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3. EL ARTE ESPAÑOL DESDE EL NEOLÍTICO  HASTA LA EDAD DEL BRONCE 3/4
ISBN-84-9714-077-X
María García Yelo
 

 La Cueva del Romeral (Antequera, Málaga) es un espectacular sepulcro que, además de un largo pasillo de mampostería con cubierta de losas, tiene una gran cámara circular con falsa cúpula; al fondo se abre una puerta que da acceso a un camarín más pequeño con el mismo sistema de cubrición.

Otro tipo de sepulcro se localiza en la Cueva de La Pastora (Castilleja de Guzmán, Sevilla). El corredor, hoy incompleto, mide aún unos 38 metros de largo. Las paredes están formadas por hiladas de piedras sujetas con mampostería de barro, siguiendo un modelo de alternancia entre losetas de piedra con forma de ladrillo e hiladas de arcilla amasada. La cámara principal está cubierta por una falsa cúpula de grandes losetas de piedra.

En el Dolmen de Matarrubilla, en Valencina de Alcor (Sevilla) existe una estructura cupuliforme similar aunque algo más perfecta. En el fondo de la cámara de este mismo yacimiento se encontró una gran pila para sacrificios funerarios, elemento que ha aparecido también en otros sepulcros de este tipo. 

El Dolmen de Sotos (Trigueros, Huelva) fue construido con colosales piedras en las que se grabaron diversos motivos - círculos, cazoletas, puñales, figuras humanas estilizadas… - de difícil interpretación. En uno de los ejemplos hay representada una silueta con los brazos extendidos que se superpone a otra figura de menor tamaño; a los pies de este bloque se encontraron los cadáveres de un adulto y un niño - en total, aparecieron ocho cadáveres enterrados, atados o en cuclillas colocados cerca del monolito -. Además, en otra piedra se representó el mismo ídolo dolménico con gran rostro y brazos que aparece dibujado en cilindros, estelas o abrigos rupestres. 

Gracias al accidental hundimiento y posterior relleno de arcilla que impidió la profanación, en Sotos se ha mantenido casi intacta la originaria estructura de estas grandes sepulturas colectivas. Junto a los restos humanos se halló el ajuar funerario, que estaba formado por cerámicas, hachas de piedra pulimentada, un hacha de sílex, un machacador de granito, un brazalete de hueso, catorce cuchillos de sílex, un puñal ritual de pizarra, una aguja de marfil, un mango de punzón de metal, fósiles, molares de animales, conchas y restos de fuegos. También apareció un pavimento de guijarros cimentados sobre arcilla probablemente con la misma función que las pilas y mesas encontradas en otros monumentos funerarios semejantes.

Hay que tener en cuenta que, previsiblemente, todas estas sepulturas fueron saqueadas varias veces a lo largo de la Historia, por lo que en la actualidad en sus ajuares sólo pueden encontrarse algunos fragmentos de cerámica o ciertos utensilios con función aún desconocida (punzones de sección cuadrangular o discos pétreos con cavidades, quizás usados para tatuarse).

Los grandes sepulcros estaban asociados a poblados como Los Millares (Almería). Situado en un altozano y bordeado por dos riachuelos, estaba formado por casas de planta cuadrangular de dos o más habitaciones y muros de piedra sujetos con arcilla amasada. Una muralla, con una única puerta de acceso y cuatro fortines, circundaba todo el poblado. El agua se conducía desde una fuente, a tres kilómetros de distancia, hacia el pueblo a través de un acueducto. Los utensilios encontrados indican que sus habitantes conocían perfectamente las industrias metalúrgicas del oro, la plata y el cobre. Entre los numerosos dólmenes excavados destaca la "sepultura 40", en la que se encontraron los restos de más de cien individuos con sus correspondientes ajuares funerarios. Este tipo de ciudad primitiva se extendió por casi todo el territorio español.

Las numerosas coincidencias entre objetos y monumentos dolménicos hallados tanto en Asia Menor como en la Península Ibérica parecen atestiguar el origen oriental de la cultura megalítica hispana. Estas mismas relaciones se han encontrado también con templos y tumbas del Egeo y de toda la cuenca mediterránea, incluso con sepulcros crético - micénicos de Grecia. Por otra parte, no hay que olvidar que los dólmenes prehistóricos proporcionaron la experiencia constructiva que facilitó el desarrollo arquitectónico de los imperios de Próximo Oriente y del mundo grecorromano.
  
6- LA METALURGIA.

 Algunas de las manifestaciones culturales vistas hasta ahora se prolongan en el segundo milenio antes de Cristo, en el llamado periodo del Bronce Pleno, como la cerámica campaniforme. Hasta este momento, las técnicas metalúrgicas se habían limitado al uso del cobre y las primeras aleaciones con arsénico con intención de lograr mayor dureza y consistencia, añadiéndose poco a poco la utilización del oro y la plata para la creación de objetos suntuarios.

 La industria del bronce está ligada a un espectacular progreso vital de los pueblos en este II milenio a.C. La subsistencia sigue basándose en la agricultura, pero los nuevos instrumentos realizados con este metal facilitan dicho trabajo,  el de la madera, la construcción de medios de transporte (carros, barcos…), etc. La sociedad se organiza en un complicado sistema económico que facilita el enriquecimiento, con la consiguiente diferenciación social, y anima al intercambio de distintos productos a cambio del metal, es decir, al comercio (se consolidan las rutas comerciales del estaño y del ámbar).

En los últimos años se han ido produciendo una serie de descubrimientos   que parecen confirmar la existencia de una Edad del Bronce Pleno en La Mancha, Valencia, la Meseta Central, el norte de la Península y Andalucía.

En un asentamiento de Guadalajara se han hallado numerosas armas de bronce entre las que destaca una espada con una rica empuñadura cubierta de lámina de oro repujado. 

Espectaculares son también las piezas de orfebrería, como las del Tesoro de Villena (Alicante), con cuencos, pulseras, botellas de oro y de plata y otros objetos semejantes cuidadosamente guardados en un recipiente cerámico.  

Estos últimos hallazgos, excepcionales ejemplos de las creaciones metalúrgicas realizadas en otros centros productores de la Península, han ayudado al conocimiento de un periodo que se creía había tenido casi como exclusiva protagonista la Cultura del Argar.

7- LA CULTURA DEL ARGAR.

La decadencia de la Edad del Bronce inicial en España se debe a causas externas. Hacia 1.500 se cortaron en el Mediterráneo las corrientes comerciales y culturales que llegaban de Oriente, la Península quedó aislada y fue cayendo en un progresivo decaimiento. Este periodo, conocido como "Época del Argar", se prolongó al primer milenio antes de Cristo, cuando se produjeron los primeros contactos con los pueblos colonizadores indoeuropeos que darían un vuelco al desarrollo cultural e histórico en la Península. 

La Cultura del Argar se extiende por todo el territorio español, pero tiene sus centros más importantes en el área SE (su nombre se debe a un poblado cercano a Almería), en las actuales provincias de Murcia y Almería.

Los asentamientos se ubicaban generalmente sobre cerros de carácter defensivo (El Argar, El Oficio, Fuente Álamo), con o sin murallas, y albergaban viviendas rectangulares de piedra y tapial, que se alzaban sobre terrazas artificiales. Los enterramientos, generalmente individuales, se localizaban bajo los pisos de las casas, en fosas de piedra o urnas de cerámica, pudiendo deducirse de la variedad cuantitativa y cualitativa de sus ajuares una marcada diferenciación social con, al parecer, carácter hereditario.

  La economía de esta peculiar cultura se basaba prioritariamente en una agricultura mixta de cereales y legumbres, la recolección silvestre y una ganadería de ovicápridos. Poco a poco se fue desarrollando una metalurgia cada vez más importante que acabó por obligar a cierta expansión exterior en busca de recursos minerales.

 Una de las producciones más características de esta cultura es la cerámica: elegantes piezas de color negro, cocidas y pulidas y sin decoración. 

En cuanto a la metalurgia, la industria del bronce desarrollada por esta cultura se caracteriza por la ausencia de decoración y las formas arcaizantes, con alguna excepción en Portugal y Galicia. Las armas (puñales triangulares con remaches en arco, puñales de hoja estrecha, alabardas, etc.) y los objetos suntuarios (adornos de oro y de plata, copas, brazaletes, etc.) son las producciones más representativas.

 En el territorio atlántico se han encontrado grabados rupestres de este periodo con motivos semejantes a los del arte esquemático. Estos mismos elementos geométricos sirvieron también para decorar unos grandes collares en forma de cuartos de luna y relacionados con las antiguas placas dolménicas que igualmente han aparecido en esta zona.  

 El final del que ha dado en llamarse 'Estado argárico' aconteció, hacia el 1300 a.C., con una profunda crisis política, económica y social de causas aún desconocidas, dando paso al Bronce Tardío (1300-1100 a.C.). 

8- LA PECULIAR CULTURA BALEAR DE LA EDAD DEL BRONCE (1.500 a.C. - principios de nuestra era).

 El comienzo de la denominada Cultura Balear de la Edad del Bronce se produjo en un momento que aún no se ha podido concretar, pero lo que sí parece seguro es que su carácter era muy semejante al de la gran cultura megalítica española.

 En ocasiones se ha pensado que esta cultura baleárica derivaba de las peninsulares de Los Millares y El Argar. Esta teoría se basa en el hallazgo de un único resto de vaso campaniforme que pudiera dar la cronología más antigua de esta cultura, aunque también se han establecido relaciones con otras culturas insulares mediterráneas (Cerdeña…). En todo caso, parece poder confirmarse que se trata de una rama del tronco cultural mediterráneo de la Edad del Bronce.

 Es un hecho peculiar que estas manifestaciones se limitasen a Mallorca y Menorca, mientras Ibiza permanecía despoblada hasta la fundación cartaginesa de una base naval en el año 636 a.C. Por otra parte, ninguna de estas dos islas fue dominada hasta la conquista de Roma en el siglo II a.C., así que a lo largo del primer milenio antes de Cristo las poblaciones isleñas pudieron desarrollar un ciclo cultural independiente.

 La producción más notable de toda esta cultura son las construcciones y las sepulturas, aisladas o formando poblados. No obstante, en ocasiones también se utilizaron cuevas naturales con los mismos fines de enterramiento.

Magníficos ejemplos sepulcrales son los de la Cova de Sa Mola en Felanitx o la Cámara subterránea  de Son Jaumell en Capdepera, ambas en Mallorca. A través de numerosos tramos de escaleras se descendía, por pasillos y vestíbulos que se cerraban con colosales losas, a la zona de sepulturas, cuyas paredes tenían nichos absidiales destinados probablemente a ofrendas.

También en Mallorca, en la zona de Son Sunyer y Son Oms, se encontraron más de una veintena de cámaras sepulcrales, posiblemente pertenecientes a una gran e importante necrópolis, sobre las que en algunos casos se ha levantado un túmulo, lo que, en conjunto, da a la estructura de estos enterramientos un aspecto muy semejante al de las sepulturas megalíticas.

En estos sepulcros es donde se han hallado los ajuares más antiguos conocidos en las Islas Baleares: cerámica argárica, vasos ovoides y bicónicos, cuencos pequeños y algunas vasijas con asas horizontales, puñales de cobre o bronce de perfil triangular y sin mango, punzones de perfil cuadrado y botones de hueso…

La evolución de esta cultura llevó al desarrollo de tipologías constructivas para defensa y vivienda conocidas por nomenclaturas locales como "navetas", "talayots", "taulas", etc. Estas estructuras se levantaban con piedra seca y aparejos megalíticos o ciclópeos.

Los talayots eran grandes torres de planta cuadrada o circular y sección piramidal o troncocónica. Su función era tanto defensiva como funeraria, pues servían también de tumbas para los hombres principales. En el interior había una cavidad cubierta con falsa cúpula, de aparejo grande y muy tosco, que estaba sostenida por una columna monolítica o de varias piedras. Los talayots estaban generalmente rodeados por otras edificaciones más pequeñas que daban lugar a auténticos poblados.