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LAS PINTURAS RUPESTRES DEL LEVANTE ESPAÑOL 4/4
ISBN-84-9714-070-2
María García Yelo
 

En la Cueva del Civil del Barranco de la Valltorta (Tirig, Castellón de la Plana) se han representado elegantes arqueros que preparan sus flechas, las disparan o permanecen estáticos. Aislada del conjunto apareció la figura de un arquero de 0,14 metros que hoy se encuentra en el Museo de Cervera (Lleida).

De nuevo una escena cinegética ha sido el motivo elegido para decorar la Cueva de los Caballos de la Valltorta (Tirig, Castellón de la Plana). Se trata de una cacería de ciervos en la que varios cazadores disparan contra una manada que huye. Un poco más lejos, unos ciervos son alcanzados en sus cuartos traseros por las flechas de los ojeadores. Los cazadores han sido magníficamente representados en tensión, así como los animales, que aparecen en distintas posiciones (excepcional la imagen de la cierva herida que parece desvanecerse).

Los ciervos son protagonistas absolutos de las pinturas del Abrigo de Mas d´en Josep de Valltorta (Tirig, Castellón de la Plana). Un cazador, con su arma en la mano, corre tras dos ejemplares; uno de los ciervos sólo tiene dibujados la cabeza y la mitad delantera; el otro, detrás, está herido en el vientre por una flecha; el cazador, más pequeño, tiene en las rodillas los mismos adornos que el hombre desnudo de Cogull, pero también lleva un pequeño adorno en la cintura y cintas o plumas, representados con puntos, en la cabeza.

4.5. Valencia.
La zona de influencia de las pinturas rupestres del Levante Español llega, evidentemente, al territorio valenciano, donde se encuentran algunos de los conjuntos más interesantes en cuanto a la peculiaridad de su temática.

Tal es el caso de las magníficas pinturas, algo tardías, de la Cueva de la Araña, Bicorp (Valencia). El conjunto de mayor entidad es una representación de una cacería de cabras salvajes, excelente en composición y movimiento: un círculo de cazadores con arcos acorrala y remata a un grupo de animales; una de las cabras ha caído patas arriba, por el impacto de una flecha, junto a una mancha de color oscuro - la sangre -; algunos animales no pueden apenas seguir corriendo y se derrumban heridos, mientras otros han logrado huir; un pequeño ejemplar que se había separado del rebaño está amenazado por un arquero que va a disparar.

Muy cerca de esta cacería se ha representado la escena de una danza fálica rodeada de un grupo de animales, muy naturalista; entre las siluetas, llama poderosamente la atención una cabra negra cuyos cuernos cortan la figura de otra cabra roja apenas visible y de una cierva también roja.
El artista o los artistas han aprovechado los orificios naturales para crear una curiosa escena de la recolección de la miel; unos hombres, con un cuenco campaniforme en la mano - la cestería y la cerámica ya se han desarrollado en época neolítica -, suben ayudándose de una cuerda por una escarpada roca hasta el lugar donde está el panal; mientras las figuras sacan la miel, las abejas que vuelan alrededor del enjambre, son en realidad pequeños y ágiles toques de pincel - en la misma línea que los pájaros en vuelo de Morella la Vella o las moscas y arañas del Barranco de la Gasulla -; en el centro del friso, un caballo se desploma verticalmente, junto al recolector de miel.

4.6. Alicante.
La ruta que se ha venido siguiendo continúa por la provincia de Alicante. Allí, en las Cuevas de la Sarga, Alcoy (Alicante), se han representado de forma muy naturalista unos ciervos (de 0,30 metros de largo aproximadamente) con dos estilos distintos y sobre trazos esquemáticos más antiguos.

Estos meandros son especialmente interesantes por ser propios de la fase esquemática desarrollada en una serie de conjuntos de esta provincia; el mayor de ellos mide un poco más de un metro y todos están constituidos por varias líneas serpentiformes de recorrido paralelo, salvo en los extremos, donde algunas de ellas se unen; en opinión de ciertos autores estas representaciones se inscriben en una etapa más antigua que el arte levantino naturalista y podría relacionarse con los elementos geométricos pintados sobre plaquitas calizas aparecidas en yacimientos como La Cocinilla del Obispo (Albarracín, Teruel). En todo caso, su estudio sigue siendo enormemente complejo dado su mal estado de conservación.

De entre las figuras de animales que se encuentran en las cuevas de la Sarga, es significativa la representación de un ciervo, captado con enorme naturalismo, con la técnica de perfilado y relleno posterior a base de finos trazos realizados con pincel; en esta ocasión no se ha recurrido al relleno de tinta plana habitual.

4.7. Albacete.
Las últimas pinturas verdaderamente importantes de este arte naturalista levantino se encuentran en la zona de Albacete y el norte de Murcia, como los abrigos pintados en Alpera (Cueva de la Vieja y Cueva del Queso), en Almansa (Abrigo del Monte Mugión) y los tres de Minateda. Es también en estos ejemplos donde el último estilo esquemático alcanza su mayor desarrollo. 

La Cueva del Venado del Abrigo de Alpera (Albacete), llamada también de la Vieja, tiene una serie de pinturas en un paño de casi diez metros, donde de nuevo predominan las figuras humanas; pueden encontrarse escenas conjuntas de caza o luchas entre tribus - algunas quizás con significado mágico - así como figuras aisladas.

Destaca la silueta de un hombre con el perfil muy marcado (nariz, mentón) y un gran penacho de plumas en la cabeza. Son además interesantes las dos mujeres en conversación representadas con lujosos vestidos y adornos en los brazos, con gorros de largas plumas, en alegres posturas y formando parejas muy similares a las de Cogull (Lleida).

Se pueden encontrar también representaciones de animales, como unas cabras monteses que corren y saltan ágilmente o un delicado y pequeño macho que guía el rebaño. Éstas son las figuras más antiguas del conjunto, en un color rojo claro, mientras los demás animales e imágenes humanas son de un tono más oscuro. Además, en este mismo color rojo oscuro, se pintaron toros con cuernos en semicírculo que en tres de los casos fueron transformados en cuernos de ciervo; estas metamorfosis son muy abundantes en este abrigo - cabras convertidas en ciervos -, un recurso también habitual en las cavernas paleolíticas.

No obstante, pese a la cantidad y variedad del conjunto, en comparación con las obras del Maestrazgo y de las sierras ibéricas, estas pinturas de la Cueva del Venado se descubren ciertamente mediocres.  

Entre las obras del Abrigo de Minateda (Albacete) llama la atención un grupo de arqueros que avanza hacia el enemigo; las figuras, cuyos cuerpos han sido dibujados mediante largas rayas, van armadas con arcos y flechas y llevan adornos en tobillos y antebrazos. Delante de esta escena, aparece la imagen de un asno y un cazador que lo acecha con el venablo en la mano. 
Desafortunadamente, casi la totalidad de las figuras de este abrigo son en la actualidad prácticamente invisibles por lo que su estudio es difícil.

En una de las cuevas de la Solana de las Covachas (Nerpio, Albacete)  se ha conservado la figura de un gran ciervo finamente perfilado con tinta plana y dejada incompleta en el interior - una corriente de agua ha provocado la formación de un elemento vegetal sobre su cuerpo -, además de una silueta humana muy estilizada, en rojo claro. En otra parte de la caverna hay un gran conjunto con imágenes de ciervos y mujeres - una con senos salientes y falda de borde recto -, cuyo significado es aún un enigma. Se trata por tanto de un yacimiento que muestra técnicas pictóricas diferentes, desde las pinturas lineales o las series de tintas planas dentro de perfiles firmes y con variantes de matiz del color rojo a la factura de perfiles de trazo grueso sin relleno.

4.8. Murcia.
El Abrigo de Cantos de la Visera (Yecla, Murcia) destaca por las sucesivas series de estilos pictóricos superpuestos más que por la belleza de sus figuras. Se trata efectivamente de pinturas superpuestas de distinta época, con colorido diferente, pero su pésimo estado de conservación impide muchas veces distinguir lo que representan o su estilo. No obstante, en la zona izquierda aún se puede apreciar la superposición de un ciervo naturalista sobre una zancuda esquemática más antigua; a la derecha, quedan restos de cuadrúpedos esquemáticos de la Edad de Bronce. 

En este abrigo los conjuntos pictóricos resultan especialmente  abigarrados y tienen numerosas series superpuestas: desde las figuras naturalistas de época incierta pero relacionadas con el arte paleolítico, hasta los signos esquemáticos sincrónicos de las culturas del Neolítico y la Edad de Bronce. De nuevo en esta ocasión el análisis de las imágenes resulta enormemente complicado.

 Desde los primeros descubrimientos de las pinturas rupestres del Levante Español las investigaciones se han ido multiplicando sin cesar y, sin embargo, son aún hoy muchas las incógnitas por resolver.

Se podría pensar que los abrigos y las cuevas, cuyas pinturas se han podido repasar en este estudio, fueron santuarios o lugares donde se celebraban ritos sociales o religiosos. No obstante, todo apunta a que durante estos tres largos milenios los hombres nunca habitaron en estos emplazamientos, aunque sí en espacios próximos (en sus bases se han encontrado utensilios de piedra, restos de actividad laboral y armas). En todo caso, lo cierto es que estos emplazamientos apenas tienen defensa contra las inclemencias del tiempo y, sin embargo, el hombre se desplazó hasta allí, en ocasiones no sin dificultad, para desarrollar su actividad, observar y pintar. En estos abrigos y cuevas se originó y desarrolló el arte de este pueblo cazador, que practicaba una agricultura rudimentaria y en momentos finales fue capaz de llevar a cabo una labor de pastoreo.  
Sí, las dudas son muchas, pero la excelente calidad de las pinturas es innegable. En diciembre de 1998, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad al arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, respaldando la valoración plástica de las obras y premiando las actividades de conservación llevadas a cabo por los gobiernos autónomos de Andalucía, Aragón, Castilla - La Mancha, Cataluña, Valencia y Murcia, en parte de cuyos territorios existen muestras de esta excepcional manifestación cultural que es la Pintura rupestre del Levante español.
 

BIBLIOGRAFÍA