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LA CUESTIÓN TUCIDIDEA
Quizá porque como el propio
Tucídides afirma durante su descripción de la peste que asoló
Atenas en los albores de la guerra (2.48.3), no es tan importante averiguar
el origen de la enfermedad, cuestión incierta y opinable, cuanto
describirla detalladamente, sus síntomas y sobre todo sus consecuencias
sobre el comportamiento moral y social de los hombres, para que las generaciones
futuras sepan a qué atenerse en el caso de que sobrevenga una calamidad
semejante, el problema de la génesis de la obra de Tucídides
(la llamada "cuestión tucididea"), que al menos hasta finales de
la década de los 40 fue uno de los objetivos dominantes en la investigación
sobre nuestro historiador, en los últimos decenios se ha visto relegado
a un segundo plano en el interes de los estudiosos, que han preferido centrarse
en la interpretación de la Historia tal como ha llegado hasta nosotros,
sin conceder demasiada importancia al proceso de su elaboración,
que ha sido calificado por J. de Romilly, de "vano e insoluble problema",
de auténtica "tela de Penélope" continuamente tejida y destejida
y nunca acabada (von Fritz). La cuestión se plantea en los siguientes
términos. Al comienzo mismo de su Historia (1.1.1) asegura Tucídides
que emprendió la elaboración de su obra nada más estallar
la guerra y es, por otro lado, indudable que su trabajo se prolongó
hasta después de la finalización del conflicto, 27 años
más tarde, puesto que en 5.26 comenta Tucídides su duración
y resultado final. ¿Cómo compuso, entonces, nuestro historiador
una obra trabajada durante un período de tiempo tan dilatado, hasta
desembocar en el texto que hemos recibido? ¿Es la obra de Tucídides,
como sostiene la crítica analítica, un conglomerado no totalmente
unitario de partes compuestas de manera independiente en diversas etapas,
o bien, como defiende la crítica unitaria, es el resultado de una
redacción continuada llevada a cabo cuando la guerra había
finalizado y el historiador conocía ya su desenlace y consecuencias,
o, al menos, el resultado de una redacción tardía que pretendía
dar unidad a partes elaboradas previamente durante el transcurso de la
guerra?.
Como en el caso de la llamada "cuestión
homérica", que ha sido en bastantes aspectos el modelo en el que
se han inspirado quienes han suscitado la "cuestión tucididea",
la crítica analítica ha partido de la apreciación
en la obra de incongruencias, que se refieren tanto a cuestiones de detalle
(contradicciones entre pasajes concretos o repeticiones innecesarias de
datos suficientemente bien establecidos), como a problemas de mayor calado
(las supuestas contradicciones sobre las causas de la guerra o sobre la
importancia de las figuras individuales en el desarrollo de los acontecimientos),
sin olvidar la diversidad de extensión y desarrollo de las partes
narrativas o el diferente grado de complecion de los libros (en concreto
se ha insistido en que sobre todo 4.52-5.83 y 8.2-109 están faltos
de la última mano, y en concreto los libros quinto, en su mayor
parte, y octavo carecen de discursos) . Algunas de las incoherencias observadas
existen indudablemente en el texto que ha llegado hasta nosotros, pero
¿son suficientes para postular que la obra de Tucídides es
el resultado de la conjunción de partes redactadas en diversas etapas,
sin una revisión final que les diera unidad, y que se pueden apreciar
reflejadas en la obra huellas de cambios en los planes e incluso en la
concepción que de las causas y consecuencias de los acontecimientos
históricos tenía Tucídides?.
La cuestión fue suscitada mediado
el siglo XIX por la publicación de un estudio de F.W. Ullrich (1846),
en el que, a partir de la observacióón obvia de que Tucídides
no podía haber previsto que la guerra se reanudaría tras
la concertación de la "paz de Nicias" en 421 a.C., sostenía
su autor que el historiador inició tras la firma de ese armisticio
la redacción de su obra hasta llegar a la mitad del libro cuarto
(4.51, la captura de Esfacteria), y en ese punto, cuando aún no
había concluído la composición del relato del primer
decenio de la guerra, la nueva ruptura de las hostilidades le hizo abandonar
la redacción, que no reiniciaría hasta el año 404,
una vez finalizado el conflicto. Así pues, Tucídides habría
compuesto su obra en dos etapas bien delimitadas cronológicamente.
Habrían de pasar más de 70 años para que se diera
un nuevo paso adelante significativo en el camino del análisis de
la Historia de Tucídides; fue mérito de E. Schwartz (1919)
llevar el problema desde el terreno meramente literario al ámbito
del pensamiento, pretendiendo hallar en la obra reflejos de una evolucion
en las ideas del historiador. Efectivamente, Schwartz, a partir del estudio
concienzudo de los cuatro discursos que se pronuncian en la asamblea que
reúne a espartanos y aliados suyos en el libro I, en los cuales
aprecia divergencias que sólo se explicarían si se considera
que fueron compuestos en períodos de tiempo diferentes, sostiene
que la obra de Tucídides se compone de partes concebidas y compuestas
en dos etapas bien diferenciadas de la vida de su autor, marcadas cada
una por una concepción diferente de la guerra y sus causas. Tucídides
habría iniciado su relato con la idea de que la guerra había
estallado porque los aliados de Esparta, en particular Corinto, que era
la primera perjudicada por el expansionismo económico de Atenas,
empujaron a los espartanos a iniciar el conflicto; sin embargo, cuando
en 404 la guerra finalizó y el historiador pudo regresar a su patria
desde el exilio y comprobar que el estado que más provecho había
obtenido era precisamente Esparta, se hizo la luz en la mente de Tucídides
y concluyó que la causa verdadera de la guerra había sido
la coexistencia en Grecia de dos potencias hegemónicas irreconciliables
que tarde o temprano tendrían que disputarse la primacía
por la fuerza de las armas, de manera que el progresivo engrandecimiento
de Atenas provocó el temor de los espartanos y los obligó
a emprender la guerra (cf. 1.23.6). Por otro lado, Wilamowitz había
observado ya que la obra de Tucídides quedó incompleta y
por lo tanto difícilmente habría podido ver la luz en tal
estado, de manera que hemos de suponer que, tras la muerte del historiador,
pasó a manos de un editor que se encargó de su publicación.
A partir de tal observación Schwartz argumenta que Tucídides,
al cambiar sus ideas sobre la guerra, se dispuso a modificar las partes
compuestas en la primera redacción, para lo cual realizó
unos esbozos que el editor publicó mezclándolos con
las partes antiguas y las recientemente compuestas , dando lugar a la obra
que ha llegado hasta nosotros.
A partir del libro de Schwartz, las teorías
analíticas conocen una evoluci´´on que las va aproximando
poco a poco a posiciones más cercanas a las que defienden los unitarios.
Poco después de que vieran la luz las tesis de Schwartz, Max Pohlenz
(1919-1920) las modificó en el sentido de que no concebía
un cambio brusco en las ideas de Tucídides coincidiendo con el final
de la guerra, sino una evolución paulatina y gradual, de manera
que resulta imposible marcar dos períodos diferenciados claramente
por las causas a las que el historiador atribuía el estallido del
conflicto. Las teorías de Schwartz y Pohlenz, no obstante unidas
a una visión muy personal de la obra de Tucídides, se tratan
de compaginar en el libro de W. Schadewaldt (1929), quien parte, al igual
que en sus estudios homéricos, del análisis individual de
determinadas partes de la Historia tucididea, en concreto los libros VI-VII
(la expedición a Sicilia) y el pasaje en el que el historiador expone
su método histórico (1.20-23). Sostiene Schadewaldt que es
posible delimitar una evolución en el pensamiento de Tucídides,
que habría compuesto la primera parte de su obra con el objetivo
de exponer los hechos de la manera menos subjetiva posible, pero paulatinamente,
y de modo especial después de 404, la exposición objetiva
de los acontecimientos deja paso al deseo de interpretarlos e intentar
hallar las pautas del comportamiento humano que permitan establecer las
leyes universales que rigen la historia: "el investigador de lo cierto
se habría transformado en investigador de lo verdadero" . Schadewaldt
sostiene, pues, que hay que contar, digámoslo así, con "dos
Tucídides", pero el segundo Tucídides no excluye al primero,
sino que lo complementa y lo profundiza .
Con posterioridad al libro de Schadewaldt
las tesis analíticas han continuado moderando sus postulados, como
se aprecia en las obras de von Fritz (quien insiste en rastrear huellas
de modificación de criterios y puntos de vista en la redacción
de la Historia) y Westlake , de manera que en los últimos decenios
son una excepción libros como el de Proctor (1980), en el que se
distinguen nada menos que siete etapas en la composición de la obra,
distribuidas en un período que comprende treinta años a partir
de los momentos previos a la ruptura de las hostilidades.
Unos pocos años antes de la publicación
del libro de Ullrich, Roscher había sostenido ya que la redacción
completa de la Historia fue realizada por Tucídides a su regreso
a Atenas tras la finalización del conflicto. Casi cien años
más tarde, Patzer (1937) vuelve a defender una tesis semejante en
un libro que supone, junto a los trabajos de J.H. Finley , el inicio de
la demostración de que la obra de Tucídides no carece en
absoluto de unidad formal, sino que ha sido elaborada de acuerdo con una
estricta planificación previa, la cual implica necesariamente un
período de composición unitario que sólo puede datarse
tras 404, cuando el historiador pudo abarcar con su mirada la totalidad
de la guerra, sus causas, sucesos y consecuencias. En los aspectos formales
ha insistido más recientemente Rawlings (1981), quien ha tratado
de demostrar, con notable acierto en general, que Tucídides articuló
la estructura de su obra a partir de la idea de que la guerra comprendió
dos períodos bílicos de diez años cada uno separados
por una tregua de siete años, y que el historiador compuso la descripción
de cada uno de esos dos períodos bílicos teniendo siempre
presentes los sucesos del otro, lo cual sería indicio de que la
obra fue redactada unitariamente o bien sufrió una profunda reelaboración
que le dio unidad, siempre en un momento posterior a la finalización
de la guerra .
En definitiva, a partir de los estudios
de Patzer, Finley, Rawlings, etc. resulta difícil negar la existencia
de un plan preconcibido de composición para la obra histórica
de Tucídides, que asegura su unidad formal. No obstante, es cierto
también que esa uniformidad no es absoluta y verdaderamente pueden
apreciarse en el texto transmitido contradicciones y repeticiones innecesarias
y partes carentes de una reelaboración definitiva, aunque no creemos
que tales incoherencias reflejen cambios significativos en el pensamiento
de nuestro autor acerca de cuestiones básicas como su concepción
de la historia o el método histórico. En nuestra opinión,
las dificultades se pueden explicar a partir de una posicin unitaria moderada
como la que mantiene Jacqueline de Romilly (cf. también Luschnat,
1971), quien entiende que en la composición de la obra de Tucídides
pueden distinguirse tres etapas:
1) Recopilación de anotaciones
más o menos precisas en las que Tucídides reflejaría
sus primeras impresiones y los datos que iba acumulando .
2) Parece lógico suponer
que, en una segunda etapa, el historiador procediera a la redacción,
siquiera provisional, de esas notas y no esperara al final de una guerra
cuya duración era naturalmente incierta; de la existencia de una
redacción parcial serían prueba los indicios de que fragmentos
de la obra tucididea conocieron lecturas públicas .
3) Por último, tras finalizar la
guerra en 404, la obra fue objeto de una ampliación y reelaboración
definitiva, que quedó incompleta a causa de la muerte del historiador.
En definitiva, la obra que ha llegado
hasta nosotros no es el resultado de dos o más etapas de redacción
independientes, puesto que es difícil imaginar que, una vez acabada
la guerra, un historiador metódico como Tucídides hubiera
mantenido inalteradas (sin tratar de ofrecer una visión unitaria
de los acontecimientos en el momento en que podía, con la experiencia
acumulada, abarcar con su mirada la totalidad del conflicto) las partes
compuestas a lo largo de las tres décadas durante las cuales se
desarrolló el conflicto y en cuyo transcurso se produjeron evidentemente
circunstancias que modificarían la impresión primera que
de los sucesos había tenido nuestro autor. La Historia de Tucídides
es, pues, el resultado de una revisión final que, aun inacabada,
proporcionó una indudable unidad y coherencia a una obra que refleja
la visión histórica del Tucídides posterior al año
404.
Y volviendo a la idea que encabezaba nuestra
exposición de la "cuestión tucididea", aun cuando entre los
estudiosos de la obra de Tucídides predomine actualmente la consideración
de que quizá sea esfuerzo vano replantearse este problema, no cabe
duda de que la aportación de los crííticos analíticos
no ha sido ni mucho menos inútil. Tal vez, como ha sugerido von
Fritz, la "cuestión tucididea" sea la "tela de Penélope"
de los estudios historiográficos griegos, pero no ha sido trabajo
desperdiciado, como tampoco lo fue en definitiva para la fiel esposa de
Odiseo: el constante tejer y destejer las páginas tucidideas ha
contribuído en gran medida al mejor conocimiento del entramado de
la obra de nuestro autor, a su más justa valoración como
historiador y como escritor.
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