| 4.
METODOLOGÍA HISTÓRICA
Si comparamos la primera frase de
la obra de Tucídides con la de su predecesor, Heródoto ,
encontramos puntos de analogía, pero también de separación:
ambos las comienzan con el nombre propio, prueba ya del sentimiento de
autoría que comparten, y cultivan el mismo género, la "historia"
(historíe, mencionada explícitamente por Heródoto
en I.1, es también el nombre que la obra de Tucídides recibe
desde época alejandrina), con referencia a unas guerras sucesivas
cronológicamente (las guerras médicas, en el caso de Heródoto,
y la del Peloponeso, en el de Tucídides) y con especial atención
a su etiología, es decir, a sus causas. Sin embargo, la de Heródoto
es una guerra entre griegos y persas, por lo que a menudo la obra adquiere
carácter de historia universal, con numerosos excursos sobre los
distintos pueblos que van entrando en contacto con el persa (como ya defendiera
Creuzer a propósito de la discutida unidad temática de la
obra), desde una perspectiva profundamente religiosa y con un gran interés
por los hechos culturales (los thomastá, "hechos admirables" que
menciona el historiador en 1.1). La de Tucídides es, por su parte,
la historia de una guerra civil entre griegos, en la que él mismo
participó, entre el bando de "los Peloponesios" (la Liga peloponesíaca)
y "los atenienses" (la Liga ático-délica), una historia eminentemente
política en la que el elemento cultural y el religioso apenas tienen
cabida.
Más aún: la Historia de
Heródoto presenta todavía una vinculación con la oralidad
("decir lo que se dice", légein tá legómena, es el
propósito del historiador en 7.152) y con el género
literario anterior, la épica, y por ello su objetivo es también
impedir que se borre la "gloria" (kléos) de esos "hechos maravillosos",
mientras que la de Tucídides es ya una obra firmemente asentada
en la escritura, en la "prosa" (xyngráphein) , y con un objetivo
no épico, sino científico. Por eso, aunque entre ambos autores
no suele establecerse una línea de separación tan infranqueable
como hace unas décadas, Heródoto sigue siendo hoy considerado,
tras los logógrafos, el "padre de la historia", mientras que Tucídides
lo sería de la historiografía moderna, gracias, sobre todo,
al método en ella utilizado.
Tras la frase inicial, Tucídides
comienza su Historia con la denominada "Arqueología", una introducción
tendente a demostrar que la guerra que va a tratar ha sido la más
importante de las hasta entonces habidas. Y ello por una causa fundamental:
nunca hasta ese momento dos bloques política e ideológicamente
antagónicos habían acumulado tanto poder . El progreso económico
desarrollado por los atenienses, asentado sobre el comercio marítimo,
los había convertido en líderes de uno de los bandos, con
el recelo del otro . Nunca hasta entonces los recursos materiales y los
preparartivos (paraskeué) habían sido tan importantes y nunca
tampoco se había concentrado tanto poder. La "Arqueología"
se configura así como una reflexión preliminar sobre el concepto
de poder político (dynamis) y la "ambición de poder" (pleonexía)
del ser humano y de los Estados.
Cuando los excedentes financieros (periousía)
que provoca un desarrollo económico son abundantes y la pleonexía
del ser humano, y de su proyección natural, la de las póleis,
no es refrenada por un sentimiento de moderación (sophrosyne) ,
se llega a situaciones muy peligrosas en las que el frágil equilibrio
de la política de bloques es continuamente amenazado por el estallido
del conflicto, de la guerra (pólemos), como ocurrió en el
caso de los espartanos (y sus aliados, symmachoi) y los atenienses (y los
suyos) . En este sentido, podemos hablar de Tucídides como el primer
autor que ha analizado el poder como una fuerza en continuo crecimiento,
que, llevada por ese impuso de "adquirir más" (pleonexía),
provoca temor e inseguridad tanto en dominantes como en dominados.
En 1.20-23 encontramos los capítulos
programáticos de Tucídides sobre su método historiográfico.
1.20 comienza con la queja de que los hombres suelen aceptar las tradiciones
históricas "sin pruebas" (abasanástos) y termina con la de
que la "búsqueda de la verdad" (he zétesis tês aletheías)
suele ser para la mayoría -pero no para el autor- "carente de molestias"
(atalaíporos). En 1.21 esta falta de respeto por la verdad se atribuye
especialmente a los poetas, que adornan las cosas para engrandecerlas,
y a los logógrafos, los primeros cronistas de la historia griega,
que atendieron -según Tucídides- "más a lo agradable
de oír que a la verdad" . La polaridad tan típica del pensamiento
griego con su tendencia a la definición por vía negativa,
por contraste, se advierte también en las características
del método que el historiador nos va perfilando: un método
nuevo, ausente en sus predecesores, que quiere ser original con un respeto
escrupuloso por la verdad, con más preocupación por el contenido
que por la forma. Como afirma R. Grisolia , en la opinión de Tucídides
tanto poetas como logógrafos buscan lo mítico, pero no la
verdad. A esa "falta de color mítico" (tó mè mythôdes)
en su Historia, que tal vez desagrade a algunos, se refiere el historiador
en el párrafo siguiente (1.22) , importante también porque
contiene las consideraciones sobre la función y tratamiento de los
discursos en su obra .
Tucídides lo comienza con la constatación
de la dificultad que supone para él recordar exactamente lo dicho
(tén akríbeian autèn tôn lechthénton).
Por ello, en el plano del significante, esto es, de la pura literalidad,
deberá conformarse con tá déonta, con las expresiones
que a él le parecen más apropiadas en cada caso; pero en
el plano del significado, de los conceptos, se ajustará todo lo
posible al sentido de lo que verdaderamente fue dicho (echoménoi
hóti engytata tês xympáses gnômes tôn alethès
lechthénton) .
A continuación el historiador nos
expone su método de información: no se ha valido de cualquier
fuente ni de su propia opinión , sino que ha relatado acontecimientos
en los que ha estado personalmente presente o ha podido interrogar a otros
"con toda la exactitud posible". Pese a la enfática afirmación
de su voluntad de exactitud y objetividad, para algunos críticos
sigue siendo ésta de la Quellenforschung una cuestion problemática.
Ya lo fue antiguamente para Dionisio de Halicarnaso, quien tachó
a nuestro historiador de desleal y antipatriota, precisamente por no mostrar
claramente sus simpatías hacia el bando ateniense, y más
recientemente para Collingwood, quien le acusó de "mala conciencia"
por silenciar el origen exacto de esas fuentes de información (cf.
Guzmán Guerra, 1989: p.15). Con ello se relaciona el tema de la
credibilidad de su Historia, y, en general, el papel en ella del elemento
personal. A pesar de que Tucídides tenga algunas filias (especialmente
Pericles, pero también Temístocles, Nicias, Antifonte, Brásidas,
Arquidamo y Hermécrates) y fobias (Cleón, Hipérbolo
y Atenágoras), y de que en algunos discursos cada bando refleje
una noción cambiante de la verdad , hay consenso en ver, como G.
Schepens (1980), en Tucídides al fundador de la historia moderna
con un método innovador en el que priman la objetividad, la precisión
y la imparcialidad, y con un lenguaje especializado -como veremos- para
expresar la abstracción y el análisis psicológico;
un historiador que se ha propuesto buscar tò saphés, lo cierto
y seguro, desechando los bellos relatos de poetas y logógrafos,
y que llevado por este afán de precisión se ha servido de
una cronología "por veranos e inviernos" (katá thére
kaì cheimônas) en lugar de la tradicional por magistrados
epónimos ya que, como afirma en 5.20, "este método no es
exacto cuando un acontecimiento ocurre al comienzo de una magistratura,
a mediados o en otro momento cualquiera" .
Es así que para nuestro
historiador la verdad es algo que sólo se halla "con mucho esfuerzo"
(epipónos), afirmación que recoge "en anillo" lo dicho por
él en 1.20 a propósito de "lo carente de molestias" (atalaíporos)
que es para la mayoría esta "búsqueda de la verdad" . Por
eso la obra de Tucídides quiere ser un ktêma es aieí,
una "adquisición para siempre", un modelo de interpretación
de validez universal para acontecimientos "que en algún otro momento
hayan de ser iguales o parecidos, de acuerdo con la ley de los sucesos
humanos". Con ello entronca el propósito de "utilidad" (ophélima)
proclamado, porque "Tucídides pretende que los lectores saquen consecuencias
y aprendan al comparar los sucesos históricos, en la firme idea
de que el conocimiento del pasado servirá mejor para interpretar
el futuro" (López Férez, 1986: p.193) . Nos encontramos,
en suma, con "un método eminentemente racional que pretende desentrañar
la `causa verdadera? (aitía, alethés próphasis) de
las aparentes, de los meros `pretextos' (propháseis) y que se manifiesta,
sobre todo, en la capacidad de previsión (...) Método que
asciende inductivamente desde los datos particulares a las conclusiones
generales, cercano al de la medicina hipocrática incluso en el vocabulario
empleado (...) Al igual que el médico, también el historiador
y el político deben observar cuidadosamente los "signos" (semeîa)
externos de la realidad, interpretar los "indicios" (tekméria) y
pronosticar el curso posterior ya sea de una enfermedad o de un acontecimiento
político" . En el caso concreto de la guerra del Peloponeso, Tucídides
encuentra como "causa más verdadera" (1.23.6: alethestáte
próphasis) "que los atenienses, al hacerse poderosos
e infundir miedo a los lacedemonios, les obligaron (anankásai)
a luchar".
Semejante método se inserta naturalmente
dentro de una corriente ideológica que podríamos denominar
racionalista y antropológica en la que también se encuadran
la sofística, los médicos hipocráticos y el círculo
de intelectuales en torno a Pericles. Nada tiene de extraño, por
tanto, que la Historia de Tucídides distinga continuamente (Huart,
1968: pp.500 ss.) entre la esfera racional (representada por gnóme)
y la irracional (orgé y tyche): por un lado está la razón
humana, manifestada especialmente en la capacidad de previsión,
de prónoia, de los grandes estadistas como Pericles y Temístocles;
por otro, la sinrazón, lo irracional , ya sea de las multitudes
y demagogos, ya del azar, ese parálogos tês tyches que la
mayoría de las veces, según H. P. Stahl (1966), da al traste
con los mejores planes humanos.
El silencio de Tucídides
sobre la intervención divina en la historia -que se palpaba continuamente
en Heródoto- no le impide, sin embargo, reconocer la importancia
de la religión, y de algunas de sus manifestaciones (como los oráculos),
en los valores morales de una sociedad . Religión y moralidad son
para él, pues, conceptos estrechamente unidos. La dislocación
de valores que trae consigo la guerra también repercute en la práctica
religiosa: así, en 3.81 equiparará la violación de
los recintos sagrados con el asesinato. Por eso, tampoco se puede ver en
Tucídides a un escritor amoral, como pretendiera A.G. Woodhead (1970),
a un pragmático defensor de la Machtpolitik, de la "política
del más fuerte" o del criterio de conveniencia (tó xymphéron)
por encima del de justicia (tó díkaion) . Con Hornblower
(1987: p.72) y Calonge (1990: pp.76-7 y 82-3), parece razonable no atribuir
a Tucídides todas las ideas que en su Historia, sobre todo en los
"diálogos" y discursos, aparecen en boca de los distintos personajes,
a veces contradictorias entre sí, sino las que el propio autor emite
sin atribuirlas a otros. La más repetida es, precisamente, la queja
por la quiebra de valores morales que trae consigo toda guerra, especialmente
si es civil (stásis) , como podemos leer en 2.52-3, al final del
pasaje sobre la "peste", y 3.81ss., a propósito de las luchas intestinas.
Algunos autores han constatado una cierta
evolución en el método tucidideo desde una una historiografía
objetiva a otra más literaria que no excluye elementos dramáticos
y una cierta manipulación . A esa supuesta evolución
o cambio ya nos hemos referido al tratar la "cuestión tucididea"
y comentar aportaciones como las de Schwartz (1919), Schadewaldt (1929)
o Westlake (1968). Sólo queremos apuntar que el consenso que en
la actualidad parece existir sobre una revisión final de la Historia
después del año 404, hace más difícil -aunque
no imposible- esas pretendidas evoluciones ideológicas (desde el
historiador científico al filósofo de la historia), políticas
(desde el aristócrata conservador al demócrata ferviente
partidario de Pericles) o literarias (en la profundización de caracteres)
de
Tucídides.
5. LENGUA Y ESTILO
Aunque Dionisio de Halicarnaso (Sobre
Tucídides. 24) coincide con Cicerón (Bruto 288) en calificar
como "arcaica" la lengua de Tucídides, cada vez es mayor el número
de investigadores que se inclina a verla en estrecha relación con
la Koiné (Romero Cruz, 1985: p.125). En opinión de López
Eire (1984: pp.246 ss.), Tucídides se habría valido de dos
subsistemas del ático: uno más conservador y en consonancia
con la lengua de las inscripciones, y otro más culto e innovador,
con rasgos procedentes del jónico y que será germen de la
Koiné. De esta manera, en la lengua de nuestro autor conviven ciertos
rasgos arcaizantes en fonética y sintaxis (grupos -ss- y -rs- en
lugar de los propiamente áticos -tt- y -rr-, respectivamente;
es y xyn; anástrofe con perí; omisión del artículo;
construcción nominal) con otros claramente innovadores (perífrasis
de sustantivo verbal más verbo auxiliar; sustantivación de
adjetivos y participios neutros; infinitivo sustantivado con valor consecutivo
final ; retroceso del superlativo en favor del comparativo; pérdida
progresiva del optativo y del valor aspectual resultativo del perfecto;
sobreabundancia de usos y valores de kaí; vacilación en el
empleo de las voces activa y media; giros preposicionales en lugar de casos,
etc.) (López Férez, 1986: pp.195-6, y 1988: p.550).
Los arcaísmos pueden explicarse
por su larga ausencia (casi veinte años de destierro) de Atenas,
al utilizar giros arcaicos o que comenzaban a serlo cuando redactó
definitivamente su obra, mientras que los rasgos jónicos responden
más bien a la influencia que una prosa ya desarrollada ejercería
sobre la naciente prosa ática. Para Rosenkranz , la mayor parte
de los llamados "jonismos" tucidideos son en realidad rasgos compartidos
con el ático arcaico, más tarde eliminados.
En efecto, si hasta entonces el
jonio era la lengua de la historia, con Tucídides el ático
se consagra como la lengua de este género literario. Para ello no
contaba con ningún antecedente plenamente satisfactorio, por lo
que tuvo que aglutinar elementos de muy diversa procedencia hasta constituir
una lengua mixta de tipo erudito con elementos compartidos con Heródoto,
el Corpus Hippocraticum, la tragedia, los sofistas o la propia Koiné.
Precisamente a la influencia de los sofistas
y, más concretamente, de Protágoras y Critias, puede deberse
el afán de distinción y precisión terminológica
que se advierte en el léxico de Tucídides. A dicho afán
responde, en parte, la presencia de hápax, por la necesidad de expresar
nuevos conceptos. Son, en total, 1789 hápax legómena, de
los que 92 no vuelven a documentarse posteriormente (Romero Cruz, 1985:
p.127) . Suelen ser términos técnicos relacionados con el
mundo judicial, el ejército, la marinería y la medicina,
especialmente con los primeros tratados hipocráticos. Muchos de
ellos son verbos compuestos (llegando hasta los cuatro preverbios), que
revelan la capacidad de análisis y matización de Tucídides,
predominando anti-, lo que para algunos críticos, como Schmid-Stahlin,
ya refleja su tendencia a la expresión antitética, que, como
veremos después, es un rasgo destacado de su estilo literario. Entre
estos hápax pueden leerse formaciones en -sis, indicio claro de
su
nivel de abstracción (Romero Cruz, 1985 : p.127 y 1988, pp. 33-4).
Este deseo de abstracción conceptual
también se advierte en el empleo o creación de derivados
en -ma, que Tucídides distingue cuidadosamente de los en -sis (Huart,
1968: pp.21-3), o en la sustantivación de infinitivos, adjetivos
y participios neutros, a veces seguidos de un genitivo dependiente (Rusten
1989: p.23), tipo "tò aischrón toû lógou", y,
en general, la preferencia por los giros nominales sobre los verbos correspondientes,
esa onomatiké léxis de la que hablaba Dionisio de Halicarnaso
(Carta a Ammeo 2.5.426) . Si a todo ello añadimos su profundización
en el ámbito psicológico , nos encontraremos con un vocabulario
sumamente original, en estrecha unión a la originalidad también
de su pensamiento (Huart, 1968: pp.30-2).
Y ello es así porque en Tucídides
la forma, el estilo, es algo secundario respecto a sus ideas, al contenido.
Hay una continua tensión entre las ideas y su expresión porque,
al no contar todavía con una subordinación suficientemente
desarrollada, aquellas no suelen encajar dentro de la léxis eiroméne,
del "estilo encadenado", paratáctico, disponible. Y aquí
radica el principal problema del estilo tucidideo: su profundo esfuerzo
de análisis de la realidad, traspuesto al campo de la lengua, suele
traducirse en una sensación de rigor, entendido como seriedad, pero
también como sequedad, austeridad, dureza. En términos generales
puede decirse que el período tucidideo ocupa un lugar intermedio
entre el de Heródoto, de cortas frases yuxtapuestas, y el de Isócrates
o Demóstenes, más regular y armonioso.
También puede afirmarse que asistimos
a dos niveles diferentes de dificultad, según se trate de los érga,
la sucinta exposición de los hechos acecidos en la guerra, o de
los lógoi, la interpretación que de esos hechos se ofrece,
en especial a través de los discursos reproducidos más o
menos fielmente (Romero Cruz, 1985: p.123). En este segundo nivel la dificultad
a veces se hace máxima llegando hasta la ininteligibilidad, de la
que se quejaba Cicerón en Sobre el orador 9.30: "ipsae illae contiones
ita multas habent obscuras abditasque sententias vix ut intellegantur".
Para otro crítico antiguo, Marcelino (Vida de Tucídides 35),
biógrafo tardío de nuestro autor, esta oscuridad era conscientemente
buscada por Tucídides para conseguir una selección de sus
lectores, "para no ser accesible a todos (...) sino obtener la admiración
sólo de los máss sabios", de lo que también se hace
eco el anónimo epigramista de la Antología Palatina (IX,
583), prestando su voz a la obra: " ¡Oh, amigo! Si eres inteligente,
cógeme en tus manos, pero si completamente / eres ignorante de las
Musas, deja lo que no entiendes, / pues no soy accesible a todos: pocos
son los que aprecian / a Tucídides, hijo de Éloro, ateniense
de linaje."
Siguiendo con las opiniones de los
críticos antiguos, Quintiliano (10.1.73) definía el estilo
de Tucídides como "densus et brevis", esto es, conciso, una "concisión
llena de oscuridad" para Dionisio de Halicarnaso (Sobre Tucídides
33), propia de quien quiere encerrar en pocas palabras multitud de hechos
y una gran riqueza de pensamiento. En un pasaje anterior (24) el mismo
crítico enumeraba los cuatro "instrumentos" (órgana) del
estilo de Tucídides: 1) "tó poietikón tôn onomáton",
"lo poético de las palabras"; 2) "tó polyeidés tôn
schemáton", "lo multiforme de las figuras"; 3) "tó
trachy tês harmonías", "la aspereza de la armonía",
y 4) "tó táchos tón semasiôn", "la rapidez de
las significaciones". Veamos, siquiera brevemente, cada uno de ellos.
1) En primer lugar, parece innegable
el color poético, a veces arcaico, que muchas veces tiene la lengua
de Tucídides , empleando términos raros o que habían
caído en desuso, por ejemplo, akraiphnés, "puro, no contaminado",
en lugar de akératos o de anakoché, "tregua", en vez de spondaí.
Aunque la de Tucídides sea una
obra en prosa (syngraphé, como afirma en su comienzo), algunos críticos
han visto coincidencias estilísticas con la poesía. Así,
puede considerarse un recurso típicamente poético, pindárico
por más señas, la declaración inicial en la obra de
la importancia de la materia que va a ser tratada (en nuestro caso, la
guerra del Peloponeso) como medio indirecto para ensalzar la propia obra.
También puede subrayar esa impresión
poética la predilección -ya mencionada- de Tucídides
por la expresión nominal en sus varias formas, acuñando abstractos
libremente, como lo hacía Eurípides a finales del s. V, e
incluso llegando a su personificación (de pólemos en 1.122.1
o de elpís en 5.103.1).
Cabe considerar como otro rasgo que acerca
la prosa a la poesía el intenso dramatismo de algunos pasajes tucidideos
en los que el autor logra mantener al lector en tensión, como ocurre
en el relato de la campaña en Sicilia. El procedimiento empleado
-ya descubierto por Homero- consiste en anticipar, primero, y retrasar,
después, el desenlace de un acontecimiento importante. Las referencias
cruzadas entre partes alejadas de la obra son así indicio de una
voluntad literaria unificadora de su autor y un criterio importante de
discusión en la denominada "cuestión tucididea".
En relación con el rasgo anterior
está el de la "composición en anillo" o Ringkomposition,
suerte de tríptico estructural mediante el que una idea inicial,
tras un desarrollo, es recuperada como conclusión final, procedimiento
que Tucídides utiliza en algunos excursus , pero, sobre todo,
en la estructura del libro I .
Acabamos de referirnos a la tensión
dramática de algunos pasajes de nuestro autor. En el caso de las
afirmaciones vertidas a propósito de Nicias en 5.16 y 6.19 puede
pensarse en la ironía trágica; en el "diálogo de los
melios" Cantarella ha hablado de una "stychomitía trágica"
en la que "argumentos y palabras rebotan de una a la otra parte", y este
mismo crítico ha equiparado las consideraciones finales sobre la
derrota en Sicilia (7.87) al éxodo de una auténtica tragedia
(1967: pp.429-31) .
La contraposición no sólo
está presente en el "diálogo de los melios" . Es procedimiento
grato a Tucídides, siempre preocupado por la objetividad y por ofrecer
distintos planos de enfoque, especialmente los dos en liza en el caso de
las antilogías. No obstante, la antítesis como recurso literario
cae mejor bajo el segundo apartado.
2) La afirmación de Dionisio de
Halicarnaso sobre la multiplicidad de figuras retóricas en Tucídides
es más discutible. Su uso es relativamente escaso y subordinado
a la marcha del pensamiento. La metabolé o variatio meramente formal
no le interesa si no va acompañada de una matización conceptual.
Según Ros (1938), se utiliza para evitar estructuras excesivamente
simétricas y añadir riqueza a un estilo de otra manera demasiado
austero y monótono.
No es Tucídides un autor
que haga demasiadas concesiones al lector en este aspecto. Sólo
en los discursos y diálogos encontramos huellas ciertas de las figuras
retóricas llamadas "gorgianas", aunque este sofista no fuera su
inventor sino, más bien, su sistematizador, porque en realidad eran
ya empleadas antes de su llegada a Atenas (427 a. C.). Por ejemplo, ya
en la Medea de Eurípides, del 431 a. C., hay elementos retóricos
coincidentes con los de los discursos de Tucídides .
Entre todos ellos debemos destacar la
antítesis. Como señala Rusten (1989: pp.23-5), a Tucídides
no le bastaba la tradicional oposición de conceptos mediante las
partículas mén / dé, por lo que utilizará también
la de te / kaí, te / te e incluso contraposiciones tripartitas del
tipo oute / te / te (2.39.2), te / te / te (2.40.1) y oute / oute / te
(2.47.4). Otro tipo de contraste es el "esquema kat' ársin kaì
thésin" o afirmación negativa-positiva en la forma medén
/ allá, ou / dé o con la partícula comparativa mâllon:
ou / allá mâllon ("no esto, sino más bien esto otro":
2.43.1) y ou...mâllon / allá ("no esto mejor, sino esto otro":
II.43.2). En estos casos de contraposiciones en forma comparativa no hay
propiamente una comparación o preferencia, sino una aceptación
enfática de uno de los términos y un completo rechazo del
otro, por ejemplo: 2.40.I (mâllon / é) y 2.41.2 (ou...mâllon
/ é).
La construcción antinómica
encuentra su culminación artística en el Epitafio, puesto
en boca de Pericles, del libro II, pero incluso aquí lo importante
sigue siendo, no los recursos externos (lítotes, oxímoron,
paralelismos de miembros, rima final, etc.), sino la oposición de
conceptos que se oculta tras los paralelismos formales: en Atenas se da
una conjunción de contrarios, una "coincidentia oppositorum"
en la que coexisten armónicamente cualidades que en otros lugares
son contradictorias, antagónicas. Tucídides ve en su ciudad,
cuando la gobernaba Pericles, una síntesis ideal, no sólo
política, capaz de superar las antítesis o antinomias: una
palíntonos harmonía, "armonía de contrarios".
3) También se ha dicho del estilo
de Tucídides que su originalidad radica en la armonización
de elementos contradictorios . Como afirmaba Dioniso de Halicarnaso, la
de Tucídides es una armonía "áspera", una aspereza
ya desde el nivel fono-estilístico, con predominio de las consonantes
(frente al de vocales en el estilo del orador Isócrates), y que
continúa y se reafirma en el sintáctico , con cambios atrevidos
de construcción e hipérbata violentos, con anacolutos frecuentes
y un orden de palabras a menudo irregular y fuertemente enfático:
un estilo, pues, fuertemente disimétrico (la famosa "inconnitas"
tucididea) que ha influido en el de otros autores y que, según
Dionisio de Halicarnaso, sería el opuesto del simple, pero desvaído,
del orador Lisias (Sobre Demóstenes 13; 9-10).
Blass denomina "descendente" ("absteigende")
este tipo de período tucidideo en el que una idea inicial es luego
desarrollada por una serie de circunstancias: el enunciado de la acción
y el de la causa se realiza normalmente mediante participios o frases subordinadas
de primer grado, que constituyen la estructura del período; los
hechos concretos y particulares constituyen las subordinadas secundarias,
y las frases de relativo y paréntesis (unos trescientos) expresan
todo tipo de precisiones temporales, topográficas, etc. Todo ello
implica un profundo esfuerzo de análisis lógico y psicológico,
y luego de trasposición, no sin tensiones, al campo lingüístico,
en que cualquier variación del esquema general suele tener un matiz
significativo.
4) El cuarto elemento al que se refería
Dionisio de Halicarnaso es la "rapidez de las significaciones". En efecto,
el estilo de Tucídides suele ser muy braquilógico, de extrema
concisión, siempre preocupado por decir mucho en pocas palabras,
con frecuentes elipsis y "sentencias" o "gnômai" (más de un
centenar), especialmente en los discursos, que lo acercan en ocasiones
al estilo de la poesía . Un estilo que informa a lo que con cierto
anacronismo llamaríamos un "ensayo político" y que, pese
a la abundancia de paréntesis -que realizarían la función
de las actuales notas-, por su densidad requiere continuamente del auxilio
de los comentarios.
Y es, además, un estilo que, según
Cantarella (1967: p.428) no ha sido inmutable, sino que parece haber evolucionado
a lo largo de la obra: más amable y colorista al principio, en la
denominada "Arqueología"; más nervioso y conciso, más
tucidideo, en suma, a medida que se aproxima e introduce en la guerra,
alcanzando la fría precisión de un diagnóstico clínico
en la descripción de la "peste" y la corrupción moral que
produjo. Cambiante también y multiforme en los discursos, quizá
con propósitos de caracterización literaria de sus oradores,
a la vista del estilo lento, reflexivo, algo ampuloso de Nicias en comparación
con el más ágil y rápido de Alcibíades .
Un estilo, en definitiva, que, aunque
fue imitado por otros autores antiguos (Demóstenes, Salustio, Tito
Livio, Tacito), también fue, no pocas veces, incomprendido: frente
a las críticas -ya conocidas- de un Cicerón o un Dionisio
de Halicarnaso, demasiado sumisos a los cánones retóricos
de Isócrates, se alza el reconocimiento del sagaz e innominado autor
de Sobre lo sublime.
|