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ARTE HISPANO MUSULMÁN 3/8
2. LA ARQUITECTURA COMO EXPRESIÓN RELIGIOSA: LA MEZQUITA
ISBN-84-9714-060-5
Rosario Ros Larena
 

 Para la cultura árabe, la religión será la base sobre la que se asiente el orden social y el pensamiento político. El Islam es la aceptación de Alá como único Dios y de Mahoma como su profeta; en torno a esta idea girará el resto de los aspectos que conforman el colectivo cultural musulmán.

Cinco pilares soportaban la ley islámica expresada en el Corán: la proclamación de la unidad de Dios, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Dos de ellos, la oración y la peregrinación, influirán desde los orígenes para configurar una de las expresiones arquitectónicas más atractivas que nos muestra la Historia del Arte: la  mezquita. 

A parte de la base religiosa revelada por el Profeta y que se fue transmitiendo a su muerte, se creó una tradición, la sutna, una especie de cuerpo jurídico-religioso que se configuró en cuatro escuelas interpretativas. La otra gran tradición de interpretación religiosa del Islam es la de la Shiia.

 La palabra mezquita deriva del árabe maschid, que significa “un lugar donde uno  se postra frente a Dios”, surge por tanto como lugar de oración, en el que se reunía el colectivo musulmán para la oración obligatoria del viernes (mezquita aljama). Para las otras cinco veces al día que llamaban a la oración, en principio no era necesario acudir a la mezquita, cualquier lugar que estuviera purificado serviría para rezar, siempre que el musulmán dirigiera su cuerpo hacia la Meca. Cabría aquí aclarar la diferencia, que podría llevarnos a confusiones, entre la mezquita y la iglesia cristiana; mientras que la primera, como decimos es lugar de oración y reunión, en el mundo cristiano, el edificio-iglesia es la casa de Dios. Esta diferencia en su función, plantea una problemática diferente en cada caso: mientras que en las iglesias ha existido una tendencia a las celebraciones misteriosas y complejas, los oratorios musulmanes sólo planteaban problemas de visibilidad y acceso. En la medida en la que las necesidades así lo exigieron, fue ineludible el tener que ampliar las mezquitas, y por supuesto multiplicar su número dentro de la ciudad.

Este edificio, del que se ha hablado mucho y del que todavía se sigue investigando, parece tener su precedente en la casa del propio Mahoma en Medina, lugar en el que se reunía la familia y amigos del Profeta para orar. La casa poseía un recinto cuadrado de altos muros de adobe. Debía estar articulada en dos espacios: un gran patio central, en el sur, y dos hileras de troncos de palmeras cubiertas de paja, en el norte. En el muro oriental se hallaban las habitaciones de las mujeres. Este antecedente es al que más solemos hacer referencia al intentar explicar el origen de la mezquita, pero existe otro, dado a conocer por Oleg Grabar, por el que podría relacionarse con un lugar al que el Profeta acostumbraba a llevar a su comunidad, especialmente en días de fiesta. Se trataba de un musalla, lugar para orar, un lugar abierto totalmente desprovisto de edificación.

Teniendo en cuenta los dos ejemplos, entendemos la estructura del edificio de la mezquita: un recinto aislado, con una parte cubierta dedicada a la oración (haram), en la que se encuentra el muro de qibla, mirando a la Meca, y al que deben dirigirse los fieles mientras duran sus oraciones. En este muro y habitualmente en el centro, encontramos el nicho vacío del mirhab, al principio del islamismo reservado para el califa. Podría recordarnos los ábsides de las basílicas paleocristianas y bizantinas, pero ninguna relación los une, más al contrario, si el ábside cristiano es un espacio sagrado, sede de la divinidad, el mirhab representa el vacío. 

Próximo a éste, se halla un púlpito (minbar) desde el que el predicador pronuncia el sermón de inicio o jutba. Este elemento, con el tiempo, se convirtió en símbolo de autoridad y representación del Profeta. Existen otros elementos no obligatorios, como es el caso de la maksura, celosía de madera o balaustrada, colocada en la primera fila de columnas, que servía para separar al monarca o sus representantes, de los fieles, puede asumir también la función de protegerles. Otro elemento, también ocasional, suele ser el sabat, pasadizo que conecta la mezquita con el palacio. Para alojar a las mujeres o a los hombres, si el edificio resultaba pequeño, se montaban unos altillos de madera o fábrica (saqifa). También se encuentran dentro de la sala de oración el kursi, atril para colocar el Corán abierto y la dakka, estrado para el imán, director de la oración. 

Algunos investigadores han visto  el precedente de esta sala de oración en las apadanas persas, grandes salas hipóstilas de los palacios persas, precedidas usualmente de pórticos.

La otra parte importante de la mezquita es el patio (sahn), abierto, rodeado de columnas, recordando de nuevo la casa del Profeta, en la que en el patio tenía troncos de palmeras para recibir a la sombra. En él se sitúa la fuente de abluciones (mida’a), y el alminar, elemento del que hablaremos más adelante. También suele encontrarse en el patio el tesoro de las fundaciones en una cámara (bayt al-Mal), en un edículo sobre columnas, cuando no lo estaba en una de las cámaras del sabat.

En conjunto, el recinto de la mezquita se basa en una figura cuadrada o rectangular, evocando la forma cuadrada de la Kaaba. Aludimos de nuevo a la importancia de la geometría en la cultura árabe, pues la planta del edificio-mezquita es un símbolo, el de la implantación en la tierra de la fortaleza del Islam, pero señala también la presencia de lo sagrado.

En cuanto a las tipologías, éstas lo son en función de la posición de las naves. Las llamadas mezquitas de tipo aqsa, cuyo nombre viene de la mezquita al-Aqsa, de las primeras que tuvo Jerusalén, tienen las naves perpendiculares al muro de qibla. El segundo tipo,  la mezquita kufa, dispone las naves paralelas al muro que se dirige hacia la Meca; a este tipo responde la mezquita de Damasco, por ejemplo.

Hablamos de paralelismo o perpendicularidad en función de la dirección de las cubiertas, ya que en el interior de la sala hipóstila, apreciamos un “bosque de columnas”, que no nos permite adivinar su dirección. La calle central, en ambos casos, suele ser más  ancha y con cúpulas, formando en planta una T.

Un elemento arquitectónico que precisa de un espacio aparte para su estudio es el del alminar o minarete, que se erige presuntuoso en uno de los lados del patio. Su función es más litúrgica que estructural: desde él, el mu’addin o almuédano, llamaba a los fieles a la oración, evocando lo que en tiempos primitivos se hacía con el cuerno de carnero. Los precedentes parecen encontrarse en las torres de esquina del témenos romano de Damasco.

El alminar además es símbolo de la presencia del Islam en los territorios conquistados, en la silueta de una ciudad islámica destaca sobre el conjunto de su edificación, la altura y esbeltez de los minaretes. Es además símbolo del poder social del que lo manda construir.

El alminar será un elemento que evolucionará hacia formas más complejas, siendo claro exponente de la decoración que cada uno de los períodos del arte árabe desarrolle. Encontramos diferentes formas, desde la planta cuadrada sobre pedestal  y rematado por una forma cupulada, más propio del Islam oriental, hasta formas en espiral, rodeadas por escaleras o rampas, que alcanzan el cuerpo superior, situado a gran altura, como la de Samarra, de tipo iraquí.

Ya dijimos cómo la mezquita musulmana no desempeña sólo funciones religiosas, sino que asume otras de carácter político, económico y social. Por ello surgirán dentro de las tipologías de mezquitas, otras más complejas de carácter polivalente, que incorporan a la estructura primitiva (haram y sahn), otros espacios destinados a la enseñanza, a recibir arengas y proclamaciones, etc.

LA PRIMERA MÉZQUITA EN TERRITORIO ANDALUSÍ: CÓRDOBA

 Las mezquitas realizadas en territorio hispanomusulmán parece que tuvieron una clara influencia de las de otras partes del mundo, debido a la afluencia de musulmanes procedentes de Siria, que en torno al 750 están llegando a España. A pesar de la importancia de las iglesias visigodas en nuestro país, y de los edificios civiles, legado de la época romana, hay que tener en cuenta la pobreza de la tradición artística en España durante la conquista musulmana, por eso es lógico que el carácter islámico arraigara con fuerza y dejara testimonio de importantes edificios de todo tipo, convirtiéndola en un importante centro musulmán. Aunque desde  el punto de vista arqueológico, se siguieran ejemplos de otras zonas, es cierto que se crearon , desde el punto de vista de la arquitectura y la decoración, formas exclusivamente españolas, que constituyen el verdadero atractivo del arte árabe peninsular.

 Sobre las primeras mezquitas construidas en terreno hispano las noticias son dudosas y de cierta oscuridad. Parece ser la de Algeciras la primera que existió; hay referencia documental de una mezquita en Robina (Sevilla) hacia el año 717, y en el 718 en Elvira y Zaragoza. Debía tratarse de edificaciones pobres en material y pronto sustituidas por edificios más importantes, de los que no queda nada.

 Por tanto una de las primeras expresiones monumentales de la dominación musulmana en España que alcanzó mayor esplendor a lo largo de sus sucesivas etapas constructivas fue la mezquita aljama de Córdoba. Desde que en el año 785 empieza su construcción sobre la catedral visigoda de San Vicente, hasta 1523 en que se decide levantar en el centro una auténtica catedral cristiana, el edificio pasa por diferentes períodos constructivos, se ve alterado en su composición y transformado a tenor  de los afanes de grandeza de sus gobernantes. No deben considerarse estas fases constructivas como ampliaciones de la primitiva mezquita, sino, como consideró Chueca Goitia, se trata de la construcción de nuevas mezquitas que van absorbiendo las anteriores. Es indiscutible que el valor que tiene la mezquita de Córdoba ha de buscarse en lo que, de edificio vivo tiene, manteniéndose en constantes modificaciones hasta el siglo XIX, en el que es restaurada por Velázquez Bosco.

 El edificio destaca dentro de la ciudad como un conjunto exento, de grandes longitudes, próximo a la orilla del emblemático río Guadalquivir. Por su exterior, no destaca especialmente,  amén de las puertas de acceso, que ya comentaremos, por lo demás, resulta más bien sobrio, levantado con muro de aparejo a soga y tizón, y rompiendo la monotonía de éste, unos grandes contrafuertes rectangulares, que inferían al conjunto cierto aire de fortaleza almenada, influencia posiblemente bizantina y persa.