| La
Cueva del Romeral (Antequera, Málaga) es un espectacular sepulcro
que, además de un largo pasillo de mampostería con cubierta
de losas, tiene una gran cámara circular con falsa cúpula;
al fondo se abre una puerta que da acceso a un camarín más
pequeño con el mismo sistema de cubrición.
Otro tipo de sepulcro se localiza en la
Cueva de La Pastora (Castilleja de Guzmán, Sevilla). El corredor,
hoy incompleto, mide aún unos 38 metros de largo. Las paredes están
formadas por hiladas de piedras sujetas con mampostería de barro,
siguiendo un modelo de alternancia entre losetas de piedra con forma de
ladrillo e hiladas de arcilla amasada. La cámara principal está
cubierta por una falsa cúpula de grandes losetas de piedra.
En el Dolmen de Matarrubilla, en Valencina
de Alcor (Sevilla) existe una estructura cupuliforme similar aunque
algo más perfecta. En el fondo de la cámara de este mismo
yacimiento se encontró una gran pila para sacrificios funerarios,
elemento que ha aparecido también en otros sepulcros de este tipo.
El Dolmen de Sotos (Trigueros, Huelva)
fue construido con colosales piedras en las que se grabaron diversos motivos
- círculos, cazoletas, puñales, figuras humanas estilizadas…
- de difícil interpretación. En uno de los ejemplos hay representada
una silueta con los brazos extendidos que se superpone a otra figura de
menor tamaño; a los pies de este bloque se encontraron los cadáveres
de un adulto y un niño - en total, aparecieron ocho cadáveres
enterrados, atados o en cuclillas colocados cerca del monolito -. Además,
en otra piedra se representó el mismo ídolo dolménico
con gran rostro y brazos que aparece dibujado en cilindros, estelas o abrigos
rupestres.
Gracias al accidental hundimiento y posterior
relleno de arcilla que impidió la profanación, en Sotos se
ha mantenido casi intacta la originaria estructura de estas grandes sepulturas
colectivas. Junto a los restos humanos se halló el ajuar funerario,
que estaba formado por cerámicas, hachas de piedra pulimentada,
un hacha de sílex, un machacador de granito, un brazalete de hueso,
catorce cuchillos de sílex, un puñal ritual de pizarra, una
aguja de marfil, un mango de punzón de metal, fósiles, molares
de animales, conchas y restos de fuegos. También apareció
un pavimento de guijarros cimentados sobre arcilla probablemente con la
misma función que las pilas y mesas encontradas en otros monumentos
funerarios semejantes.
Hay que tener en cuenta que, previsiblemente,
todas estas sepulturas fueron saqueadas varias veces a lo largo de la Historia,
por lo que en la actualidad en sus ajuares sólo pueden encontrarse
algunos fragmentos de cerámica o ciertos utensilios con función
aún desconocida (punzones de sección cuadrangular o discos
pétreos con cavidades, quizás usados para tatuarse).
Los grandes sepulcros estaban asociados
a poblados como Los Millares (Almería). Situado en un altozano
y bordeado por dos riachuelos, estaba formado por casas de planta cuadrangular
de dos o más habitaciones y muros de piedra sujetos con arcilla
amasada. Una muralla, con una única puerta de acceso y cuatro fortines,
circundaba todo el poblado. El agua se conducía desde una fuente,
a tres kilómetros de distancia, hacia el pueblo a través
de un acueducto. Los utensilios encontrados indican que sus habitantes
conocían perfectamente las industrias metalúrgicas del oro,
la plata y el cobre. Entre los numerosos dólmenes excavados destaca
la "sepultura 40", en la que se encontraron los restos de más de
cien individuos con sus correspondientes ajuares funerarios. Este tipo
de ciudad primitiva se extendió por casi todo el territorio español.
Las numerosas coincidencias entre objetos
y monumentos dolménicos hallados tanto en Asia Menor como en la
Península Ibérica parecen atestiguar el origen oriental de
la cultura megalítica hispana. Estas mismas relaciones se han encontrado
también con templos y tumbas del Egeo y de toda la cuenca mediterránea,
incluso con sepulcros crético - micénicos de Grecia. Por
otra parte, no hay que olvidar que los dólmenes prehistóricos
proporcionaron la experiencia constructiva que facilitó el desarrollo
arquitectónico de los imperios de Próximo Oriente y del mundo
grecorromano.
6- LA METALURGIA.
Algunas de las manifestaciones culturales
vistas hasta ahora se prolongan en el segundo milenio antes de Cristo,
en el llamado periodo del Bronce Pleno, como la cerámica campaniforme.
Hasta este momento, las técnicas metalúrgicas se habían
limitado al uso del cobre y las primeras aleaciones con arsénico
con intención de lograr mayor dureza y consistencia, añadiéndose
poco a poco la utilización del oro y la plata para la creación
de objetos suntuarios.
La industria del bronce está
ligada a un espectacular progreso vital de los pueblos en este II milenio
a.C. La subsistencia sigue basándose en la agricultura, pero los
nuevos instrumentos realizados con este metal facilitan dicho trabajo,
el de la madera, la construcción de medios de transporte (carros,
barcos…), etc. La sociedad se organiza en un complicado sistema económico
que facilita el enriquecimiento, con la consiguiente diferenciación
social, y anima al intercambio de distintos productos a cambio del metal,
es decir, al comercio (se consolidan las rutas comerciales del estaño
y del ámbar).
En los últimos años se han
ido produciendo una serie de descubrimientos que parecen confirmar
la existencia de una Edad del Bronce Pleno en La Mancha, Valencia, la Meseta
Central, el norte de la Península y Andalucía.
En un asentamiento de Guadalajara
se han hallado numerosas armas de bronce entre las que destaca una espada
con una rica empuñadura cubierta de lámina de oro repujado.
Espectaculares son también las
piezas de orfebrería, como las del Tesoro de Villena (Alicante),
con cuencos, pulseras, botellas de oro y de plata y otros objetos semejantes
cuidadosamente guardados en un recipiente cerámico.
Estos últimos hallazgos, excepcionales
ejemplos de las creaciones metalúrgicas realizadas en otros centros
productores de la Península, han ayudado al conocimiento de un periodo
que se creía había tenido casi como exclusiva protagonista
la Cultura del Argar.
7- LA CULTURA DEL ARGAR.
La decadencia de la Edad del Bronce inicial
en España se debe a causas externas. Hacia 1.500 se cortaron en
el Mediterráneo las corrientes comerciales y culturales que llegaban
de Oriente, la Península quedó aislada y fue cayendo en un
progresivo decaimiento. Este periodo, conocido como "Época del Argar",
se prolongó al primer milenio antes de Cristo, cuando se produjeron
los primeros contactos con los pueblos colonizadores indoeuropeos que darían
un vuelco al desarrollo cultural e histórico en la Península.
La Cultura del Argar se extiende por todo
el territorio español, pero tiene sus centros más importantes
en el área SE (su nombre se debe a un poblado cercano a Almería),
en las actuales provincias de Murcia y Almería.
Los asentamientos se ubicaban generalmente
sobre cerros de carácter defensivo (El Argar, El Oficio, Fuente
Álamo), con o sin murallas, y albergaban viviendas rectangulares
de piedra y tapial, que se alzaban sobre terrazas artificiales. Los enterramientos,
generalmente individuales, se localizaban bajo los pisos de las casas,
en fosas de piedra o urnas de cerámica, pudiendo deducirse de la
variedad cuantitativa y cualitativa de sus ajuares una marcada diferenciación
social con, al parecer, carácter hereditario.
La economía de esta peculiar
cultura se basaba prioritariamente en una agricultura mixta de cereales
y legumbres, la recolección silvestre y una ganadería de
ovicápridos. Poco a poco se fue desarrollando una metalurgia cada
vez más importante que acabó por obligar a cierta expansión
exterior en busca de recursos minerales.
Una de las producciones más
características de esta cultura es la cerámica: elegantes
piezas de color negro, cocidas y pulidas y sin decoración.
En cuanto a la metalurgia, la industria
del bronce desarrollada por esta cultura se caracteriza por la ausencia
de decoración y las formas arcaizantes, con alguna excepción
en Portugal y Galicia. Las armas (puñales triangulares con remaches
en arco, puñales de hoja estrecha, alabardas, etc.) y los objetos
suntuarios (adornos de oro y de plata, copas, brazaletes, etc.) son las
producciones más representativas.
En el territorio atlántico
se han encontrado grabados rupestres de este periodo con motivos semejantes
a los del arte esquemático. Estos mismos elementos geométricos
sirvieron también para decorar unos grandes collares en forma de
cuartos de luna y relacionados con las antiguas placas dolménicas
que igualmente han aparecido en esta zona.
El final del que ha dado en llamarse
'Estado argárico' aconteció, hacia el 1300 a.C., con una
profunda crisis política, económica y social de causas aún
desconocidas, dando paso al Bronce Tardío (1300-1100 a.C.).
8- LA PECULIAR CULTURA BALEAR DE LA
EDAD DEL BRONCE (1.500 a.C. - principios de nuestra era).
El comienzo de la denominada Cultura
Balear de la Edad del Bronce se produjo en un momento que aún no
se ha podido concretar, pero lo que sí parece seguro es que su carácter
era muy semejante al de la gran cultura megalítica española.
En ocasiones se ha pensado que esta
cultura baleárica derivaba de las peninsulares de Los Millares y
El Argar. Esta teoría se basa en el hallazgo de un único
resto de vaso campaniforme que pudiera dar la cronología más
antigua de esta cultura, aunque también se han establecido relaciones
con otras culturas insulares mediterráneas (Cerdeña…). En
todo caso, parece poder confirmarse que se trata de una rama del tronco
cultural mediterráneo de la Edad del Bronce.
Es un hecho peculiar que estas manifestaciones
se limitasen a Mallorca y Menorca, mientras Ibiza permanecía despoblada
hasta la fundación cartaginesa de una base naval en el año
636 a.C. Por otra parte, ninguna de estas dos islas fue dominada hasta
la conquista de Roma en el siglo II a.C., así que a lo largo del
primer milenio antes de Cristo las poblaciones isleñas pudieron
desarrollar un ciclo cultural independiente.
La producción más
notable de toda esta cultura son las construcciones y las sepulturas, aisladas
o formando poblados. No obstante, en ocasiones también se utilizaron
cuevas naturales con los mismos fines de enterramiento.
Magníficos ejemplos sepulcrales
son los de la Cova de Sa Mola en Felanitx o la Cámara
subterránea de Son Jaumell en Capdepera, ambas en Mallorca.
A través de numerosos tramos de escaleras se descendía, por
pasillos y vestíbulos que se cerraban con colosales losas, a la
zona de sepulturas, cuyas paredes tenían nichos absidiales destinados
probablemente a ofrendas.
También en Mallorca, en la zona
de Son Sunyer y Son Oms, se encontraron más de una
veintena de cámaras sepulcrales, posiblemente pertenecientes a una
gran e importante necrópolis, sobre las que en algunos casos se
ha levantado un túmulo, lo que, en conjunto, da a la estructura
de estos enterramientos un aspecto muy semejante al de las sepulturas megalíticas.
En estos sepulcros es donde se han hallado
los ajuares más antiguos conocidos en las Islas Baleares: cerámica
argárica, vasos ovoides y bicónicos, cuencos pequeños
y algunas vasijas con asas horizontales, puñales de cobre o bronce
de perfil triangular y sin mango, punzones de perfil cuadrado y botones
de hueso…
La evolución de esta cultura llevó
al desarrollo de tipologías constructivas para defensa y vivienda
conocidas por nomenclaturas locales como "navetas", "talayots", "taulas",
etc. Estas estructuras se levantaban con piedra seca y aparejos megalíticos
o ciclópeos.
Los talayots eran grandes torres de planta
cuadrada o circular y sección piramidal o troncocónica. Su
función era tanto defensiva como funeraria, pues servían
también de tumbas para los hombres principales. En el interior había
una cavidad cubierta con falsa cúpula, de aparejo grande y muy tosco,
que estaba sostenida por una columna monolítica o de varias piedras.
Los talayots estaban generalmente rodeados por otras edificaciones más
pequeñas que daban lugar a auténticos poblados.

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