Centro de Formación on Line
Biblioteca Virtual E-excellence
I.E.P.E.S.
 Agenda Exposiciones Publicar en Liceus Enlaces E-excellence CIDEIH
 
 
ARTE HISPANO-MUSULMÁN 
III. LA ARQUITECTURA DEL PODER 3
ISBN-84-9714-060-5 
Rosario Ros Larena
 

La aljafería de Zaragoza, es una de las piezas de período taifas más valiosas, que pudo subsistir a la presión almorávide. Fundación de Ahmad al-Muqtadir, de la dinastía hudí, construido entre 1046 y 1082, este palacio es excepcional en el contexto de la arquitectura, primero como palacio suburbano, y en segundo lugar por su planta rectangular, amurallada, con dieciséis torres de refuerzo al modo del ribat aglabí de Susa y del palacio omeya de Msatta, torres todas ellas semicirculares a excepción de la del Trovador que es rectangular.

 Su perfil cuadrangular se divide en tres bloques de norte a  sur; sólo la parte central fue construida. La constituye un gran patio con dos albercas, y tras ellas, las dependencias palaciegas, muy semejantes, estando en las del lado norte el salón más interesante, formado por tres naves yuxtapuestas, delimitadas por arcos polilobulados de gran luz, diseño aprovechado del período califal; la novedad de este momento es el arco mixtilíneo, al cruzar polilobulados con arcos de medio punto, creación ésta que pasará a lo almorávide y almohade. 

 Existe, según Ewert, una evidente relación entre las dimensiones de las estancias y la problemática del arte taifa, su escasa profundidad tiene mucho que ver con la debilidad política de los reinos, y es necesario entonces, hacer uso de efectos ópticos a través de las arquerías de los pórticos y de los accesos al salón. Como soporte predominan las columnas dobles, los capiteles, de piedra y en muchos casos de alabastro, se encuentran de dos series: unos, los más pequeños, que derivan de Madinat al-Zahra, pero más estilizados, y otros, de mayor tamaño, que se decoran con atauriques y arquillos lobulados entrecruzados.

El edificio contaba con una mezquita que destacaba por varios motivos: primero su trazado octogonal suponía una novedad dentro del arte hispanomusulmán, y también cabría resaltar sus escasas dimensiones, que hacían hablar de ella más como un oratorio que como mezquita. Su situación, próxima a la sala de audiencias de al-Muqtadir, y el seguir los mismos esquemas decorativos que en otras partes del palacio, hace pensar que el rey deseara  asociar la política con la religión. Además varios motivos ornamentales quieren ponerse en relación con algunas zonas de la mezquita aljama de Córdoba, como es el caso de los arcos entrecruzados que parecen estar inspirados en los de la maqsura de la mezquita, lugar que se asociaba con la autoridad  califal. Por otro lado, ciertos elementos arquitectónicos de la mezquita se convierten aquí en rasgos decorativos: los arcos entrecruzados de la capilla de Villaviciosa cubren a modo de decoración  las superficies de las paredes en Zaragoza.

 Aunque con semejanzas con el edificio de Córdoba, surge aquí alguna novedad, como es el arco de acceso, de estilo “serpentiforme”, más propio de la época almorávide. 

 La historia del conjunto palaciego estuvo salpicada de varios acontecimientos: al ser reconquistada en 1118 por Alfonso I el Batallador es cedido a la orden del Císter, haciéndose una iglesia y eliminando algunos elementos. Luego se entregó a la Corona de Aragón en el siglo XIV. En el XV los Reyes Católicos lo utilizan como palacio y hacen en él una iglesia y varias capillas. Fue foso y fortificación de Felipe II y en el mismo siglo XVI fue cárcel de la Inquisición y cuartel en el XVIII. Fue bombardeado por las tropas napoleónicas y reconstruido en el siglo XX, reconstrucción, por cierto, muy criticada.

La Alhambra de Granada: centro del arte nazarí
 El período nazarí es un período cronológicamente denso. A raíz de las Navas de Tolosa comienza la decadencia de los almohades, que cruzarán el Estrecho, volviendo al norte de África. 

 Del 1212 al 1232 se produce una nueva desmembración de reinos taifas. Surge la personalidad de Granada con la dinastía nasrí o nazarí, que pervivirá hasta 1492. A partir de 1248 irá aglutinando los pequeños reinos taifas, creándose así el último estado islámico en la península, que sobrevivirá a las presiones de Castilla, Aragón y Marruecos, las tres partes en las que se habían escindido los almohades, a  base de pactos, haciendo el papel de elemento equilibrador como vasallo del reino de Castilla. Por la situación geográfica, entre los emiratos norteafricanos y los reinos cristianos peninsulares, de este interés estratégico surge un complejo mundo de relaciones que se van rompiendo y rehaciendo continuamente durante siglo y medio. Esto hace que el sultanato tenga un carácter secundón, siempre aliado que ofrecía la tierra a costa de pago de impuestos.

 A la sombra de esta relativa crisis se va a dar una continuidad del refinamiento artístico de los períodos anteriores. El reino de Granada tendrá gran relevancia desde el punto de vista cultural, su madrassa, por ejemplo, gozará de un gran prestigio en el mundo mediterráneo.

 No se sabe con veracidad el origen y personalidad del arte nazarí, en los manuales más generales se da la visión del último capítulo del arte árabe y su influencia en el mudéjar y gótico. En los últimos tiempos se dice que la originalidad del arte nazarí y su relación con el arte cristiano es un debate en auge. En la actualidad se cree que el arte nazarí es evolución del arte califal, taifas, almohade y almorávide, y a la vez enriquecido por temas y elementos decorativos del arte cristiano. En resumen, el último reducto del arte nazarí estaría influenciado por el arte cristiano-mudéjar que a su vez le viene del arte árabe-califal.

 Cuando los almohades se retiran, tras la derrota de las Navas de Tolosa, van dejando en algunas ciudades pequeñas contingentes militares y gobernadores que intentan proseguir con la cultura almohade o proceden a sublevarse con sus jefes militares. Esto es lo que hace el de Granada y se proclama sultán de esta nueva dinastía, expansionándose hacia Jaén. El sultanato de Granada lo sustenta la dinastía Nasro, que dará origen al arte nasrí. A partir de 1232 está fundada la estirpe, instalando la capital en Granada la Vieja, la  Granada anterior a la Alhambra.

 En esta Granada la Vieja se conoce una primera construcción, una alcazaba en El Albaicín que dominaba todo el caserío. Cuando comienza la dinastía nasrí se construye una nueva alcazaba en la colina del otro lado del río Darro, llamada colina Sabika. Es un doble recinto fuertemente amurallado, con entradas en recodo, con una primera fase de construcción militar y con algunas zonas palaciegas. Paulatinamente se le irán añadiendo una serie de unidades, pabellones de habitaciones, según los distintos reyes, sistema que responde al de las apadanas persas. Se trata de una arquitectura rápida, sin sentido de eternidad, es posible que a la llegada de un rey se decida la destrucción de la parte ya construida, o añadir pabellones en detrimento de los anteriores. Se ha conservado la alcazaba del siglo XIII, pero la gran parte de las habitaciones y salas son cronológicamente del segundo  y tercer tercio del siglo XIV. Se siguen incorporando elementos en el XV, pero la crisis económica justifica el menor valor del arte en este siglo.

La Alhambra actual es resultado de demolición de salas originales. Hasta la construcción del palacio de Carlos V su valoración en el recinto es diversa, pero el Emperador, a su vez, respetó, restauró y reforzó lo que existía del edificio, lo mismo que hizo en la aljama de Córdoba. Hizo lo que dice Grabar “la apropiación simbólica del territorio”.

 En cuanto a las características generales de la arquitectura nasrí se trata de una construcción rápida y barata con escasos problemas estructurales: techumbres de madera, bóvedas de mocárabes, sin problemas de contrarresto y decoración de yeso. 

 Los elementos de soporte son columnas que arrancan de un plinto cuadrado y suelen llevar basa, el fuste es muy esbelto y se adorna con varios anillos en la parte superior. El capitel característico presenta dos partes bien diferenciadas: la inferior cilíndrica y decorada con hojas lisas, formando una cinta serpentiforme; la parte superior es una pieza cuadrada, decorada con hojas, a las que en ocasiones se añaden piñas y veneras. Existe otra variante decorada con mocárabes.

 Entre las cubiertas de madera, existen, además de las de tradición almohade, las armaduras de limas moamares, que pueden ser apeinazadas o ataujeradas, como es el caso de la del salón del trono en la torre de Comares. Las bóvedas son decoradas con mocárabes, igual que las cúpulas que alcanzan forma octogonal o estrellada.

 Existe una importante diferencia estética entre el exterior y el interior: frente a la despreocupación casi total de los exteriores, de piedra, en algún caso ni bien labrada, con enlucidos en ciertas ocasiones, con vanos sin molduración alguna, frente a esto hallamos unos interiores totalmente revestidos de decoración, asumiendo el grado más alto del barroquismo, todo con un sentido de privacidad y de intimismo propios del Islam.

Existe un prototipo de revestimiento interior, que encontraremos en la mayoría de los edificio de la Alhambra. La parte inferior se recubre de alicatados, cerámica vidriada, que tiene tres funciones: por un lado proteger el muro de la humedad; también se utiliza como embellecimiento; y por último, como función más pragmática, tiene la de evitar el uso y el roce de los que pasan, y la lucha contra el calor. Por encima de este zócalo el muro se enluce de blanco, e inmediatamente después, en la parte superior se decora con yesería, lacería, motivos vegetales, ataurique, epigrafía y mocárabes. Encima de las yeserías policromadas y doradas, la techumbre se resuelve, bien con armaduras de madera o bien con cúpulas de mocárabes en las salas más nobles, que se quieren realzar. Hay que añadir también un elemento fundamental en este período el de la decoración epigráfica o “literatura construida”, importante porque se trata, en la mayoría de los casos, de poesía, reproducciones en yeso de versos poéticos que impregnaban todo tipo de elementos, tanto constructivos como decorativos. En el “Manifiesto de la Alhambra”, publicado en 1953 se establece una bella analogía entre estos materiales y la anatomía humana, viniendo a decir, en definitiva que cada uno “está colocado en su sitio y responde a una función lógica”, como dice Gonzalo Borrás.

 Llama la atención, frente al período almohade, el uso frecuente de mármol, obtenido de las canteras de la sierra de Filabres, que se usa tanto para las losas del suelo como para jambas, alacenas, tazas de fuentes y pilas, y sobre todo para las columnas que articulan los espacios palaciegos.

 Este tipo de edificio es el que encontraremos en los espacios que integran el conjunto del palacio
fortaleza de la Alhambra.