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3. EL ARTE ESPAÑOL DESDE EL NEOLÍTICO  HASTA LA EDAD DEL BRONCE 2/4
ISBN-84-9714-077-X
María García Yelo
 

 Las pinturas del Barranco de la Cueva de Aldeamaqueda (Jaén), conservadas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, muestran una serie de figuras humanas representadas con un cero partido por una raya, con o sin pies.

 En la Peña de los Letreros de Vélez Blanco (Almería) se encontraron unas esquematizaciones humanas donde el cuerpo se representa con triángulos; dichos triángulos antropomórficos son los denominados ídolos bitriangulares de la Plena Edad del Bronce. Otro hombre, pintado con un estilo mucho más naturalista, lleva una hoz en cada mano y tiene sobre la cabeza un gorro del que salen dos grandes cuernos - uno de ellos remata en un tallo -. 

Las figuras humanas representadas en Peña Escrita de Fuencaliente (Ciudad Real) tienen la forma de M que indica la posición de cuclillas. También hay unas siluetas a modo de sencillas rayas cruzadas, paralelas o aisladas, y otras aludidas con simples puntos.

 El proceso de esquematización también afectó a las representaciones de animales, como las de la Cueva de la Sierra de Nuestra Señora del Castillo, en Almadén (Ciudad Real); en este caso, se ha pintado una serie de ciervos cuyos cuernos son sencillos trazos semiformes. 

  En Peña Tú de Puertas, Llanes (Asturias) se ha conservado la imagen de un ídolo legendario denominado "Cabeza del Gentil". Primero fue grabado y luego se repintaron las líneas con color rojo oscuro y se completaron algunos detalles. Si se pretendiera realizar un estudio aislado no se podría descifrar su significado, pero al compararlo con algunas placas funerarias megalíticas (de Garrobillas y del Museo Arqueológico Nacional), con ciertas estelas (de Asquerosa) y con las estatuas - menhires de la cultura megalítica de Francia se puede encontrar que se trata de un culto funerario muy extendido. La figura lleva una larga túnica adornada con rayas desde la barba hasta los pies, que asoman bajo la vestimenta y han sido representados con cinco sencillos trazos; el rostro es tan sólo indicado por los ojos y la nariz; la frente queda marcada por dos líneas curvas paralelas y el cabello, por trazos radiales. El manto que cubre a la figura ha sido representado mediante dos líneas paralelas y otra en zig - zag; encima tiene otro, dibujado con una última línea que encierra todo el conjunto; en la parte superior, pequeños trazos paralelos parecen aludir a una corona. Al lado se ha dibujado una espada de unos 63 centímetros de largo y con una ancha hoja, una tipología que se relaciona con los objetos de la Cultura del Argar. 

Alrededor de la "Cabeza del Gentil" se pintaron además signos esquemáticos antropomórficos combinados de forma que se podría pensar en una alusión a una danza ante el ídolo. También hay series de puntos, propias de este ciclo del Neolítico y de la Edad del Bronce, que quizás hagan referencia a una multitud. Estos mismos signos pueden encontrarse en las grandes piedras de los sepulcros megalíticos, como el de Soto de Trigueros (Huelva), el de la Cámara de la Granja de Tomiñuelo (Jerez de los Caballeros, Badajoz), el de la Cueva de Menga (Antequera, Málaga) o el de la losa del dolmen del Barranco de Espollá (Girona), más al norte.

En las últimas décadas se han descubierto abrigos en la provincia de Alicante (Barranc de l´Infern, en Fleix; Barranc de Famorca y Pla de Petarcos, en Castell de Castells) con manifestaciones de un arte nuevo, denominado "macroesquemático" por el tamaño y esquematismo de las figuras. Siempre en color rojo, se han representado figuras humanas y símbolos geométricos que no parecen tener relación alguna con el arte esquemático hasta ahora tratado; de hecho, es probable que su cronología sea anterior y esté asociada a los inicios del Neolítico en este área, hacia el V milenio a.C.

4- LA CERÁMICA

  El nuevo estilo esquemático que predomina en la Península Ibérica desde el Mesolítico también se manifiesta en el campo artesanal. La cerámica, uno de los aspectos mejor conocidos de las culturas antiguas por su abundante producción y su resistencia, es un buen reflejo de ello.
 Éste es un medio de expresión fundamental para la datación y el reconocimiento de las culturas, pues descubre muchas características de los pueblos que las fabrican. Gracias a los restos de cerámica se puede conocer el nivel económico y técnico e incluso los gustos de estas gentes.

 Los primeros estilos cerámicos, probablemente llegados a la Península por vía norteafricana, se vinculan a la decoración cardial y se localizan  fundamentalmente en el Levante y en el Sur.

 La cerámica cardial es el principal elemento distintivo del Neolítico Antiguo del Mediterráneo central y occidental (c. 5500 - 4200 a.C.). La singularidad de estas piezas reside en su decoración, obtenida mediante la impresión sobre el barro aún tierno de una concha de Cardium edule, una especie de molusco. Tal adorno, el más difundido de cuantos identifican al grupo cultural de la cerámica impresa,  alcanzó un considerable desarrollo en algunos yacimientos del Levante español, siendo posiblemente el barro cocido más antiguo de la Península Ibérica. 

 Así lo prueba, entre otros ejemplos, la Cueva de l'Or (Valencia), donde la cerámica cardial despliega un exuberante lenguaje decorativo de motivos geométricos, simbólicos y figurados.
 Otro tipo de decoración cerámica era la de cordones con impresiones digitales o sencillos elementos lineales.

 Todos estos motivos se aplican desde el Neolítico a lo largo de las siguientes épocas prehistóricas, como evidencian los ejemplos de Salamó y de Marlés en Barcelona, o los de Riner en Lleida que, aunque son de época posterior céltica, muestran la supervivencia de la ornamentación cardial y de cordones con impresiones digitales, así como las anteriores incisiones lineales neolíticas.

 Al margen de la cerámica cardial, en numerosas tumbas dolménicas y cuevas se han hallado algunos cuencos del periodo neolítico y del comienzo de la metalurgia con motivos muy semejantes a los del arte rupestre esquemático. 

En una tumba de Los Millares (Almería) se encontró un recipiente en el que se había pintado la figura de un ciervo de enormes cuernos y dos ciervas, además de dos ruedas que probablemente representasen dos ojos con sus cejas y pestañas  - trazos curvos  -. En la misma pieza se distinguen dos triángulos unidos en sus vértices más agudos que bien pudieran ser siluetas humanas esquemáticas. En otro vaso  se ha representado un ciervo macho, cinco hembras y otras dos ruedas a modo de ojos.

 En  la Peña de los Letreros de Vélez Blanco (Almería) se encontró un vaso con decoración de bandas de zig - zag y numerosas figuras humanas esquematizadas con forma de triángulo.
 En la Cueva de los Murciélagos de Zuheros (Córdoba) apareció un espléndido vaso, recientemente restaurado, del periodo neolítico. En este caso, la sencillez formal y técnica queda enfatizada por el acabado de la pared con almagre bruñido, además de la decoración de líneas incisas sobre un fondo liso.

  A lo largo de la antigua Edad del Bronce se desarrolló en España uno de los más hermosos y personales estilos cerámicos de la prehistoria. Parece cierto el origen hispano de esta conocida genéricamente como Cultura del Vaso Campaniforme, que irradió su influencia a todo el continente europeo y vio volver sus huellas, transformadas y mezcladas, con la invasión céltica de la Edad del Hierro. Estos recipientes, por la seguridad de su ejecución y el cuidado ordenamiento de sus motivos, evidencian el elevado nivel intelectual de sus creadores.

La cerámica de la Cultura del vaso Campaniforme ha sido clasificada en dos tipologías: el recipiente en forma de S y el cazo con perfil de capazo esférico que adquirirá una forma más angular. Las investigaciones han coincidido en considerar que estas peculiares formas y variada decoración proceden de la cestería, aunque en algunos casos se enriquecieron los motivos empleando elementos mecánicos como peines o ruedecillas dentadas. El método de impresión era algo más sofisticado que los vistos hasta ahora, pues se incrustaba una pasta blanca en los motivos antes de realizar la cocción para aumentar la expresividad.

La ornamentación va de las líneas a los puntos a los elementos en zig - zag, pasando por los pequeños triángulos (llamados "dientes de lobo") o las diminutas impresiones digitales. Sin embargo, en ciertos casos los vasos muestran motivos muy similares a las esquematizaciones humanas y animales y a los soles que decoraban los conjuntos de pinturas rupestres y los ídolos funerarios de esta época (como los ciervos y soles del cuenco de Las Carolinas, Madrid). 

 En Ciempozuelos (Madrid) se encontró un vaso cerámico campaniforme, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que es muestra de una de las tipologías más características de cerámica calcolítica, denominada con el nombre de este yacimiento. Son excelentes el refinamiento del acabado y la delicada decoración de bandas geométricas incisas ordenadas simétricamente.

Aún se desconoce si la Cultura del Vaso Campaniforme es un ejemplo aislado o forma parte de la megalítica, pero se cree que los diferentes estilos derivados de ella perduraron hasta la llegada de los pueblos centroeuropeos, célticos. En cualquier caso, su área de dispersión fue inmensa, variando, por regiones y cronologías, únicamente los motivos y las técnicas, nunca las formas características (se han encontrado ejemplares de la Cultura del Vaso Campaniforme en Aigües Vives, Lleida, en Écija, Almería, etc.).

5- LA ARQUITECTURA.

El descubrimiento del metal y el consiguiente desarrollo de la metalurgia condujeron a la denominada "revolución neolítica". Este poderoso estímulo derivó en una enorme movilidad que se concretaría en la internacionalización de las culturas. Así, el aumento de la población, el sometimiento de los pueblos menos evolucionados a los que lo estaban más, la búsqueda del metal, la especialización o el comercio, además de otros muchos aspectos, provocaron una vertiginosa aceleración en el desarrollo cultural.

La llegada a la Península Ibérica de pueblos procedentes del Mediterráneo oriental conllevó la aparición y puesta en práctica de nuevos ritos funerarios que dieron lugar a las más espléndidas manifestaciones de la arquitectura prehistórica. Es por ello que a menudo se ha considerado que la arquitectura es la creación más personal y revolucionaria de la cultura neolítica en España. 

La zona del Sudeste y Levante de la Península es la más rica en este tipo de yacimientos arqueológicos, pues es allí donde se localizaban los filones de cobre que estos pobladores empezarían a explotar. Se trataba de un nuevo grupo etnográfico que extendió y unificó casi toda la Península y a él se debe la creación del dolmen o sepulcro megalítico.

La difusión de la arquitectura dolménica se produjo desde Andalucía y El Algarbe hacia Extremadura y Castilla, extendiéndose incluso hasta Cantabria y los Pirineos. Sin embargo, es llamativa su ausencia en la zona levantina comprendida entre Murcia y Lleida, aunque sí se han encontrado monumentales ejemplos en el resto de Cataluña, y el centro y oeste de Francia, llegando su influencia hasta las islas británicas, el Mar del Norte y las costas bálticas.

Los dólmenes eran grandes tumbas colectivas de familias principales, símbolos de una fuerte jerarquización social. En términos generales, se puede decir que estaban formados por un corredor que conducía a una gran cámara central a la que se abrían otras dependencias menores. Las galerías solían estar cubiertas por dinteles y las salas circulares por falsas cúpulas. 

Pese a la relativa regularidad estructural, se ha establecido una clasificación tipológica que distingue dos modelos de construcción: dólmenes de grandes piedras en paredes y cubiertas (la Cueva de Menga y la Cueva de Viera, ambas en Antequera, Málaga) y dólmenes de paredes de sillarejo y cámara circular con cubierta de falsa cúpula (la Cueva de La Pastora de Castilleja de Guzmán, Sevilla, y la Cueva del Romeral de Antequera, Málaga).

El sepulcro megalítico de la Cueva de Menga (Antequera, Málaga) es una gigantesca construcción de 25 metros de longitud por 6 de anchura en su parte más amplia. El conjunto estaba cubierto completamente de tierra, formando una gran colina artificial en la superficie. En la actualidad la cámara central tiene por paredes siete enormes monolitos a cada lado y una gran losa que cubre la cabecera. Los bloques del techo están sostenidos por pilares, elementos que necesariamente se colocaron previamente, lo que indica que la obra es fruto de un complejo estudio arquitectónico. Los sillares que sirven de cubrición tienen signos cruciformes - posiblemente antropomórficos y relacionados con las pinturas rupestres esquemáticas - y figuras estrelladas grabadas. Este sepulcro es uno de los mejores ejemplos del alto nivel técnico necesario para levantar los mausoleos colectivos de la época.