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ARQUITECTURA DEL SIGLO XIX. (II)
GAUDÍ Y EL PANORAMA ARQUITECTÓNICO DE FINALES DE SIGLO 3/6
ISBN 84-9714-009-5
Inmaculada Rodríguez Cunill
 

La conjunción de referencias se repite en otros símbolos. La serpiente bíblica que se halla en el escudo de Cataluña puede relacionarse con la serpiente de bronce que llevó Moisés en su travesía del desierto, y que sirvió para salvar a los judíos de las mordeduras de serpientes venenosas. Pero este reptil, llamado Nejustán, fue finalmente destruido por haberse convertido en un ídolo. Esta historia proveniente del Viejo Testamento  contrasta con algunos textos del Nuevo Testamento, cuando en palabras de Cristo  (“sed prudentes como serpientes”), este animal se convierte en símbolo de virtud. Las interpretaciones para numerosos elementos de rango simbólico no están, por tanto, claras. 

Otros motivos pueden ser adivinados con más facilidad, pues se retrotraen a la adaptación que el mundo cristiano efectuó al adaptar a sus bases religiosas los elementos que formulaban el universo en todas las mitologías antiguas. Los cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, fueron identificados por Platón con elementos geométricos (el cubo, el icosaedro, el octaedro y el tetraedro, respectivamente). El dodecaedro pentagonal correspondería en el Timeo platónico al simbolismo de la quintaesencia.  Pues bien, cuando el Cristianismo asimila estos elementos en su discurso, el agua adquiere significado en la purificación bautismal, el fuego en el amor divino eucarístico, mientras que el pentágono o el dodecaedro se convierten en la perfección suma, es decir, en la figura de Cristo. Estas traslaciones se encuentran presentes en la fachada de la Gloria de la Sagrada Familia. Allí Gaudí proyectó una escalinata y en el rellano de ésta, frente a la pila bautismal, un surtidor con un chorro de agua de veinte metros de altura. Al otro lado, y justo frente a la capilla del Santísimo, decide que el fuego de la Eucaristía se encuentre siempre presente, y por ello dispone un tedero, para que arda perpetuamente el fuego eucarístico.

Resulta sorprendente, sin embargo, el modo en que las mezclas de símbolos están orientadas para reforzar el espíritu del edificio o las circunstancias en las que se planteó su construcción, lo que supone un alto grado de profesionalidad no gratuita, pero sí imaginativa, en la obra de Gaudí.

5.3 LAS ESTRUCTURAS DE GAUDÍ.

Cuando Gaudí comienza a utilizar ciertas estructuras arquitectónicas y las hace confluir con un estilo decorativo libre pero tomando como punto de partida las formas naturales, comienza a forjarse el verdadero espíritu arquitectónico del autor. Por eso, y para hacer partícipe al lector de los términos arquitectónicos que se ponen en juego, se hace necesario plantear estas novedades estructurales que hacen de las creaciones de Gaudí unos documentos irrepetibles.

Su innato sentido de la forma y la estabilidad hizo que en sus primeras obras apareciera el arco parabólico o catenárico. Se trata del elemento lineal más cercano a la curva de presiones. También llamado funcional o mecánico, Gaudí lo usó sin apenas tener en cuenta si su forma podía parecer bonita o fea. Creía que por el hecho de cumplir su función era el mejor de todos, ya que dibuja la forma que espontáneamente toman los arcos al ser cargados. 

Los arcos parabólicos muy delgados le permitieron realizar techos sin vigas, como ocurriría en Bellesguard, las Teresianas o el desván de La Pedrera. El pasillo del Colegio Teresiano muestra una forma parabólica muy alargada, los desvanes de Bellesguard y de la Casa Batlló tienen arcos parabólicos de ladrillo. Este tipo de arcos se encuentran en numerosas obras del arquitecto, desde las ya nombradas hasta la cripta de la Colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló. 

Gaudí también se señaló como un buen constructor de falsos arcos, formados a través de las hiladas sucesivas de ladrillo en voladizo, tal como había visto en estructuras del campo de Tarragona. Los falsos arcos también pueden realizarse con piedra, siempre que éstas se sitúen en sucesivos voladizos. La forma resultante es parabólica. Se trata de un recurso presente en la arquitectura islámica, y que Gaudí utilizó repetidamente.

El cálculo inusual, completamente empírico, de la Colonia Güell resulta ser sintomático de otro modo de llevar a cabo la idea arquitectónica, alejándose de los principios de sus contemporáneos. Para ello utilizó la famosa maqueta estereostática o polifunicular, que estaba formada por cordeles y saquitos de perdigones. Gaudí calculó las cargas que se producirían en los arcos y bóvedas de la iglesia a través de esta maqueta, que determinaba la forma de la estructura suspendiendo con los cordeles  los saquitos de lona. El peso de los perdigones era proporcional a las cargas calculadas. De este modo,  los cordeles dibujaron espontáneamente las formas del esqueleto de la futura iglesia. Gaudí sólo tuvo que pasar a su escala natural las soluciones aportadas por la maqueta estereostática. 

El ingenio y la simplicidad de la idea es lo que hace llamar la atención sobre este modo de cálculo. Gaudí no fue un calculista numérico, ni se señaló por adelantarse en las técnicas constructivas (por ejemplo, ignoró el hormigón armado), pero es el concepto llevado a cabo lo que da valor a su obra, más allá del procedimiento en que fue construida. El desarrollo de los edificios de Gaudí responde más a un comportamiento orgánico de las estructuras que al fruto de un cálculo numérico. Así, es comprensible que para Gaudí no existiera distinción entre estructura y decoración. La propia estructura, según él, debía ser decorativa, y aún más si se basaba en principios naturales. De ahí su poca seducción por el hierro, un material que revelaba su valor a partir de  imprescindibles cálculos numéricos y procesos industriales. La necesidad constructiva y estética a menudo se alejaba de los planteamientos que se utilizaban en las estructuras metálicas. Ese todo orgánico que buscaba Gaudí no tendría mucho sentido si se ponía en práctica a través del hierro.

Otro concepto importante en estas arquitecturas es el de las superficies regladas.  Se denominan superficies regladas alabeadas a las formadas por líneas rectas pero que describen conjuntamente una superficie tridimensional. Los cuatro tipos de superficies regladas fueron utilizados por Gaudí: el hiperboloide, el helicoide, el paraboloide hiperbólico y el conoide. Las estructuras en las que fueron aplicadas las superficies regladas fueron bóvedas, muros y pilares. 

ALGUNAS APORTACIONES DE GAUDÍ ANTES DEL FIN DEL SIGLO XIX: EL PALACIO GÜELL,  LAS BODEGAS GÜELL Y LA CASA CALVET.

En 1886 Güell encargaría a Gaudí la construcción de una casa palacio en Barcelona, que con el tiempo pasaría a ser el Museo de Arte Escénico de la ciudad. El palacio Güell sería la primera gran obra del arquitecto. Es cierto que desde 1883 se ocupaba de la Sagrada Familia, pero la lentitud de los trabajos y el boceto anterior de Villar  hicieron que las líneas maestras del proyecto de Gaudí aún no estuvieran formadas. 

Cuando Güell quiso construirse una mansión digna del nivel que habían alcanzado sus negocios en la calle Nou de la Rambla y pensó en Gaudí, éste aprovechó la ocasión. Era aún un arquitecto joven, y esta sería una oportunidad única, por lo que se empeñó en crear un edificio en todo singular. La distribución puede parecer  en principio bastante tradicional, pero la traza sugestiva y el sentido rítmico ascencional revelan la complejidad de dicha distribución. El edificio se compone de un sótano con caballeriza, una planta baja en la que se encuentran el vestíbulo y la cochera, un entresuelo que sirve de despacho, una planta noble con el salón de estar, el de recibir, las salas de confianza y un comedor sobre la terraza del patio. En el primer piso se ubican dormitorios y servicios; en el segundo, las habitaciones de la servidumbre. 

El reparto de los volúmenes se adapta a las necesidades de este hombre de negocios, pero se realiza de un modo libre, con criterios simultáneos de decoración y funcionalidad. La Caballeriza parece casi un bosque de pilares y de columnas de ladrillo visto, y sus capiteles fundiformes soportan pequeñas bóvedas tabicadas. La fachada, de piedra gris de Garraf, tiene una tribuna corrida en el primer piso. Dos grandes arcos parabólicos se extienden para formar las puertas, cuyas rejas parecen la trama de un tapiz metálico, ingenioso y verdaderamente espectacular.
También en la planta baja encontramos la presencia de los metales. Hay forjados de hierro y piedra que retoman la idea de Viollet-le-Duc de que  el hierro tiene no sólo posibilidades estructurales sino  también, y simultáneamente, decorativas. Esto depende, claro está, del creador, y no del mismo material. Similar aplicación del pensamiento de Viollet-le-Duc se plasma en los salones que dan a la calle Nou. Unos hierros helicoidales dorados provocan un gran efecto decorativo, pero simultáneamente se definen por su función estructural, ya que son los que sostienen el pavimento del piso superior, que no tiene forjado de vigas en esa parte. Estos hierros, combinados con los bellos artesonados de madera de ciprés y eucalipto confieren al techo una belleza decorativa extrema.

Las vigas que forman la estructura de la azotea también  son metálicas. Su composición, con cambiantes inclinaciones, proporciona un paraboloide hiperbólico, forma que ya comenzó a interesar a Gaudí por su facilidad constructiva y excelente comportamiento mecánico. Se trata de una aplicación estructural temprana para Gaudí, pero que se desarrollaría en proyectos venideros.
También las bóvedas bizantinas de ladrillo, planísimas, revelan gran virtuosismo en el magnífico trabajo de cortar este material, la estereotomía. El gran hall se cubre con una estructura cupular doble que se apoya en arcos de piedra de forma parabólica, que descansa a su vez en una estructura de piedra y hierro. La parte superior de esta cúpula, de cuerpo cónico, asoma al terrado y se remata con la rosa de los vientos y la cruz, mientras que la interior es parabólica. Ambas cúpulas tienen correspondencias geométricas. A los pequeños lucernarios de la cúpula cónica le corresponden huecos en forma estrellada en la cúpula inferior. Esta solución permite el paso de la luz diurna hasta el gran salón, un lugar que tuvo usos múltiples. El gran salón acogió tanto reuniones de poetas, como tertulias sociales o estrenos de obras musicales. Estas actividades se posibilitaban además por la presencia de un órgano y de una capilla con puertas. 

Aparte de las soluciones estructurales aportadas por el arquitecto catalán, los hallazgos decorativos se corporeizan en nuevas formas. En la azotea, acompañan al cono de la cúpula dieciocho chimeneas y ventiladores con sombreretes de formas muy variadas, algunos terminados con la solución del azulejo troceado y otros compuestos con ladrillo visto o piedras, lo que constituye en conjunto un gran derroche imaginativo en el que se muestra que Gaudí continua constantemente inventando formas de manera libre. A pesar de esta libertad, el palacio Guell manifiesta estéticamente un aspecto unitario en el que conviven variedad de formas y materiales: ladrillos piedras de Garraf de distintos colores se mezclan con elementos de hierro y madera que son ornamento y estructura a la vez. Aunque hoy en día el palacio Güell sea un museo, lo más admirado por los visitantes continúa siendo este edificio, tal vez el último gran palacio particular que se construyó en Barcelona, casi como si tuviera resabios de los palazzi renacentistas, pero con distribución de volúmenes que apenas tiene que ver con los modelos italianos. 

También para Güell, Gaudí realizó un proyecto ubicado en una zona un poco más alejada de la capital, en Sitges. Las bodegas Güell estaban situadas al lado de unas construcciones que servían de lagares y que antiguamente habían pertenecido a la catedral de Barcelona. Eusebi Güell producía allí un vino  que servía en los vapores de la compañía Transatlántica. 

En el archivo municipal de Sitges se encuentra un plano de la planta para la construcción de un almacén en la carretera de la costa, en lugar denominado Garraf, donde estarían finalmente las Bodegas Güell. El plano nos aporta información interesante. Está firmado por Gaudí, Eusebi Güell  y su apoderado, el poeta de Mallorca Ramón Picó i Campamar. La fecha que figura en el mismo es la de enero de 1895. Este documento sirve para desmentir la atribución de tal edificio a Francesc Berenguer. Se conocía la fecha en que la construcción fue terminada: 1901, pero no la del proyecto de la misma. Gracias a los datos que aporta este plano se puede decir que fue obra de Gaudí, con la asidua colaboración de su ayudante y amigo Francesc Berenguer i Mestres.
 Pero en el mismo edificio se pueden observar las características del estilo de Gaudí. A menudo su aspecto se ha emparentado con el de una pagoda china y, desde luego, no le son ajenas las influencias orientales. Es una construcción alargada y alta, de tres pisos. En el inferior se hallan los almacenes, en el intermedio las viviendas y en el superior la capilla. La cubierta, un elemento de gran importancia en la obra de Gaudí, manifiesta en esta ocasión una aguda disposición inclinada, y se compone de placas de losas de piedra sobre los muros de ladrillos. El perfil resultante de la construcción es triangular. En realidad la cubierta constituye todo el edificio, desde los cimientos, asemejándose en la forma a una tienda de campaña. En los muros inclinados se abren las ventanas a modo de lucarnas. Los remates del edificio son una pequeña espadaña donde se ubica la campana y las chimeneas, que resultan ser una evolución de los ventiladores que diseñó para el palacio Güell.

 El aspecto de la construcción, cubierta con piedra del lugar, se integra perfectamente en el entorno, sobre todo porque éste se convirtió en un páramo yermo después de la devastadora plaga de filoxera que se cebó en las viñas de los alrededores a fines del siglo pasado. Esta unión con el entorno también fue aprovechada por Gaudí a la hora de unir una antigua torre defensiva medieval con su edificación. Lo hizo a través de un puente  de arco parabólico en el que aparece el perfil de un escudo diseñado para Güell pero que finalmente no se esculpió. Al menos sí queda, para eternizar la presencia del cliente, una  “G” de Güell. Se encuentra realizada con una incisión epigráfica gaudiniana, en la galería, delante de la capilla.