| La
ampliación de Abd al-Rahman II.
El gobierno de Abd al-Rahman II supone
un gran desarrollo en el emirato, y como consecuencia un gran esplendor
cultural, que dará un importante boato a la corte cordobesa.
Es en este momento cuando se realiza,
por motivos de crecimiento de la población cordobesa, la primera
ampliación de la aljama de Córdoba. Al contrario que en la
primera construcción, ahora se tienen datos sobre los directores
de las obras, se trataba de los eunucos Nasr y Masrur; y como inspector
de los trabajos Abd al-Rahman designó al cadí y encargado
de la oración en Córdoba, Muhammad ban Ziyad. Las obras duraron
quince años, a diferencia del año que tardó en levantarse
la de Abd al-Rahman I.
El edificio creció en dirección
sur, para ello fue necesario derruir el muro de qibla existente, destruyendo
el mihrab, prolongando las once naves con ocho tramos más de arcos.
En esta nueva edificación
surgen diferencias en el modo de construir respecto a la etapa anterior.
Aquí se prescinde de las basas de las columnas, el arranque de los
pilares sobre la pieza cruciforme no se resuelve por modillones de rollos,
sino por una moldura en forma de cuarto de bocel. Este elemento también
lo encontramos en el muro primitivo de la izquierda, lo que influye en
la teoría de que la primera mezquita, la de Abd al-Rahman I tenía
nueve naves, y que en esta época se añadieron las dos laterales.
Respecto a los capiteles, hay un número de once que no son
aprovechados, son labrados en Córdoba ex profeso. Se crea en esta
ciudad un taller de labra de piedra que va adquiriendo cada vez más
prestigio hasta llegar a su culmen en época califal de Abd al-Rahman
III, siendo frecuente exportar capiteles de Córdoba al mundo musulmán
del norte de África. De los capiteles ex novo que se realizan, habría
que destacar los cuatro, iguales dos a dos, que soportaban el arco de entrada
al nicho del mihrab, y que Al-Hakam II trasladará a su emplazamiento
definitivo en el actual arco de mihrab. Los demás, en líneas
generales, se trata de copias de capiteles romanos, una vez más
se acude a las raíces locales de tradición romana.
El nicho de mihrab presentaba una
planta semicircular al interior, resaltando en el exterior con una forma
rectangular.
En esta ampliación queda
constancia del deseo de continuidad de la obra del primer emir, correspondiéndose
las partes arquitectónicas de las dos fases, manteniendo las mismas
proporciones en la sala de oración ampliada que en la primitiva.
También en esta época
se levanta un nuevo alminar de medidas muy proporcionadas: hasta la linterna
tenía una altura igual a tres veces el lado de su base.
De esta ampliación han desaparecido
el muro sur de la qibla y el muro oriental, manteniéndose sólo
el occidental, en el que se abre la puerta de los Deanes.
A la muerte de Abd al-Rahman II,
su hijo Muhammad continuó y finalizó las obras de ampliación.
Levantó también una maqsura y restauró la puerta
occidental de la mezquita, la Puerta de San Esteban, construida en tiempos
de Abd al-Rahman I.
Posteriormente se fueron realizando
otras obras, añadiendo otros espacios: Al-Mundir, hijo de Muhammad,
añadió un tesoro a la mezquita y Abd Allah, su sucesor, construyó
un sabat, paso cubierto que unía el palacio con la mezquita para
“ir a rezar sin que la gente lo viera, cuando lo desease, para que nadie
tuviera que ponerse en pie o verlo salir”, según un relato de Ibn
Hayyan.
Obras en la mezquita con Abd al-Rahman
III
Las aportaciones de Abd al-Rahman
III a la aljama son escasas, teniendo puestos sus intereses en el palacio
de Madinat al-Zahra. La actuación en la sala de oración de
la mezquita dejó poca huella, centrándose en el patio, que
amplió, dotó de pórticos, incorporó un alminar
y reforzó la fachada de Abd al-Rahman I.
La ampliación del patio se
realizó hacia el actual muro norte, al lado opuesto de la sala de
oración. La traza primitiva constaba de arcos que apeaban alternativamente
en series rítmicas de un pilar y dos columnas, como en el patio
de la gran mezquita de Damasco.
El primer califa reforzó
la fachada de la sala de oración de Abd al-Rahman I, debido a los
empujes longitudinales que estaba recibiendo, con arcos de herradura peraltados
en la mitad del radio, enjarjados y con las dovelas despiezadas a la línea
de impostas; trasdós e intradós no van paralelos, ensanchándose
la rosca a la altura de la clave. Las columnas son de pudinga rosada, y
están embebidas en los pilares. Los capiteles son de orden corintio
y compuesto, de hojas lisas, denominados capiteles de “pencas”, que se
utilizan por primera vez aquí.
El alminar construido por Abd al-Rahman
III, inmediatamente después a la ampliación del patio, entre
951 y 952, se constituyó como imagen de la Córdoba califal.
Situado en el muro norte del patio, por la parte interior, se cimentó
con sillares a soga y tizón. Constaba de un primer cuerpo de treinta
metros de altura, de planta cuadrada de 8’48 m. de lado, un segundo cuerpo
retranqueado de menor altura, una cúpula calada y el Yamur reproduciendo
tres granadas, la primera y la tercera de oro y la segunda de plata.
Es importante la estructura interna del
cuerpo inferior, dividida en dos partes rectangulares, por un muro en dirección
norte-sur. Se accedía a ambas partes desde la calle y desde
el patio, y en su interior, cada una de ellas desarrollaba una escalera
en torno a un volumen central. La caja de escalera se dividía en
pequeños tramos cuadrados, articulados por pilastras, de poco resalte,
que sostenían arcos de herradura; se cubrían estos espacios
con bóvedas de arista escalonadas. Los vanos al exterior eran diferentes
en cada lateral, en los lados norte y sur había ventanas de arcos
gemelos en dos alturas, y en los lados este y oeste los vanos eran de tres
arcos en herradura muy cerrada, con el trasdós lobulado, y las dovelas
despiezadas a la línea de impostas. Sólo una de estas ventanas
era practicable, las demás eran fingidas. En la parte alta de este
primer cuerpo había un friso de nueve arquillos ciegos, y se remataba
todo el conjunto con almenas escalonadas.
El cuerpo superior era de planta y altura
más pequeña, tenía de lado 4’8 m. y 11’4 de alto.
Tenía puerta en sus cuatro lados y se cubría con una cúpula
calada.
Tal vez sea éste el primer alminar
de importancia que se levanta en al-Andalus, y constituye un símbolo
de la transcendencia del nuevo califa dentro del mundo musulmán;
por otro lado, puede considerarse como una competencia frente a la torre
campanario cristiana.
Sobre su cronología surge polémica
que Félix Hernández suscita, pensando que el alminar pudiera
ser anterior a la fecha que se da en seis años aproximadamente,
basándose en una versión del manuscrito de al-Maqqari.
Este modelo se repetirá en los
alminares andalusíes y norteafricanos posteriores. Su imagen ha
quedado en escudos de armas, en la puerta de Santa Catalina de la catedral
cristiana, en cantorales, etc. Se han sacado dibujos y maquetas a partir
del interior.
De la ampliación de Abd
al-Rahman III, la galería oriental desapareció con el ensanche
de Almanzor, la norte y oeste se reconstruyeron a principios del siglo
XVI, siguiendo la traza primitiva, y del alminar, lo que queda, se conserva
recubierto por la torre cristiana, proyectada por Hernán Ruiz.

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