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ARQUITECTURA DEL SIGLO XIX. (II)
GAUDÍ Y EL PANORAMA ARQUITECTÓNICO DE FINALES DE SIGLO 2/6
ISBN 84-9714-009-5
Inmaculada Rodríguez Cunill
 

Un conjunto fundamental de construcciones de Gaudí proviene de la productiva relación con Eusebi Güell, uno de sus mayores protectores y clientes. El primer trabajo que el arquitecto catalán realizó para Güell fueron los pabellones de entrada de la finca que Güell poseía en la avenida Pedralbes. Corrían los años de 1884.  En 1883 Güell había comprado una finca colindante a otra que ya era de su propiedad, en Les Corts de Sarrià. A Gaudí le encargó la construcción de las puertas, pabellones de entrada, reforma de la casa y elementos complementarios del jardín. 

Entre 1884 y 1887, en la reforma de la residencia de Güell, Gaudí añadió una nueva cornisa, dos miradores, diversas chimeneas y una salida al terrado. También hizo el muro de cierre. En él instaló tres entradas: frente al cementerio, otra que da a la actual Facultad de Farmacia, y la principal, en el límite de Les Corts con Sarrià, que da a la avenida de Pedralbes. 
Gaudí utilizó para esas actividades muros de tapia, esquinas y basamentos de piedra de Garraf y paredes de ladrillo visto. 

Cubrió las caballerizas, el picadero y la casa del portero con bóvedas tabicadas de forma paraboloidal o hiperboloidal. Por primera vez en su obra utilizó un elemento decorativo muy característico en su obra posterior, azulejos troceados, que en esta ocasión sirvieron para la decoración de chimeneas, ventiladores y coronaciones. 

Es el uso del color lo que proporciona un carácter vistoso y brillante a estos modestos edificios. Los colores cálidos se combinan gracias a los tonos del ladrillo. Los fríos azules, blancos, verdes y negros corresponden a los revestimientos cerámicos. 

Estas edificaciones realizadas para Güell representan un punto de partida en las innovaciones estructurales que Gaudí aporta a la historia de la arquitectura. Los arcos diafragmáticos de las caballerizas sirven para tender bóvedas parabólicas; los hiperboloides de revolución se presentan en el picadero, comedor y dormitorios de la portería. 

Además, Gaudí proyectó un picadero abierto, un mirador sobre arcos parabólicos, una fuente dedicada a Santa Eulalia y un caño de hierro en forma de dragón chino que fue recuperado en 1983, entre las hiedras del jardín, que ahora es parque público. 

Otro de los elementos más sobresalientes de la forja de hierro en Cataluña se encuentra en esta finca. La reja que se encuentra entre la cuadra y la casa del portero representa a un dragón encadenado. Esta reja se apoya en un pilar de ladrillo y piedra artificial y se mueve alrededor de un único eje vertical. Sobre dicho pilar se encuentra un naranjo de antimonio, que el mismo Gaudí simbolizó, por su combinación con el dragón, con el undécimo trabajo de Hércules en su viaje al jardín de las Hespérides. Estos elementos fueron tomados en homenaje al suegro de Güell, el marqués de Comillas, a quien Jacinto Verdaguer había dedicado su obra La Atlántida, un claro referente literario en estos elementos de la obra de Gaudí. 

La evidente relación con la arquitectura extremo oriental o los elementos islámicos de los muros aportan a la finca un aire que sin embargo se ve superado por el carácter fantasioso y la originalidad del arquitecto. Esta tendencia oriental pudo estar documentada por las colecciones fotográficas con vistas de la India y de El Cairo que Gaudí conoció en la Escuela de Arquitectura cuando estudiaba. A pesar de estas influencias, se trata de la primera obra monumental de Gaudí, un verdadero preludio del palacio de la calle Nou de la Rambla. 

Hay quienes han considerado estas obras de Gaudí como un antecedente de la arquitectura modernista que se desarrolló en Barcelona a fines del siglo XIX y a principios del XX, pero las estructuras que aparecen en estas edificaciones constituyen un obstáculo para tal apreciación. Con el tiempo, estructuras y decoraciones se fundirían en una sola cosa en la obra de Gaudí, pero en estas obras iniciales aún se muestran de forma separada. La percepción de la estructura se consigue especialmente desde el interior, mientras que la decoración se vuelca en cornisas y remates. 

Con la obra desarrollada en la finca de Güell, Gaudí aún se encuentra inmerso en la escuela que encabezaba Joan Martorell, arquitecto de los marqueses de Comillas y en principio también de los Güell. Otros arquitectos también se inscribían en este modo de hacer. Camilo Oliveras i Gensana, por ejemplo, realizó una Casa de Maternidad en Barcelona que ofrece claros contactos con la finca Güell. Cascante i Colom, que había dirigido los trabajos de El Capricho para Gaudí y los proyectos de Martorell en Comillas, se encuentra en la misma línea. Oliveras ayudó en la decoración de tales construcciones. 

Pero Cascante murió en 1889 y Oliveras, en 1899. Los únicos representantes de tal escuela a la entrada del siglo XX serían Martorell y Gaudí, pero Martorell falleció en 1906 y Gaudí ya estaba evolucionando hacia nuevas formas.

De algún modo, estas nuevas formas y las inquietudes del creador estaban patentes en los trabajos realizados en la finca Güell. Tanto la utilización de elementos mitológicos como las aportaciones estructurales en arcos y bóvedas hacen necesario un detenimiento en estos aspectos de la obra del arquitecto. 

5.2 REFERENCIAS RELIGIOSAS, MÍSTICAS Y MITOLÓGICAS.

Gaudí estuvo ligado durante toda su vida a personas de sentimientos espirituales muy vivos. Sus creencias católicas están presentes constantemente en su obra. Además, sus proyectos se ligaron a la actividad creadora de la iglesia y eso hizo que a menudo Gaudí se enfrentara a eclesiásticos que querían imponer en  los edificios opiniones contrarias a las suyas. Por encima de esta relación con los poderes eclesiásticos, el arquitecto expuso su misticismo en su misma obra. Para ello, recogería gran parte de la iconografía católica, especialmente en aquellos trabajos destinados al uso religioso. Las representaciones escultóricas que aparecen en sus edificios  aprovechan procedimientos típicos del trabajo del escultor y del sistema de moldes. Cada edificio muestra un programa iconográfico determinado. El San Jorge de la Casa de los Botines, en León, se aleja de la mera representación del patrón de Cataluña, para adquirir una auténtica significación simbólica, la de la victoria de la justicia sobre la opresión. Inscripciones y anagramas se superponen a muchas de las superficies de sus construcciones. Numerosas cruces coronan las cubiertas y tejados de sus edificios. Pero otros elementos pueden parecer menos reconocibles como elementos simbólicos y sorprende su dimensión semántica cuando se conoce la obra de Gaudí. Si se cuentan las bolas de piedra que se encuentran en el Parque Güell, se sabrá que son exactamente 150, como las cuentas que constan en un rosario. Su disposición acompaña a una plegaria que puede ser entonada por el paseante que camine por el parque. El espíritu religioso que alimenta esta creación sorprende por su integración con el quehacer arquitectónico. 

Otros elementos son más o menos identificables, como la rosa mística que aparece en la parte alta de la fachada de la casa Milá, una obra ya madura.

A menudo los símbolos místicos  utilizados por Gaudí se relacionan con uno de sus temas preferidos, el de la naturaleza. La gruta de la casa del parque Güell es en realidad una gruta artificial que el arquitecto usó como fresquera cuando habitó la casa. Estas estructuras abovedadas, sencillas y blancas, de estrechos pasillos y nichos en las paredes son frecuentes en Cataluña y parecen tener un origen muy remoto. Algunas de las interpretaciones que se han dado a la gruta realizada por Gaudí apuntan a su carácter femenino, a una especie de imagen materna que la enlaza con la idea del origen, de la Madre Tierra. 

A los símbolos cristianos y a los que guardan alguna referencia con otros más primitivos y relacionados con la naturaleza, se une el uso que Gaudí hizo de los mitos, fueran éstos de origen clásico u oriental. El ya citado dragón de la finca Güell es Ladón, el guardián del jardín de las Hespérides, según nos cuentan los trabajos de Hércules. Su uso por parte de Gaudí ofrece una trasposición  de la idea de protección y salvaguarda, pero no ya al jardín mítico, sino a los espacios de la finca Güell. De este modo, el relato de Gaudí se enclava después de que la diosa Juno confiara a Ladón la custodia de las manzanas de oro, pues una vez que Hércules venció al dragón y se apoderó de la custodia de las manzanas, este dragón se convirtió en una constelación celeste. El próximo naranjo de antimonio simboliza a su vez la riqueza y el misterio presentes en los bosques y jardines del entorno de la finca, e incluso el fruto de la simiente que los propietarios sembraron. 

Estos personajes míticos que se unen a los significados del umbral y lo trascienden encuentran una perfecta aplicación en los espacios arquitectónicos, que suponen un cercamiento, con cierres y aperturas de territorios. En esta dimensión, no es extraño que Gaudí aprovechara otro ser mítico, Pitón, guardián de las aguas subterráneas, en el parque Güell. Este animal vierte por su boca agua que procede del rebosadero de las cisternas  situadas bajo el templo dórico de ochenta y seis columnas. Este lagarto  que vigilaba las aguas subterráneas tiene su referente en el animal que se encuentra en el templo de Apolo en Delfos, también de orden dórico.  Este mismo personaje aparecería en la caseta de la bomba de agua de Bellesguard. 

El estilo ecléctico había abierto la puerta a referencias que podían aparecer en los edificios. Cuando Gaudí utiliza la orientación solar para significar espacios sagrados, esto puede retrotraernos a la mitología egipcia y a los hipogeos de Abu Simbel. En el camino de la Santa Cueva de Montserrat, el arquitecto proyectó  el espacio para el Primer Misterio Gozoso, el de la Resurrección de Cristo, según el Rosario Monumental compuesto por las quince partes de esta plegaria. En este espacio excavó otra cueva, que sería el sepulcro vacío con las tres Marías, y en lo alto se hallaría un Cristo ascendente. Los cálculos eran tales que al llegar al alba de Pascua Florida, coincidente aproximadamente con el equinoccio de primavera, el primer rayo de sol del día debía proyectarse sobre este cuerpo de Cristo. El significado de la luz, aprovechando los ciclos y la misma iluminación natural, y su engarzamiento con la mitología cristiana y la egipcia, proporcionan un bello ejemplo moderno de un sentimiento religioso eterno. 

Pero el genio de Gaudí estableció  complejas mezclas de símbolos y en pocas ocasiones se permitió el explicarlas. La tortuga estilófora (portadora de una columna) de la Sagrada Familia resulta ser una versión moderna de las tortugas chinas o indias, a veces transmutadas en elefantes. Las tortugas estilóforas son un símbolo oriental antiquísimo. En China a la tortuga se le llama “kuei” porque su forma recuerda a una esfera, el símbolo del cosmos nacido del caos. Las cuatro patas o aletas, al apoyarse en los cuatro puntos cardinales, señalan una orientación correcta. En la Edad Media la tortuga como base de una torre tenía el significado de la ciudad de Jerusalén. En el Renacimiento, la Fama sustituye a la torre, como ocurre en el parque Orsini de Bormazo. De todos modos, las dos tortugas de la Puerta del Nacimiento que sirven de base a las columnas se adaptan a la misma ciudad, de forma que la tortuga marina se encuentra en el lado del mar y la terrestre al lado de la montaña. En esta fachada del Nacimiento hay también signos zodiacales, que se asocian a símbolos cristianos y a figuras mitológicas.

Las constelaciones, hechas ya signos de zodiaco están representadas tal como debieron verse en la noche del Nacimiento de Cristo. Cada uno de los signos zodiacales se ha convertido en su correspondiente figura mitológica, en función de las distintas composiciones que formaban las estrellas de las doce constelaciones según los antiguos astrónomos.