| Aproximadamente
a partir del año 10.000 a.C. se empieza a producir en toda Europa
una paulatina retirada de los hielos y esta reducción del clima
ártico obliga a la fauna fría a emigrar hacia el Norte. También
en la Península Ibérica avanza el régimen estepario
y sólo las especies animales más fuertes, como la cabra montés,
el ciervo o el toro, logran sobrevivir. Los cazadores paleolíticos
han de asumir estos cambios, adoptar nuevas y distintas formas de vida
que necesariamente tendrán su reflejo en las manifestaciones artísticas.
Es por tanto en este periodo cuando se suceden los últimos
resquicios de su cultura, representada en el norte por el Ciclo Aziliense
y en el Levante por el Capsiense (procedente del norte de África).
Poco a poco fueron llegando a través
del Mediterráneo pueblos colonizadores y agrícolas que iban
a desarrollar las primeras culturas neolíticas, vinculadas a la
Capsiense. La historiografía tradicional ha establecido la fecha
del año 3.000 a.C. para señalar el inicio de la metamorfosis,
por influencia externa, de los cazadores de la Península Ibérica
en un pueblo de ganaderos y agricultores, aunque es probable que durante
este final del periodo cuaternario convivieran dos culturas distintas.
Los cazadores epipaleolíticos capsienses se fueron extendiendo sucesivamente
por las zonas montañosas de España y empujaron a los pueblos
de cultura magdaleniense que se había prolongado en el aziliense.
Llegan entonces, procedentes del norte de África y con conocimientos
de la agricultura y la ganadería heredados de Egipto y Próximo
Oriente, grupos humanos que se asientan en los llanos.
Comienza así en la Península
Ibérica el largo periodo prehistórico que abarcará
desde el Neolítico a la Edad del Bronce (3.000 - 1.000 a.C.).
1-
NEOLÍTICO.( Ver Artículo en liceus)
En términos generales, al
hablar de Arte Neolítico se hace referencia a las creaciones plásticas,
suntuarias y arquitectónicas de la época prehistórica
que se extiende desde 7.000 a.C. hasta 2.000 a.C. Sin embargo, en el caso
español, la denominada revolución neolítica
no se llega hasta el año 3.000 a.C.
Este periodo supone una completa transformación
de los sistemas económicos y espirituales. La agricultura
necesita del establecimiento de los pueblos en un lugar fijo y esto conlleva
el aumento de individuos que forman los distintos grupos humanos y que
habrán de organizarse en nuevas formas jerárquicas. En consecuencia,
el nuevo ciclo inaugura conceptos hasta ahora inexistentes como la posesión
de tierras, la colonización o el comercio.
Las primeras colonias neolíticas
que surgieron en España se concentraron fundamentalmente en la actual
provincia de Almería. Estos hombres fueron quienes introdujeron
los conocimientos sobre arquitectura, tal y como hoy la entendemos, en
la Península, erigiendo los primeros poblados y sus correspondientes
monumentos.
En cuanto a la pintura, en los dibujos
y grabados realizados durante el Neolítico predominan las formas
esquemáticas y destaca el carácter simbólico de los
temas. Estas manifestaciones revelan el cruce de elementos vernáculos
con los procedentes de Oriente Medio; son una consecuencia de los primigenios
contactos de Europa con culturas mediterráneas más evolucionadas
y se convierten casi en un antecedente inmediato de los esquemas que conformarían
los primeros sistemas de escritura de dichas culturas. Aún se desconoce
el origen de estos motivos, pero es probable que se copiaran de la decoración
de vasos de cerámica y otros objetos procedentes de Mesopotamia,
Anatolia, las Islas Cícladas, Chipre y Creta.
Es también durante el Neolítico
cuando evoluciona la talla lítica, que permite al hombre obtener
instrumentos duros y pulimentados, más bellos y eficaces que los
utilizados hasta entonces. Sin embargo, no es en el campo de la escultura
donde se reflejan con mayor evidencia los cambios que el nuevo periodo
conlleva.
Evolucionan enormemente tecnologías
como la cestería, la cerámica o la industria textil. Parece
probable que la cerámica fuera la primera manifestación en
importancia del arte neolítico, pues se han encontrado ejemplares
similares en todas las regiones ocupadas por estos pueblos colonizadores,
desde Próximo Oriente, África, el litoral mediterráneo
o Europa a las Islas Británicas. Aunque los rasgos comunes son muchos
- decoración simple de triángulos, espirales, líneas
onduladas y otros motivos geométricos en superficies lisas u onduladas
-, dependiendo de la cultura particular que la origine, la cerámica
adopta distintas formas (de cesta, calabaza, campana o sacos de piel).
Una de las tipologías más espectaculares es la denominada
"cerámica neolítica campaniforme", de origen español,
que logró extenderse a toda Europa.
Los hombres del Neolítico conocían
la metalurgia, pero el momento de mayor esplendor y desarrollo de esta
industria llegará al final del periodo, con el descubrimiento de
un nuevo metal que dio lugar a la siguiente era, denominada significativamente
Edad del Bronce.
2- EDAD DEL BRONCE.
Por razones que se verán a continuación,
es difícil aún hoy especificar qué es, cuándo
se origina y cuál es el desarrollo de la llamada Edad del Bronce.
Sin embargo, simplificando, se podría decir que se trata del periodo
prehistórico anterior a la introducción del hierro.
Los descubrimientos arqueológicos
que se han producido desde 1960 han hecho dar un vuelco a las teorías
tradicionales relativas al origen de la tecnología del bronce. Se
había pensado que el uso de este metal se inició en Próximo
Oriente, pero ciertos hallazgos en Asia Menor muestran que esta industria
era conocida allí hacia el 4.500 a.C., unos centenares de años
antes de su empleo en Próximo Oriente. A la Península Ibérica
no llegaría, también a través del Mediterráneo,
antes del año 2.000 a.C. Es decir, cronológicamente el término
tiene un valor estrictamente local, ya que el bronce se comenzó
a usar en distintas épocas en diferentes lugares del mundo.
Todo indica que al revolucionario metal
se llegó tras un largo periodo de experimentación. El origen
de esta industria está en las experiencias con el cobre, el primer
metal acabado, y las impurezas de los óxidos de cobre llevaron al
ensayo con las aleaciones. De la aleación de cobre y estaño
nació el bronce.
Al principio esta aleación se usaba
de forma limitada, principalmente para objetos decorativos, pero con el
tiempo el perfeccionamiento de la tecnología permitió utilizar
el bronce para fabricar utillaje y armamento.
3- LAS PINTURAS RUPESTRES.
Las culturas que se desarrollaron durante
la larga etapa comprendida entre el Periodo Neolítico y la Edad
del Bronce dejaron el último capítulo de las pinturas rupestres.
Esta nueva era supone el triunfo de la
abstracción, de la esquematización absoluta de las figuras
reducidas a puros ideogramas con que había concluido el arte levantino.
Podría aventurarse que el
ciclo artístico esquemático tuviera dos orígenes distintos.
De una parte enlazaría con el arte naturalista de Levante, siendo
su continuación estilística y técnica; la otra rama
llegaría desde el sudeste de la Península, probablemente
procedente del Mediterráneo oriental. Sin embargo, aunque cada una
de estas cuevas o abrigos ofrece soluciones diferentes, se siguen dando
paralelismos (en cromía, por ejemplo) y superposiciones de figuras
realizadas en distintas épocas que dificultan la clasificación
de los yacimientos. Uno de los mayores problemas que presentan
estas singulares expresiones artísticas es conocer su significado;
algunos de estos símbolos serían imposibles de interpretar
si no existiesen los grados intermedios entre el dibujo naturalista y el
esquema al que finalmente se reduce la figura. En todo caso, los artistas
mostraron muy poco esmero en su trabajo y las series de figuras y símbolos
fueron realizadas con escasos y descuidados trazos.
Las representaciones antropomórficas
continúan siendo los protagonistas absolutos de las pinturas esquemáticas.
Es un aspecto significativo que las mismas figuras humanas esquematizadas
se extiendan por toda la Península, aunque existan ciertos acentos
peculiares en algunas regiones. La silueta humana es representada habitualmente
con un palo vertical como tronco, dos trazos inferiores a modo de piernas,
uno intermedio a modo de falo, trazos redondos que forman el cuerpo y una
línea horizontal para los brazos, mientras que para la cabeza se
recurre a diversas formas. También existen estilizaciones humanas
con cuerpo discoidal; figuras realizadas con un cero partido por una raya,
con o sin pies; siluetas en forma de M alusiva a la posición de
cuclillas; sencillas rayas cruzadas, paralelas o aisladas; simples puntos.
Son muy abundantes las esquematizaciones donde el cuerpo se representa
con triángulos, aislados o formando una suerte de doble vértebra,
que es el denominado ídolo bitriangular, de la plena Edad del Bronce.
Es probable que originariamente el triángulo fuera un símbolo
alusivo al sexo femenino y estuviera vinculado al culto de la maternidad
procedente de Asia Menor, una devoción muy similar a la que creará
la idea de la gran Diosa Madre. Finalmente, el último estadio evolutivo
de estos esquemas humanos serían las figuras ancoriformes o las
cruciformes.
Una representación que a
menudo aparece en las pinturas rupestres de este largo periodo prehistórico
es un ídolo de grandes ojos abiertos, normalmente dentro de un círculo
y con un punto en el centro, aunque en ocasiones se pintaba con varios
círculos concéntricos. Otras veces del centro de los ojos
se hacían nacer ondulantes vellosidades que daban un aspecto terrorífico
a la figura. Se ha creído que esta imagen tenía valor religioso
y estaba relacionada con ritos funerarios, pues también puede encontrarse
en ciertos objetos pétreos y en algunos vasos procedentes de los
grandes sepulcros megalíticos de la Edad del Bronce.
Son igualmente numerosas las figuras
que representan "soles", aislados o formando conjuntos, en forma de disco
y con líneas radiales exteriores. Probablemente estos signos sean
coetáneos a las figuras esquemáticas y estén vinculados
a la cultura dolménica floreciente desde la Edad del Bronce.
Las siluetas de animales sufren
este mismo proceso de esquematización y a menudo se convierten en
simples líneas cruzadas por cuatro rayas. En ocasiones se llegó
a tal abstracción que los rameados cuernos de los ciervos dieron
lugar a extraños signos que, de no conocer la evolución,
podrían perfectamente interpretarse como representaciones de árboles.
No obstante, esta tendencia a la esquematización
no fue uniforme. En zonas de Levante y de las sierras centrales ibéricas
se mantuvo durante más tiempo el naturalismo precedente, probablemente
debido a la permanencia de los pueblos aún cazadores.
Hasta la fecha, se ha considerado que
el núcleo fundamental de producción de arte esquemático
es la región del sudeste de España. Los aspectos definitorios
de este nuevo arte llegaron de la cultura megalítica a dicho centro
español y de allí irradiaron al resto de la Península,
por lo que, como ya se ha dicho, aunque las afinidades del arte rupestre
esquemático son abundantes en todo el territorio, cada región
tiene sus características diferenciales desarrolladas a partir de
las creencias de cada zona, creencias que pervivieron durante el periodo
neolítico.
En la Cueva del Tajo de las Figuras,
cerca de la Laguna de la Janda (Cádiz) se ha conservado una
serie de pequeños dibujos superpuestos en rojo claro y rojo oscuro,
negro y blanco, que evidencia la larga perduración de estos estilos
(se cree que las figuras más antiguas son las de color claro, mientras
las blancas serían las más modernas). De entre todos los
animales representados, destacan los estilizados antílopes y algunos
ciervos y cabras. Llaman también la atención las bandas de
pájaros, zancudas y palmípedos, dibujadas de forma muy naturalista
y que los hombres cazaban en la cercana laguna. A su lado aparecen unas
grandes ruedas con puntos blancos que se han interpretado como nidos con
huevos y que probablemente sean más antiguas, pero la superposición
y las comparaciones de estas figuras con otros conjuntos indican que estos
pueblos cazadores de las sierras gaditanas pudieron guardar por más
tiempo el naturalismo epipaleolítico.
En el Abrigo de la Laja Alta de Jimena
(Cádiz) se encuentra un interesante panel con típicas
representaciones antropomórficas, símbolos oculares y algunos
barcos de gran interés como fuente cultural e histórica.
El conjunto de figuras humanas esquemáticas
de la Cueva de La Graja, en Miranda del Rey (Jaén)
es otro excepcional ejemplo de esta nueva sensibilidad artística.
A modo de graciosos muñecos antropomorfos, los hombres se han representado
con la línea vertical como tronco, los dos trazos inferiores alusivos
a las piernas, las líneas circulares para formar el cuerpo y una
raya horizontal indicativa de los brazos; las cabezas, sin embargo, se
han pintado de formas distintas, con cierta intención individualizadora.

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