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3. EL ARTE ESPAÑOL DESDE EL NEOLÍTICO  HASTA LA EDAD DEL BRONCE 1/4
ISBN-84-9714-077-X
María García Yelo
 

Aproximadamente a partir del año 10.000 a.C. se empieza a producir en toda Europa una paulatina retirada de los hielos y esta reducción del clima ártico obliga a la fauna fría a emigrar hacia el Norte. También en la Península Ibérica avanza  el régimen estepario y sólo las especies animales más fuertes, como la cabra montés, el ciervo o el toro, logran sobrevivir.  Los cazadores paleolíticos han de asumir estos cambios, adoptar nuevas y distintas formas de vida que necesariamente tendrán su reflejo en las manifestaciones artísticas. Es por tanto  en este periodo cuando se suceden los últimos resquicios de su cultura, representada en el norte por el Ciclo Aziliense y en el Levante por el Capsiense (procedente del norte de África).

Poco a poco fueron llegando a través del Mediterráneo pueblos colonizadores y agrícolas que iban a desarrollar las primeras culturas neolíticas, vinculadas a la Capsiense. La historiografía tradicional ha establecido la fecha del año 3.000 a.C. para señalar el inicio de la metamorfosis, por influencia externa, de los cazadores de la Península Ibérica en un pueblo de ganaderos y agricultores, aunque es probable que durante este final del periodo cuaternario convivieran dos culturas distintas. Los cazadores epipaleolíticos capsienses se fueron extendiendo sucesivamente por las zonas montañosas de España y empujaron a los pueblos de cultura magdaleniense que se había prolongado en el aziliense. Llegan entonces, procedentes del norte de África y con conocimientos de la agricultura y la ganadería heredados de Egipto y Próximo Oriente,  grupos humanos que se asientan en los llanos.

Comienza así en la Península Ibérica el largo periodo prehistórico que abarcará desde el Neolítico a la Edad del Bronce (3.000 - 1.000 a.C.).

1- NEOLÍTICO.( Ver Artículo en liceus)

 En términos generales, al hablar de Arte Neolítico se hace referencia a las creaciones plásticas, suntuarias y arquitectónicas de la época prehistórica que se extiende desde 7.000 a.C. hasta 2.000 a.C. Sin embargo, en el caso español, la denominada revolución neolítica no se llega hasta el año 3.000 a.C.

Este periodo supone una completa transformación de los sistemas económicos y espirituales.  La agricultura necesita del establecimiento de los pueblos en un lugar fijo y esto conlleva el aumento de individuos que forman los distintos grupos humanos y que habrán de organizarse en nuevas formas jerárquicas. En consecuencia, el nuevo ciclo inaugura conceptos hasta ahora inexistentes como la posesión de tierras, la colonización o el comercio. 

Las primeras colonias neolíticas que surgieron en España se concentraron fundamentalmente en la actual provincia de Almería. Estos hombres fueron quienes introdujeron los conocimientos sobre arquitectura, tal y como hoy la entendemos, en la Península, erigiendo los primeros poblados y sus correspondientes monumentos. 

En cuanto a la pintura, en los dibujos y grabados realizados durante el Neolítico predominan las formas esquemáticas y destaca el carácter simbólico de los temas. Estas manifestaciones revelan el cruce de elementos vernáculos con los procedentes de Oriente Medio; son una consecuencia de los primigenios contactos de Europa con culturas mediterráneas más evolucionadas y se convierten casi en un antecedente inmediato de los esquemas que conformarían los primeros sistemas de escritura de dichas culturas. Aún se desconoce el origen de estos motivos, pero es probable que se copiaran de la decoración de vasos de cerámica y otros objetos procedentes de Mesopotamia, Anatolia, las Islas Cícladas, Chipre y Creta. 

Es también durante el Neolítico cuando evoluciona la talla lítica, que permite al hombre obtener instrumentos duros y pulimentados, más bellos y eficaces que los utilizados hasta entonces. Sin embargo, no es en el campo de la escultura donde se reflejan con mayor evidencia los cambios que el nuevo periodo conlleva.

Evolucionan enormemente tecnologías como la cestería, la cerámica o la industria textil. Parece probable que la cerámica fuera la primera manifestación en importancia del arte neolítico, pues se han encontrado ejemplares similares en todas las regiones ocupadas por estos pueblos colonizadores, desde Próximo Oriente, África, el litoral mediterráneo o Europa a las Islas Británicas. Aunque los rasgos comunes son muchos -  decoración simple de triángulos, espirales, líneas onduladas y otros motivos geométricos en superficies lisas u onduladas -, dependiendo de la cultura particular que la origine, la cerámica adopta distintas formas (de cesta, calabaza, campana o sacos de piel). Una de las tipologías más espectaculares es la denominada "cerámica neolítica campaniforme", de origen español, que logró extenderse a toda Europa.

Los hombres del Neolítico conocían la metalurgia, pero el momento de mayor esplendor y desarrollo de esta industria llegará al final del periodo, con el descubrimiento de un nuevo metal que dio lugar a la siguiente era, denominada significativamente Edad del Bronce. 

2- EDAD DEL BRONCE.

Por razones que se verán a continuación, es difícil aún hoy especificar qué es, cuándo se origina y cuál es el desarrollo de la llamada Edad del Bronce. Sin embargo, simplificando, se podría decir que se trata del periodo prehistórico anterior a la introducción del hierro.

Los descubrimientos arqueológicos que se han producido desde 1960 han hecho dar un vuelco a las teorías tradicionales relativas al origen de la tecnología del bronce. Se había pensado que el uso de este metal se inició en Próximo Oriente, pero ciertos hallazgos en Asia Menor muestran que esta industria era conocida allí hacia el 4.500 a.C., unos centenares de años antes de su empleo en Próximo Oriente. A la Península Ibérica no llegaría, también a través del Mediterráneo, antes del año 2.000 a.C. Es decir, cronológicamente el término tiene un valor estrictamente local, ya que el bronce se comenzó a usar en distintas épocas en diferentes lugares del mundo.

Todo indica que al revolucionario metal se llegó tras un largo periodo de experimentación. El origen de esta industria está en las experiencias con el cobre, el primer metal acabado, y las impurezas de los óxidos de cobre llevaron al ensayo con las aleaciones. De la aleación de cobre y estaño nació el bronce.

Al principio esta aleación se usaba de forma limitada, principalmente para objetos decorativos, pero con el tiempo el perfeccionamiento de la tecnología permitió utilizar el bronce para fabricar utillaje y armamento.

3- LAS PINTURAS RUPESTRES.

Las culturas que se desarrollaron durante la larga etapa comprendida entre el Periodo Neolítico y la Edad del Bronce dejaron el último capítulo de las pinturas rupestres.

Esta nueva era supone el triunfo de la abstracción, de la esquematización absoluta de las figuras reducidas a puros ideogramas con que había concluido el arte levantino. 

  Podría aventurarse que el ciclo artístico esquemático tuviera dos orígenes distintos. De una parte enlazaría con el arte naturalista de Levante, siendo su continuación estilística y técnica; la otra rama llegaría desde el sudeste de la Península, probablemente procedente del Mediterráneo oriental. Sin embargo, aunque cada una de estas cuevas o abrigos ofrece soluciones diferentes, se siguen dando paralelismos (en cromía, por ejemplo) y superposiciones de figuras realizadas en distintas épocas que dificultan la clasificación de los yacimientos.   Uno de los mayores problemas que presentan estas singulares expresiones artísticas es conocer su significado; algunos de estos símbolos serían imposibles de interpretar si no existiesen los grados intermedios entre el dibujo naturalista y el esquema al que finalmente se reduce la figura. En todo caso, los artistas mostraron muy poco esmero en su trabajo y las series de figuras y símbolos fueron realizadas con escasos y descuidados trazos. 

Las representaciones antropomórficas continúan siendo los protagonistas absolutos de las pinturas esquemáticas. Es un aspecto significativo que las mismas figuras humanas esquematizadas se extiendan por toda la Península, aunque existan ciertos acentos peculiares en algunas regiones. La silueta humana es representada habitualmente con un palo vertical como tronco, dos trazos inferiores a modo de piernas, uno intermedio a modo de falo, trazos redondos que forman el cuerpo y una línea horizontal para los brazos, mientras que para la cabeza se recurre a diversas formas. También existen estilizaciones humanas con cuerpo discoidal; figuras realizadas con un cero partido por una raya, con o sin pies; siluetas en forma de M alusiva a la posición de cuclillas; sencillas rayas cruzadas, paralelas o aisladas; simples puntos. Son muy abundantes las esquematizaciones donde el cuerpo se representa con triángulos, aislados o formando una suerte de doble vértebra, que es el denominado ídolo bitriangular, de la plena Edad del Bronce. Es probable que originariamente el triángulo fuera un símbolo alusivo al sexo femenino y estuviera vinculado al culto de la maternidad procedente de Asia Menor, una devoción muy similar a la que creará la idea de la gran Diosa Madre. Finalmente, el último estadio evolutivo de estos esquemas humanos serían las figuras ancoriformes o las cruciformes. 

 Una representación que a menudo aparece en las pinturas rupestres de este largo periodo prehistórico es un ídolo de grandes ojos abiertos, normalmente dentro de un círculo y con un punto en el centro, aunque en ocasiones se pintaba con varios círculos concéntricos. Otras veces del centro de los ojos se hacían nacer ondulantes vellosidades que daban un aspecto terrorífico a la figura. Se ha creído que esta imagen tenía valor religioso y estaba relacionada con ritos funerarios, pues también puede encontrarse en ciertos objetos pétreos y en algunos vasos procedentes de los grandes sepulcros megalíticos de la Edad del Bronce.

 Son igualmente numerosas las figuras que representan "soles", aislados o formando conjuntos, en forma de disco y con líneas radiales exteriores. Probablemente estos signos sean coetáneos a las figuras esquemáticas y estén vinculados a la cultura dolménica floreciente desde la Edad del Bronce.

 Las siluetas de animales sufren este mismo proceso de esquematización y a menudo se convierten en simples líneas cruzadas por cuatro rayas. En ocasiones se llegó a tal abstracción que los rameados cuernos de los ciervos dieron lugar a extraños signos que, de no conocer la evolución, podrían perfectamente interpretarse como representaciones de árboles.

No obstante, esta tendencia a la esquematización no fue uniforme. En zonas de Levante y de las sierras centrales ibéricas se mantuvo durante más tiempo el naturalismo precedente, probablemente debido a la permanencia de los pueblos aún cazadores.

Hasta la fecha, se ha considerado que el núcleo fundamental de producción de arte esquemático es la región del sudeste de España. Los aspectos definitorios de este nuevo arte llegaron de la cultura megalítica a dicho centro español y de allí irradiaron al resto de la Península, por lo que, como ya se ha dicho, aunque las  afinidades del arte rupestre esquemático son abundantes en todo el territorio, cada región tiene sus características diferenciales desarrolladas a partir de las creencias de cada zona, creencias que pervivieron durante el periodo neolítico.

En la Cueva del Tajo de las Figuras, cerca de la Laguna de la Janda (Cádiz) se ha conservado una serie de pequeños dibujos superpuestos en rojo claro y rojo oscuro, negro y blanco, que evidencia la larga perduración de estos estilos (se cree que las figuras más antiguas son las de color claro, mientras las blancas serían las más modernas). De entre todos los animales representados, destacan los estilizados antílopes y algunos ciervos y cabras. Llaman también la atención las bandas de pájaros, zancudas y palmípedos, dibujadas de forma muy naturalista y que los hombres cazaban en la cercana laguna. A su lado aparecen unas grandes ruedas con puntos blancos que se han interpretado como nidos con huevos y que probablemente sean más antiguas, pero la superposición y las comparaciones de estas figuras con otros conjuntos indican que estos pueblos cazadores de las sierras gaditanas pudieron guardar por más tiempo el naturalismo epipaleolítico.

En el Abrigo de la Laja Alta de Jimena (Cádiz) se encuentra un interesante panel con típicas representaciones antropomórficas, símbolos oculares y algunos barcos de gran interés como fuente cultural e histórica.

El conjunto de figuras humanas esquemáticas de la Cueva de La Graja, en Miranda del Rey (Jaén) es otro excepcional ejemplo de esta nueva sensibilidad artística. A modo de graciosos muñecos antropomorfos, los hombres se han representado con la línea vertical como tronco, los dos trazos inferiores alusivos a las piernas, las líneas circulares para formar el cuerpo y una raya horizontal indicativa de los brazos; las cabezas, sin embargo, se han pintado de formas distintas, con cierta intención individualizadora.