| Proseguíase
señalando que sobre esa obra tendrían que ir otros cuatro
pedestales resaltados que servirían de apoyo a los pilares y columnas
-ocho exentas y ocho adosadas- de los cuatro arcos, debiendo revestirse
todo de lienzo salvo las basas y capiteles que serían de madera.
Asimismo, se situarían en este nivel cuatro repisas en las que cargarían
otras tantas pirámides de madera que se adornarían con calaveras
y otros ornamentos. Y sobre las columnas, pilares y arcos se colocaría
un cornisamento con cuatro frontispicios, habiendo de realizarse en lienzo
los tímpanos, y en madera las molduras, plafones y frontispicios.
Además, se indicaba que dentro de este cuerpo -donde estaría
la tumba "de la grandeza conveniente"- se haría un cielo raso de
bastidores, y que en la superficie "que causan los primeros pedesttrales
y gradamientos" se asentarían dos gradillas con sus cuatro tramos
de barandillas y se pondrían cañones para doce hachas.
A continuación,
se apuntaba que por encima de ese primer cuerpo se levantaría otro
pedestal cuadrado, también con sus resaltes moldurados y sus netos
vestidos de lienzo, y sobre él se distribuirían ocho arbotantes,
poniéndose en cuatro de ellos "quatro figuras de bulto a elección
de los señores comisarios", y en los otros cuatro "quatro pirámides
como las del primer cuerpo (...)" y "un cuerpo quadrado de vastidores para
pintar lo que en la traza demuestra de arquitectura y en sus quadros o
vanos lo que se eligiere al propósito por los señores comisarios".
Se añadía
que sobre este cuerpo se dispondría otro cornisamento "resaltedao
y moldado con todos los miembros que en la traça se be demostrado",
y encima se situaría un corredor con sus pedestales y barandillas,
en medio de las cuales se debían colocar cuatro tableros para pintar
las tarjetas. Indicándose, asimismo, que dentro de ese corredor
se fabricaría la media naranja redonda, toda vestida de lienzo,
"con doce cartelas (...) y la urna y cornicopias, pirámide, bola
y figura".
Además,
se señalaba que se tendrían que hacer veinticuatro lienzos
con sus bastidores de vara y media de largo y vara y sesma de ancho "pintados
en cada uno de ellos los geroglíficos y del color que se pidieren".
Y que todo el túmulo, desde el primer escalón hasta la figura
de remate, se debía pintar por fuera en "ttodo lo que toca a arquitectura"
imitando mármol negro, blanco o de otro color, según el parecer
de los comisarios; precisándose, además, que todas las partes
donde no hubiera madera que se pudiese pintar, se revestirían de
lienzo bien aparejado para que se pintase lo que se pidiere.
Se deseaba,
por otra parte, que fuese ésta una tramoya de gran magnitud, pues
entre las condiciones del contrato se indicaba, insistiéndose sobre
ello, que sus dimensiones habrían de alcanzar los 30 pies de ancho
y los 64 de alto. Y resultando precisamente la altura -como apunta Soto
Caba- una de las cualidades más valoradas en este tipo de aparatos
provisionales (11), es de destacar que se superasen aquí
los 59 pies de alto que tenía el túmulo que se levantó
en el templo de la Encarnación para la celebración en Madrid
de los funerales del monarca (12).
Lamentablemente
no se conoce dibujo o grabado alguno de este catafalco, pero se conserva
un testimonio muy completo de la ceremonia de honras fúnebres, escrito
por don Luis Hurtado y publicado en Madrid en 1666 (13), en el que
se incluye una descripción del túmulo con los adornos, inscripciones
y símbolos que lo componían, gracias a la cual podemos hacernos
una idea aproximada de cómo fue su configuración final y
de cuál sería su contenido iconográfico, con su carga
alegórica y sus mensajes.
Al referirse
a la "Pyra Philipica" (14), comenzaba su panegírico Hurtado
con un prefacio en el que, en ese tono laudatorio y grandilocuente tan
característico de las Relaciones, exaltaba "el afecto y acierto
con que ha servido siempre a sus reyes Toledo" y la "diestra elección"
de los comisarios que se ocuparon de todo lo relativo a la tramoya, resaltando
de ellos su "ministerio (...), ingeniosa inventiva y buen gusto". Pero,
además, mencionaba al que hubo de ser el principal mentor iconográfico
de la obra, Ruiz de Samaniego, señalando: "Excedió el Arte
a lo escrito (que fue excelente) con que don Gerónimo Ruiz de Samaniego,
valiéndose de sus buenas letras y bien cultivado ingenio, limó
y formó las inscripciones, y letras geroglíficas del túmulo,
y la mayor parte de los lienzos, del adorno de las bayetas, matizando de
propias flores casi todo aquel florido ramillete, no sólo eligido,
sino inventado de su hermosa cultura" (15).
Asimismo,
acompañando la reconstrucción literaria del catafalco, Hurtado
incluyó en paralelo un largo romance, cuyos versos estaban relacionados
con las partes de la máquina que iba mencionado y en cuyo inicio
hacía una clara alusión a la carga conceptual de sus adornos
en esta manera: "Excelsa aguja, gran pharo/ de náufragos navegantes,/
da más fuego en más cenizas,/ más luz en sombras más
grandes./ Alumbra de un peregrino/ la ignorancia, y el examen,/ supuesto
que en tal eclipse/ alumbras, luzes y ardes./ Habla ya, y de tantas plumas/
no malogres los afanes,/ ni des a tantos suspiros/ sólo por región
el ayre./ Dexa que los ojos lean/ esos vocales imanes/ de tus conceptos,
que ignoran/ por altos, y por distantes./ No te formaron idea/ de gran
dibuxo en el lápiz,/ para sombra, ni te dieron/ sus alas para plumages./
Habla ya, epitome augusto/ mejor en lienços, que en jaspes,/ y las
lágrimas que engendras/ enjuga con tus cendales./ Di quien eres,
y a qual deves/ más idea, más dictamen,/ si a la pluma que
te forma/ o si al pincel que te lame (16)./ (...)" .
Siendo
la descripción que del túmulo nos proporciona don Luis Hurtado
del tenor siguiente:
“Ocupavan
todo el alto de la planta del túmulo, por todos cuatro lados, cuatro
escaleras.
Estava en
el espacio interior y dentro del buello de la planta la real tumba, cubierta
de los brocados de la cama de los señores Reyes Católicos,
con los quatro escudos, yugos y reales empresas de estas Magestades, haziendo
frente a cada uno de los claros del túmulo.
Distribuía
en el lienzo superior del cielo raso del primer cuerpo las letras del nombre
de su Magestad, un sol que las tenía por circunferencia, en un acróstico
de otros tantos dísticos, que cada uno remataba en un círculo,
centro de un geroglífico, que correspondía a la sentencia
del verso latino, con dos castellanos por orla, y todos ponderavan especiales
virtudes de su Magestad.
Guarnecían
quatro lienços interiores el muro de las columnas exteriores de
los quatro ángulos, ocupando el punto de sus esquadras y formando
en él quatro ochavos, que con poca diminución de la grandeza
de aquel quadrado, fueron capaces de los epitafios, inscripciones y dedicaciones
del túmulo.
Estavan en
los lienços y ángulos que hazían frente a las puertas
de la Chapinería y los Leones, en quatro repisas o cartelas delante
de sus columnas, y sobre sus pedestales, quatro grandes estatuas de quatro
Reyes de Armas, con capuces, y chías, cubiertas las cabeças,
y mazas reales, y con escudos de Castilla y León en los pechos,
conclamando en quatro dísticos que tenían gravados en quatro
cartelas la muerte de su Magestad.
Tenían
cada rostro y fachada del túmulo dos columnas dóricas estriadas,
que resaltavan sobre dos pedestales, y dos medias que hazían haz
con el muro de sus arcos, y pilastras en sotapedestales y basas.
Los requadros
de los pedestales de las columnas de cada ángulo, tenían
geroglíficos correspondientes a la virtud que estava superior a
ellas en los arbotantes del segundo cuerpo.
En las enjutas
de los arcos interiores y exteriores estavan los escudos de las armas de
diez y seis Coronas de los más principales Reynos de la Monarquía
de España, representándolos, y trayendo por ofrenda a aquel
gran túmulo sus más singulares y preciosos frutos o especies,
con inscripciones castellanas y motes latinos.
Cortavan las
cornixas, sobre las claves de los quatro arcos, quatro hermosos fingidos
jaspes, en que estavan relevadas las Aguilas Imperiales con el Escudo Real
de España en el pecho, las quales recibían cumplido resalto
en los extremos de las coronas, sobre guarnición de bien cortados
dentellones, el último punto de quatro frontispicios cerrados, que
plafonavan sobre los quatro ángulos. Adornávanse sus frisos
de vistosos modillones, en cuyos espacios estaban esculpidos, en lugar
de metopas y trigliphos, huesos y calaveras. Sobre el agudo de los frontispicios,
que estavan todos coronados de luzes, con los ángulos de las cornixas,
corría el pedestal del segundo cuerpo, con la buelta de una mocheta,
corona, media caña y filete por guarnición.
Las quatro
frentes del segundo cuerpo, que era de orden composta, vestían quatro
lienzos de pintura y ocho arbotantes, que cargavan sobre los macizos de
las columnas del primero. En ellos estaban las quatro Virtudes Cardinales
con el peso, columna, espejo y copa, que las significa, y sus epigramas
latinas en el ángulo del pedestal, que dexavan descubiertos los
frontispicios. Tenían en las manos siniestras quatro targetas con
quatro inscripciones, y textos de escritura que las intitulavan. En los
otros quatro arbotantes estavan quatro pirámides ardiendo, llenos
de luzes, que hazían hermosa correspondencia a otros quatro que
tenía el primer cuerpo delante de las columnas de las dos hazes
de los dos coros.
En el rostro
y lienço de la puerta de la Chapinería, estava su Magestad
Cesárea a cavallo, pintado por el natural, con una idea y ardiente
espíritu, presidiendo sus invictas armas en el Socorro de Fuente
Rabía, cuya victoria obtuvo el año passado de 1638, no sin
auxilio celestial de María Santísima y el Apóstol
Patrón de España, que uno y otro exército vieron pelear
en su favor. Dio la antigüedad a Neptuno título de Hypio o
equestre por la incessable velocidad de sus aguas como advierten Lilio
Gregorio, Natal Conde y otros mitológicos, cuyo renombre no sólo
haze consonancia con el nombre de Filippo, pero aún tiene igual
interpretación, en sentir de San Cipriano que dize sonar en griego
Philippus, lo que en latín Amicus equorum.
En los lienços
de la puerta de los Leones, y ambos coros, estavan historiadas las funciones
y festividades de la Concepción, y el Patrocinio, la colocación
del Santísimo Sacramento a la Capilla Real de Palacio, la entrega
de Olivença, y vitoria del Montijo, día, y octava del Corpus;
todos con sus epigramas latinas por subscripciones, que advertían
y ponderavan las correspondencias de aquellas vitorias y cultos.
Coronava el
segundo cuerpo un cornisamento composto. Sobre él cargaban quatro
pedestales en los macizos de los ángulos, que atavan una hermosa
guarnición de baraustres y corredores, coronados de luzes los passamanos,
y sobre los pedestales quatro ardientes de a doze velas. Cortávanse
en los medios de los quatro ángulos de quatro hermosas targetas.
Sobre los mismos macizos se movía el anillo de una media naranja
ochavada, que tenía en cada ángulo de sus ochavos una cartela
con su tocadura, en que estava una hacha. En los espacios de los ochavos
estavan extirpadas y oprimidas diversas heregías por la Religión
y armas Católicas de su Magestad, y especialmente las que en su
monarquía han infestado más a Europa, como son las de los
Luteranos, Calvinianos, Bezanos, Anabatistanos, Puritanos, Independentes,
y Teopolíticos, con sus epigramas latinas.
Rematava en
una urna por clave, con dos cornucopias enlazadas en los roleos de sus
cartelas, en que estavan dos hachas, y veinte y quatro velas, y en la parte
superior de la urna, sobre ocho bolas, una aguja o pyrámide resaltando,
que tenía tres anillos con diferentes ángulos y secciones
circulares, llenos de luces, y en el extremo un orbe o globo de oro, que
dava peana o basse a la estatua de la Fe, que rematava con valiente y airosa
posición todo el edificio, de quien pendían los negros tafetanes
de muchos estandartes, y reales pendones, que le davan singular adorno
y magestad” (17).
Como se puede
observar, el programa de representaciones simbólicas en lo que a
esculturas de bulto redondo se refiere fue parco, ya que el número
de figuras que adornaban el catafalco quedó limitado a los cuatro
reyes de armas instalados sobre pedestales en los ángulos del primer
cuerpo, y a la alegoría de la fe que coronaba la máquina.
Sin embargo, el túmulo presentaba una notable riqueza de jeroglíficos,
emblemas y representaciones pintadas de alegorías e historias, elementos
estos cuidadosamente ordenados y articulados entre sí, para lograr
una exaltación política y religiosa del difunto rey y, por
extensión, y de la católica monarquía hispana.
Así,
en los distintos cuerpos de la máquina las referencias al poder
se van alternando con las alusiones cívico religiosas, de manera
que ya desde el primer nivel junto a las representaciones terrenales del
poder político -reyes de armas, escudos de Castilla y León,
y águilas imperiales con el escudo real-, se resaltaban las cualidades
humanas y virtudes que adornaron al monarca -jeroglíficos del cielo
raso que cubría la tumba real y los pedestales- y que eran el fundamento
del afecto de sus súbditos -cada reino le ofrecía sus frutos-.
En el segundo cuerpo se mantendría este doble nivel de significación,
sucediéndose las alusiones a las virtudes y al poder político
y militar, pues se situaban en él alegorías de la prudencia,
justicia, fortaleza y templanza, así como lienzos en los que se
plasmaban victorias militares -que a su vez se correspondían con
representaciones de festividades religiosas- y un retrato ecuestre del
monarca en Fuenterrabía, otra destacada victoria, pero también
imagen emblemática del buen gobierno porque el caballo "arroja de
su lomo a todo aquel jinete que no sabe gobernarle" (18). Y en el
remate de nuevo triunfales victorias, pero ahora sobre la herejía
y, por tanto, político-religiosas, situándose por encima
de todo la alegoría de la fe, suprema virtud cristiana, esa fe que
defendió el monarca.
Mas el contenido
iconográfico del catafalco no admite sólo una lectura horizontal,
sino también vertical, pues acompañando el sentido ascensional
de la máquina el significado de las representaciones simbólicas
sigue un ritmo que va "in crescendo" desde el nivel inferior al superior,
desde lo terrenal a lo sobrenatural, desde el ámbito de lo finito
a la eternidad. Así, de las alusiones a virtuosas cualidades humanas,
se pasa a las virtudes cardinales y finalmente a la fe, virtud teologal
y clave de todo (19). De los símbolos de poder, a las victorias
militares -que proporcionan inmortalidad por la gloria y por la fama- y
sobre éstas la más alta victoria: el triunfo sobre la herejía,
o lo que es lo mismo, el triunfo de la fe, que llevará al cielo
al difunto monarca y asegurará la vida eterna de aquél que
durante su vida terrena fue ejemplo, parafraseando a Saavedra Fajardo,
del buen "príncipe político-cristiano".
Y todo ello
acompañado por las consabidas calaveras, huesos y pirámides,
claras alusiones a la muerte, y por luces, velas, cirios y hachas, elementos
que no faltan en los funerales y son símbolo del alma que no se
apaga.

11. Soto
Caba, V.: "El peso de la tradición. Los arquitectos y la elaboración
de los catafalcos cortesanos en la primera mitad del siglo XVII", en Actas
del Congreso El arte en las Cortes Europeas del siglo XVIII, p. 717.
12.
Cfr. en Tovar Martín, V.: Arquitectura madrileña del siglo
XVII, Madrid, 1985, p. 437.
13.
Hurtado, L.: La Philipica oración, histórico funeral, en
la muerte de la Católica Magestad del Rey Nuestro Señor Don
Phelipe IV el Grande, Rey de las Españas y Emperador de las Indias.
Breve descripción del túmulo que la Imperial Toledo erigió
en su mui Santa Iglesia, Madrid, 1666.
14.
Hurtado, L.: Op. cit., p. 87.
15.
Idem ut supra, pp. 87-88.
16.
Hurtado, L.: Op. cit., pp. 88-89.
17.
Hurtado, L.: Op. cit., pp. 87-93.
18.
Así lo apunta Alciato en el texto que acompaña el emblema
35 en el que nos presenta a un jinete dominando al caballo. Vid. Alciato,
A.: Emblemas, ed. de Santiago Sebastián, Madrid, 1985, p. 69.
19. De
hecho en el romance que acompañaba la descripción del túmulo
se decía en relación con la alegoría de la fe que
era "cifra de tanta victoria, de tanto edificio clave". |