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INTRODUCCIÓN.
Tres grandes bloques articulan la Historia
del Arte medieval en la península Ibérica: el arte
árabe, el románico y el gótico.
Dedicamos ahora unas páginas
a la que probablemente sea una de las culturas artísticas más
brillantes de la Historia del Arte en general y de España en particular:
el arte del Islam, no en vano se refirió a él Washington
Irving como “un brillante exotismo”. Forma éste un capítulo
tan peculiar, con unas características tan definidas, una personalidad
tan poderosa, reconocida y diferenciada, que es fácilmente distinguible
de las otras manifestaciones artísticas, posee lo que George Marçais
llamaba “la personalidad del arte islámico”.
Ocupa un espacio, tanto cronológico
como territorial con un principio y un fin muy concretos, ocho siglos,
del VIII al XV de tiempo absoluto, limitados por dos hechos históricos
o políticos muy concretos: el año 710, el de la primera invasión
árabe a la península, y el 1492, momento en que el último
reducto árabe, Granada, es entregado a los Reyes Católicos.
El problema surge cuando se intenta fijar el tiempo relativo del arte islámico
en España, es decir en qué momento la totalidad de la cultura
aceptó los cambios que la transformaron y se definió el arte
claramente como suyo propio. Este problema de cronología lo estudia
ampliamente Oleg Grabar en La formación del Arte Islámico,
imprescindible manual para tratar el tema que nos ocupa.
Dividido en diferentes etapas: emirato,
califato, reinos taifas, almorávides y almohades y reino nazarí,
todos ellos imprimieron al territorio andalusí, a nivel artístico,
unos matices propios, unos caracteres particulares, que harían del
arte árabe un conjunto de heterogeneidades dentro de su homogeneidad,
modificando radicalmente el carácter de la península ibérica.
Durante ocho siglos en territorio
hispano, convivieron dos mundos, cristiano y musulmán muy distintos
culturalmente, y enemigos política y religiosamente, con constantes
enfrentamientos, pacíficos o no, pero en continuo contacto entre
ambos, lo que permitió un enriquecimiento cultural del
que se beneficiaron uno y otro, posibilitando la creación de dos
interesantes corrientes artísticas, la mozárabe y la mudéjar.
Se trata de un arte que dejará
una importante impronta en el resto de los estilos y etapas siguientes.
Un arte todavía vivo y contemporáneo.
1.2 LA EXPANSIÓN DEL ISLAM:
AL-ANDALUS
Es el Islam el movimiento fundamentalmente
religioso, y como consecuencia artístico, que más rápidamente
y en mayor espacio se difundirá a lo largo de la historia. Su propagación
por Oriente había sido veloz y eficiente, pero quedaba una asignatura
pendiente: su difusión hacia Occidente, “la perla que colmó
su expansión imperial”.
Según la documentación musulmana,
en el año 710 se envió a la península una expedición
de tanteo, encabezada por Tarif junto con setecientos hombres más.
Desembarcaron en Tarifa, y de allí pasaron a Algeciras, con ayuda
del Conde Don Julián, aliado de Witiza, y enemigo del rey Rodrigo.
Será el año siguiente, el 711, una fecha a recordar: con
el califa omeya Walid I y siendo Musà ibn Nusayr gobernador en Ifriqiyya,
su lugarteniente Tariq ben Ziyad, viendo el estado de composición
del reino visigodo, cruza el estrecho de Gibraltar con setenta mil hombres.
Comienza aquí la historia del Islam en Europa.
Avisado el rey Rodrigo en Pamplona, baja
hasta el Sur y se enfrenta con Tariq en Guadalete. Es éste el primer
enfrentamiento militar entre árabes y cristianos, la primera derrota
frente al Islam y la desaparición de don Rodrigo.
Se toma Écija, Córdoba,
Granada, Málaga, Orihuela, el centro de la meseta de Toledo, Guadalajara,
Zaragoza y Tarragona. En el verano del año 712, Musà se traslada
a España con dieciocho mil hombres, iniciando una segunda penetración
hacia el Norte, conquistando sin mucha resistencia Medina Sidonia, Carmona,
Sevilla, Mérida, Toledo, donde está Tariq, y luego Galicia
y León. Es sorprendente la rapidez con la que avanza la conquista.
Diez años después, en el
722, se registran conflictos con Pelayo en los Montes Cántabros,
en la batalla de Covadonga se hace frente al Islam y sus incursiones, considerándose
el primer hecho antiislam. Las fuentes árabes y cristianas
coinciden en la importancia de esta batalla, aparece en las Crónicas
de Alfonso III, hablando de “ciento ochenta y siete mil hombres árabes
vencidos”; las fuentes musulmanas, al contrario, hablan de la anécdota
de Covadonga, haciendo referencia a “trescientos asnos salvajes”, respecto
a los cristianos (Crónica de al-Moggari).
En el año 732 se pasan los Pirineos
y son derrotados en Poitiers por Carlos Martel, cerrando la posibilidad
de expansión por el Norte. Significa esto el final de la penetración
en Europa del Islam.
Desde esta fecha del 711 hasta el 756
está asentado el Emirato dependiente del Califato de Damasco. La
capital en principio estuvo en Sevilla, luego pasó a Córdoba.
A partir del año 741, con la península
convertida en provincia omeya, comienza una etapa de lucha por el poder
entre los jefes militares desplazados a la península, acrecentado
por un cierto carácter racial, ya que en las distintas invasiones
habían participado diferentes grupos: por una parte, una aristocracia
árabe del califato; por otra, los Bereberes llegados
del Norte de África como mercenarios del Moro Almanzor; y un tercer
conjunto, el formado por esclavos de origen cristiano, esclavos
manumitidos, sometidos por Almanzor, una población hispana que se
islamizó. Este último grupo adquirirá mucho poder
durante el siglo XI, formando una importante dinastía en Almería.
En el año 750 se produce
la exterminación violenta de la dinastía Omeya por parte
de los abbasíes, sobreviviendo a ella Abd al-Rahman ibn Muawiya,
Abd al-Rahman I, que llega a Túnez, donde reside en Qairwan, este
hecho tendrá su importancia cuando más tarde describamos
la aljama de Córdoba, pues en ella veremos varias influencias de
la primera ciudad. En el 756 llega a Al-Andalus, desembarca en Almuñécar
(Granada), haciéndose con el poder, y poniendo fin a la inestabilidad
política que mantenía al-Andalus, comenzando el emirato independiente
de Córdoba (756-929), dependiendo sólo de Bagdad religiosamente.
Durante este período del emirato omeya, al-Andalus se convertirá
en el enclave más importante del Islam occidental, Córdoba
se erigirá como el “crisol de lo oriental y de lo occidental”, siendo
respetada como verdadera potencia política y cultural por musulmanes,
judíos, bizantinos y cristianos. Este momento de esplendor no sólo
lo fue en el ámbito político-administrativo y comercial,
también la cultura fue adquiriendo un carácter propio, siempre
conectada con el resto del mundo islámico, pero creándose
su debida identidad, gracias, en parte a las relaciones que seguía
manteniendo con el mundo cristiano.
Del 929 al 1031 dura el califato cordobés.
En los motivos de su larga duración, tomaron parte aspectos de diversa
índole, pero fundamentalmente fueron las relaciones comerciales
con el Mogreb fatimí, los enfrentamientos por dominar las principales
rutas, las causantes. Los bereberes se revelarán, destruyendo la
magnífica ciudad real de Madinat al-Zahra y la sede administrativa
Madinat al-Zahira. Este hecho, la Fitna, supone el inicio
de la desintegración en numerosos reinos, cada vez más debilitados,
los reinos taifas (tawaif significa desmembramiento). Pero a su
debilidad política y militar no se correspondió la cultural,
ya que todos estos pequeños Estados decidieron convertir su capital
en “una pequeña Córdoba”.
Alfonso VI aprovecha bien la debilidad
y comienza una serie de campañas contra Toledo y Valencia. Los reyes
taifas, muy debilitados, se hacen vasallos del rey y tributarios.
Esta situación tan crítica, que a punto estuvo de acabar
con el poder islámico en la península, se sucede hasta el
1086, año en que los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz solicitan
ayuda a los almorávides (al-Murabitun), bereberes del Sahara,
de estricta ortodoxia religiosa, militares que habían dominado los
reinos y emiratos del Mogreb. Las expediciones de los reinos cristianos
avanzaban por tierras de al-Andalus, frenando los intentos almorávides
de reinstaurar el puritanismo islámico.
Éstos vencen a Alfonso VI en la
Batalla de Sagrajas, e intentan imponerse a los taifas, consiguiéndolo
en el 1090 con Tasufin, monarca almorávide que se hace con todo
el territorio árabe y que acaba con el caos. Al-Andalus pasa a convertirse
en una provincia de los almorávides hasta 1145, fecha en la que
aprovechando su decadencia, y con el objetivo de hacer frente a la reconquista
que avanzaba con gran rapidez, invaden la península los almohades
(al-Muwahhidun) haciéndose con el poder, y situando la capital
en Sevilla. Este período durará hasta 1212, año en
que son derrotados los almohades por las tropas cristianas en la batalla
de las Navas de Tolosa. Con este hecho se pone fin no sólo a la
pervivencia de los almohades en la península, sino también
a la presencia del Islam en tierras hispánicas.
Sólo un reducto queda del mundo
árabe, el reino que fundó en Granada, en 1238, Muhhamad ibn
Nasr, perteneciente a una familia noble que da origen a la dinastía
Nazarí y que pervive hasta el 1492. Amplio período debido
a la barrera que suponía el Sistema Penibético y que
impedía ser invadida, y por otra parte, ha de tenerse en cuenta
la astucia con la que actuaba, estableciendo pactos diplomáticos,
declarándose vasallos del rey de Castilla. Es este un momento de
gran esplendor cultural que acompaña a una interesante prosperidad
económica basada en la perfecta organización de la agricultura
y el comercio de artesanía con el Mediterráneo.
A pesar de estas circunstancias tan favorables,
comienzan a sucederse una serie de conflictos políticos que desembocan
en el hecho de que el día de la Epifanía de 1492, Fernando
de Aragón e Isabel de Castilla entraran en la Alhambra, tomando
la que había sido la última ciudad islámica en la
península, Granada.

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