| Un
conjunto fundamental de construcciones de Gaudí proviene de la productiva
relación con Eusebi Güell, uno de sus mayores protectores y
clientes. El primer trabajo que el arquitecto catalán realizó
para Güell fueron los pabellones de entrada de la finca que Güell
poseía en la avenida Pedralbes. Corrían los años de
1884. En 1883 Güell había comprado una finca colindante
a otra que ya era de su propiedad, en Les Corts de Sarrià. A Gaudí
le encargó la construcción de las puertas, pabellones de
entrada, reforma de la casa y elementos complementarios del jardín.
Entre 1884 y 1887, en la reforma de la
residencia de Güell, Gaudí añadió una nueva cornisa,
dos miradores, diversas chimeneas y una salida al terrado. También
hizo el muro de cierre. En él instaló tres entradas: frente
al cementerio, otra que da a la actual Facultad de Farmacia, y la principal,
en el límite de Les Corts con Sarrià, que da a la avenida
de Pedralbes.
Gaudí utilizó para esas
actividades muros de tapia, esquinas y basamentos de piedra de Garraf y
paredes de ladrillo visto.
Cubrió las caballerizas, el picadero
y la casa del portero con bóvedas tabicadas de forma paraboloidal
o hiperboloidal. Por primera vez en su obra utilizó un elemento
decorativo muy característico en su obra posterior, azulejos troceados,
que en esta ocasión sirvieron para la decoración de chimeneas,
ventiladores y coronaciones.
Es el uso del color lo que proporciona
un carácter vistoso y brillante a estos modestos edificios. Los
colores cálidos se combinan gracias a los tonos del ladrillo. Los
fríos azules, blancos, verdes y negros corresponden a los revestimientos
cerámicos.
Estas edificaciones realizadas para Güell
representan un punto de partida en las innovaciones estructurales que Gaudí
aporta a la historia de la arquitectura. Los arcos diafragmáticos
de las caballerizas sirven para tender bóvedas parabólicas;
los hiperboloides de revolución se presentan en el picadero, comedor
y dormitorios de la portería.
Además, Gaudí proyectó
un picadero abierto, un mirador sobre arcos parabólicos, una fuente
dedicada a Santa Eulalia y un caño de hierro en forma de dragón
chino que fue recuperado en 1983, entre las hiedras del jardín,
que ahora es parque público.
Otro de los elementos más sobresalientes
de la forja de hierro en Cataluña se encuentra en esta finca. La
reja que se encuentra entre la cuadra y la casa del portero representa
a un dragón encadenado. Esta reja se apoya en un pilar de ladrillo
y piedra artificial y se mueve alrededor de un único eje vertical.
Sobre dicho pilar se encuentra un naranjo de antimonio, que el mismo Gaudí
simbolizó, por su combinación con el dragón, con el
undécimo trabajo de Hércules en su viaje al jardín
de las Hespérides. Estos elementos fueron tomados en homenaje al
suegro de Güell, el marqués de Comillas, a quien Jacinto Verdaguer
había dedicado su obra La Atlántida, un claro referente literario
en estos elementos de la obra de Gaudí.
La evidente relación con la arquitectura
extremo oriental o los elementos islámicos de los muros aportan
a la finca un aire que sin embargo se ve superado por el carácter
fantasioso y la originalidad del arquitecto. Esta tendencia oriental pudo
estar documentada por las colecciones fotográficas con vistas de
la India y de El Cairo que Gaudí conoció en la Escuela de
Arquitectura cuando estudiaba. A pesar de estas influencias, se trata de
la primera obra monumental de Gaudí, un verdadero preludio del palacio
de la calle Nou de la Rambla.
Hay quienes han considerado estas obras
de Gaudí como un antecedente de la arquitectura modernista que se
desarrolló en Barcelona a fines del siglo XIX y a principios del
XX, pero las estructuras que aparecen en estas edificaciones constituyen
un obstáculo para tal apreciación. Con el tiempo, estructuras
y decoraciones se fundirían en una sola cosa en la obra de Gaudí,
pero en estas obras iniciales aún se muestran de forma separada.
La percepción de la estructura se consigue especialmente desde el
interior, mientras que la decoración se vuelca en cornisas y remates.
Con la obra desarrollada en la finca de
Güell, Gaudí aún se encuentra inmerso en la escuela
que encabezaba Joan Martorell, arquitecto de los marqueses de Comillas
y en principio también de los Güell. Otros arquitectos también
se inscribían en este modo de hacer. Camilo Oliveras i Gensana,
por ejemplo, realizó una Casa de Maternidad en Barcelona que ofrece
claros contactos con la finca Güell. Cascante i Colom, que había
dirigido los trabajos de El Capricho para Gaudí y los proyectos
de Martorell en Comillas, se encuentra en la misma línea. Oliveras
ayudó en la decoración de tales construcciones.
Pero Cascante murió en 1889 y Oliveras,
en 1899. Los únicos representantes de tal escuela a la entrada del
siglo XX serían Martorell y Gaudí, pero Martorell falleció
en 1906 y Gaudí ya estaba evolucionando hacia nuevas formas.
De algún modo, estas nuevas formas
y las inquietudes del creador estaban patentes en los trabajos realizados
en la finca Güell. Tanto la utilización de elementos mitológicos
como las aportaciones estructurales en arcos y bóvedas hacen necesario
un detenimiento en estos aspectos de la obra del arquitecto.
5.2 REFERENCIAS RELIGIOSAS, MÍSTICAS
Y MITOLÓGICAS.
Gaudí estuvo ligado durante toda
su vida a personas de sentimientos espirituales muy vivos. Sus creencias
católicas están presentes constantemente en su obra. Además,
sus proyectos se ligaron a la actividad creadora de la iglesia y eso hizo
que a menudo Gaudí se enfrentara a eclesiásticos que querían
imponer en los edificios opiniones contrarias a las suyas. Por encima
de esta relación con los poderes eclesiásticos, el arquitecto
expuso su misticismo en su misma obra. Para ello, recogería gran
parte de la iconografía católica, especialmente en aquellos
trabajos destinados al uso religioso. Las representaciones escultóricas
que aparecen en sus edificios aprovechan procedimientos típicos
del trabajo del escultor y del sistema de moldes. Cada edificio muestra
un programa iconográfico determinado. El San Jorge de la Casa de
los Botines, en León, se aleja de la mera representación
del patrón de Cataluña, para adquirir una auténtica
significación simbólica, la de la victoria de la justicia
sobre la opresión. Inscripciones y anagramas se superponen a muchas
de las superficies de sus construcciones. Numerosas cruces coronan las
cubiertas y tejados de sus edificios. Pero otros elementos pueden parecer
menos reconocibles como elementos simbólicos y sorprende su dimensión
semántica cuando se conoce la obra de Gaudí. Si se cuentan
las bolas de piedra que se encuentran en el
Parque Güell, se sabrá que son exactamente 150, como
las cuentas que constan en un rosario. Su disposición acompaña
a una plegaria que puede ser entonada por el paseante que camine por el
parque. El espíritu religioso que alimenta esta creación
sorprende por su integración con el quehacer arquitectónico.
Otros elementos son más o menos
identificables, como la rosa mística que aparece en la parte alta
de la fachada de la
casa Milá, una obra ya madura.
A menudo los símbolos místicos
utilizados por Gaudí se relacionan con uno de sus temas preferidos,
el de la naturaleza. La gruta de la casa del parque Güell es en realidad
una gruta artificial que el arquitecto usó como fresquera cuando
habitó la casa. Estas estructuras abovedadas, sencillas y blancas,
de estrechos pasillos y nichos en las paredes son frecuentes en Cataluña
y parecen tener un origen muy remoto. Algunas de las interpretaciones que
se han dado a la gruta realizada por Gaudí apuntan a su carácter
femenino, a una especie de imagen materna que la enlaza con la idea del
origen, de la Madre Tierra.
A los símbolos cristianos y a los
que guardan alguna referencia con otros más primitivos y relacionados
con la naturaleza, se une el uso que Gaudí hizo de los mitos, fueran
éstos de origen clásico u oriental. El ya citado dragón
de la finca Güell es Ladón, el guardián del jardín
de las Hespérides, según nos cuentan los trabajos de Hércules.
Su uso por parte de Gaudí ofrece una trasposición de
la idea de protección y salvaguarda, pero no ya al jardín
mítico, sino a los espacios de la finca Güell. De este modo,
el relato de Gaudí se enclava después de que la diosa Juno
confiara a Ladón la custodia de las manzanas de oro, pues una vez
que Hércules venció al dragón y se apoderó
de la custodia de las manzanas, este dragón se convirtió
en una constelación celeste. El próximo naranjo de antimonio
simboliza a su vez la riqueza y el misterio presentes en los bosques y
jardines del entorno de la finca, e incluso el fruto de la simiente que
los propietarios sembraron.
Estos personajes míticos que se
unen a los significados del umbral y lo trascienden encuentran una perfecta
aplicación en los espacios arquitectónicos, que suponen un
cercamiento, con cierres y aperturas de territorios. En esta dimensión,
no es extraño que Gaudí aprovechara otro ser mítico,
Pitón, guardián de las aguas subterráneas, en el parque
Güell. Este animal vierte por su boca agua que procede del rebosadero
de las cisternas situadas bajo el templo dórico de ochenta
y seis columnas. Este lagarto que vigilaba las aguas subterráneas
tiene su referente en el animal que se encuentra en el templo de Apolo
en Delfos, también de orden dórico. Este mismo personaje
aparecería en la caseta de la bomba de agua de Bellesguard.
El estilo ecléctico había
abierto la puerta a referencias que podían aparecer en los edificios.
Cuando Gaudí utiliza la orientación solar para significar
espacios sagrados, esto puede retrotraernos a la mitología egipcia
y a los hipogeos de Abu Simbel. En el camino de la Santa Cueva de Montserrat,
el arquitecto proyectó el espacio para el Primer Misterio
Gozoso, el de la Resurrección de Cristo, según el Rosario
Monumental compuesto por las quince partes de esta plegaria. En este espacio
excavó otra cueva, que sería el sepulcro vacío con
las tres Marías, y en lo alto se hallaría un Cristo ascendente.
Los cálculos eran tales que al llegar al alba de Pascua Florida,
coincidente aproximadamente con el equinoccio de primavera, el primer rayo
de sol del día debía proyectarse sobre este cuerpo de Cristo.
El significado de la luz, aprovechando los ciclos y la misma iluminación
natural, y su engarzamiento con la mitología cristiana y la egipcia,
proporcionan un bello ejemplo moderno de un sentimiento religioso eterno.
Pero el genio de Gaudí estableció
complejas mezclas de símbolos y en pocas ocasiones se permitió
el explicarlas. La tortuga estilófora (portadora de una columna)
de la Sagrada Familia resulta ser una versión moderna de las tortugas
chinas o indias, a veces transmutadas en elefantes. Las tortugas estilóforas
son un símbolo oriental antiquísimo. En China a la tortuga
se le llama “kuei” porque su forma recuerda a una esfera, el símbolo
del cosmos nacido del caos. Las cuatro patas o aletas, al apoyarse en los
cuatro puntos cardinales, señalan una orientación correcta.
En la Edad Media la tortuga como base de una torre tenía el significado
de la ciudad de Jerusalén. En el Renacimiento, la Fama sustituye
a la torre, como ocurre en el parque Orsini de Bormazo. De todos modos,
las dos tortugas de la Puerta del Nacimiento que sirven de base a las columnas
se adaptan a la misma ciudad, de forma que la tortuga marina se encuentra
en el lado del mar y la terrestre al lado de la montaña. En esta
fachada del Nacimiento hay también signos zodiacales, que se asocian
a símbolos cristianos y a figuras mitológicas.
Las constelaciones, hechas ya signos de
zodiaco están representadas tal como debieron verse en la noche
del Nacimiento de Cristo. Cada uno de los signos zodiacales se ha convertido
en su correspondiente figura mitológica, en función de las
distintas composiciones que formaban las estrellas de las doce constelaciones
según los antiguos astrónomos.

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