño disparan contra una cabra salvaje que cruza rauda
ante ellos.
La imagen de un cazador acechando a la
presa que avanza hacia él descuidadamente y dejando sus huellas
en el suelo contrasta con la del cazador que se vale de otras huellas para
rastrear a la pieza herida que ha huido desorientada, dando vueltas.
Pese al mal estado de conservación
de algunas de las figuras y las superposiciones que dificultan la interpretación
de ciertas escenas, el ritmo que marca el conjunto convierte sin duda a
la Cueva Remigia del Barranco de la Gasulla en uno de los mejores ejemplos
de la pintura rupestre del Levante Español.
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