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FIESTA, PODER Y ARTE EFÍMERO EN EL TOLEDO BARROCO 2/
ISBN-84-9714-075-3
Paula Revenga Domínguez
Coordinadora Área de Arte en liceus
 

Proseguíase señalando que sobre esa obra tendrían que ir otros cuatro pedestales resaltados que servirían de apoyo a los pilares y columnas -ocho exentas y ocho adosadas- de los cuatro arcos, debiendo revestirse todo de lienzo salvo las basas y capiteles que serían de madera. Asimismo, se situarían en este nivel cuatro repisas en las que cargarían otras tantas pirámides de madera que se adornarían con calaveras y otros ornamentos. Y sobre las columnas, pilares y arcos se colocaría un cornisamento con cuatro frontispicios, habiendo de realizarse en lienzo los tímpanos, y en madera las molduras, plafones y frontispicios. Además, se indicaba que dentro de este cuerpo -donde estaría la tumba "de la grandeza conveniente"- se haría un cielo raso de bastidores, y que en la superficie "que causan los primeros pedesttrales y gradamientos" se asentarían dos gradillas con sus cuatro tramos de barandillas y se pondrían cañones para doce hachas.

A continuación, se apuntaba que por encima de ese primer cuerpo se levantaría otro pedestal cuadrado, también con sus resaltes moldurados y sus netos vestidos de lienzo, y sobre él se distribuirían ocho arbotantes, poniéndose en cuatro de ellos "quatro figuras de bulto a elección de los señores comisarios", y en los otros cuatro "quatro pirámides como las del primer cuerpo (...)" y "un cuerpo quadrado de vastidores para pintar lo que en la traza demuestra de arquitectura y en sus quadros o vanos lo que se eligiere al propósito por los señores comisarios". 
 Se añadía que sobre este cuerpo se dispondría otro cornisamento "resaltedao y moldado con todos los miembros que en la traça se be demostrado", y encima se situaría un corredor con sus pedestales y barandillas, en medio de las cuales se debían colocar cuatro tableros para pintar las tarjetas. Indicándose, asimismo, que dentro de ese corredor se fabricaría la media naranja redonda, toda vestida de lienzo, "con doce cartelas (...) y la urna y cornicopias, pirámide, bola y figura".

 Además, se señalaba que se tendrían que hacer veinticuatro lienzos con sus bastidores de vara y media de largo y vara y sesma de ancho "pintados en cada uno de ellos los geroglíficos y del color que se pidieren". Y que todo el túmulo, desde el primer escalón hasta la figura de remate, se debía pintar por fuera en "ttodo lo que toca a arquitectura" imitando mármol negro, blanco o de otro color, según el parecer de los comisarios; precisándose, además, que todas las partes donde no hubiera madera que se pudiese pintar, se revestirían de lienzo bien aparejado para que se pintase lo que se pidiere. 

 Se deseaba, por otra parte, que fuese ésta una tramoya de gran magnitud, pues entre las condiciones del contrato se indicaba, insistiéndose sobre ello, que sus dimensiones habrían de alcanzar los 30 pies de ancho y los 64 de alto. Y resultando precisamente la altura -como apunta Soto Caba- una de las cualidades más valoradas en este tipo de aparatos provisionales (11), es de destacar que se superasen aquí los 59 pies de alto que tenía el túmulo que se levantó en el templo de la Encarnación para la celebración en Madrid de los funerales del monarca (12)

 Lamentablemente no se conoce dibujo o grabado alguno de este catafalco, pero se conserva un testimonio muy completo de la ceremonia de honras fúnebres, escrito por don Luis Hurtado y publicado en Madrid en 1666 (13), en el que se incluye una descripción del túmulo con los adornos, inscripciones y símbolos que lo componían, gracias a la cual podemos hacernos una idea aproximada de cómo fue su configuración final y de cuál sería su contenido iconográfico, con su carga alegórica y sus mensajes.

 Al referirse a la "Pyra Philipica" (14), comenzaba su panegírico Hurtado con un prefacio en el que, en ese tono laudatorio y grandilocuente tan característico de las Relaciones, exaltaba "el afecto y acierto con que ha servido siempre a sus reyes Toledo" y la "diestra elección" de los comisarios que se ocuparon de todo lo relativo a la tramoya, resaltando de ellos su "ministerio (...), ingeniosa inventiva y buen gusto". Pero, además, mencionaba al que hubo de ser el principal mentor iconográfico de la obra, Ruiz de Samaniego, señalando: "Excedió el Arte a lo escrito (que fue excelente) con que don Gerónimo Ruiz de Samaniego, valiéndose de sus buenas letras y bien cultivado ingenio, limó y formó las inscripciones, y letras geroglíficas del túmulo, y la mayor parte de los lienzos, del adorno de las bayetas, matizando de propias flores casi todo aquel florido ramillete, no sólo eligido, sino inventado de su hermosa cultura" (15).

 Asimismo, acompañando la reconstrucción literaria del catafalco, Hurtado incluyó en paralelo un largo romance, cuyos versos estaban relacionados con las partes de la máquina que iba mencionado y en cuyo inicio hacía una clara alusión a la carga conceptual de sus adornos en esta manera: "Excelsa aguja, gran pharo/ de náufragos navegantes,/ da más fuego en más cenizas,/ más luz en sombras más grandes./ Alumbra de un peregrino/ la ignorancia, y el examen,/ supuesto que en tal eclipse/ alumbras, luzes y ardes./ Habla ya, y de tantas plumas/ no malogres los afanes,/ ni des a tantos suspiros/ sólo por región el ayre./ Dexa que los ojos lean/ esos vocales imanes/ de tus conceptos, que ignoran/ por altos, y por distantes./ No te formaron idea/ de gran dibuxo en el lápiz,/ para sombra, ni te dieron/ sus alas para plumages./ Habla ya, epitome augusto/ mejor en lienços, que en jaspes,/ y las lágrimas que engendras/ enjuga con tus cendales./ Di quien eres, y a qual deves/ más idea, más dictamen,/ si a la pluma que te forma/ o si al pincel que te lame (16)./ (...)" . 

 Siendo la descripción que del túmulo nos proporciona don Luis Hurtado del tenor siguiente: 

 “Ocupavan todo el alto de la planta del túmulo, por todos cuatro lados, cuatro escaleras.
 Estava en el espacio interior y dentro del buello de la planta la real tumba, cubierta de los brocados de la cama de los señores Reyes Católicos, con los quatro escudos, yugos y reales empresas de estas Magestades, haziendo frente a cada uno de los claros del túmulo.

 Distribuía en el lienzo superior del cielo raso del primer cuerpo las letras del nombre de su Magestad, un sol que las tenía por circunferencia, en un acróstico de otros tantos dísticos, que cada uno remataba en un círculo, centro de un geroglífico, que correspondía a la sentencia del verso latino, con dos castellanos por orla, y todos ponderavan especiales virtudes de su Magestad.

 Guarnecían quatro lienços interiores el muro de las columnas exteriores de los quatro ángulos, ocupando el punto de sus esquadras y formando en él quatro ochavos, que con poca diminución de la grandeza de aquel quadrado, fueron capaces de los epitafios, inscripciones y dedicaciones del túmulo.

 Estavan en los lienços y ángulos que hazían frente a las puertas de la Chapinería y los Leones, en quatro repisas o cartelas delante de sus columnas, y sobre sus pedestales, quatro grandes estatuas de quatro Reyes de Armas, con capuces, y chías, cubiertas las cabeças, y mazas reales, y con escudos de Castilla y León en los pechos, conclamando en quatro dísticos que tenían gravados en quatro cartelas la muerte de su Magestad.

 Tenían cada rostro y fachada del túmulo dos columnas dóricas estriadas, que resaltavan sobre dos pedestales, y dos medias que hazían haz con el muro de sus arcos, y pilastras en sotapedestales y basas.

 Los requadros de los pedestales de las columnas de cada ángulo, tenían geroglíficos correspondientes a la virtud que estava superior a ellas en los arbotantes del segundo cuerpo.

 En las enjutas de los arcos interiores y exteriores estavan los escudos de las armas de diez y seis Coronas de los más principales Reynos de la Monarquía de España, representándolos, y trayendo por ofrenda a aquel gran túmulo sus más singulares y preciosos frutos o especies, con inscripciones castellanas y motes latinos.

 Cortavan las cornixas, sobre las claves de los quatro arcos, quatro hermosos fingidos jaspes, en que estavan relevadas las Aguilas Imperiales con el Escudo Real de España en el pecho, las quales recibían cumplido resalto en los extremos de las coronas, sobre guarnición de bien cortados dentellones, el último punto de quatro frontispicios cerrados, que plafonavan sobre los quatro ángulos. Adornávanse sus frisos de vistosos modillones, en cuyos espacios estaban esculpidos, en lugar de metopas y trigliphos, huesos y calaveras. Sobre el agudo de los frontispicios, que estavan todos coronados de luzes, con los ángulos de las cornixas, corría el pedestal del segundo cuerpo, con la buelta de una mocheta, corona, media caña y filete por guarnición.

 Las quatro frentes del segundo cuerpo, que era de orden composta, vestían quatro lienzos de pintura y ocho arbotantes, que cargavan sobre los macizos de las columnas del primero. En ellos estaban las quatro Virtudes Cardinales con el peso, columna, espejo y copa, que las significa, y sus epigramas latinas en el ángulo del pedestal, que dexavan descubiertos los frontispicios. Tenían en las manos siniestras quatro targetas con quatro inscripciones, y textos de escritura que las intitulavan. En los otros quatro arbotantes estavan quatro pirámides ardiendo, llenos de luzes, que hazían hermosa correspondencia a otros quatro que tenía el primer cuerpo delante de las columnas de las dos hazes de los dos coros.

 En el rostro y lienço de la puerta de la Chapinería, estava su Magestad Cesárea a cavallo, pintado por el natural, con una idea y ardiente espíritu, presidiendo sus invictas armas en el Socorro de Fuente Rabía, cuya victoria obtuvo el año passado de 1638, no sin auxilio celestial de María Santísima y el Apóstol Patrón de España, que uno y otro exército vieron pelear en su favor. Dio la antigüedad a Neptuno título de Hypio o equestre por la incessable velocidad de sus aguas como advierten Lilio Gregorio, Natal Conde y otros mitológicos, cuyo renombre no sólo haze consonancia con el nombre de Filippo, pero aún tiene igual interpretación, en sentir de San Cipriano que dize sonar en griego Philippus, lo que en latín Amicus equorum.

 En los lienços de la puerta de los Leones, y ambos coros, estavan historiadas las funciones y festividades de la Concepción, y el Patrocinio, la colocación del Santísimo Sacramento a la Capilla Real de Palacio, la entrega de Olivença, y vitoria del Montijo, día, y octava del Corpus; todos con sus epigramas latinas por subscripciones, que advertían y ponderavan las correspondencias de aquellas vitorias y cultos.

 Coronava el segundo cuerpo un cornisamento composto. Sobre él cargaban quatro pedestales en los macizos de los ángulos, que atavan una hermosa guarnición de baraustres y corredores, coronados de luzes los passamanos, y sobre los pedestales quatro ardientes de a doze velas. Cortávanse en los medios de los quatro ángulos de quatro hermosas targetas. Sobre los mismos macizos se movía el anillo de una media naranja ochavada, que tenía en cada ángulo de sus ochavos una cartela con su tocadura, en que estava una hacha. En los espacios de los ochavos estavan extirpadas y oprimidas diversas heregías por la Religión y armas Católicas de su Magestad, y especialmente las que en su monarquía han infestado más a Europa, como son las de los Luteranos, Calvinianos, Bezanos, Anabatistanos, Puritanos, Independentes, y Teopolíticos, con sus epigramas latinas. 

 Rematava en una urna por clave, con dos cornucopias enlazadas en los roleos de sus cartelas, en que estavan dos hachas, y veinte y quatro velas, y en la parte superior de la urna, sobre ocho bolas, una aguja o pyrámide resaltando, que tenía tres anillos con diferentes ángulos y secciones circulares, llenos de luces, y en el extremo un orbe o globo de oro, que dava peana o basse a la estatua de la Fe, que rematava con valiente y airosa posición todo el edificio, de quien pendían los negros tafetanes de muchos estandartes, y reales pendones, que le davan singular adorno y magestad” (17).

 Como se puede observar, el programa de representaciones simbólicas en lo que a esculturas de bulto redondo se refiere fue parco, ya que el número de figuras que adornaban el catafalco quedó limitado a los cuatro reyes de armas instalados sobre pedestales en los ángulos del primer cuerpo, y a la alegoría de la fe que coronaba la máquina. Sin embargo, el túmulo presentaba una notable riqueza de jeroglíficos, emblemas y representaciones pintadas de alegorías e historias, elementos estos cuidadosamente ordenados y articulados entre sí, para lograr una exaltación política y religiosa del difunto rey y, por extensión, y de la católica monarquía hispana. 

 Así, en los distintos cuerpos de la máquina las referencias al poder se van alternando con las alusiones cívico religiosas, de manera que ya desde el primer nivel junto a las representaciones terrenales del poder político -reyes de armas, escudos de Castilla y León, y águilas imperiales con el escudo real-, se resaltaban las cualidades humanas y virtudes que adornaron al monarca -jeroglíficos del cielo raso que cubría la tumba real y los pedestales- y que eran el fundamento del afecto de sus súbditos -cada reino le ofrecía sus frutos-. En el segundo cuerpo se mantendría este doble nivel de significación, sucediéndose las alusiones a las virtudes y al poder político y militar, pues se situaban en él alegorías de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza, así como lienzos en los que se plasmaban victorias militares -que a su vez se correspondían con representaciones de festividades religiosas- y un retrato ecuestre del monarca en Fuenterrabía, otra destacada victoria, pero también imagen emblemática del buen gobierno porque el caballo "arroja de su lomo a todo aquel jinete que no sabe gobernarle" (18). Y en el remate de nuevo triunfales victorias, pero ahora sobre la herejía y, por tanto, político-religiosas, situándose por encima de todo la alegoría de la fe, suprema virtud cristiana, esa fe que defendió el monarca. 

 Mas el contenido iconográfico del catafalco no admite sólo una lectura horizontal, sino también vertical, pues acompañando el sentido ascensional de la máquina el significado de las representaciones simbólicas sigue un ritmo que va "in crescendo" desde el nivel inferior al superior, desde lo terrenal a lo sobrenatural, desde el ámbito de lo finito a la eternidad. Así, de las alusiones a virtuosas cualidades humanas, se pasa a las virtudes cardinales y finalmente a la fe, virtud teologal y clave de todo (19). De los símbolos de poder, a las victorias militares -que proporcionan inmortalidad por la gloria y por la fama- y sobre éstas la más alta victoria: el triunfo sobre la herejía, o lo que es lo mismo, el triunfo de la fe, que llevará al cielo al difunto monarca y asegurará la vida eterna de aquél que durante su vida terrena fue ejemplo, parafraseando a Saavedra Fajardo, del buen "príncipe político-cristiano". 

 Y todo ello acompañado por las consabidas calaveras, huesos y pirámides, claras alusiones a la muerte, y por luces, velas, cirios y hachas, elementos que no faltan en los funerales y son símbolo del alma que no se apaga. 



 11. Soto Caba, V.: "El peso de la tradición. Los arquitectos y la elaboración de los catafalcos cortesanos en la primera mitad del siglo XVII", en Actas del Congreso El arte en las Cortes Europeas del siglo XVIII, p. 717.
 12. Cfr. en Tovar Martín, V.: Arquitectura madrileña del siglo XVII, Madrid, 1985, p. 437.
 13. Hurtado, L.: La Philipica oración, histórico funeral, en la muerte de la Católica Magestad del Rey Nuestro Señor Don Phelipe IV el Grande, Rey de las Españas y Emperador de las Indias. Breve descripción del túmulo que la Imperial Toledo erigió en su mui Santa Iglesia, Madrid, 1666. 
 14. Hurtado, L.: Op. cit., p. 87.
 15. Idem ut supra, pp. 87-88.
 16. Hurtado, L.: Op. cit., pp. 88-89.
 17. Hurtado, L.: Op. cit., pp. 87-93.
 18. Así lo apunta Alciato en el texto que acompaña el emblema 35 en el que nos presenta a un jinete dominando al caballo. Vid. Alciato, A.: Emblemas, ed. de Santiago Sebastián, Madrid, 1985, p. 69.
 19. De hecho en el romance que acompañaba la descripción del túmulo se decía en relación con la alegoría de la fe que era "cifra de tanta victoria, de tanto edificio clave".