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LAS PINTURAS RUPESTRES DEL LEVANTE ESPAÑOL 3/4
ISBN-84-9714-070-2
María García Yelo
 

4- Los principales conjuntos pictóricos
 Las denominadas pinturas rupestres del Levante español se distribuyen a lo largo de una zona geográfica muy amplia; es por tanto necesario delimitar un recorrido que facilite su estudio. 
En términos generales, puede decirse que los conjuntos pictóricos más importantes se encuentran en las provincias  de Lleida, Teruel, Cuenca, Castellón de la Plana, Valencia, Alicante, Albacete y Murcia  y su recorrido se hará siguiendo el sentido norte - sur.

4.1. Lleida
Uno de los conjuntos pictóricos más completos, con representaciones de distintas épocas, es el de la Roca dels Moros del Abrigo de Cogull, Lleida. Se trata de una amplia gama de figuras realizadas con diferente grado de estilización y distinta técnica de ejecución, probablemente debido a que fueron pintadas por distintas manos y en una dilatada cronología, como demuestra el hecho de que en ocasiones se copiaran muy fielmente figuras preexistentes o se repintaran con colores distintos.

Así, aparecen hermosos toros rojos - que enlazan con figuras del Magdaleniense Final - debajo de otros en pardo oscuro, casi negro, posteriores. Para llevar a cabo estas iniciales representaciones primero se grabaron los contornos y después se aplicó el color (en rayas de tinta plana que aludían al pelo del animal) en el interior de la silueta. En esta misma línea está la imagen de una graciosa cabrita corriendo, en negro, superpuesta a otra más tosca en rojo. Cerca hay también algunos ciervos y una ruda figura de bóvido. En todas estas representaciones de toros, cabras y ciervos se ha recurrido al mismo convencionalismo falso en las perspectivas de patas y cuernos. 

En la parte derecha del abrigo, también realizadas y repintadas varias veces, aparecen unas mujeres con el torso desnudo, enormes pechos, algunas con ajorcas en los brazos y todas vestidas con una falda hasta las rodillas; en el centro hay una figura de hombre completamente desnudo, con adornos en las rodillas y un exagerado miembro viril que parece indicar que se trata de la representación de un acto ritual - una danza fálica -.Todas las figuras se pintaron en color rojizo muy pálido y más tarde fueron reforzadas, en su silueta o en todo el cuerpo, con rayas en color negro. 
Además, completan el conjunto otras figuras posteriores también en negro.

Podría decirse que los conjuntos se organizan, cronológicamente, de las representaciones rojas a las posteriores negras, primero las figuras animales y luego las humanas.

En la parte superior del abrigo hay también ejemplos de arte rupestre esquemático de época posterior a las figuras de estilo naturalista. En esta línea está la burda escena de caza en la que un hombre esquematizado dispara una flecha contra una cabrita.

Sin embargo, del periodo posterior esquemático absoluto - la última fase de este arte -, es el grupo en el que otro cazador dispara contra un gran ciervo, ambos representados con simples líneas. En otros dibujos, también de ciervos, continúa el proceso de simplificación: los cuatro palos que salen de una línea horizontal corresponden a las cuatro patas del animal, además de los largos y complicados cuernos ramiformes.

Es peculiar la existencia de signos de una inscripción ibérica no descifrada y otra inscripción romana que aluden a que hubo una continuidad a largo plazo en la veneración del lugar.

4.2. Teruel
Entre los abrigos del Bajo Aragón destaca el del Barranco des Gascons, de Calapatà (Cretas, Teruel). Se trata de un gran conjunto donde hay escenas de caza, figuras de animales y representaciones humanas. Una de las imágenes más hermosas es la del arquero pintado en rojo oscuro al lado de una cabecita de cabra montés; el cazador tiene una pierna flexionada, lleva un arco en la mano y apoya novedosamente un brazo en la cadera; nada remotamente parecido se dio en el arte del periodo paleolítico. 

Aunque no se han conservado, se sabe de la existencia de unos ciervos bellísimos gracias a los calcos hechos por J. Cabré antes de su destrucción y los fragmentos comprados por el Museo de Barcelona. Habían sido pintados en simples siluetas de color plano rojo. Parecen exentos de toda concepción escénica y no hay siluetas humanas coetáneas; éstas, sin embargo, son figuras que recuerdan a imágenes del ciclo auriñaciense franco - cantábrico, pese a mostrar gran ligereza en la composición.

En la Cueva del Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel) se representó de forma enormemente realista - relacionada con otra del Barranco de la Gasulla - una escena de la caza del jabalí. El artista supo captar la "instantánea" del animal que huye de la persecución de un cazador que, sin embargo, alcanza a clavarle dos flechas.

En la zona media de la caverna aparece la imagen de un hombre, disfrazado con una piel y con plumas en la cabeza, que es embestido por un ciervo. También hay otra imagen cinegética similar, esta vez la de un arquero cazando una cabrita. Otro arquero muestra un gracioso peinado redondo y jarreteras en las piernas. Son impresionantes la gran cabeza de ciervo de 0,90 metros ante la silueta de una cierva y la figura de mujer de 0,60 metros de altura con larga falda y cintura filiforme.

El Abrigo del Prado de Navazo (Teruel) conserva un friso rocoso con representaciones de toros grandes y pequeños y algunas figuras humanas. En el impresionante conjunto destacan las dos figuras que disparan a un toro. Otra silueta ha sido representada como escondida en una grieta. A la izquierda y de color negro otro arquero, agachado, dispara con su arco a unos toros; su postura es muy parecida a la de una figura representada agachada o andando a cuatro patas que se puede observar muy cerca.

Hay otro núcleo pictórico en el que los animales, muy naturalistas, han sido realizados con pintura blanca, mientras que para la representación de la figura humana, aunque escasa, se ha utilizado el color. Entre todas las imágenes, destaca el toro de la derecha con los cuartos traseros recubiertos con una débil capa de calcita.

Un ejemplo particular es el de las pinturas del Abrigo de la Cocinilla del Obispo, Albarracín, Teruel, donde no hay representaciones humanas de ningún tipo. El conjunto aislado de toros de color rojo claro, muy realista - los cuernos han sido representados con el convencionalismo de la "perspectiva torcida" - se parece mucho a los del Paleolítico hispano - francés, más incluso que los de Cogull (Lleida). El artista o grupo de artistas recurrieron a la técnica de finas siluetas grabadas rellenas de color que los relacionarían con el Ciclo Magdaleniense. Sin embargo,  al pie de estas pinturas, en 1943 se hallaron las que hasta la fecha se han considerado las obras más antiguas de Levante, probablemente epipaleolíticas: unos pequeños sílex en forma de medias lunas. 

El Abrigo de Doña Clotilde de La Losilla, Tormón (Albarracín, Teruel), fue también descubierto en 1943 y, hasta la fecha, para muchos supone el símbolo del final del arte rupestre levantino. El conjunto lo forman una serie de figuras humanas, animales y vegetales, todas ellas muy estilizadas.

Entre las siluetas humanas, en el centro de la composición, destaca un arquero, muy similar a las figuras "cestomáticas" y "paquípodas" de Valltorta (Tirig, Castellón de la Plana), pero carente de la gracia de movimientos y la expresividad que caracterizaban a los anteriores. Hay también, en la parte inferior derecha, figuras humanas filiformes con un tocado plano que asemeja una montera y que llevan en la mano unos palos u otro tipo de útil de difícil identificación. Finalmente, en la zona superior, a izquierda y a derecha, se han representado figuras en forma de M, tardías representaciones humanas que suponen la cima de la esquematización.

En este excepcional conjunto se puede contemplar una de las escasas representaciones vegetales del arte rupestre levantino: un árbol, probablemente un pino, dibujado con sus hojas, ramas, raíces y frutos fusiformes - algunos autores los han interpretado como aceitunas -, que significan el comienzo del sentimiento de paisaje, pues por primera vez aparece la vegetación como motivo artístico. 

Además, al pie de las pinturas se encontraron muestras de la misma industria que la Cocinilla del Obispo (Albarracín, Teruel), es decir, abundantes y bellas medias lunas algo más evolucionadas que permiten establecer paralelismos con piezas del Eneolítico y los primeros momentos de la Edad de Bronce en el área catalana.

La variedad y calidad del conjunto lleva a que sea casi indiscutible la datación en la era epipaleolítica, así como su atribución a pueblos de procedencia africana llegados a la Península Ibérica tras el Paleolítico Superior.

Muy próximo al Abrigo de Doña Clotilde está el Abrigo del Barranco de las Olivanas en Tormón (Albarracín, Teruel), donde se encuentran series de figuras humanas, caballos, toros y ciervos, superpuestos y con técnicas y coloridos diferentes. De las numerosas representaciones, la más hermosa es sin duda la del ciervo en tinta plana negra sobre el que se ha repintado un toro, modificando las patas y añadiendo los cuernos, de 0, 34 metros de largo.  Con el Abrigo del Barranco de las Olivanas finaliza el recorrido por las pinturas rupestres de la Teruel. 

4.3. Cuenca.
 Aunque el planteamiento general de este estudio se haya hecho según una organización y división geográfica, es evidente que las pinturas de todo el Levante español tienen una estrecha relación.
 Así, el ejemplo más importante del territorio conquense es la conocida como Peña del Escrito (Villar del Humo, Cuenca), entre cuyas pinturas está la de un bello toro con largos cuernos en forma de lira y prominente pecho que se relaciona con las figuras del Barranco de la Olivanas de Tormón. En el conjunto se pueden encontrar abundantes figuras esquemáticas, pero las obras más interesantes tienen un carácter fundamentalmente realista, como la imagen del  caballo conducido por las riendas - ya se conocía la domesticación de animales -, que indica que en esta zona el naturalismo fue predominante, mientras en otras áreas se imponía el arte esquemático. 

4.4. Castellón de la Plana.
También en el territorio de Castellón de la Plana se han hecho numerosos e interesantes hallazgos de pinturas rupestres. 

En uno de los Abrigos de Morella la Vella (Morella, Castellón de la Plana) se representó un hermoso combate entre arqueros, cuatro contra tres; las figuras están muy estilizadas y, sin embargo, aparecen en situaciones enormemente realistas: algunas muestran heridas en el vientre, otras en el costado o las piernas… Destaca también la figura de un cazador que sigue el rastro de un animal probablemente herido, pues se ha detenido y ha dejado huellas de sangre en el camino.

En el Cingle de la Gasulla (Ares del Maestre, Castellón de la Plana) se representó un conjunto de cuatro guerreros armados con los arcos en la mano izquierda y las flechas en la derecha. Son ágiles y minúsculos trazos de color - miden 5/6 centímetros de altura - que forman figuras de arqueros combatiendo. El jefe, que lleva un gran gorro y un faldellín de plumas, es el único al que se ha dibujado la silueta del rostro; el resto de los guerreros disparan el arco, avanzan o se retiran heridos. Aunque parece que el grupo de la derecha ataca al otro, que rodea a su jefe, casi todos los estudios han concluido que se trata de un desfile o danza religiosa. En todo caso, es una representación típica del denominado estilo caligráfico de diminutas siluetas humanas ejecutadas por un artista muy hábil con un toque de pincel que le permitió obtener diseños muy estilizados pero expresionistas, pudiendo así destacar la idea de movimiento, casi de velocidad.  

Muy cerca de este conjunto se ha pintado un guerrero que cae asaeteado; tiene todo el cuerpo cubierto de tatuajes y adornos de plumas. Además, hay dos cazadores disfrazados con cabezas de toros y el arco en la mano. 

Entre las representaciones de animales destaca un toro que parece herido, de 0, 49 metros de largo, realizado con una pintura muy patinada y con varias capas superpuestas y que está muy mal conservado. También aparece una cabra corriendo hacia un arquero que dispara sobre ella. Es evidente que todas ellas son pinturas llevadas a cabo durante la que se podría denominar fase de movimiento exaltado.

En la Cueva Remigia del Barranco de la Gasulla (Ares del Maestre, Castellón de la Plana) se encuentran las que tal vez sean las mejores pinturas del arte levantino: centenares de figuras humanas y de animales, en conjuntos o aisladas, se reparten por un amplio muro. Por su valentía y realismo es excepcional la escena de la caza de un toro salvaje; el animal, herido con varias flechas, aparece con la cabeza contorsionada en un brusco movimiento; ante él, un cazador huye con el arco en la mano. 

Tampoco desmerece la escena de la caza de jabalíes;  uno de los animales ha rodado por el suelo acribillado a flechazos mientras otros huyen velozmente seguidos por los cazadores. 
En otra parte de la cueva dos cazadores de distinto tamaño disparan contra una cabra salvaje que cruza rauda ante ellos.

La imagen de un cazador acechando a la presa que avanza hacia él descuidadamente y dejando sus huellas en el suelo contrasta con la del cazador que se vale de otras huellas para rastrear a la pieza herida que ha huido desorientada, dando vueltas.

Pese al mal estado de conservación de algunas de las figuras y las superposiciones que dificultan la interpretación  de ciertas escenas, el ritmo que marca el conjunto convierte sin duda a la Cueva Remigia del Barranco de la Gasulla en uno de los mejores ejemplos de la pintura rupestre del Levante Español.