- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
Publicar en Liceus
 
 
BIOGRAFÍAS ARTISTAS
 

NARCISO PASCUAL Y COLOMER

Narciso Pascual y Colomer (1808-1870) se encuentra en el límite del arquitecto neoclásico y el romántico. Su obra más característica es el Congreso, encargo que consiguió ganando un concurso público a nivel nacional. Las obras se comenzaron en 1843 y su construcción duró siete años. El edificio está construido según normas clásicas. Su sencillez y sentido práctico lleva a establecer dependencias contrapuestas que se repiten a ambos lados de su eje principal, centrado en el hemiciclo. En el exterior destaca su sobria portada, en la que las columnas forman un pórtico anterior a la puerta de acceso. El conjunto se corona con un frontón, obra del escultor Ponciano Ponzano.

En el Congreso y en otras obras suyas el carácter clasicista se resuelve como concesión a la escena urbana y una mera referencia erudita que dará paso a posiciones más eclécticas. Se trata de una adaptación clásica que en el siglo XVIII hubiera caído, según la Academia, en la heterodoxia.

En la última etapa de su vida, Colomer se acercó a ideas historicistas de talante romántico. Así ocurrió en el proceso de restauración de la iglesia de los Jerónimos en Madrid, donde dos torres enmarcan la fachada y se crea una imagen del edificio que no se ajusta a su carácter original.

En el palacio del Marqués de Salamanca realizó una mansión que reflejaba la enorme fortuna de su dueño. Éste adquirió la antigua posesión real de Vista Alegre, una finca de recreo que había utilizado la reina María Cristina. A mediados del siglo levantó este palacio a la italiana, rodeado de jardines. El interior estaba centrado en un patio, y una sobria escalera unía sus dos pisos. En esta mansión Pascual y Colomer mostró su dominio del lenguaje neoclásico, pero añadió algunos detalles de carácter ecléctico. La rotonda que servía de vestíbulo en el interior del edificio aún se conserva, a pesar de haber sido profundamente remodelado.

FRANCISCO JAREÑO

Francisco Jareño (1818-1892), tuvo su formación en la primera promoción de la Escuela de Arquitectura de Madrid. En 1848, concluidos sus estudios, Jareño recorrió varios países europeos perfeccionando sus conocimientos. Más tarde, en 1855, se incorporó a la misma Escuela de Arquitectura como catedrático de Historia del Arte. Compaginó su labor docente con la elaboración de proyectos arquitectónicos. En 1857 revelaba ya sus concesiones al historicismo pintoresco, y construyó un pabellón árabe para la Exposición de Arquitectura de Madrid. También realizó la desaparecida Casa de la Moneda de Madrid, construida con un talante riguroso y práctico.

Pero su obra más importante fue la Biblioteca Nacional, uno de los proyectos más compactos e importantes del siglo XIX. Fue levantada a partir de 1866, pero su construcción se prolongó hasta 1892, y esto hizo que sufriera modificaciones respecto al diseño original, aunque estas variaciones no afectaron a su sentido monumental, solemne y elegante. Su planta es rectangular y en su interior una disposición  en forma de cruz da lugar a cuatro patios laterales cubiertos. En el cruce de los brazos de la cruz se dispone una sala octogonal cerrada con un cimborrio. En el exterior muestra dos soberbias fachadas. Una mira a la Castellana. Luce un ejercicio de ritmo suntuoso en la disposición de los ventanales, una portada con vanos arqueados y una galería de columnas corintias rematadas por un frontón con esculturas de Querol. La fachada posterior es la que da a la calle Serrano y es acceso al Museo Arqueológico. Ésta es más austera y muestra un mayor rigor neoclásico. En su portada se suceden en altura el dórico y el jónico.

Otro edificio de carácter oficial que ejecutó Jareño fue el Tribunal de Cuentas. Fue construido a partir de 1863, pero fue modificado al añadírsele un ático sobre su cornisa original.

También hay obras de Jareño fuera de Madrid. En Las Palmas de Gran Canaria construyó en 1867 el Teatro Pérez Galdós, pero fue devastado por un incendio en 1918 y las restauraciones subsiguientes han conservado muy poco del proyecto original, exceptuando la fachada.

JOSÉ CASADEMUNT

Hijo de un carpintero barcelonés, José Casademunt Torrents (1804-1868) ejerció como arquitecto  en una época dura para el país. Conoció en su niñez el rigor de la afrancesada. Inició sus estudios en el terreno del arte  en la Escuela de la Casa de la Lonja de la Junta Particular de Comercio y los continuó en Madrid. Allí consiguió el título de arquitecto por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1830. Once años más tarde sería Académico de Mérito por San Carlos de Valencia.

Fue discípulo y posteriormente compañero de Elías Rogent como profesor en la Escuela de Maestros de Obras. En 1835 se hizo cargo como interino de la clase de arquitectura de la Lonja, continuando la labor de Antonio Celles pero organizando ciertas variaciones. El clasicismo de su antecesor fue tornándose en una desmembración de materias arquitectónicas en función de su carácter artístico y científico, con un especial estudio de los monumentos góticos catalanes. Fue el primer profesor en la zona que utilizó métodos científicos en la construcción arquitectónica.

En 1840 preparó un proyecto de biblioteca que presentó en la Real Academia de San Carlos de Valencia. Por ello se le concedió el título de académico en 1841. Un año más tarde conseguiría en propiedad la cátedra de arquitectura  otorgada por la Junta  de Comercio de Barcelona.

La clase de arquitectura de la Escuela de Maestros de Obras fue sustituida por la materia de Geometría Descriptiva. En 1850 Casademunt sería nombrado catedrático de esta nueva materia.

A su vocación científica unió su interés por el estudio de monumentos históricos, entre los que se encuentran algunos ya desaparecidos como los conventos de Santa Catalina, San Francisco y el Carmen. El convento dominico de Santa Catalina, la iglesia gótica más antigua de Barcelona, fue demolido en 1837. La Junta de Comercio, al verse incapaz de impedir el derribo, encargó que Casademunt levantara los planos del edificio. Casademunt fue realizando la labor encomendada en condiciones pésimas, mientras el monumento iba desapareciendo. Las dificultades para hacer caer el edificio dan muestras de que en realidad no se encontraba en mal estado. También se perdieron los planos realizados por Casademunt, pero fueron hallados en 1970 en el Archivo de la Escuela de Arquitectura.

La obra de Casademunt es escasa, dado que su carrera profesional se centró en la docencia. Sin embargo, el fallecimiento de este arquitecto ocurre en 1868, cuando se está realizando la construcción de una iglesia para las monjas del Sagrado Corazón de Sarrià, una iglesia importante en la recuperación medievalista que se da en el siglo XIX español. Juan Martorell Montells concluiría las obras un año después de la muerte de su autor.

Entre otras obras de Casademunt, cabe destacar un proyecto de instalación de una máquina de vapor en la calle de Hostellers en 1845, lo que da muestras de su participación en el talante industrializador de la ciudad condal. En 1855 proyectó unos pórticos para la Rambla del Centro y contribuyó en las obras de apertura de la calle Princesa. En 1863 construyó, en colaboración con su brillante alumno Narciso José Bladó, una torre campestre en la población de San Gervasio de Cassolas.

A pesar de que la obra de Casademunt no sea numerosa, sí es especialmente importante por la contribución en la generación siguiente: Oriol Mestres, Juan Torras, Miguel Garriga... Todos estos, y sobre todo, Elías Rogent en su puesto en la Escuela de Arquitectura, heredaron de Casademunt un amor por los estilos medievales que cristalizarían en notables ejemplos neogóticos catalanes.

JUAN TORRAS GUARDIOLA

Juan Torras Guardiola (1827-1910) nació en San Andrés del Palomar, una población vecina a Barcelona y no incorporada a la ciudad hasta 1897. Su carrera de arquitecto pasó primero por sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja, por la escuela de Maestros de Obras y por distintas entidades, hasta que consiguió su título en Madrid en 1854.

Desde 1856  fue profesor en la Escuela de Maestros de obras hasta su extinción en 1869. En la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona fue primero profesor y luego catedrático de Mecánica y Estabilidad, en el periodo que va desde 1872 hasta 1897, cuando se jubiló. A pesar de ello, continuó como profesor hasta 1908, y fue director de dicho centro desde 1901 a 1905.

En San Andrés del Palomar, Juan Torras  proyectó el colegio y la iglesia de Jesús-María, la actual parroquia de San Paciano, un ejemplo correcto de neogótico.

Además de proyectar edificios, calculó muchos proyectos ajenos y realizó obras de ingeniería (el canal de San Baudilio, la carretera de Can Tunis, el puente metálico de La Bauma y el Camino de Bogatell). Por concurso logró, a través de su empresa del mismo nombre,  la adjudicación del puente de San Agustín, sobre el Onyar en Gerona, en competición con Eiffel y con la Maquinista Terrestre y Marítima.

En la Exposición Universal de 1888,  levantó las armaduras de perfil interior parabólico del Palacio de Bellas Artes y del Palacio de la Industria. Construyó los mercados de trama metálica de Lérida y Tortosa. Para José Amargós Samaranch hizo la estructura metálica de la torre de aguas de Dos Rius, en la cumbre del Tibidabo. Para Elías Rogent hizo el entramado metálico del Seminario de Barcelona, y de acuerdo con Augusto Font Carreras consolidó las bóvedas del Pilar de Zaragoza.

Su obra más famosa fue el andamiaje levantado para el monumento a Colón, proyectado por Cayetano Buigas Monravà e inaugurado en 1888. En 1895 proyectó el Matadero Público de Gracia.

DAMIÀ CAMPENY

Damià Campeny i  Estrada  (1771-1855) era hijo de un guarnicionero de Mataró. Sus orígenes humildes le encaminaron a seguir en un principio la profesión de su padre, pero a partir de la protección del presbítero José Camín consiguió ser aceptado en el taller de Salvador Gurri y simultáneamente asistir a las clases nocturnas de la Escuela de la Lonja. Pero fue expulsado de la escuela tras un incidente con su maestro. Esto no se interpuso en su camino. En 1796 consiguió una beca del Consulado del Mar, por lo que se trasladó a Roma. En la capital italiana trabajaría en los talleres de restauración escultórica de El Vaticano y conocería a Canova, que tendría una gran influencia en su obra.

Cuando Fernando VII volvió a España, Campeny consiguió una pensión del monarca, lo que le permitió permanecer en Roma hasta 1816, fecha en que regresó a la corte, donde fue escultor de cámara y académico de la Academia de San Fernando. Más tarde sería también miembro de la Academia de San Luis en Zaragoza y la de San Carlos en Valencia.

Su estancia en la capital madrileña no le satisface. Decide trasladarse a Barcelona, un lugar en el que podría desarrollar su trabajo e influir en las generaciones siguientes, a las que impregnó del espíritu clasicista que le caracterizaba.

La importancia de Campeny reside en la elección de los temas y el tratamiento frío y exquisito que proporcionó a sus obras. Entre ellas destacó su Lucrecia muerta, una de las piezas más significativas del neoclasicismo escultórico español. Cleopatra agonizante es otro tema en el que vuelve a reflejar la gelidez de muerte que se hallaba en su Lucrecia, pero en esta ocasión la obra quedó en yeso.

Aparte de estas dos producciones culminantes  en la trayectoria de Campeny, su labor engloba también unos importantes ejemplos que muestran su elegancia dibujística: Aquiles sacándose la flecha del talón, Minerva y Diana, el Gladiador herido o El Sacrificio de Calirroe. Campeny también cultivó la escultura religiosa, pero fueron las recreaciones clásicas las que más se repetirían a lo largo de su carrera: Lacoonte, Himeneo, Paris, Diana... Muchas de ellas no pasaron de su fijación en yeso.