| Teatros
y casinos.
Por otra parte, la importancia de la burguesía
posibilita la construcción de numerosos edificios que sirvan para
su entretenimiento. Los casinos llegan a competir con las arquitecturas
de rango monumental. San Sebastián, una localidad escogida como
destino de veraneo, tendrá un lujoso casino construido entre 1882
y 1887, que con el tiempo llegaría a ser el Ayuntamiento de la ciudad.
Luis Aladrén y Adolfo Morales de los Ríos, que trabajaron
conjuntamente para la Diputación de Guipúzcoa en la misma
ciudad, se unen también en este proyecto, configurando un típico
edificio ecléctico que se inspira en modelos franceses. El casino
se ubicó entre la Parte Vieja y el Ensanche, en un lugar privilegiado
desde el que se dominaban los jardines inmediatos a la playa. Esta ubicación
favoreció que se pudiera realizar un edificio exento. El referente
de los ideadores parece ser el casino más famoso del mundo, el de
Montecarlo, una obra de Garnier fechada en 1879. La dimensión espectacular
del casino de San Sebastián obedece a su misma función, pues
sus espacios (torres, terrazas, escalera principal, salón de fiestas...)
son una prolongación de otros espacios sociales que iba demandando
la burguesía del XIX. Después de esta colaboración
con Luis Aladrén, Adolfo Morales, que había destacado también
en otras construcciones en España, continuaría su vida y
obra en Brasil.
Por otra parte, los espacios de la ficción
teatral lograron un refinamiento decorativo inédito, debido a que
en el último tercio del siglo se formaron unos talleres de decoradores,
pintores, estucadores, etc. de magnífica calidad, y todo ello revirtió
en una gran elegancia en el interior de los teatros. Los lenguajes que
podemos encontrar dentro de estos espacios no están establecidos.
El eclecticismo proporcionaba un amplio abanico que se materializaba de
muy diferentes modos. El Teatro de la Princesa en Madrid (hoy María
Guerrero), de Ortiz de Villajos, de 1885, aporta una interesante
organización de la sala y sus aledaños. El edificio
se encuentra en un camino de búsqueda, en un apartamiento de los
modelos clásicos, pero con momentáneos hallazgos parciales.
Algo parecido ocurría con el Teatro del Liceo de Barcelona, por
Oriol Mestres (1861).
Pero el teatro ecléctico por excelencia
sería elaborado por Joaquín Rucoba en Bilbao. El Teatro Arriaga
(1885) respondió a la ambición cosmopolita e internacional
de la sociedad bilbaína de este siglo. Se trataba de una arquitectura
viva, en la que sus fachadas, interiores, su construcción y acústica,
y sus usos comerciales en la planta baja y la principal, alimentaban las
expectativas burguesas. De nuevo, el modelo era la arquitectura francesa,
y especialmente Garnier.
Otros teatros son también dignos
ejemplos del eclecticismo. El Teatro Cervantes de Málaga (1870),
obra de Jerónimo Cuervo (1836-1898), el Teatro Rojas de Toledo,
debido a Ramiro Amador de los Ríos, el Teatro Romea
en Murcia, construido según los planos de Justo Millán e
inaugurado en 1880, o el Teatro Campoamor en Oviedo, construido entre
1883 y 1892 por Siro Borrajo y José López Slaberry.
El gusto ecléctico en la sociedad
de la Restauración fue forjándose no sólo a través
de estos espacios, sino de arquitecturas efímeras como son las que
componen las escenografías teatrales. Estas escenografías
se debieron principalmente a pintores que imaginaron arquitecturas fantásticas
que nunca serían construidas, sino simuladas. Las soluciones aportadas
desde el terreno escenográfico contribuyeron a llevar nuevos colores,
luces a la arquitectura y a hacer que el público ya las tuviera
asimiladas en su mente, incluso antes de que el eclecticismo estuviera
en su época de auge. De este modo, la arquitectura real terminó
teniendo efectos de la arquitectura imaginada de los escenarios, al igual
que antaño los retablos influyeron en la estética de las
fachadas de los edificios. El dominio del dibujo, del espacio y de la representación
arquitectónica son las armas de unos escenógrafos geniales
que trabajan en el último tercio del siglo XIX, como son Soler Rovirosa,
Salvador Alarma o Mauricio Vilumara. De algún modo, como se muestra
en el Monumento a Alfonso XII del parque del Retiro (1902), la arquitectura
ecléctica es una arquitectura de la puesta en escena.
Edificios para acoger el movimiento
bancario y bursátil.
La creación de edificios para acoger
el movimiento bancario y bursátil se debe sobre todo a la pujanza
de Europa como poder económico. Aunque España no se encontraba
a la altura de Europa, sí comenzaba a experimentar cierto desarrollo
que proporcionó la posibilidad de que se construyeran algunos edificios
de finalidades económicas. En la sede del Banco de España,
construido por Eduardo de Adaro (1848-1906), se materializa un monumental
edificio, solemne pero funcional. El actual Banco de España se debe
a una ampliación de 1927, pero en su origen el proyecto de Adaro
tuvo en la confluencia del Paseo del Prado y la plaza de Cibeles un primer
recinto más reducido.
Enrique Repullés y Vargas utilizó
la referencia clásica para la traza del edificio de la Bolsa, construido
a partir de 1884, en la misma época que el Banco de España.
El sabor clásico se comprueba sobre todo en el pórtico exástilo
que encabeza su frente y en la Sala de Contrataciones del interior del
edificio.
En Barcelona, el Banco Mercantil, conocido
popularmente como “El Bolsín”, se debió a Riberi Sabater
i Carné (1852-h.1929). Su construcción, que duró de
1881 a 1883, tuvo un complejo planteamiento debido a que el edificio debía
ubicarse en unos terrenos bastante irregulares. No podía levantarse
una fachada muy solemne, por las limitaciones de su estrechez. Sin embargo,
Sabater supo utilizar un lenguaje ecléctico con regusto clásico
que hace de este edificio un digno ejemplo de las construcciones eclécticas.
Edificios de carácter cultural.
Museos, Archivos Provinciales, Escuelas
y Facultades universitarias se multiplican en este último tercio
de siglo. El caso más relevante de arquitectura de carácter
cultural responde a la construcción del edificio de la Real Academia
Española. Su arquitecto, Miguel Aguado (1842-1896), sin duda influido
por la función del mismo y la historia de la academia, adoptó
elementos con marcado talante clásico. También la obra de
Ricardo Velázquez Bosco manifiesta resabios clasicistas cuando reviste
la fachada del Casón del Buen Retiro en 1887.
Más al norte, el Archivo Provincial
de Navarra, proyectado en 1887, también utiliza recurso clásicos,
si bien el edificio manifiesta una gran apertura ecléctica y no
encerrada en normas. Su construcción se debe a Florencio de
Ansoleaga (1846-1916).
Como puede comprobarse, el carácter
cultural del edificio puede influir para que el proyecto adopte resabios
de la antigüedad. Sin embargo, esta norma no es generalizada cuando
hablamos de edificios eclécticos, puesto que las referencias pueden
ser tomadas tanto de estilos regionales, como de zonas exóticas
y alejadas a nuestra geografía.
En 1886 se proyectó para Zaragoza,
concretamente para la Facultad de Medicina y Ciencias, un edificio vinculado
a la tradición renacentista aragonesa. Su autor, Ricardo Magdalena
(1849-1910) utilizó el ladrillo para su construcción. Muy
diferente es otro ejemplo importante de arquitectura ecléctica,
en el que se toma como referencia el antiguo Egipto. Así ocurre
con el Museo Balaguer, construido en Vilanova i la Geltrú entre
1882 y 1884, obra debida a Jeroni Granell i Mundet (1834-1889). El
lenguaje neoegipcio utilizado por Granell se despliega a lo largo de una
fachada principal en la que pilastras y columnas levantan un armonioso
frontón curvo.
La arquitectura ecléctica religiosa.
La obra de Juan Martorell y Montells (1833-1906)
resulta muy sintomática en el último tercio del siglo XIX,
pues muestra la transición desde los intereses medievalistas hasta
un eclecticismo que es claro precedente de posturas modernistas. En su
iglesia de las Salesas en Barcelona proyectada en 1882 y finalizada en
1885, están presentes elementos góticos, pero su tratamiento
es muy libre. Las formas medievales se complican y se recrean en un ejercicio
brillante. Aunque no llegue a lo que hizo Gaudí, la obra de Martorell
supone un paso más en lo alcanzado, por ejemplo, por Casademunt
en su obra póstuma, el Sagrado Corazón de Sarrià.
El deterioro de la iglesia de las Salesas no ha impedido comprobar que
Martorell se presenta como un eslabón intermedio entre la apropiación
de la historia de la arquitectura y su recreación con una libertad
absoluta. Las escalas y las combinaciones de volúmenes, los contrastes
de color, texturas y materiales proporcionan un sentido nuevo de rango
ecléctico. Otras iglesias realizadas por Martorell para las órdenes
religiosas de los jesuitas o los claretianos no alcanzan el punto conseguido
para las Salesas. Sus proyectos para las adoratrices y para el Sagrado
Corazón se basaron de nuevo en la plasmación de reminiscencias
medievales, pero en estas ocasiones tomando como referencia los elementos
románicos y bizantinos. Martorell también realizó
un bellísimo proyecto para la catedral de Barcelona en 1882, un
proyecto que muestra elementos hipertrofiados que sólo son comprensibles
dentro de la corriente ecléctica.
Alejándonos de la zona catalana,
en el Seminario Pontificio de Comillas, realizado entre 1883 y 1889, Martorell
parte del gótico para establecer una llamativa recreación
en fachadas y patios. Más tarde, a partir de 1889, Luis Domènech
creará la escalera principal y la fachada que da acceso al seminario,
con superficies de ladrillos y cerámicas. Comillas significó
un amplio campo de trabajo para Martorell en el que plasmar un eclecticismo
de tendencia goticista que está presente en el Palacio de Sobrellano
y en la capilla funeraria de los Marqueses de Comillas.
Otras obras religiosas de talante ecléctico
son también reseñables. Ortiz de Villajos construyó
una iglesia en la calle Princesa de Madrid, la iglesia del Buen Retiro,
inaugurada en 1867 y hoy desaparecida. En ella Ortiz de Villajos
partió de nuevo de los matices goticistas para una recreación
ecléctica.
Por último, un proyecto inconcluso
de Fernando Arbós (1840-1926) para al edificación de la nueva
basílica de Nuestra Señora de Atocha en Madrid mostraba unas
pretensiones ambiciosas en una iglesia que se hallaría ligada a
un panteón de españoles ilustres. Aunque poco se construyó
para este proyecto, se puede destacar un campanario revestido con
policromías blancas y grises como los templos románicos y
góticos de Florencia y Siena.
BIBLIOGRAFÍA
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