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ARQUITECTURA DEL SIGLO XIX. (II) 6/6
ARQUITECTURA DEL ÚLTIMO TERCIO DE SIGLO 
ISBN 84-9714-009-5
Inmaculada Rodríguez Cunill
 

Teatros y casinos.

Por otra parte, la importancia de la burguesía posibilita la construcción de numerosos edificios que sirvan para su entretenimiento. Los casinos llegan a competir con las arquitecturas de rango monumental. San Sebastián, una localidad escogida como destino de veraneo, tendrá un lujoso casino construido entre 1882 y 1887, que con el tiempo llegaría a ser el Ayuntamiento de la ciudad.  Luis Aladrén y Adolfo Morales de los Ríos, que trabajaron conjuntamente para la Diputación de Guipúzcoa en la misma ciudad, se unen también en este proyecto, configurando un típico edificio ecléctico que se inspira en modelos franceses. El casino se ubicó entre la Parte Vieja y el Ensanche, en un lugar privilegiado desde el que se dominaban los jardines inmediatos a la playa. Esta ubicación favoreció que se pudiera realizar un edificio exento. El referente de los ideadores parece ser el casino más famoso del mundo, el de Montecarlo, una obra de Garnier fechada en 1879. La dimensión espectacular del casino de San Sebastián obedece a su misma función, pues sus espacios (torres, terrazas, escalera principal, salón de fiestas...)  son una prolongación de otros espacios sociales que iba demandando la burguesía del XIX. Después de esta colaboración con Luis Aladrén, Adolfo Morales, que había destacado también en otras construcciones en España, continuaría su vida y obra en Brasil. 

Por otra parte, los espacios de la ficción teatral lograron un refinamiento decorativo inédito, debido a que en el último tercio del siglo se formaron unos talleres de decoradores, pintores, estucadores, etc. de magnífica calidad, y todo ello revirtió en una gran elegancia en el interior de los teatros. Los lenguajes que podemos encontrar dentro de estos espacios no están establecidos. El eclecticismo proporcionaba un amplio abanico que se materializaba de muy diferentes modos. El Teatro de la Princesa en Madrid (hoy María Guerrero), de Ortiz de Villajos,  de 1885, aporta una interesante organización de la sala y sus aledaños.  El edificio se encuentra en un camino de búsqueda, en un apartamiento de los modelos clásicos, pero con momentáneos hallazgos parciales. Algo parecido ocurría con el Teatro del Liceo de Barcelona, por Oriol Mestres (1861). 

Pero el teatro ecléctico por excelencia sería elaborado por Joaquín Rucoba en Bilbao. El Teatro Arriaga (1885) respondió a la ambición cosmopolita  e internacional de la sociedad bilbaína de este siglo. Se trataba de una arquitectura viva, en la que sus fachadas, interiores, su construcción y acústica, y sus usos comerciales en la planta baja y la principal, alimentaban las expectativas burguesas. De nuevo, el modelo era la arquitectura francesa, y especialmente Garnier.
Otros teatros son también dignos ejemplos del eclecticismo. El Teatro Cervantes de Málaga (1870), obra de Jerónimo Cuervo (1836-1898), el Teatro Rojas de Toledo, debido a  Ramiro Amador de los Ríos,  el Teatro Romea en Murcia, construido según los planos de Justo Millán e inaugurado en 1880, o el Teatro Campoamor en Oviedo, construido  entre 1883 y 1892 por Siro Borrajo y José López Slaberry. 

El gusto ecléctico en la sociedad de la Restauración fue forjándose no sólo a través de estos espacios, sino de arquitecturas efímeras como son las que componen las escenografías teatrales. Estas escenografías se debieron principalmente a pintores que imaginaron arquitecturas fantásticas que nunca serían construidas, sino simuladas. Las soluciones aportadas desde el terreno escenográfico contribuyeron a llevar nuevos colores, luces a la arquitectura y a hacer que el público ya las tuviera asimiladas en su mente, incluso antes de que el eclecticismo estuviera en su época de auge. De este modo, la arquitectura real terminó teniendo efectos de la arquitectura imaginada de los escenarios, al igual que antaño los retablos influyeron en la estética de las fachadas de los edificios. El dominio del dibujo, del espacio y de la representación arquitectónica son las armas de unos escenógrafos geniales que trabajan en el último tercio del siglo XIX, como son Soler Rovirosa, Salvador Alarma o Mauricio Vilumara. De algún modo, como se muestra en el Monumento a Alfonso XII del parque del Retiro (1902), la arquitectura ecléctica es una arquitectura de la puesta en escena.

Edificios para acoger el movimiento bancario y bursátil.

La creación de edificios para acoger el movimiento bancario y bursátil se debe sobre todo a la pujanza de Europa como poder económico. Aunque España no se encontraba a la altura de Europa, sí comenzaba a experimentar cierto desarrollo que proporcionó la posibilidad de que se construyeran algunos edificios de finalidades económicas. En la sede del Banco de España, construido por Eduardo de Adaro (1848-1906), se materializa un monumental edificio, solemne pero funcional. El actual Banco de España se debe a una ampliación de 1927, pero en su origen el proyecto de Adaro tuvo en la confluencia del Paseo del Prado y la plaza de Cibeles un primer recinto más reducido. 

Enrique Repullés y Vargas utilizó la referencia clásica para la traza del edificio de la Bolsa, construido a partir de 1884, en la misma época que el Banco de España. El sabor clásico se comprueba sobre todo en el pórtico exástilo que encabeza su frente y en la Sala de Contrataciones del interior del edificio. 

En Barcelona, el Banco Mercantil, conocido popularmente como “El Bolsín”, se debió a Riberi Sabater i Carné (1852-h.1929). Su construcción, que duró de 1881 a 1883, tuvo un complejo planteamiento debido a que el edificio debía ubicarse en unos terrenos bastante irregulares. No podía levantarse una fachada muy solemne, por las limitaciones de su estrechez. Sin embargo, Sabater supo utilizar un lenguaje ecléctico con regusto clásico que hace de este edificio un digno ejemplo de las construcciones eclécticas.

Edificios de carácter cultural.

Museos, Archivos Provinciales, Escuelas y Facultades universitarias se multiplican en este último tercio de siglo. El caso más relevante de arquitectura de carácter cultural responde a la construcción del edificio de la Real Academia Española. Su arquitecto, Miguel Aguado (1842-1896), sin duda influido por la función del mismo y la historia de la academia,  adoptó elementos con marcado talante clásico. También la obra de Ricardo Velázquez Bosco manifiesta resabios clasicistas cuando reviste la fachada del Casón del Buen Retiro en 1887.

Más al norte, el Archivo Provincial de Navarra, proyectado en 1887, también utiliza recurso clásicos, si bien el edificio manifiesta una gran apertura ecléctica y no encerrada en normas.  Su construcción se debe a Florencio de Ansoleaga (1846-1916).

Como puede comprobarse, el carácter cultural del edificio puede influir para que el proyecto adopte resabios de la antigüedad. Sin embargo, esta norma no es generalizada cuando hablamos de edificios eclécticos, puesto que las referencias pueden ser tomadas tanto de estilos regionales, como de zonas exóticas y alejadas a nuestra geografía. 

En 1886 se proyectó para Zaragoza, concretamente para la Facultad de Medicina y Ciencias, un edificio vinculado a la tradición renacentista aragonesa. Su autor, Ricardo Magdalena (1849-1910) utilizó el ladrillo para su construcción. Muy diferente es otro ejemplo importante de arquitectura ecléctica, en el que se toma como referencia el antiguo Egipto. Así ocurre con el Museo Balaguer, construido en Vilanova i la Geltrú entre 1882 y 1884, obra debida a Jeroni Granell  i Mundet (1834-1889). El lenguaje neoegipcio utilizado por Granell se despliega a lo largo de una fachada principal en la que pilastras y columnas levantan un armonioso frontón curvo. 

La arquitectura ecléctica religiosa.

La obra de Juan Martorell y Montells (1833-1906) resulta muy sintomática en el último tercio del siglo XIX, pues muestra la transición desde los intereses medievalistas hasta un eclecticismo que es claro precedente de posturas modernistas. En su iglesia de las Salesas en Barcelona proyectada en 1882 y finalizada en 1885, están presentes elementos góticos, pero su tratamiento es muy libre. Las formas medievales se complican y se recrean en un ejercicio brillante. Aunque no llegue a lo que hizo Gaudí, la obra de Martorell supone un paso más en lo alcanzado, por ejemplo, por Casademunt en su obra póstuma, el Sagrado Corazón de Sarrià. El deterioro de la iglesia de las Salesas no ha impedido comprobar que Martorell se presenta como un eslabón intermedio entre la apropiación de la historia de la arquitectura y su recreación con una libertad absoluta. Las escalas y las combinaciones de volúmenes, los contrastes de color, texturas y materiales proporcionan un sentido nuevo de rango ecléctico. Otras iglesias realizadas por Martorell para las órdenes religiosas de los jesuitas o los claretianos no alcanzan el punto conseguido para las Salesas. Sus proyectos para las adoratrices y para el Sagrado Corazón  se basaron de nuevo en la plasmación de reminiscencias medievales, pero en estas ocasiones tomando como referencia los elementos románicos y bizantinos. Martorell también realizó un bellísimo proyecto para la catedral de Barcelona en 1882, un proyecto que muestra elementos hipertrofiados que sólo son comprensibles dentro de la corriente ecléctica. 

Alejándonos de la zona catalana, en el Seminario Pontificio de Comillas, realizado entre 1883 y 1889, Martorell parte del gótico para establecer una llamativa recreación en fachadas y patios. Más tarde, a partir de 1889, Luis Domènech creará la escalera principal y la fachada que da acceso al seminario, con superficies de ladrillos y cerámicas. Comillas significó un amplio campo de trabajo para Martorell en el que plasmar un eclecticismo de tendencia goticista que está presente en el Palacio de Sobrellano y en la capilla funeraria de los Marqueses de Comillas.

Otras obras religiosas de talante ecléctico son también reseñables. Ortiz de Villajos construyó una iglesia en la calle Princesa de Madrid, la iglesia del Buen Retiro, inaugurada en 1867 y hoy desaparecida. En ella Ortiz de Villajos  partió de nuevo de los matices goticistas para una recreación ecléctica.

Por último, un proyecto inconcluso de Fernando Arbós (1840-1926) para al edificación de la nueva basílica de Nuestra Señora de Atocha en Madrid mostraba unas pretensiones ambiciosas en una iglesia que se hallaría ligada a un panteón de españoles ilustres. Aunque poco se construyó para este proyecto, se puede destacar un campanario revestido  con policromías blancas y grises como los templos románicos y góticos de Florencia y Siena. 


BIBLIOGRAFÍA