| Las
pinturas del Barranco de la Cueva de Aldeamaqueda (Jaén),
conservadas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, muestran
una serie de figuras humanas representadas con un cero partido por una
raya, con o sin pies.
En la Peña de los Letreros
de Vélez Blanco (Almería) se encontraron unas esquematizaciones
humanas donde el cuerpo se representa con triángulos; dichos triángulos
antropomórficos son los denominados ídolos bitriangulares
de la Plena Edad del Bronce. Otro hombre, pintado con un estilo mucho más
naturalista, lleva una hoz en cada mano y tiene sobre la cabeza un gorro
del que salen dos grandes cuernos - uno de ellos remata en un tallo -.
Las figuras humanas representadas en Peña
Escrita de Fuencaliente (Ciudad Real) tienen la forma de M que indica
la posición de cuclillas. También hay unas siluetas a modo
de sencillas rayas cruzadas, paralelas o aisladas, y otras aludidas con
simples puntos.
El proceso de esquematización
también afectó a las representaciones de animales, como las
de la Cueva de la Sierra de Nuestra Señora del Castillo, en Almadén
(Ciudad Real); en este caso, se ha pintado una serie de ciervos cuyos
cuernos son sencillos trazos semiformes.
En Peña Tú de
Puertas, Llanes (Asturias) se ha conservado la imagen de un ídolo
legendario denominado "Cabeza del Gentil". Primero fue grabado y luego
se repintaron las líneas con color rojo oscuro y se completaron
algunos detalles. Si se pretendiera realizar un estudio aislado no se podría
descifrar su significado, pero al compararlo con algunas placas funerarias
megalíticas (de Garrobillas y del Museo Arqueológico Nacional),
con ciertas estelas (de Asquerosa) y con las estatuas - menhires de la
cultura megalítica de Francia se puede encontrar que se trata de
un culto funerario muy extendido. La figura lleva una larga túnica
adornada con rayas desde la barba hasta los pies, que asoman bajo la vestimenta
y han sido representados con cinco sencillos trazos; el rostro es tan sólo
indicado por los ojos y la nariz; la frente queda marcada por dos líneas
curvas paralelas y el cabello, por trazos radiales. El manto que cubre
a la figura ha sido representado mediante dos líneas paralelas y
otra en zig - zag; encima tiene otro, dibujado con una última línea
que encierra todo el conjunto; en la parte superior, pequeños trazos
paralelos parecen aludir a una corona. Al lado se ha dibujado una espada
de unos 63 centímetros de largo y con una ancha hoja, una tipología
que se relaciona con los objetos de la Cultura del Argar.
Alrededor de la "Cabeza del Gentil" se
pintaron además signos esquemáticos antropomórficos
combinados de forma que se podría pensar en una alusión a
una danza ante el ídolo. También hay series de puntos, propias
de este ciclo del Neolítico y de la Edad del Bronce, que quizás
hagan referencia a una multitud. Estos mismos signos pueden encontrarse
en las grandes piedras de los sepulcros megalíticos, como el de
Soto
de Trigueros (Huelva), el de la Cámara de la Granja de Tomiñuelo
(Jerez de los Caballeros, Badajoz), el de la Cueva de Menga (Antequera,
Málaga) o el de la losa del dolmen del
Barranco de Espollá
(Girona), más al norte.
En las últimas décadas se
han descubierto abrigos en la provincia de Alicante (Barranc de l´Infern,
en Fleix; Barranc de Famorca y Pla de Petarcos, en Castell de Castells)
con
manifestaciones de un arte nuevo, denominado "macroesquemático"
por el tamaño y esquematismo de las figuras. Siempre en color rojo,
se han representado figuras humanas y símbolos geométricos
que no parecen tener relación alguna con el arte esquemático
hasta ahora tratado; de hecho, es probable que su cronología sea
anterior y esté asociada a los inicios del Neolítico en este
área, hacia el V milenio a.C.
4- LA CERÁMICA
El nuevo estilo esquemático
que predomina en la Península Ibérica desde el Mesolítico
también se manifiesta en el campo artesanal. La cerámica,
uno de los aspectos mejor conocidos de las culturas antiguas por su abundante
producción y su resistencia, es un buen reflejo de ello.
Éste es un medio de expresión
fundamental para la datación y el reconocimiento de las culturas,
pues descubre muchas características de los pueblos que las fabrican.
Gracias a los restos de cerámica se puede conocer el nivel económico
y técnico e incluso los gustos de estas gentes.
Los primeros estilos cerámicos,
probablemente llegados a la Península por vía norteafricana,
se vinculan a la decoración cardial y se localizan fundamentalmente
en el Levante y en el Sur.
La cerámica cardial es el
principal elemento distintivo del Neolítico Antiguo del Mediterráneo
central y occidental (c. 5500 - 4200 a.C.). La singularidad de estas piezas
reside en su decoración, obtenida mediante la impresión sobre
el barro aún tierno de una concha de Cardium edule, una especie
de molusco. Tal adorno, el más difundido de cuantos identifican
al grupo cultural de la cerámica impresa, alcanzó un
considerable desarrollo en algunos yacimientos del Levante español,
siendo posiblemente el barro cocido más antiguo de la Península
Ibérica.
Así lo prueba, entre otros
ejemplos, la Cueva de l'Or (Valencia), donde la cerámica
cardial despliega un exuberante lenguaje decorativo de motivos geométricos,
simbólicos y figurados.
Otro tipo de decoración
cerámica era la de cordones con impresiones digitales o sencillos
elementos lineales.
Todos estos motivos se aplican desde
el Neolítico a lo largo de las siguientes épocas prehistóricas,
como evidencian los ejemplos de Salamó y de Marlés
en
Barcelona, o los de Riner en Lleida que, aunque son
de época posterior céltica, muestran la supervivencia de
la ornamentación cardial y de cordones con impresiones digitales,
así como las anteriores incisiones lineales neolíticas.
Al margen de la cerámica
cardial, en numerosas tumbas dolménicas y cuevas se han hallado
algunos cuencos del periodo neolítico y del comienzo de la metalurgia
con motivos muy semejantes a los del arte rupestre esquemático.
En una tumba de Los Millares (Almería)
se
encontró un recipiente en el que se había pintado la figura
de un ciervo de enormes cuernos y dos ciervas, además de dos ruedas
que probablemente representasen dos ojos con sus cejas y pestañas
- trazos curvos -. En la misma pieza se distinguen dos triángulos
unidos en sus vértices más agudos que bien pudieran ser siluetas
humanas esquemáticas. En otro vaso se ha representado un ciervo
macho, cinco hembras y otras dos ruedas a modo de ojos.
En la Peña de los
Letreros de Vélez Blanco (Almería) se encontró
un vaso con decoración de bandas de zig - zag y numerosas figuras
humanas esquematizadas con forma de triángulo.
En la Cueva de los Murciélagos
de Zuheros (Córdoba) apareció un espléndido vaso,
recientemente restaurado, del periodo neolítico. En este caso, la
sencillez formal y técnica queda enfatizada por el acabado de la
pared con almagre bruñido, además de la decoración
de líneas incisas sobre un fondo liso.
A lo largo de la antigua Edad del
Bronce se desarrolló en España uno de los más hermosos
y personales estilos cerámicos de la prehistoria. Parece cierto
el origen hispano de esta conocida genéricamente como Cultura del
Vaso Campaniforme, que irradió su influencia a todo el continente
europeo y vio volver sus huellas, transformadas y mezcladas, con la invasión
céltica de la Edad del Hierro. Estos recipientes, por la seguridad
de su ejecución y el cuidado ordenamiento de sus motivos, evidencian
el elevado nivel intelectual de sus creadores.
La cerámica de la Cultura del vaso
Campaniforme ha sido clasificada en dos tipologías: el recipiente
en forma de S y el cazo con perfil de capazo esférico que adquirirá
una forma más angular. Las investigaciones han coincidido en considerar
que estas peculiares formas y variada decoración proceden de la
cestería, aunque en algunos casos se enriquecieron los motivos empleando
elementos mecánicos como peines o ruedecillas dentadas. El método
de impresión era algo más sofisticado que los vistos hasta
ahora, pues se incrustaba una pasta blanca en los motivos antes de realizar
la cocción para aumentar la expresividad.
La ornamentación va de las líneas
a los puntos a los elementos en zig - zag, pasando por los pequeños
triángulos (llamados "dientes de lobo") o las diminutas impresiones
digitales. Sin embargo, en ciertos casos los vasos muestran motivos muy
similares a las esquematizaciones humanas y animales y a los soles que
decoraban los conjuntos de pinturas rupestres y los ídolos funerarios
de esta época (como los ciervos y soles del cuenco de Las Carolinas,
Madrid).
En Ciempozuelos (Madrid)
se encontró un vaso cerámico campaniforme, hoy en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid, que es muestra de una de las tipologías
más características de cerámica calcolítica,
denominada con el nombre de este yacimiento. Son excelentes el refinamiento
del acabado y la delicada decoración de bandas geométricas
incisas ordenadas simétricamente.
Aún se desconoce si la Cultura
del Vaso Campaniforme es un ejemplo aislado o forma parte de la megalítica,
pero se cree que los diferentes estilos derivados de ella perduraron hasta
la llegada de los pueblos centroeuropeos, célticos. En cualquier
caso, su área de dispersión fue inmensa, variando, por regiones
y cronologías, únicamente los motivos y las técnicas,
nunca las formas características (se han encontrado ejemplares de
la Cultura del Vaso Campaniforme en Aigües Vives, Lleida, en Écija,
Almería, etc.).
5- LA ARQUITECTURA.
El descubrimiento del metal y el consiguiente
desarrollo de la metalurgia condujeron a la denominada "revolución
neolítica". Este poderoso estímulo derivó en una enorme
movilidad que se concretaría en la internacionalización de
las culturas. Así, el aumento de la población, el sometimiento
de los pueblos menos evolucionados a los que lo estaban más, la
búsqueda del metal, la especialización o el comercio, además
de otros muchos aspectos, provocaron una vertiginosa aceleración
en el desarrollo cultural.
La llegada a la Península Ibérica
de pueblos procedentes del Mediterráneo oriental conllevó
la aparición y puesta en práctica de nuevos ritos funerarios
que dieron lugar a las más espléndidas manifestaciones de
la arquitectura prehistórica. Es por ello que a menudo se ha considerado
que la arquitectura es la creación más personal y revolucionaria
de la cultura neolítica en España.
La zona del Sudeste y Levante de la Península
es la más rica en este tipo de yacimientos arqueológicos,
pues es allí donde se localizaban los filones de cobre que estos
pobladores empezarían a explotar. Se trataba de un nuevo grupo etnográfico
que extendió y unificó casi toda la Península y a
él se debe la creación del dolmen o sepulcro megalítico.
La difusión de la arquitectura
dolménica se produjo desde Andalucía y El Algarbe hacia Extremadura
y Castilla, extendiéndose incluso hasta Cantabria y los Pirineos.
Sin embargo, es llamativa su ausencia en la zona levantina comprendida
entre Murcia y Lleida, aunque sí se han encontrado monumentales
ejemplos en el resto de Cataluña, y el centro y oeste de Francia,
llegando su influencia hasta las islas británicas, el Mar del Norte
y las costas bálticas.
Los dólmenes eran grandes tumbas
colectivas de familias principales, símbolos de una fuerte jerarquización
social. En términos generales, se puede decir que estaban formados
por un corredor que conducía a una gran cámara central a
la que se abrían otras dependencias menores. Las galerías
solían estar cubiertas por dinteles y las salas circulares por falsas
cúpulas.
Pese a la relativa regularidad estructural,
se ha establecido una clasificación tipológica que distingue
dos modelos de construcción: dólmenes de grandes piedras
en paredes y cubiertas (la Cueva de Menga y la Cueva de Viera, ambas en
Antequera, Málaga) y dólmenes de paredes de sillarejo y cámara
circular con cubierta de falsa cúpula (la Cueva de La Pastora de
Castilleja de Guzmán, Sevilla, y la Cueva del Romeral de Antequera,
Málaga).
El sepulcro megalítico de la Cueva
de Menga (Antequera, Málaga) es una gigantesca construcción
de 25 metros de longitud por 6 de anchura en su parte más amplia.
El conjunto estaba cubierto completamente de tierra, formando una gran
colina artificial en la superficie. En la actualidad la cámara central
tiene por paredes siete enormes monolitos a cada lado y una gran losa que
cubre la cabecera. Los bloques del techo están sostenidos por pilares,
elementos que necesariamente se colocaron previamente, lo que indica que
la obra es fruto de un complejo estudio arquitectónico. Los sillares
que sirven de cubrición tienen signos cruciformes - posiblemente
antropomórficos y relacionados con las pinturas rupestres esquemáticas
- y figuras estrelladas grabadas. Este sepulcro es uno de los mejores ejemplos
del alto nivel técnico necesario para levantar los mausoleos colectivos
de la época.

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