| La
conjunción de referencias se repite en otros símbolos. La
serpiente bíblica que se halla en el escudo de Cataluña puede
relacionarse con la serpiente de bronce que llevó Moisés
en su travesía del desierto, y que sirvió para salvar a los
judíos de las mordeduras de serpientes venenosas. Pero este reptil,
llamado Nejustán, fue finalmente destruido por haberse convertido
en un ídolo. Esta historia proveniente del Viejo Testamento
contrasta con algunos textos del Nuevo Testamento, cuando en palabras de
Cristo (“sed prudentes como serpientes”), este animal se convierte
en símbolo de virtud. Las interpretaciones para numerosos elementos
de rango simbólico no están, por tanto, claras.
Otros motivos pueden ser adivinados con
más facilidad, pues se retrotraen a la adaptación que el
mundo cristiano efectuó al adaptar a sus bases religiosas los elementos
que formulaban el universo en todas las mitologías antiguas. Los
cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, fueron identificados por
Platón con elementos geométricos (el cubo, el icosaedro,
el octaedro y el tetraedro, respectivamente). El dodecaedro pentagonal
correspondería en el Timeo platónico al simbolismo de la
quintaesencia. Pues bien, cuando el Cristianismo asimila estos elementos
en su discurso, el agua adquiere significado en la purificación
bautismal, el fuego en el amor divino eucarístico, mientras que
el pentágono o el dodecaedro se convierten en la perfección
suma, es decir, en la figura de Cristo. Estas traslaciones se encuentran
presentes en la fachada de la Gloria de la Sagrada Familia. Allí
Gaudí proyectó una escalinata y en el rellano de ésta,
frente a la pila bautismal, un surtidor con un chorro de agua de veinte
metros de altura. Al otro lado, y justo frente a la capilla del Santísimo,
decide que el fuego de la Eucaristía se encuentre siempre presente,
y por ello dispone un tedero, para que arda perpetuamente el fuego eucarístico.
Resulta sorprendente, sin embargo, el
modo en que las mezclas de símbolos están orientadas para
reforzar el espíritu del edificio o las circunstancias en las que
se planteó su construcción, lo que supone un alto grado de
profesionalidad no gratuita, pero sí imaginativa, en la obra de
Gaudí.
5.3 LAS ESTRUCTURAS DE GAUDÍ.
Cuando Gaudí comienza a utilizar
ciertas estructuras arquitectónicas y las hace confluir con un estilo
decorativo libre pero tomando como punto de partida las formas naturales,
comienza a forjarse el verdadero espíritu arquitectónico
del autor. Por eso, y para hacer partícipe al lector de los términos
arquitectónicos que se ponen en juego, se hace necesario plantear
estas novedades estructurales que hacen de las creaciones de Gaudí
unos documentos irrepetibles.
Su innato sentido de la forma y la estabilidad
hizo que en sus primeras obras apareciera el arco parabólico o catenárico.
Se trata del elemento lineal más cercano a la curva de presiones.
También llamado funcional o mecánico, Gaudí lo usó
sin apenas tener en cuenta si su forma podía parecer bonita o fea.
Creía que por el hecho de cumplir su función era el mejor
de todos, ya que dibuja la forma que espontáneamente toman los arcos
al ser cargados.
Los arcos parabólicos muy delgados
le permitieron realizar techos sin vigas, como ocurriría en Bellesguard,
las Teresianas o el desván de La Pedrera. El pasillo del Colegio
Teresiano muestra una forma parabólica muy alargada, los desvanes
de Bellesguard y de la Casa Batlló tienen arcos parabólicos
de ladrillo. Este tipo de arcos se encuentran en numerosas obras del arquitecto,
desde las ya nombradas hasta la cripta de la Colonia Güell en Santa
Coloma de Cervelló.
Gaudí también se señaló
como un buen constructor de falsos arcos, formados a través de las
hiladas sucesivas de ladrillo en voladizo, tal como había visto
en estructuras del campo de Tarragona. Los falsos arcos también
pueden realizarse con piedra, siempre que éstas se sitúen
en sucesivos voladizos. La forma resultante es parabólica. Se trata
de un recurso presente en la arquitectura islámica, y que Gaudí
utilizó repetidamente.
El cálculo inusual, completamente
empírico, de la Colonia Güell resulta ser sintomático
de otro modo de llevar a cabo la idea arquitectónica, alejándose
de los principios de sus contemporáneos. Para ello utilizó
la famosa maqueta estereostática o polifunicular, que estaba formada
por cordeles y saquitos de perdigones. Gaudí calculó las
cargas que se producirían en los arcos y bóvedas de la iglesia
a través de esta maqueta, que determinaba la forma de la estructura
suspendiendo con los cordeles los saquitos de lona. El peso de los
perdigones era proporcional a las cargas calculadas. De este modo,
los cordeles dibujaron espontáneamente las formas del esqueleto
de la futura iglesia. Gaudí sólo tuvo que pasar a su escala
natural las soluciones aportadas por la maqueta estereostática.
El ingenio y la simplicidad de la idea
es lo que hace llamar la atención sobre este modo de cálculo.
Gaudí no fue un calculista numérico, ni se señaló
por adelantarse en las técnicas constructivas (por ejemplo, ignoró
el hormigón armado), pero es el concepto llevado a cabo lo que da
valor a su obra, más allá del procedimiento en que fue construida.
El desarrollo de los edificios de Gaudí responde más a un
comportamiento orgánico de las estructuras que al fruto de un cálculo
numérico. Así, es comprensible que para Gaudí no existiera
distinción entre estructura y decoración. La propia estructura,
según él, debía ser decorativa, y aún más
si se basaba en principios naturales. De ahí su poca seducción
por el hierro, un material que revelaba su valor a partir de imprescindibles
cálculos numéricos y procesos industriales. La necesidad
constructiva y estética a menudo se alejaba de los planteamientos
que se utilizaban en las estructuras metálicas. Ese todo orgánico
que buscaba Gaudí no tendría mucho sentido si se ponía
en práctica a través del hierro.
Otro concepto importante en estas arquitecturas
es el de las superficies regladas. Se denominan superficies regladas
alabeadas a las formadas por líneas rectas pero que describen conjuntamente
una superficie tridimensional. Los cuatro tipos de superficies regladas
fueron utilizados por Gaudí: el hiperboloide, el helicoide, el paraboloide
hiperbólico y el conoide. Las estructuras en las que fueron aplicadas
las superficies regladas fueron bóvedas, muros y pilares.
ALGUNAS APORTACIONES DE GAUDÍ
ANTES DEL FIN DEL SIGLO XIX: EL PALACIO GÜELL, LAS BODEGAS GÜELL
Y LA CASA CALVET.
En 1886 Güell encargaría a
Gaudí la construcción de una casa palacio en Barcelona, que
con el tiempo pasaría a ser el Museo de Arte Escénico de
la ciudad. El palacio Güell sería la primera gran obra del
arquitecto. Es cierto que desde 1883 se ocupaba de la Sagrada Familia,
pero la lentitud de los trabajos y el boceto anterior de Villar hicieron
que las líneas maestras del proyecto de Gaudí aún
no estuvieran formadas.
Cuando Güell quiso construirse una
mansión digna del nivel que habían alcanzado sus negocios
en la calle Nou de la Rambla y pensó en Gaudí, éste
aprovechó la ocasión. Era aún un arquitecto joven,
y esta sería una oportunidad única, por lo que se empeñó
en crear un edificio en todo singular. La distribución puede parecer
en principio bastante tradicional, pero la traza sugestiva y el sentido
rítmico ascencional revelan la complejidad de dicha distribución.
El edificio se compone de un sótano con caballeriza, una planta
baja en la que se encuentran el vestíbulo y la cochera, un entresuelo
que sirve de despacho, una planta noble con el salón de estar, el
de recibir, las salas de confianza y un comedor sobre la terraza del patio.
En el primer piso se ubican dormitorios y servicios; en el segundo, las
habitaciones de la servidumbre.
El reparto de los volúmenes se
adapta a las necesidades de este hombre de negocios, pero se realiza de
un modo libre, con criterios simultáneos de decoración y
funcionalidad. La Caballeriza parece casi un bosque de pilares y de columnas
de ladrillo visto, y sus capiteles fundiformes soportan pequeñas
bóvedas tabicadas. La fachada, de piedra gris de Garraf, tiene una
tribuna corrida en el primer piso. Dos grandes arcos parabólicos
se extienden para formar las puertas, cuyas rejas parecen la trama de un
tapiz metálico, ingenioso y verdaderamente espectacular.
También en la planta baja encontramos
la presencia de los metales. Hay forjados de hierro y piedra que retoman
la idea de Viollet-le-Duc de que el hierro tiene no sólo posibilidades
estructurales sino también, y simultáneamente, decorativas.
Esto depende, claro está, del creador, y no del mismo material.
Similar aplicación del pensamiento de Viollet-le-Duc se plasma en
los salones que dan a la calle Nou. Unos hierros helicoidales dorados provocan
un gran efecto decorativo, pero simultáneamente se definen por su
función estructural, ya que son los que sostienen el pavimento del
piso superior, que no tiene forjado de vigas en esa parte. Estos hierros,
combinados con los bellos artesonados de madera de ciprés y eucalipto
confieren al techo una belleza decorativa extrema.
Las vigas que forman la estructura de
la azotea también son metálicas. Su composición,
con cambiantes inclinaciones, proporciona un paraboloide hiperbólico,
forma que ya comenzó a interesar a Gaudí por su facilidad
constructiva y excelente comportamiento mecánico. Se trata de una
aplicación estructural temprana para Gaudí, pero que se desarrollaría
en proyectos venideros.
También las bóvedas bizantinas
de ladrillo, planísimas, revelan gran virtuosismo en el magnífico
trabajo de cortar este material, la estereotomía. El gran hall se
cubre con una estructura cupular doble que se apoya en arcos de piedra
de forma parabólica, que descansa a su vez en una estructura de
piedra y hierro. La parte superior de esta cúpula, de cuerpo cónico,
asoma al terrado y se remata con la rosa de los vientos y la cruz, mientras
que la interior es parabólica. Ambas cúpulas tienen correspondencias
geométricas. A los pequeños lucernarios de la cúpula
cónica le corresponden huecos en forma estrellada en la cúpula
inferior. Esta solución permite el paso de la luz diurna hasta el
gran salón, un lugar que tuvo usos múltiples. El gran salón
acogió tanto reuniones de poetas, como tertulias sociales o estrenos
de obras musicales. Estas actividades se posibilitaban además por
la presencia de un órgano y de una capilla con puertas.
Aparte de las soluciones estructurales
aportadas por el arquitecto catalán, los hallazgos decorativos se
corporeizan en nuevas formas. En la azotea, acompañan al cono de
la cúpula dieciocho chimeneas y ventiladores con sombreretes de
formas muy variadas, algunos terminados con la solución del azulejo
troceado y otros compuestos con ladrillo visto o piedras, lo que constituye
en conjunto un gran derroche imaginativo en el que se muestra que Gaudí
continua constantemente inventando formas de manera libre. A pesar de esta
libertad, el palacio Guell manifiesta estéticamente un aspecto unitario
en el que conviven variedad de formas y materiales: ladrillos piedras de
Garraf de distintos colores se mezclan con elementos de hierro y madera
que son ornamento y estructura a la vez. Aunque hoy en día el palacio
Güell sea un museo, lo más admirado por los visitantes continúa
siendo este edificio, tal vez el último gran palacio particular
que se construyó en Barcelona, casi como si tuviera resabios de
los palazzi renacentistas, pero con distribución de volúmenes
que apenas tiene que ver con los modelos italianos.
También para Güell, Gaudí
realizó un proyecto ubicado en una zona un poco más alejada
de la capital, en Sitges. Las bodegas Güell estaban situadas al lado
de unas construcciones que servían de lagares y que antiguamente
habían pertenecido a la catedral de Barcelona. Eusebi Güell
producía allí un vino que servía en los vapores
de la compañía Transatlántica.
En el archivo municipal de Sitges se encuentra
un plano de la planta para la construcción de un almacén
en la carretera de la costa, en lugar denominado Garraf, donde estarían
finalmente las Bodegas Güell. El plano nos aporta información
interesante. Está firmado por Gaudí, Eusebi Güell
y su apoderado, el poeta de Mallorca Ramón Picó i Campamar.
La fecha que figura en el mismo es la de enero de 1895. Este documento
sirve para desmentir la atribución de tal edificio a Francesc Berenguer.
Se conocía la fecha en que la construcción fue terminada:
1901, pero no la del proyecto de la misma. Gracias a los datos que aporta
este plano se puede decir que fue obra de Gaudí, con la asidua colaboración
de su ayudante y amigo Francesc Berenguer i Mestres.
Pero en el mismo edificio se pueden
observar las características del estilo de Gaudí. A menudo
su aspecto se ha emparentado con el de una pagoda china y, desde luego,
no le son ajenas las influencias orientales. Es una construcción
alargada y alta, de tres pisos. En el inferior se hallan los almacenes,
en el intermedio las viviendas y en el superior la capilla. La cubierta,
un elemento de gran importancia en la obra de Gaudí, manifiesta
en esta ocasión una aguda disposición inclinada, y se compone
de placas de losas de piedra sobre los muros de ladrillos. El perfil resultante
de la construcción es triangular. En realidad la cubierta constituye
todo el edificio, desde los cimientos, asemejándose en la forma
a una tienda de campaña. En los muros inclinados se abren las ventanas
a modo de lucarnas. Los remates del edificio son una pequeña espadaña
donde se ubica la campana y las chimeneas, que resultan ser una evolución
de los ventiladores que diseñó para el palacio Güell.
El aspecto de la construcción,
cubierta con piedra del lugar, se integra perfectamente en el entorno,
sobre todo porque éste se convirtió en un páramo yermo
después de la devastadora plaga de filoxera que se cebó en
las viñas de los alrededores a fines del siglo pasado. Esta unión
con el entorno también fue aprovechada por Gaudí a la hora
de unir una antigua torre defensiva medieval con su edificación.
Lo hizo a través de un puente de arco parabólico en
el que aparece el perfil de un escudo diseñado para Güell pero
que finalmente no se esculpió. Al menos sí queda, para eternizar
la presencia del cliente, una “G” de Güell. Se encuentra realizada
con una incisión epigráfica gaudiniana, en la galería,
delante de la capilla.

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